Conferencia General Octubre 1978
Nuestra perspectiva eterna
Hermana Barbara B. Smith
Presidenta de la Mesa General de la Sociedad de Socorro
Mis queridas hermanas, y hermanos, han pasado tres años desde la ultima vez que en este histórico Tabernáculo nos reunimos solamente mujeres, con el propósito de escuchar los consejos del Profeta de Dios. Hemos echado de menos el dulce espíritu fraternal de nuestras reuniones, y la bendición de paz y consuelo que recibimos cuando nos reunimos en el nombre del Señor.
Estos tres años han estado llenos de acontecimientos, tanto en el mundo como en la Iglesia. Para la mujer, en particular, han señalado tiempos de prueba, puesto que jamas se había dicho y escrito tanto como ahora, con respecto al papel de la mujer y al lugar que debe ocupar en la sociedad.
Durante esa época, he tenido la bendición de reunirme con muchas mujeres, y se que estáis procurando humildemente conocer la voluntad del Señor con respecto a vosotras, en este cambiante mundo de hoy.
Una nueva conversa que viene a nosotros con esta pregunta: »¿Cómo debe ser la mujer mormona?» Desde Japón se me ha escrito con una interrogante: ‘Ahora que hemos abandonado las costumbres de nuestros antepasados, y hemos aumentado el numero de hijos en nuestra familia, ¿cómo debemos criarlos?» De la mujer que se ve obligada a ser cabeza de familia, nos llega una suplica de guía y consejo: ‘ ‘Tengo que ser independiente y mantener a mi familia, puesto que no cuento con otra fuente de ingresos. ¿Cómo puedo hacerlo, y al mismo tiempo estar en mi hogar, con mis hijos?» De la mujer soltera recibimos una pregunta: ¿Cómo puedo encontrar mi lugar en una Iglesia, cuya vida esta enfocada en la familia, si no soy casada? ¿Hay algo que yo pueda hacer en el reino de Dios?» La respuesta a todas ellas es que el trabajo de la mujer es esencial en el reino, ya sea casada, soltera, madre, hermana, o hija.
Las mujeres de la Sociedad de Socorro tenemos un noble pasado, un cometido presente, y una visión de grandeza para el futuro. Con la organización de esta sociedad, recibimos el programa del Señor para Sus hijas, cuya piedra fundamental seria la absoluta consagración a aliviar el sufrimiento entre Sus hijos terrenales. Además, el Profeta instruyó a las hermanas diciéndoles que su sociedad seria «no sólo para aliviar al necesitado, sino también para salvar almas». Este es el mismo cometido que tenemos hoy.
Desde la ultima vez que nos reunimos las mujeres de la Iglesia para tratar asuntos de nuestro particular interés, nos hemos visto forzadas a enfrentar candentes problemas de nuestros días. Es importante para la obra de llevar al mundo el mensaje del evangelio, que enfoquemos esos problemas analizándolos cuidadosamente, y con un espíritu de amor. Como el profeta José Smith lo recalcó en Nauvoo a las primeras hermanas de la Sociedad de Socorro, somos responsables del ambiente moral de las comunidades en las cuales habitamos. No podemos renunciar a nuestras responsabilidades de ciudadanas.
En los primeros días de la Iglesia, las directoras de la Sociedad de Socorro, otras resueltas mujeres de la comunidad, y los hermanos de la Iglesia, trabajaron juntos por establecer el sufragio femenino; la acción no era conveniente para los santos, ni siquiera era juiciosa, puesto que el Territorio de Utah se encontraba en medio de una desesperada lucha por ser reconocido como Estado; sin embargo, el derecho femenino al voto fue unánimemente aprobado, simplemente porque era un principio justo.
Actualmente, la mujer mormona tiene mas oportunidades de educarse, mas derechos y, por lo tanto, debe dar un paso adelante para tratar de solucionar los problemas de nuestra sociedad. Es preciso que ejerzamos con responsabilidad nuestro derecho de ciudadanas.
Un escritor dijo:
«Cualquier cosa que sea casi verdad, es completamente falsa y se encuentra entre los más peligrosos errores, porque por estar tan cerca de la verdad puede desviarnos mas fácilmente.»
En nuestro mundo de hoy, creo que nuestro mayor cometido es tratar de encontrar para todos nuestros problemas, soluciones que estén de acuerdo con las enseñanzas del evangelio. Hay tres pasos significativos que podemos dar:
Primero, la oración. Oremos constantemente, y acerquémonos al Señor obedeciendo sus leyes, a fin de no ser engañadas. Entonces encontraremos la luz y la verdad que necesitamos para resolver nuestros problemas personales.
Segundo, el estudio de las Escrituras. Leámoslas a menudo, puesto que lo que el Señor ha dicho para uno, se aplica a todos nosotros Estudiemos también la vida del Salvador, que debe ser nuestro modelo de conducta.
Tercero, la atención al Profeta que nos guía. Uno de los grandes mensajes de la restauración es que los cielos se han abierto, y que Dios nos guía por medio de su Profeta.
En asuntos de la comunidad, el presidente
Kimball nos ha alentado siempre a que los examinemos, y hagamos uso de nuestro libre albedrío; nos ha aconsejado que elijamos lideres y programas que estén de acuerdo con los principios de la verdad, y que seamos independientes en nuestras decisiones. En los asuntos de moral, su consejo ha sido mas especifico; en tópicos como el abono, la homosexualidad y la pornografía, nos ha dado consejos claros y directos.
La mujer mormona sabe que tiene el derecho de aceptar o rechazar esos consejos; pero de acuerdo con la doctrina, también debe comprender que él rechazarlos es una pesada carga de responsabilidad. El llamamiento de un profeta es llegar al núcleo de un problema moral, tener una visión clara del curso que seguirá, y advertirnos de sus consecuencias.
Quizás aquellos que no estén de acuerdo con lo que él nos dice, rehusen prestar oído a sus palabras; pero, lamentablemente, mas tarde tendrán que reconocer la verdad que encerraban las mismas.
Otras veces, todo un pueblo presta oído a las advertencias de un profeta. Cuando Jonás fue enviado a Nínive para profetizar la destrucción de aquella grande e inicua ciudad, los habitantes «creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de silicio desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jo. 3:5). Después, se arrepintieron de su mala conducta, por lo cual Dios no destruyó la ciudad.
Toda mujer debe comprender que no podrá resolver cada uno de los problemas que se le presenten, ni enfrentarlos todos; pero también debe reconocer que aquello que ella no pueda hacer, otras lo harán. Y debemos darnos cuenta de la gran influencia que una sola mujer puede tener en la vida de todos sus descendientes, y que más allá de esos descendientes, quizás haya miles de otras personas en quienes su vida también influya, por haber oído el mensaje del evangelio de labios de sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.
Esta es la enorme, tradicional, constante e irremplazable contribución de la mujer. Creemos que es importante seguir adelante, y valorar el trabajo femenino, y que la mujer misma comprenda claramente la magnitud de su llamamiento como tal. Además, hay muchos otros problemas que resolver, y tenemos la responsabilidad de ayudar a encontrar las soluciones. Debemos hacer uso abundante de nuestros talentos y poner lo mejor de nosotras en la búsqueda de esas soluciones.
Quizás más importante aun es el hecho de que tenemos que poner todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza en llevar a cabo la responsabilidad que el Señor nos ha dado, que es la de vivir de tal manera que tanto nosotras, como aquellos sobre quienes tengamos influencia, podamos lograr la exaltación en el Reino de Dios.
Nosotros hemos sido escogidos para efectuar esta obra; nosotras, las mujeres de la Iglesia, junto con los hombres, nuestros maridos, nuestros hijos, nuestros hermanos en el Sacerdocio.
Que el Señor nos bendiga con una perspectiva de lo eterno, y que podamos tomar decisiones que nos permitan trabajar con amor, unidad y fidelidad, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amen.
























