Los padres son siempre importantes

Los padres son siempre importantes


Un joven padre, viendo que su esposa no se sentía bien, trató de ayudar más que de costumbre. Se encargó de tareas en la casa, le preparó un baño caliente, y salió a caminar con los niños para que ella pudiera descansar tranquila. “No te preocupes”, le dijo, “yo te cuido”. Imaginen la satisfacción que sintió pocos días después, cuando oyó a su niña de tres años, decirle exactamente lo mismo a su mamá. El padre comprendió cuanta atención prestaba su hijita a su comportamiento y se propuso hacer todo cuanto pudiera para dar a su niña un ejemplo más claro que ella siempre quisiera imitar.

Mucha es la sabiduría que encierra esta declaración sobre la paternidad: “Como padre, uno siempre enseña. Para bien o para mal, los hijos aprenden de lo que uno hace, lo que cree, lo que piensa y lo que le preocupa. Quizá ellos lo imitarán o no, pero el ejemplo que da el padre es la mayor luz que alumbra el camino de cada uno de sus hijos, y él es responsable por esa luz”.

Los padres son siempre importantes, pero a menudo se les representa como incompetentes, indiferentes o ausentes de la vida familiar. Si bien es cierto que tales padres existen, la mayoría haría todo cuanto pudiera para proteger a su familia, atender sus necesidades y dar siempre un buen ejemplo.

Claro que a veces los padres se equivocan y tienen días no tan buenos como otros. Pero si un padre trata de vivir de modo tal que sus hijos puedan honrar su nombre y piensen en él con amor y afecto, para que lo recuerden como un hombre de honor e integridad, entonces ese padre, aun cuando imperfecto, es un buen padre. Siempre hay lugar para mejorar, y es en cada intento donde se halla ese progreso. Sus mismos esfuerzos lo refinan y lo ayudan a lograr todo lo que es capaz de lograr; ninguna otra cosa ofrece más oportunidades de desarrollo que la paternidad.

Lo enorme de la función y lo sagrado de su responsabilidad tal vez haga que algunos padres se sientan deficientes, pero el buen padre se levanta, da lo mejor de sí y dice a su familia, por medio de palabras y hechos, “No te preocupes, yo te cuido”.