“Esas sencillas palabras: ‘No está aquí, sino que ha resucitado’, se han convertido en las palabras más profundas de toda la literatura … son el cumplimiento de todo lo que Él había hablado concerniente a levantarse de nuevo”.
Mis hermanos y hermanas, estoy tan profundamente agradecido de estar ante ustedes. De entre todos los hombres, me siento muy bendecido. Soy bendecido por el amor que me brindan; a dondequiera que voy, todos son tan amables conmigo. Soy bendecido por la fe que demuestran. Su formidable servicio, devoción y lealtad se convierten en parte de mi propia fe. Son en verdad maravillosos. Es claramente obvio que el Evangelio, cuando se vive, hace que las personas sean mejores de lo que lo serían sin él. Seguir leyendo →
Sheri L. Dew Segunda Consejera de la Presidencia de la Sociedad de Socorro
“Él sabe cómo socorrernos a todos; pero somos nosotros los que activamos el poder de la Expiación en nuestra vida … al acudir a Él”.
En el último discurso que dirigió a Sus discípulos antes de Getsemaní y del Calvario, el Salvador declaró que Él era “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). En esta hermosa mañana de Pascua de resurrección, testifico, al igual que el profeta Alma “que no hay otro … medio por el cual el hombre pueda ser salvo, sino en Cristo y por medio de él” (Alma 38:9). Seguir leyendo →
Dallin H. Oaks Del Cuórum de los Doce Apóstoles
En una charla fogonera de la Universidad Brigham Young el 6 de junio de 1993.
El tema que, según creo, hemos descuidado es el testimonio que el Libro de Mormón ofrece acerca de la divinidad y la misión de Jesucristo, así como de nuestra relación de convenio con Él.
Los Salmos 102–103; 110; 116–119; 127–128; 135–139 y 146–150 nos conducen por un extraordinario recorrido espiritual: comienzan con la oración de una persona afligida y terminan con una invitación universal a alabar a Dios. Esta progresión nos enseña que la adoración verdadera no nace únicamente de los momentos felices. También puede surgir en medio del dolor, cuando decidimos recordar que Jehová permanece para siempre, escucha las oraciones y tiene misericordia de Sus hijos. El lamento del Salmo 102 se transforma así en esperanza: llegará el día en que Sion será edificada y todas las naciones reconocerán la gloria del Señor. Salmo 102
En el centro de estos escritos se encuentra Jesucristo. El Salmo 103 celebra al Dios que perdona, sana, rescata y trata a Sus hijos con compasión. El Salmo 110 presenta proféticamente al Mesías sentado a la diestra del Padre y como Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. Por eso, alabar al Señor no consiste solamente en cantar; significa reconocer que nuestra redención, esperanza y acceso a Dios se encuentran en Jesucristo. Salmo 110
Estos salmos también muestran que la alabanza debe reflejarse en nuestra manera de vivir. Alabamos a Dios cuando agradecemos Sus bendiciones, amamos Su palabra, confiamos en Él y edificamos nuestro hogar bajo Su dirección. El Salmo 119 enseña que la palabra divina ilumina nuestro camino; los Salmos 127–128 declaran que el Señor debe ocupar el centro de nuestros esfuerzos y nuestras familias; y el Salmo 139 recuerda que Dios nos conoce completamente. Él comprende nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones y nuestras posibilidades eternas.
Finalmente, los Salmos 146–150 convierten la alabanza en un gran coro de toda la creación. Se invita a los cielos, la tierra, los pueblos, los jóvenes, los ancianos y todo ser viviente a reconocer la grandeza del Creador. La declaración “¡Todo lo que respira alabe a JAH!” resume el mensaje de este estudio: mientras tengamos vida, siempre tendremos una razón para recordar la bondad de Dios, testificar de Jesucristo y expresar gratitud. La alabanza no es únicamente la conclusión del libro de Salmos; es la respuesta de un corazón que ha aprendido a reconocer la mano del Señor en todas las circunstancias. Salmos 146–150 Seguir leyendo →
Salmos 49–51; 61–66; 69–72; 77–78; 85–86 “Contaré lo que ha hecho por mi alma”
Los escritores de los Salmos expresaron mediante la poesía los sentimientos más profundos del corazón humano. En sus palabras encontramos desánimo, temor, culpa, frustración e incluso momentos en los que parecían sentirse abandonados por Dios. Los salmistas no intentaron esconder sus luchas ni presentar una fe libre de dificultades; por el contrario, hablaron con sinceridad ante el Señor y convirtieron sus experiencias dolorosas en oraciones.
Por esa razón, cuando atravesamos sentimientos semejantes, los Salmos pueden ayudarnos a comprender que no estamos solos. Las personas fieles también experimentan dudas, inquietudes y momentos de debilidad. Sin embargo, estos escritos no se limitan a describir el sufrimiento: también muestran cómo llevar nuestras cargas ante Dios. Los salmistas clamaban, preguntaban, esperaban y continuaban buscando al Señor aun cuando no comprendían completamente lo que estaba sucediendo. Seguir leyendo →
Salmos 1; 23; 26–28; 46 “He confiado […] en Jehová”
¿Qué es el libro de Salmos?
El libro de Salmos es una colección de 150 poemas, himnos y oraciones sagradas que forma parte del Antiguo Testamento. Su nombre proviene de una palabra griega que significa “cantos acompañados con instrumentos”. En hebreo se conoce como Tehilim, que significa “alabanzas”.
Los Salmos fueron escritos por diversos autores durante varios siglos. Muchos se atribuyen al rey David; otros, a Asaf, a los hijos de Coré, a Salomón y a Moisés, mientras que numerosos salmos son anónimos. Posteriormente se reunieron y organizaron en cinco secciones o libros.
El antiguo pueblo de Israel empleaba los Salmos en la adoración del templo, las celebraciones religiosas, la enseñanza y la oración personal. En ellos se expresan numerosas experiencias humanas: alabanza, gratitud, arrepentimiento, sufrimiento, confianza, esperanza y gozo. Por eso pueden considerarse tanto el himnario como el libro de oración del antiguo Israel. Seguir leyendo →
Bruce R. McConkie De los Setenta Devocional, 6 de mayo de 1953
Se me ha pedido que les hable acerca del sacrificio expiatorio de Jesucristo. Me complace hacerlo y espero que mis palabras sean guiadas por el Espíritu.
La Expiación es la doctrina más trascendental del Evangelio. Es el acontecimiento individual más importante que haya ocurrido o que vaya a ocurrir en toda la historia del mundo. Es el fundamento sobre el cual descansan todas las demás cosas. Si no fuera por la Expiación, podríamos descartar el Evangelio como un mito y el propósito de toda la Creación quedaría completamente frustrado.
Creo que esta mañana nos resultará provechoso mantenernos cerca de las revelaciones. Tomaré como texto unas palabras de un sermón que pronunció el padre Lehi: Seguir leyendo →
por el élder Bruce R. McConkie Del Consejo de los Doce
Nos encontramos en lo alto de una montaña, sobre una cúspide majestuosa de la cordillera de Israel. Para alcanzar esta cima hemos escalado las colinas de la paz y atravesado los valles de la desesperación.
A nuestros pies divisamos los desiertos del pecado y la selva de la maldad; hemos dejado atrás los pantanos de los deseos carnales, las planicies de la pasión y los rugientes ríos del odio, el crimen y la guerra. Todo lo hemos superado para alcanzar este pináculo.
Adelante, se elevan hacia el cielo montañas aún más majestuosas, llenas también de grietas, precipicios, ríos, y selvas. . . Seguir leyendo →
¿Qué han dicho los líderes de la Iglesia sobre Job 1-3, 12-14, 19, 21-24, 38-40, 42?
Sabemos que Job era santo por la descripción que se hace de él al comienzo: “Hubo en la tierra de Uz un hombre llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1).
Después, Job perdió sus riquezas, su familia e incluso su salud. Tal vez recuerden que Job dudó de que la mayor santidad que había adquirido mediante una adversidad más intensa lo hubiera hecho merecedor de una felicidad mayor. A Job le parecía que la santidad le había traído sufrimiento… Seguir leyendo →
El libro de Job se desarrolla en la tierra de Uz, una región ubicada probablemente al este o sureste de Canaán, en un entorno patriarcal semejante al de Abraham, Isaac y Jacob. Aunque no se conoce con certeza el autor ni la fecha de su redacción, muchos estudiosos consideran que la historia refleja una época muy antigua, cuando los jefes de familia actuaban como sacerdotes y ofrecían sacrificios por sus hogares. Job era un hombre de gran riqueza, reconocido por su integridad, rectitud y profunda reverencia hacia Dios. Su vida parecía representar el ideal de la bendición divina, hasta que, de manera inesperada, perdió sus bienes, a sus hijos y finalmente su salud. Detrás de esas tragedias se revela una escena celestial donde Satanás cuestiona la sinceridad de la fe de Job, afirmando que solo sirve a Dios porque ha sido prosperado. El Señor permite la prueba, no para destruir a Su siervo, sino para demostrar que la verdadera fe puede permanecer firme aun cuando desaparezcan todas las bendiciones temporales. Seguir leyendo →