La Madre de alguien

La Madre de alguien


El segundo domingo de mayo de 1908, Anna Jarvis rindió honor a su fallecida madre, Ann Reeves Jarvis, organizando la primera celebración del Día de la Madre. En 1914 el presidente Woodrow Wilson instituyó ese día como un feriado, aunque tal disposición no era más que un acto simbólico ya que Anna Jarvis ya había persuadido a casi todos los estados a celebrar el Día de la Madre. Esta tradición ahora se ha expandido por todo el mundo.

La visión original de Anna en cuanto al Día de la Madre era sencilla: visite o escriba a su madre y agradézcale por su servicio como tal. Más allá de cómo recordemos a las madres —con flores, tarjetas, llamadas o visitas— la clave es que nuestras expresiones de amor y gratitud provengan de lo más profundo del corazón.

Así que hoy honramos a las madres —las propias y todas las mujeres que nos rodean, ya sea que hayan sido bendecidas o no con hijos, pues como nos lo recuerda un poema de Mary Dow Brine, nos rodean mujeres que merecen ser honradas, en este día y siempre:

A la abatida anciana en viejos harapos vestida,
encorvada por el frío del invierno se le veía…
Por largo tiempo aguardó allí en la esquina parada,
entre el gentío, sola y abandonada.

Ningún ser de los que a su lado pasaba,
ni por curiosidad sus ansiosos ojos miraba.
Calle abajo, con enorme algarabía,
un grupo de niños de la escuela salía.

Cual rebaño junto a la acera marchaban,
y en el agua de lluvia, alegres chapoteaban.
Un muchacho a ella le dijo, al momento de pasar,
“Con gusto la ayudo si desea cruzar”…
“Ella es la madre de alguien”, a sus amigos comentó,
“y el paso de los años a ella enlenteció.

“Cuando mi madre llegue a esa edad espero que alguien la trate con caridad;
“que se le extienda una tierna mano, cuando no esté con ella su niño amado”.
Esa “madre de alguien” aquella noche se inclinó
y al orar con fervor estas palabras pronunció:
“Bendice, Dios, a ese niño tan bueno, que es el hijo de alguien que lo arrulló en su seno.

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