por el élder Bruce R. McConkie Del Consejo de los Doce
Nos encontramos en lo alto de una montaña, sobre una cúspide majestuosa de la cordillera de Israel. Para alcanzar esta cima hemos escalado las colinas de la paz y atravesado los valles de la desesperación.
A nuestros pies divisamos los desiertos del pecado y la selva de la maldad; hemos dejado atrás los pantanos de los deseos carnales, las planicies de la pasión y los rugientes ríos del odio, el crimen y la guerra. Todo lo hemos superado para alcanzar este pináculo.
Adelante, se elevan hacia el cielo montañas aún más majestuosas, llenas también de grietas, precipicios, ríos, y selvas. . . Seguir leyendo →
¿Qué han dicho los líderes de la Iglesia sobre Job 1-3, 12-14, 19, 21-24, 38-40, 42?
Sabemos que Job era santo por la descripción que se hace de él al comienzo: “Hubo en la tierra de Uz un hombre llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1).
Después, Job perdió sus riquezas, su familia e incluso su salud. Tal vez recuerden que Job dudó de que la mayor santidad que había adquirido mediante una adversidad más intensa lo hubiera hecho merecedor de una felicidad mayor. A Job le parecía que la santidad le había traído sufrimiento… Seguir leyendo →
El libro de Job se desarrolla en la tierra de Uz, una región ubicada probablemente al este o sureste de Canaán, en un entorno patriarcal semejante al de Abraham, Isaac y Jacob. Aunque no se conoce con certeza el autor ni la fecha de su redacción, muchos estudiosos consideran que la historia refleja una época muy antigua, cuando los jefes de familia actuaban como sacerdotes y ofrecían sacrificios por sus hogares. Job era un hombre de gran riqueza, reconocido por su integridad, rectitud y profunda reverencia hacia Dios. Su vida parecía representar el ideal de la bendición divina, hasta que, de manera inesperada, perdió sus bienes, a sus hijos y finalmente su salud. Detrás de esas tragedias se revela una escena celestial donde Satanás cuestiona la sinceridad de la fe de Job, afirmando que solo sirve a Dios porque ha sido prosperado. El Señor permite la prueba, no para destruir a Su siervo, sino para demostrar que la verdadera fe puede permanecer firme aun cuando desaparezcan todas las bendiciones temporales. Seguir leyendo →
El libro de Ester enseña una de las doctrinas más profundas de las Escrituras: la providencia de Dios obra aun cuando Su presencia no sea evidente. A diferencia de otros libros del Antiguo Testamento, el nombre de Dios no aparece explícitamente; sin embargo, Su mano se percibe en el desarrollo de cada acontecimiento. Lo que parece una serie de coincidencias —la elección de Ester como reina, el descubrimiento del complot contra el rey por parte de Mardoqueo, el insomnio del rey y el cambio inesperado de circunstancias— revela que el Señor dirige la historia con sabiduría para preservar a Su pueblo del convenio. El relato demuestra que la revelación divina no siempre se manifiesta mediante milagros visibles; muchas veces actúa por medio de circunstancias, decisiones y oportunidades preparadas con anticipación.
Doctrinalmente, Ester representa el principio de que cada discípulo puede ser preparado por Dios para cumplir una misión específica en el momento oportuno. La declaración de Mardoqueo: “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:14) enseña que el llamamiento y las responsabilidades de los hijos de Dios forman parte de un propósito mayor. Ester tuvo que ejercer su albedrío, vencer el temor y arriesgar su propia vida para salvar a su pueblo. De esta manera, el libro resalta que la fe verdadera exige valentía, sacrificio y disposición para actuar cuando el Señor abre el camino. Seguir leyendo →
La verdadera salvación y paz para la humanidad se alcanzan mediante la hermandad universal, expresada en el amor al prójimo y en la obra redentora por los vivos y los muertos
Élder John A. Widtsoe
Del Consejo de los Doce Apóstoles
“La humanidad no alcanzará la paz, ni la armonía, ni la salvación, a menos que aprendamos a amarnos unos a otros.”
por el Élder Bruce R. McConkie
del primer concilio de los setenta.
Creemos que Dios se ha revelado en nuestros días para que los hombres nuevamente puedan obtener la vida eterna en Su reino. El conocimiento de Dios, el conocimiento en cuanto a la naturaleza y clase de Ser que Él es, constituye el fundamento de roca sobre el cual se basa toda religión verdadera; y sin ese conocimiento y sin revelación proveniente de Él, no es posible que los hombres esperen ni obtengan las bendiciones, honores y glorias de la eternidad. Seguir leyendo →
27 julio – 2 agosto: “Yo estoy ocupado en una gran obra”
Esdras 1; 3–7; Nehemías 2; 4–6; 8
El relato de Esdras y Nehemías constituye una de las grandes narrativas de restauración espiritual del Antiguo Testamento. Más allá de la reconstrucción física de Jerusalén y del templo, estos capítulos muestran el proceso mediante el cual Dios restaura convenios, identidad espiritual y esperanza en un pueblo que había vivido décadas de cautiverio y dispersión. La expresión de Nehemías: “Yo estoy ocupado en una gran obra” (Nehemías 6:3) simboliza la prioridad absoluta de la obra del Señor sobre las distracciones, la oposición y el desaliento del mundo. Los enemigos intentaron detener la reconstrucción mediante amenazas, burlas y compromisos políticos, pero Nehemías comprendió que abandonar la obra sagrada significaba debilitar espiritualmente al pueblo. De manera semejante, los discípulos modernos son llamados a permanecer firmes en la edificación del reino de Dios, especialmente en la adoración en el templo, la obediencia a los convenios y la protección espiritual del hogar y de la fe. El templo reconstruido bajo Zorobabel representaba más que un edificio: era el símbolo de la presencia divina renovada entre el pueblo del convenio (Esdras 3:10–13). Así, la “gran obra” siempre está conectada con acercar a las personas nuevamente a Dios. Seguir leyendo →
“A ti volvemos nuestros ojos”
2 Crónicas 14–20; 26; 30
El relato de Josafat y de los reyes fieles de Judá en 2 Crónicas 14–20, 26 y 30 enseña una de las verdades más profundas de la teología bíblica: la verdadera liberación no proviene del poder militar, de la inteligencia humana ni de la autosuficiencia, sino de volver los ojos hacia Dios con humildad y dependencia absoluta. La expresión de Josafat —“no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12)— representa el corazón del discipulado. Desde una perspectiva doctrinal, esta oración revela el principio del convenio: cuando el pueblo reconoce su insuficiencia y deposita su confianza en Jehová, Dios interviene como Rey, Protector y Libertador de Israel. El texto muestra que las mayores victorias espirituales de Judá ocurrieron cuando sus líderes restauraron la adoración verdadera, purificaron el templo y guiaron al pueblo al arrepentimiento. Asa derribó ídolos (2 Crónicas 14), Josafat enseñó la ley y buscó al Señor (2 Crónicas 17), Ezequías restauró la Pascua y la adoración verdadera (2 Crónicas 30); todos ellos entendieron que la fortaleza nacional dependía primero de la fidelidad espiritual. En contraste, Uzías cayó cuando su corazón se enalteció (2 Crónicas 26:16), enseñando que el orgullo rompe la relación de dependencia con Dios y conduce inevitablemente a la debilidad espiritual.
Estos capítulos revelan un patrón constante en las Escrituras: Dios permite momentos de crisis para dirigir el corazón de Su pueblo hacia Él. La amenaza de los enemigos en tiempos de Josafat simboliza también las batallas modernas del alma: temor, pecado, confusión moral, desesperanza y presiones del mundo. El mensaje central del texto es que la mirada espiritual determina la dirección del corazón. Cuando Judá miró a las naciones, sintió miedo; cuando miró al Señor, recibió paz y liberación. La respuesta divina en 2 Crónicas 20:17 —“No temáis ni desmayéis”— anticipa el principio eterno de que las batallas decisivas pertenecen al Señor. En términos cristológicos, esta narrativa apunta a Jesucristo como el verdadero Libertador de Israel, Aquel en quien el creyente deposita su confianza cuando no tiene fuerzas suficientes. Así, el texto invita al lector moderno a evaluar dónde fija sus ojos espirituales: en la incertidumbre del mundo o en la soberanía de Dios. El mensaje de Crónicas no es simplemente histórico; es profundamente covenantal y personal: aquellos que vuelven sus ojos al Señor descubren que Él sigue gobernando las batallas que el ser humano no puede vencer por sí mismo.
“En Jehová Dios de Israel puso su esperanza” 2 Reyes 16–25
El relato de 2 Reyes 16–25 constituye una de las reflexiones más profundas del Antiguo Testamento sobre el contraste entre la apostasía y la esperanza en Dios. La caída del Reino del Norte y posteriormente la decadencia de Judá muestran que ninguna nación puede sostenerse espiritualmente cuando abandona sus convenios con Jehová. La idolatría no fue solamente un problema religioso externo; representó una corrupción interna del corazón del pueblo, que comenzó a confiar más en alianzas políticas, poder militar y prácticas paganas que en el Dios de Israel. En medio de esa oscuridad histórica, el texto resalta deliberadamente a Ezequías y Josías como ejemplos de reforma espiritual y fidelidad al convenio. El énfasis doctrinal del pasaje no está simplemente en la grandeza política de estos reyes, sino en que “pusieron su esperanza” en Jehová. Esa esperanza implicaba dependencia absoluta del Señor aun cuando las circunstancias parecían humanamente imposibles. Ezequías enfrentó el poder aterrador de Asiria, pero eligió acudir al templo y buscar la palabra profética antes que rendirse al temor; de esa manera, el relato enseña que la verdadera seguridad de Israel nunca estuvo en sus murallas, sino en su relación de convenio con Dios.
Estos capítulos enseñan que el arrepentimiento colectivo y personal siempre abre la puerta a la misericordia divina, incluso en épocas de profunda decadencia espiritual. Josías, al redescubrir el libro de la ley, simboliza el poder restaurador de la palabra de Dios cuando vuelve a ocupar el centro de la vida del pueblo. La reforma no comenzó con estrategias militares ni con prosperidad económica, sino con una renovación del convenio mediante las Escrituras. Esto anticipa un principio eterno del evangelio: toda verdadera restauración espiritual comienza cuando el ser humano vuelve su corazón a la revelación divina. Los ejemplos de Ezequías y Josías también prefiguran la misión de Jesucristo, quien invita continuamente a Su pueblo a abandonar la idolatría espiritual y confiar plenamente en Él. Así, el mensaje central de 2 Reyes 16–25 no es solamente la caída de reinos antiguos, sino la invitación permanente a confiar en Jehová aun en tiempos de crisis moral, cultural o personal. La historia demuestra que cuando el pueblo abandona a Dios sobreviene la dispersión espiritual, pero cuando pone su esperanza en Él, aun en medio de la ruina, el Señor puede preservar, sanar y restaurar. Seguir leyendo →