Salmos 102–103; 110; 116–119; 127–128; 135–139; 146–150
“¡Todo lo que respira alabe a JAH!”
Los Salmos 102–103; 110; 116–119; 127–128; 135–139 y 146–150 nos conducen por un extraordinario recorrido espiritual: comienzan con la oración de una persona afligida y terminan con una invitación universal a alabar a Dios. Esta progresión nos enseña que la adoración verdadera no nace únicamente de los momentos felices. También puede surgir en medio del dolor, cuando decidimos recordar que Jehová permanece para siempre, escucha las oraciones y tiene misericordia de Sus hijos. El lamento del Salmo 102 se transforma así en esperanza: llegará el día en que Sion será edificada y todas las naciones reconocerán la gloria del Señor. Salmo 102
En el centro de estos escritos se encuentra Jesucristo. El Salmo 103 celebra al Dios que perdona, sana, rescata y trata a Sus hijos con compasión. El Salmo 110 presenta proféticamente al Mesías sentado a la diestra del Padre y como Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. Por eso, alabar al Señor no consiste solamente en cantar; significa reconocer que nuestra redención, esperanza y acceso a Dios se encuentran en Jesucristo. Salmo 110
Estos salmos también muestran que la alabanza debe reflejarse en nuestra manera de vivir. Alabamos a Dios cuando agradecemos Sus bendiciones, amamos Su palabra, confiamos en Él y edificamos nuestro hogar bajo Su dirección. El Salmo 119 enseña que la palabra divina ilumina nuestro camino; los Salmos 127–128 declaran que el Señor debe ocupar el centro de nuestros esfuerzos y nuestras familias; y el Salmo 139 recuerda que Dios nos conoce completamente. Él comprende nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones y nuestras posibilidades eternas.
Finalmente, los Salmos 146–150 convierten la alabanza en un gran coro de toda la creación. Se invita a los cielos, la tierra, los pueblos, los jóvenes, los ancianos y todo ser viviente a reconocer la grandeza del Creador. La declaración “¡Todo lo que respira alabe a JAH!” resume el mensaje de este estudio: mientras tengamos vida, siempre tendremos una razón para recordar la bondad de Dios, testificar de Jesucristo y expresar gratitud. La alabanza no es únicamente la conclusión del libro de Salmos; es la respuesta de un corazón que ha aprendido a reconocer la mano del Señor en todas las circunstancias. Salmos 146–150 Seguir leyendo
































