El corazón agradecido

El corazón agradecido


Mucho antes de que los colonos de Nueva Inglaterra celebraran hace casi 400 años, y bastante antes de que el día de Acción de Gracias fuera uno festivo, el expresar agradecimiento ha sido vital para el alma humana, no solo en tiempos de abundancia. En momentos buenos y malos, la vida puede ser más plena cuando contamos nuestras bendiciones.

Quizá sea por eso que se dice que la gratitud “no solo es la mayor, sino la madre de todas las virtudes”. Bien haríamos en pensar cuán bendecidos somos. No necesitamos un día festivo para vivir con agradecimiento a diario.

Pero en días cuando nos sentimos agobiados por el pesar, puede ser difícil ver lo hermoso y oír lo positivo, pero eso no significa que no estén allí.

Se cuenta la historia de una niñita y su abuela que salieron a caminar juntas. “El canto de los pájaros deleitaba a la pequeña, quien señalaba el lugar de donde provenía cada trino. ‘¿Oyes eso?’, preguntaba una y otra vez la niña. Pero su abuela no oía bien y no podía distinguir los sonidos. Finalmente, la mujer se arrodilló y le dijo a su nietecita, ‘Lo siento, mi amor. La abuela no oye bien’. Exasperada, la pequeña tomó la cara de la abuela entre sus manos, la miró fijo a los ojos, y le dijo, ‘Abuela, ¡escucha con más cuidado!’”.

Si bien este consejo tal vez no ayude a una abuela a oír el trinar de los pájaros, es excelente para nosotros cuando los afanes de la vida nos hacen sordos a su belleza. Nos rodean bendiciones grandes y pequeñas; y si escuchamos, oiremos todo hermoso sonido. Miremos, y veremos todo lo bello que nos rodea. Cultivemos el hábito de hallar lo bueno y de dar gracias continuamente.

Un afamado ministro religioso escribió, “El corazón ingrato no reconoce las misericordias de Dios. Mas el corazón agradecido halla continuamente alguna de Sus bendiciones”. La diferencia está en la disposición del corazón agradecido. Siempre encontramos bendiciones cuando la gratitud ilumina nuestra senda.