“Edifíquese esta casa a mi nombre”

El presidente Ezra Taft Benson describió un importante modelo que el Redentor emplea para “[l]levar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. Él dijo: “El Señor obra de adentro hacia afuera; el mundo obra de afuera hacia dentro. El mundo trata de sacar a la gente de los barrios bajos; Cristo saca la bajeza social del corazón de las personas y ellas mismas salen de los barrios bajos. El mundo trata de reformar al hombre cambiándolo de ambiente; Cristo cambia al hombre, y este cambia su entorno. El mundo trata de amoldar el comportamiento del hombre, pero Cristo puede cambiar la naturaleza humana”.

Los convenios y las ordenanzas del sacerdocio son esenciales en el proceso continuo de renacimiento espiritual y transformación; son el medio por el cual el Señor obra con cada uno de nosotros de adentro hacia afuera. Los convenios que se honran con resolución, que se recuerdan siempre y que están escritos “con el Espíritu del Dios vivo […] en tablas de carne del corazón” brindan un propósito y la certeza de las bendiciones en la vida terrenal y por la eternidad. Las ordenanzas que se reciben de manera digna y se recuerdan de forma continua, abren los canales celestiales a través de los cuales el poder de la divinidad puede fluir a nuestra vida.

No vamos al templo para escondernos o escapar de los males del mundo; más bien, vamos al templo para vencer al mundo del mal. Cuando invitamos el “poder de la divinidad” a nuestra vida al recibir las ordenanzas del sacerdocio y al hacer y guardar convenios sagrados, somos bendecidos con una fortaleza mayor a la nuestra para superar las tentaciones y los desafíos de la vida terrenal y para hacer lo bueno y llegar a ser buenos.

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