Vosotros sois diferentes

Conferencia General Abril 1981logo pdf
Vosotros sois diferentes
por el élder David B. Haight
del Consejo de los Doce

David B. HaightScott Hall es un jovencito excepcional.  Su padre, Garth, es el asistente del entrenador del equipo de fútbol americano de la Universidad Brigham Young.

Hace poco, Scott le pidió a su madre una camisa blanca.

—Si tienes otras camisas de color, ¿para qué quieres una blanca? — le preguntó su madre.
— ¡Mamá, quiero una camisa blanca! — respondió Scott.
—Pero, ¿por qué? –insistió ella.
El le contestó:
—¡No puedo ser misionero sin una camisa blanca!

Scott tiene apenas dos años.

La historia del crecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en todo el mundo no es solamente un milagro, sino que «como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra» (D. y C. 65:2).

Hace poco, una familia de California en viaje de vacaciones pasaba por la ciudad de Saint George, en el Estado de Utah, y le llamó la atención la rara arquitectura del templo que hay en esa ciudad.  Puesto que disponían de algo de tiempo, los padres entraron al Centro de Información dejando que los niños cruzaran la calle para sentarse bajo la sombra de un árbol, en el jardín de la capilla, que hay enfrente.  Una maestra, que en ese momento reunía a los niños para la Primaria, al ver a los dos pequeños visitantes, les dijo: «Vengan a la Primaria», y ellos entraron.

Después de finalizada su visita al Centro de Información, los padres comenzaron a buscar a sus hijos.  Luego de una búsqueda de casi una hora, los vieron salir de la capilla.  El padre les dijo:

—Los hemos estado buscando por todas partes, ¿dónde han estado?

Ellos contestaron:

—En la Primaria.
—¡En la Primaria! ¿Qué es eso?
—La Primaria es donde uno aprende acerca de Jesús; además, papá, ¡deberías dejar de fumar!
El padre por poco se tragó el cigarrillo.  Luego comentó:
—Debemos marcharnos, ya nos hemos retrasado.
Los niños le dijeron:
—Es que no podemos irnos de aquí.
—¡Que no pueden!, pero y ¿porqué?
Los niños le dijeron:
—Porque vamos a participar en una obra de teatro.
— ¿Una obra?
—Sí —contestaron—, y no es sino hasta la próxima semana y tenemos que ensayar durante estos días.

La familia se quedó en Saint George por una semana.  Los niños ensayaron, los padres escucharon las charlas misionales, y toda la familia se bautizó.

La verdad de nuestro mensaje y el impacto de su influencia espiritual en aquellos que están preparados es la mayor influencia benéfica que puede recibir el mundo.

A Kevin Scott, cadete de curso superior en la Escuela Naval de los Estados Unidos se le nombró para presidir durante una cena una mesa de diez guardiamarinas.  Los cadetes, con esa preparación en la Escuela Naval de Annapolis, tienen que ayudar a capacitar nuevos cadetes no sólo en cuanto a tácticas, sino también en cortesía y disciplina.

Durante la cena, el cadete Scott pidió a cada guardiamarina que se presentara a los demás indicando la ciudad y el estado del cual provenía.

Uno de los jóvenes se presentó diciendo:

—Ernest Ward Sax, de Salt
Lake City, Utah.
El cadete Scott le preguntó:
—¿Es usted mormón?
—Sí, señor.
—Quiere decir entonces que no fuma, ni bebe bebidas alcohólicas, ni toma café.
—Así es, señor.
—¿Tiene un ejemplar del Libro de Mormón?
—Sí, señor.
— ¿Lo ha leído? —le preguntó. —Sí, señor.
—¿Me lo prestaría? — preguntó Scott.
—Sí, señor.

Con el intercambio de libros y folletos comenzó una amistad excepcional entre el guardiamarina Sax, de Salt Lake City, y el cadete Scott, de Carolina del Norte.

Kevin Scott se graduó en la Escuela Naval de Annapolis y ahora es teniente e instructor de pilotos.  Recién bautizado, es líder misional, o sea, la «bujía que enciende la luz» del trabajo misional en su barrio.  Ahora él anima entusiastamente a nuestros miembros a que difundan el mensaje del evangelio.

El guardiamarina Ward Sax, que cursa el segundo año en Anápolis, procede de una buena familia mormona y es un joven que honra su responsabilidad en el sacerdocio.

Al contemplar en un mapa la inmensidad del mundo, con sus miles de millones de personas, y meditar en la responsabilidad que nuestro Señor ha depositado en los jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico, me maravillo al pensar cómo el Señor ha colocado a cada uno de vosotros en ciertas familias especiales, o bajo ciertas circunstancias especiales en este período de tiempo en particular.

Todos los países del mundo necesitan desesperadamente una generación de paladines jóvenes, defensores de la verdad, de la honradez, de la pureza, de elevadas normas morales, de la fe en Dios.

Nuestro Señor nos aconseja:

«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo 6:33.)

Al estudiar las Escrituras, orar para comprenderlas, y vivir en armonía con sus enseñanzas inspiradas, progresaréis en sabiduría y fortaleza.

Vosotros poseéis las sagradas llaves, los derechos y las responsabilidades del sacerdocio.  Un mundo confuso espera oíros. ¿Qué diréis? ¿Cómo lo diréis? ¿Sabrá el mundo que sabéis con certeza a dónde os dirigís?

Pablo enseñó a su joven amigo Timoteo:

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.» (2 Timoteo 1:7.)

El Señor ha depositado en nuestras manos el poder divino y la autoridad para actuar en todas las cosas, para predicar el evangelio y efectuar las ordenanzas de salvación por medio de las cuales las personas pueden ser selladas para la vida eterna.  Vosotros sois diferentes del resto del mundo.

Mientras José Smith estaba traduciendo el Libro de Mormón con la ayuda de Oliverio Cowdery, quien le servía de escribiente, se dirigieron a la arboleda para orar y preguntarle al Señor en cuanto al bautismo.  Cuando se hallaban implorando a Dios:

«Descendió un mensajero del cielo en una nube de luz y, habiendo puesto sus manos sobre nosotros, nos ordenó, diciendo:

Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pe-cados. (Jose Smith—  Historia 68-69.)

José Smith recibió instrucciones de bautizar a Oliverio Cowdery, y de que éste después le bautizara a él. Luego, se confirieron el Sacerdocio Aarónico el uno al otro.

El mensajero celestial dijo «que se llamaba… Juan el Bautista… y que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían las llaves del Sacerdocio de Melquisedec… que nos sería conferido… en el momento oportuno» (José Smith—Historia 72).

Vosotros poseéis esta misma autoridad sagrada para declarar el arrepentimiento, así como para bautizar, administrar la Santa Cena y ayudar al obispo; y para interesaros en todos aquellos que necesiten ser animados.  Nuestro Señor se ha valido de jovencitos de vuestra edad en muchas formas milagrosas.  Y no olvidemos que El mismo enseñó y maravilló a los sacerdotes en el templo cuando tenia apenas doce años.

David, el joven pastor, con fe absoluta en el Señor, se enfrentó a Goliat, el gigante filisteo.  Con una oración en su corazón y sin temor, David sacó una piedra de su bolsa y, haciéndola girar en la honda sobre su cabeza, la lanzó a Goliat, y se la clavó en la frente.  El gigante cayó en tierra.  El valor de un jovencito y su fe en Dios salvaron a los israelitas. (1 Samuel 17.)

José Smith, a la edad de catorce años, leyó en Santiago:

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios… y le será dada.» (Santiago 1:5.)

Tiempo después, él escribió: «Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío.  Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón me retiré al bosque me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón.» (José Smith— Historia 12, 14-15.)

Así comenzaron los acontecimientos que condujeron a la restauración de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuando Dios el Padre y su Hijo Jesucristo se aparecieron al joven José Smith.

Queridos jóvenes, gran parte de nuestro futuro descansa sobre vosotros.  Os necesitamos, pero no débiles, sino fuertes.  Vosotros al testificar del Dios viviente podéis sostener en alto el faro de luz que iluminará al mundo en tinieblas.

Tenéis nuestro amor y apoyo; os tenemos confianza.  Estamos pendientes de vosotros y somos conocedores de vuestros problemas, puesto que ya hemos pasado por esa experiencia.  En nuestra juventud salimos con señoritas y sabemos que la amistad con ellas puede ser una experiencia edificante, sana y hermosa.  Vivid de tal forma que podáis tener hermosos recuerdos el resto de vuestra vida; vivid para ese glorioso día en que iréis al santo templo a recibir bendiciones y gozo eternos.  Resistid las tentaciones e insinuaciones de aquellos que aconsejan consumir drogas o tomar bebidas fuertes.  Comprenderéis el daño que tales cosas pueden causar a vuestro cuerpo y, por ende, a vuestro espíritu.  No debéis rendiros.  Sois diferentes.  La pornografía, la literatura y películas obscenas, el lenguaje soez y la música sensual no son parte de vuestro mundo y pueden destruimos.

Sabemos que estáis creciendo en un mundo que busca la diversión, el bullicio, las posesiones materiales, la complacencia inmediata, y que tiene una actitud de «hagámoslo ahora».  Adquirid la fortaleza para postergar la satisfacción de un placer, y comprender que hay un tiempo para cada cosa y un proceso de desarrollo que forma parte del plan eterno de Dios.

Os recordamos que hay virtudes y verdades que son eternas, como el deber, la verdad, la justicia y misericordia… las cuales llegan constituir el código por el cual se rige la decisión… El camino recto y virtuoso es el más corto y el más seguro». (Walter Lippman, «The Fascination of Greatness», New York Herald Tribune, sep. 7 de 1943.)

Como muchos de vosotros sabréis, recientemente se disputaron en los Estados Unidos las finales del torneo universitario de básquetbol en el cual le cupo al equipo de la Universidad Brigham Young una actuación brillante, derrotando en partidos consecutivos a dos de los más prestigiosos equipos universitarios del país: la Universidad de California-Los Angeles (UCLA) y al de la Universidad Notre Dame.  La estrella de este último encuentro, al igual que durante las cuatro temporadas que ha jugado para el equipo de la Universidad Brigham Young, fue el joven Danny Ainge quien en este partido en particular electrizó en los últimos siete segundos del partido a los miles de espectadores que lo presenciaron en forma personal o por televisión, con una jugada en la que convirtió el tanto que le dio la victoria a su equipo.

Después de tan sensacional victoria, se le preguntó al padre de Danny Ainge en una entrevista con la prensa, si creía que su hijo rompería el contrato que tiene firmado para jugar como profesional de béisbol, a fin de aceptar una oferta mejor para jugar al básquetbol, a lo que el padre contestó: «Danny ha firmado ya un contrato.  El honor y la integridad son para él más importantes que el dinero».

Jesús enseñó:

«Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Marcos 8:36′)’ La formación de vuestra integridad de carácter está sólo en vuestras manos.  Nadie más puede hacer daño a vuestro carácter, sino vosotros mismos.

La vida no es una competencia con otros, sino con el propio yo.  Debemos procurar diariamente adquirir mayor fortaleza, ser más verídicos, mejores; cada día debemos dominar más debilidades; reparar a diario un error; superarnos día tras día.

Uno de los nietos del élder Howard W. Hunter asistió con su padre a una reunión de ajuste de diezmos.  El obispo se sintió complacido de que el chico deseara pagar su diezmo, y le preguntó si pensaba que el evangelio era verdadero.  El niño de siete años, habiendo pagado un diezmo de 14 centavos, le respondió que suponía que el evangelio era verdadero, pero de lo que sí estaba seguro era de que costaba mucho dinero.

De jóvenes aprendemos a pagar el diezmo fielmente.  El Señor nos pide una décima parte de lo que ganamos.  Si trabajáis entregando mercadería a domicilio y os pagan lo mismo por cada viaje que hacéis, el dinero que ganáis en el décimo viaje le pertenece al Señor.  Pagad vuestro diezmo mensual o semanalmente o como os paguen; nunca estéis endeudados con el Señor.  Recibiréis bendiciones espirituales y temporales si cumplís fielmente con este mandamiento.

El fútbol (americano) tardó en llegar a nuestro pueblo.  La escuela no tenía dinero para comprar el equipo ni para contratar un director técnico.  Pero llegó el gran día.  El director de la escuela compró doce uniformes y equipos de los más baratos, pero no compró zapatos de fútbol por ser éstos muy caros (usamos las zapatillas de básquetbol), y nuestro entrenador fue reclutado de entre los profesores con la única experiencia de haber visto un partido en una ocasión…

Aprendimos unas pocas tácticas de defensa —o creímos aprenderlas— y nos preparamos para nuestro primer juego con el equipo de Twin Falls, los campeones de la temporada anterior.

Nos vestimos y salimos a la cancha para entrar en calor.  La banda de Twin Falls empezó a tocar (tenían más alumnos en la banda que nosotros en todo nuestro colegio), y entonces su equipo entró por la puerta principal.  Nosotros, que éramos sólo doce, con un solo jugador suplente para jugar en cualquier puesto, nos quedamos admirados observando la entrada a campo de juego de sus treinta y nueve jugadores completamente equipados.

¡El juego fue sumamente interesante! Decir que fue una experiencia de aprendizaje es hablar más bien con benevolencia.  Después de dos jugadas, no teníamos el valor de retener la pelota, así es que la paseábamos, ellos la recibían, corrían hacia nuestra línea final y hacían el tanto.  Cuando ellos tenían la pelota nos arrasaban y marcaban de nuevo.  Nuestro problema era deshacernos de la pelota, a fin no tener que enfrentarnos a sus robustos defensores y correr el riesgo de lesionarnos.

En los últimos minutos, ellos se descuidaron y un pase desviado llegó a las manos de uno de los nuestros.  Se quedó atónito no sabiendo con seguridad qué hacer… hasta que vio a os gigantes e otro equipo corriendo tras él.  Entonces supo que tenía que correr, no por los puntos, ¡sino por su vida!  Al fin hizo el tanto (que en fútbol americano vale 6 puntos) y así se anotaron en el marcador.  El resultado final fue: ¡106 a 6! Realmente no merecíamos los 6 puntos, pero con nuestras camisetas rotas y llenos de magulladuras, de buena gana los aceptamos.

¿Una experiencia de aprendizaje? ¡Por supuesto!  En forma individual o como equipo debemos estar preparados.  Cualquier éxito depende de la preparación anticipada.

Mi padre era obispo, pero murió antes de que yo recibiera el sacerdocio.  Recuerdo muy claramente cuando me ordenaron diácono: entonces se abrió para mí un mundo nuevo.  Me sentía en las nubes cuando oía a la gente decir: «Tú posees el sacerdocio».  No me era fácil comprenderlo completamente, pero teniendo maestros tan humildes de corazón, empezamos a comprender que como diáconos habíamos recibido bendiciones y autoridad para hacer cosas sagradas.

Como oficiales del quórum éramos responsables de todos nuestros miembros y velábamos por que todos fuesen a la Iglesia.  Nos alegraba reunirnos.  Cortábamos leña para los ancianos y las viudas, llenábamos la carbonera de la Iglesia, limpiábamos la capilla los sábados por la tarde, barríamos los escalones, emparejábamos la grava (pedregullo) del patio, nos asegurábamos de que las bandejas de la Santa Cena, así como el mantel, estuvieran limpios, y nos enorgullecíamos de que nuestra pequeña capilla estuviera presentable.

Éramos parte de la Iglesia y la Iglesia era parte de nosotros.  Lo sabíamos, lo sentíamos. ¡Éramos poseedores del sacerdocio de Dios!  Maestros comprensivos nos guiaron y nos ayudaron a ampliar nuestra visión y ver nuestra importante función como jóvenes, pero lo que es más importante, nos guiaron y ayudaron a prepararnos para que fuéramos llamados en nuestra juventud a ser siervos de nuestro Salvador.  El tiene necesidad de cada uno de vosotros, jóvenes poseedores del sacerdocio.  Os testifico que esta obra es verdadera, y lo hago humildemente, en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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