La necesidad de dar

La necesidad de dar 


El dar es bueno para el alma. Eso es lo que un multimillonario aprendió tras años de compartir su fortuna con otras personas. Jon Huntsman, padre, recientemente fallecido, fue un generoso filántropo a lo largo de toda su vida. Podría suponerse que para alguien tan acaudalado es fácil dar dinero, pero es el tamaño del corazón y no el de la cuenta bancaria lo que realmente vale.

Jon Huntsman creció pobre, pero con enorme tenacidad creó una exitosa corporación y fue reconocido por sus éxitos y por su generosidad. Dio dinero a innumerables causas y personas, a veces a través de donaciones públicas, pero más a menudo por medio de dádivas personales que solo conoció el beneficiario. Sus donaciones alcanzaron la suma de un billón y medio de dólares a lo largo de su vida.

Un buen amigo declaró: “Jon no llegó a ser un filántropo cuando se hizo rico; sino siendo pobre”. De recién casados, él y su esposa empezaron a donar 50 dólares mensuales a organizaciones de caridad, quedándoles solo 330 para el resto del mes. Al crecer sus ingresos, también aumentaron sus donaciones.

Dos causas eran especiales para Jon: la educación y la lucha contra el cáncer. Tras una reunión con otros billonarios, él les dijo que necesitaban experimentar la dicha de ver a un paciente de cáncer recuperarse, o a un joven tener los medios para ir a la universidad.

Los estudios demuestran que “el dar hace que seamos personas más saludables, más fuertes, más prósperas y más felices, y hace que nuestras comunidades sean más vigorosas. Eso significa que todos somos necesitados; todos tenemos necesidad de dar continuamente”. Claro que no todos somos adinerados, pero todos podemos dar. Aunque nuestra dádiva sea pequeña, el acto favorece tanto a quien da como al que recibe.