La resurrección de los muertos

La resurrección de los muertos

Por Joseph Fielding Smith

(Este discurso fué trasmitido por radio el domingo, 17 de diciembre de 1944 a las 9:15 p.m. por KSL en Salt Lake City, Utah).


Uno de los principios más importantes del Evangelio que requiere luz adicional de fuentes celestiales en este día de incredulidad, mal interpretación y contienda, es el relacionado a la doctrina de la resurrección. Conforme a lo que revela la Biblia, parece extraño que una doctrina tan vital como la resurrección se encuentre con tantas notas discordantes entre el pulpito y la prensa religiosa. Algunos profesados cristianos no aceptan la resurrección literal, o la reunión del cuerpo y el espíritu después que el cuerpo haya bajado a la tumba.

Otros creen que la resurrección significa únicamente que el espíritu ha sido puesto en libertad del cuerpo para que pueda subir sin él a los reinos de gloria. Otros creen que únicamente una porción de la humanidad recibirá esta gran bendición, mientras que la mayoría será consignada a la “segunda muerte”, que erróneamente enseñan es la aniquilación del cuerpo y también del espíritu después del juicio. Estas ideas diferentes surgen porque los hombres vagan sin la guía del Espíritu Santo, y por eso ponen interpretaciones falsas en aquellos pasajes de la escritura que hablan de la resurrección y la redención de los muertos de los sepulcros.

No obstante el hecho que muchas de las verdades preciosas enseñadas del Hijo de Dios y sus profetas, han sido pervertidas y cambiadas en las traducciones que han llegado a nuestro día, sin embargo hay evidencia suficiente en la Biblia en relación a la resurrección que “hombres errados, aunque tontos” no deben equivocarse en ella.

El poder de la resurrección

Antes de presentar esta evidencia, es bueno que consideremos primero en que se basa el poder de la resurrección. Cuando Adán y Eva fueron puestos en el Jardín del Edén, no eran sujetas sobre quienes la muerte tuviera algún poder. Habrían podido permanecer en estado de inocencia para siempre, si no hubieran trasgredido la ley bajo la cual se regían. Sin embargo, si hubieran escogido permanecer en esa condición de inocencia, el desastre habría sido el resultado de los planes del Todopoderoso concerniente al destino del hombre. Esto se ha revelado en las escrituras de Pedro y Juan, pero está más clara mente explicado en las palabras de Lehi en el Libro de Mormón, como sigue:

Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el Jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.

Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.
Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.
Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.” 2 Nefi 2:22-25.

También se nos informa que nuestra madre Eva también afirmó lo mismo cuando supo de la venida de Jesucristo a expiar la caída. Ella dijo: “Si no hubiera sido por nuestra transgresión, nunca hubiéramos podido tener simiente, y nunca hubiéramos conocido el bien y el mal, y el gozo de nuestra redención, y la vida eterna que Dios da a todos los obedientes”. Esta es la misma doctrina que encontramos en la Biblia. Leemos en Génesis que el Señor le dijo a Adán:

“De todo árbol del huerto comerás;

“Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás”.

Cuando este mandamiento fué infringido, el Señor Dios dijo a su Hijo Jesucristo:

“He aquí el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre:

por tanto, lo sacó Jehová Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado”.

De esta manera la muerte entró al mundo y todo hombre ha heredado la semilla de la muerte de sus primeros padres. Para enmendar esta ley infringida y restaurar la vida después que la muerte temporal ha cumplido con su misión, Jesucristo fué enviado al mundo. Hay otro error en el mundo religioso, y es que la transgresión de Adán frustró el plan divino e hizo necesario que se usaran otros medios que no son los planeados, para traer la propia restauración, y redimir al hombre de su condición. A veces se dice que toda cosa en la tierra hubiera estado en paz, los hombres hubieran vivido en amor y obediencia sin las destrucciones del mal, si Adán no hubiera fallado en su misión, y escuchado a Satanás, quien trató de impedir el plan del Señor y traer la destrucción al hombre. Estas personas hablan de la transgresión de Adán como “la caída vergonzosa del hombre”. No fué una caída vergonzosa, sino una parte del gran plan para dar la inmortalidad y vida eterna al hombre. Esto se indica claramente en la revelación hecha a Juan, donde está escrito que Jesucristo es el “Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”, y en las palabras de Pedro cuando dice que somos redimidos, “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos”.

Dos grandes propósitos

El Señor ha revelado que la morada del hombre en esta tierra es para dos grandes propósitos. Primero, para obtener un cuerpo de carne y huesos como tabernáculo para el espíritu. Segundo, para obtener experiencia y para ser probado para ver si es digno o no de regresar a la presencia del Padre y del Hijo como hijo de Dios. Cada hombre recibirá una recompensa de acuerdo con sus obras. Pablo dijo, “La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba”. Las experiencias del dolor, la tristeza, la tentación, tanto como los gozos que vienen en la vida, todas son necesarias como parte íntegra de nuestra educación de la vida temporal. No se podrían obtener estas experiencias de ningún otro modo. Fué necesario que Adán fuera puesto en una posición en la que conociera el bien y el mal. Es igualmente esencial que sus hijos tengan las mismas experiencias. De otro modo no podría haber galardones y castigos. La vida terrestre es un estado de probación— una escuela, es breve, pero nuestra obediencia o desobediencia está llena de posibilidades y responsabilidades tremendas. Si somos obedientes a cada obligación requerida, obtendremos la vida eterna, o sea vivir en la presencia de Dios. Si tomos desobedientes vendrá la muerte espiritual, que es el destierro de su presencia, y la tristeza eterna premio a la desobediencia.

Vemos, entonces, que Adán prestó un gran servicio al ser humano por medio de su transgresión. El hizo posible que se poblara la tierra. El hizo posible que nosotros pasáramos por todas las vicisitudes de la mortalidad para así adquirir nuestro lugar en el mundo venidero, basado en el mérito de nuestra obediencia o desobediencia a los mandamientos del Señor. El preparó la vía para la venida de Cristo como nuestro Redentor para traer la vida nuevamente a un mundo caído, abriendo los sepulcros y reuniendo el espíritu con el cuerpo, para que nunca más sea separado. Este galardón será de todos, porque está escrito: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”. Si Adán no hubiera caído, no podría haber habido un Salvador, y sin un Salvador no podría haber habido la exaltación; ni el galardón basado en el mérito. No hubiera habido la necesidad de la creación de esta tierra, porque no se hubiera poblado con la vida presente.

Es generalmente entendido por los que aceptan la misión de Jesucristo que su misión se basó en la caída de Adán; que vino al mundo para salvarlo por su expiación. Toda vida depende del Hijo de Dios. Su sangre fué derramada en rescate de una deuda que la muerte había puesto sobre Adán y toda su posteridad. Pablo llamó la atención con frecuencia al hecho de que fuimos “comprados por precio”. Ese precio siendo la sangre de Jesucristo derramada en la cruz. Sí, si aceptamos a Jesucristo o no, si obedecemos su voz o nos rebelamos contra él, el hecho es que cada criatura en la tierra le es deudor a Cristo, porque nos compró con el derrame de su propia sangre, y no somos de nosotros.

El profeta Lehí ha dicho:

“Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, para redimir a los hijos de los hombres de la caída. De modo que, siendo redimidos de la caída, queden libres para siempre, sabiendo el bien del mal; para que obren por sí mismos, y no para que sean objetos sobre los que se accione, a menos que no sea en el grande y último día en que reciban el castigo de la ley, según los mandamientos que Dios ha dado.

“Así, pues, los hombres son libres según la carne; y se les ha dado todas las cosas que sean expedientes al hombre. Y son libres de escoger la libertad y la vida eterna por medio de la gran mediación para todos los hombres, o de escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y poder del diablo, quien constantemente trabaja para hacer desgraciados a los hijos de los hombres, tal como lo es él mismo”.

Jacob, otro profeta Nefita, ha hecho muy claro el asunto de la expiación en estas palabras:

“Conviene al Gran Creador el permitirse ser sujeto al hombre en la carne, y morir por todos los hombres, „ a fin de que todos ellos vengan a ser sujetos a Él.

“Porque como la muerte pasa sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del Gran Creador, es necesario que haya un poder de resurrección; y la resurrección debe venir a los hombres por razón de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y porque los hombres cayeron, fueron desechados de la presencia del Señor.

“Por cuyo motivo es necesario de que haya una expiación infinita, porque si la expiación no fuere infinita, la corrupción no podría revestirse de la incorrupción. Por lo que, el primer juicio que vino al hombre hubiera durado eternamente. Y, siendo de este modo, esta carne tendría que podrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás”. 2 Nefi 9: 5-7.

Una gran verdad revelada por este profeta es que la muerte es parte del misericordioso plan del Creador. Esto puede entenderse si recordamos que es con un sabio propósito, que estamos aquí en la tierra pasando por todas las vicisitudes de la mortalidad como parte de nuestra existencia eterna.

Vivimos antes de venir aquí. Estamos aquí para probar las experiencias que puede dar la mortalidad. Pasaremos por la resurrección que es el don de Jesucristo, a la eternidad venidera, y si somos fieles llegaremos a ser como Dios nuestro eterno Padre y viviremos en su presencia.

Con frecuencia durante su ministerio, nuestro Salvador llamó la atención al hecho de que él vino a este mundo a morir. “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo”. Otra vez: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

A los judíos dijo:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.
“De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:
“Y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz”;
“Y los que hicieron bien saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación”.

Qué lástima que existan aquellos que pervierten las Escrituras, y que declaran que esto quiere decir que El visitaría a aquellos que estuvieran “muertos en transgresiones y pecados” para revivirles y que no tiene referencia a la resurrección de los muertos. Sin embargo, Pedro testificó que sí tenía referencia a la resurrección de los muertos. El mismo género de crítica se ha levantado contra la palabra del Señor a Ezequiel con relación al valle de huesos secos. ¿Por qué habrá quienes procuren destruir esta hermosa doctrina, declarando que no se refiere a la apertura de los sepulcros y la restauración de los muertos, sino meramente a un despertar de Israel no-arrepentido? En su instrucción a Ezequiel el Señor fue tan exacto que no hay lugar a duda en cuanto al vero significado de que los muertos revivirían.

La Biblia está pletónica de promesas proféticas concernientes a la resurrección de los muertos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El verdadero significado de una de las más bellas de estas declaraciones se ha destruido en las traducciones modernas.

Citó las palabras como fueron traducidas debidamente en la versión de Douay:

“Porque yo sé que mi Redentor vive, y que en el último día se levantará de la tierra.
“Y seré yo vestido de nuevo con mi piel, y en mi carne veré a mi Dios.
“Quien yo mismo veré, y mis ojos verán, y no otro: Esta mi esperanza está guardada en mi pecho”.

Otros pasajes del Antiguo Testamento sobre la resurrección son los siguientes:

“Empero Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, cuando me tomará”. Salmos 49:15.

“Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos” Isaías 26:19.

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Daniel 12:2.

Cristo ha declarado ser la resurrección y la vida. El obtuvo ese poder mediante el sacrificio expiatorio. Las llaves de la resurrección están en sus manos. La primera resurrección pasó. Sucedió inmediatamente después de su resurrección cuando él obtuvo poder para abrir los sepulcros. Nos es dicho que Él es “el testigo fiel, el primogénito de los muertos”. No podría haber habido resurrección para algún otro, hasta que Él hubiera resucitado de los muertos. Está registrado por Mateo:

“Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
“Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

La siguiente resurrección, que para la presente generación de hombres, es la primera, será de los justos cuando Cristo venga nuevamente, y ellos vivirán y reinarán con él por mil años.

Mas los demás de los muertos no vivirán de nuevo hasta cumplidos los mil años. El Señor nos ha revelado en el presente día que en la resurrección, la restauración vendrá a todos, “Viejos y jóvenes, siervos y libres, varón y hembra, justos e injustos; y no se perderá ni un cabello de sus cabezas; mas todo será restaurado a su forma perfecta, como ahora está, o en el cuerpo, y será traído y acusado ante el tribunal de Cristo, el Hijo, y Dios el Padre, y el Espíritu Santo . . . para ser juzgado según sus obras, siendo ellas buenas o malas”.

Mi oración es que todo hombre pueda arrepentirse, para que cuando seamos levantados del sepulcro, sea para recibir la vida eterna, y no el galardón de la maldad. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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