Conferencia General Octubre 1980
La religión pura
Presidente Spencer W. Kimball
Mis queridos hermanos: Siempre es un gran gozo para mi tener el privilegio de reunirme con vosotros en la reunión general del sacerdocio. Estamos reunidos aquí en el Tabernáculo, en la Manzana del Templo en Salt Lake City, y en mas de 2.000 otros lugares. Pensad en el grandioso y sagrado poder que esta representado por esta asamblea de hombres y jóvenes. Me regocijo con vosotros en las múltiples bendiciones que son nuestras por poseer el sacerdocio de Dios.
Hermanos permitidme mencionar un asunto al principio de mis palabras.
A todos vosotros que sois ciudadanos de este país [Estados Unidos] quisiera instaros, así como a los miembros de vuestra familia que están en edad de votar, que vayáis a las casillas de votación el próximo mes de noviembre, y que votéis por los candidatos mas diestros, por las mejores personas que por seguro harán todo lo que este de su parte para proteger los derechos y libertades de esta nación.
No respaldamos a ningún candidato en particular; pero esperamos que votéis por buenos hombres y mujeres honestos, íntegros y capacitados; vosotros debéis ser los jueces.
Además, esperamos que ni los edificios de la Iglesia ni las organizaciones auxiliares de ella se utilicen para respaldar la candidatura o los puntos de vista de ningún candidato.
Conforme leemos y estudiamos las Escrituras nos damos cuenta de que el Salvador siempre se ha preocupado del bienestar de los miembros de su rebano, tanto individual como colectivamente. Es acerca de este principio de velar por las necesidades de los miembros de la Iglesia en estos días tan problemáticos, y auxiliarnos, mis hermanos, que deseo hablaros esta noche.
Obispos y presidentes de rama; estad alerta a las necesidades de los preciosos individuos y familias que forman vuestra congregación en los barrios y ramas. Vosotros sois los pastores que habéis de alimentar al rebaño. Hasta donde os sea posible, permitid que vuestros consejeros y otros oficiales que sirven y trabajan bajo vuestra dirección dirijan vuestros programas. Si tenéis este propósito en mente, a menudo podréis daros cuenta con anticipación de los problemas de algunos de nuestros miembros que están pasando por serias dificultades, mientras dichos problemas y conflictos sean todavía pequeños y se puedan controlar. Estad conscientes de los pequeños problemas y tirantez de relaciones que podáis observar en las familias, a fin de que podáis brindar la debida atención, consejo y amor cuando mas se necesiten. Una hora con un joven o señorita que tiene problemas ahora puede ser la salvación para el o ella, y eso es preferible a los cientos de horas que se puedan pasar luego en su vida, tratando de volverlos al buen camino.
Como lo hemos dicho muchas veces, delegad aquellas tareas que otros pueden desempeñar, a fin de que estéis libres para efectuar aquellas cosas que solo vosotros podéis hacer. Los maestros orientadores deben ayudar a velar por el rebano. Aunque ellos no pueden aconsejar como los obispos y los presidentes lo hacen, pueden brindar la tan necesitada, preventiva y apropiada ayuda, bajo la dirección de los lideres de quórum y los obispados.
Presidentes de estaca, obispos y presidentes de rama, os ruego que tengáis un interés especial en mejorar la calidad de la enseñanza en la Iglesia. El Salvador nos ha dicho que debemos apacentar su rebano. (Juan 21:15-17) Temo que muy a menudo, muchos de nuestros miembros van a la Iglesia, se sientan durante toda una clase o reunión y regresan a sus hogares sin haber recibido la instrucción necesaria. Es muy triste cuando esto pasa en un tiempo cuando sus vidas pueden estar en un periodo de angustia, tentación o crisis. Todos necesitamos ser tocados y nutridos por el Espíritu, y la enseñanza eficaz es una de las maneras mas importantes en que lo podemos lograr. A menudo nos esforzamos en gran manera por traer miembros a la Iglesia, y, sin embargo, no velamos debidamente para ver que es lo que reciben cuando vienen.
Ayer, al dirigirme a los representantes regionales, les hable de lo que nos espera a todos conforme hermanemos y enseñemos el evangelio a los diferentes grupos culturales y minorías que viven entre nosotros. Cuando no les damos la atención debida, los perdemos.
En abril de 1977, cuando hable acerca de los lamanitas, dije que «ya no podíamos solo enseñarles y predicarles, sino que debíamos establecer la Iglesia entre ellos» (Seminario para Representantes Regionales, 1° de abril de 1977). Esta declaración se aplica a todo pueblo.
Durante los últimos años, el programa de Unidades Básicas se ha desarrollado para ayudar en donde existen necesidades especiales ya sea idiomáticas o culturales. Los libros de instrucción, los manuales y los informes son mucho menos complicados que los que utiliza el programa de la Iglesia en general. Son estupendos y están disponibles en la mayoría de los idiomas. Hemos diseñado edificios mas pequeños y menos costosos para satisfacer también esta necesidad. Se puede capacitar a matrimonios en el programa de Unidades Básicas de modo que ayudan a establecer la Iglesia entre todos los habitantes de la tierra. En aquellos lugares donde el programa se utiliza como esta proyectado, estamos teniendo mucho éxito.
Os instamos, lideres del sacerdocio, que os familiaricéis con este programa, y lo utilicéis para que sea una bendición a vuestros semejantes. El Señor ha declarado:
«Porque, por ahora no pueden tolerar carne, sino leche deben recibir (D. y C. 19:22).
Otra cosa muy importante, mis hermanos, especialmente a vosotros, presidentes de estaca, obispos y presidentes de rama. Estad siempre al tanto de los miembros de vuestro rebano que están tristes, se sienten solos, acongojados o desdichados. Siempre hay entre nosotros algunos que necesitan de nuestra atención y cuidado especial. Nunca debemos olvidarlos ni descuidarlos.
«La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. » (Santiago 1:27.)
Se nos conoce, con todo derecho, como un pueblo que edifica capillas. Espero que se nos llegue a conocer aun mas como un pueblo que edifica familias. No seáis negligentes con vuestras propias familias, mis hermanos. El nuevo programa integrado os permite, si planeáis como es debido, llevar a cabo todas las reuniones de acuerdo con el horario del programa integrado y también las reuniones administrativas necesarias, y todavía debéis tener algunas horas disponibles para estar con vuestra familia cada domingo. Ved que esto se lleve a cabo, a fin de que vuestros hermanos del sacerdocio no descuiden sus propias familias y para que vuestros magníficos presidentes de estaca, obispos y presidentes de rama, así como los presidentes de quórumes y demás auxiliares hagan lo mismo.
Os amo, mis amados hermanos, y me siento agradecido por vuestra fe, devoción y amor a la causa de la verdad del Maestro. Hermanos, expreso mi afecto para todos vosotros y para toda vuestra gente en los lugares esparcidos del mundo. Que el Señor os bendiga, hermanos, y que sepáis que os amamos mucho aquí en las Oficinas Centrales de la Iglesia. Que Dios os bendiga; que la paz sea con vosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén.
























