La felicidad y el gozo de la obra del Templo

Conferencia General Octubre 1986logo 4
La felicidad y el gozo de la obra del templo
élder Franklin D. Richards
del Primer Quórum de los Setenta

Franklin D. Richards«Al hacer la obra del templo, desarrollamos una afinidad espiritual con nuestro Padre Celestial y con nuestro Señor y Salvador Jesucristo.»

Hemos escuchado cómo nos dirige el Espíritu Santo. Recuerdo hace años, en una reunión en el templo, que el presidente David O. McKay dijo que aunque preparáramos nuestro discurso diez días antes de la conferencia, el Señor puede inspirarnos durante la preparación tal como lo hace cuando estamos en el estrado. No pude mas que pensar en ese comentario al escuchar al élder Nelson hablar y al coro cantar acerca del gozo, ya que yo voy a hablaros acerca de la felicidad y el gozo de la obra del templo.

Mis queridos hermanos y hermanas, realmente me da gusto estar entre vosotros en esta gran conferencia, y ruego que el Espíritu del Señor me ilumine al dirigirme a vosotros.

La Primera Presidencia ha declarado que la misión de la Iglesia es: llevar el evangelio a toda la humanidad, perfeccionar a los santos, y hacer las obras genealógica y del templo por nosotros y por los muertos.

La obra del templo

He hablado en muchas oportunidades del gozo y la felicidad que uno recibe al hacer la obra misional. Hoy me gustaría hacer referencia especifica al gozo y la felicidad que se reciben al hacer la obra del templo. Hace unos meses, mi esposa y yo regresamos, después de tener el gran privilegio de supervisar la obra del Templo de Washington, D.C., durante mas de dos años.

Quizás sea un poco tarde para ello, pero quisiera comunicaros el amor y los saludos de los obreros y usuarios del Templo de Washington, y me complace informaros que en esa parte de la viña del Señor hay un gran espíritu y un gran crecimiento y progreso en el remo.

Durante esos dos años, mi esposa y yo disfrutamos de muchas hermosas experiencias espirituales, y diariamente éramos testigos del amor y el servicio a nuestros semejantes.

Nuestro Padre Celestial es un padre amoroso, y el ha dicho: «Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Y con ese fin restauró el evangelio en esta dispensación .

¿Por que tenemos templos?

Los Santos de los Últimos Días construyen templos porque se les ha mandado hacerlo para que puedan efectuarse en ellos sagradas ordenanzas a favor de los vivos y los muertos. Es posible efectuar dichas ordenanzas debido a que las obras genealógica y del templo están inseparablemente unidas. Es importante comprender que las bendiciones del templo no están limitadas a una clase especial, si s no que están al alcance de todo miembro digno de la Iglesia debidamente acreditado.

Me gustarla referirme brevemente a tres aspectos relacionados con la asistencia al templo.

Primero, a favor de los vivos: Para los vivos, es posible efectuar las ordenanzas como el bautismo, la comunicación del Espíritu Santo y la ordenación al sacerdocio en cualquier lugar apropiado fuera del templo. Sin embargo, por medio de la revelación moderna se nos ha dicho que hay ciertas ordenanzas, tales como la investidura, el matrimonio eterno, las ordenanzas selladoras tanto por los vivos como por los muertos y el bautismo por los muertos, que deben efectuarse en el templo.

La investidura del templo comprende ordenanzas sagradas sobre las cuales se basan ciertas bendiciones De hecho, también es un curso de instrucción por medio del cual se dan muchas respuestas a la pregunta: »¿Cual es el propósito de la vida’?»

Claro esta que la investidura es una ordenanza individual, mientras que las ordenanzas de sellamiento tienen que ver con las relaciones familiares.

Segundo, a favor de los muertos: El ministerio de Cristo no se limitó a los pocos que vivieron sobre la tierra durante el meridiano de los tiempos, y no se limita solamente a los que viven ahora. El apóstol Pedro aclaro que los que no tengan la oportunidad de escuchar el evangelio en esta tierra la tendrán en el mundo de los espíritus (véase I Pedro 3:18-20; 4:6). Y el apóstol Pablo, al escribir a los corintios, pregunto: «De otro modo, ¿que harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan’? ¿Por que, pues, se bautizan por los muertos’?» (I Corintios 15:29).

La adoración en los templos nos brinda la oportunidad de hacer las ordenanzas por nuestros antepasados muertos y por otras personas, una oportunidad de servir a los muertos. Dicho servicio es motivo de satisfacción eterna. Sin embargo, conviene recordar que el servicio vicario a favor de los muertos no afecta el derecho que tienen dichos muertos de aceptar o rechazar tal servicio vicario.

Tercero, como refugio: El templo es un refugio de las vicisitudes de la vida, un lugar de oración y meditación que brinda la oportunidad de recibir interiormente la paz, la inspiración, la guía y, con frecuencia, soluciones a los problemas que atormentan nuestra vida diaria.

El templo es un lugar donde la chispa divina del hombre, o sea lo infinito en el, puede invocar lo infinito de Dios.

Felicidad y gozo en hacer la obra el templo

He sido testigo del gozo y la satisfacción que reciben los que sirven en el templo. Recuerdo en una oportunidad a una hermana que cruzó con paso acelerado el umbral del templo, con el rostro iluminado por la alegría que sentía. Era una obrera del templo que había ido a visitar su hogar. Me tomó de la mano y dijo: »¡Que bueno es estar de regreso! Amo mi labor en el templo, y se que no puedo ser feliz, realmente feliz, lejos de el. Me brinda un gozo y una satisfacción que no puedo encontrar en ningún otro lugar. Tengo un sentimiento de haber logrado algo de valor eterno. Es en cierta manera como la obra del Salvador, quien hizo por los hombres lo que ellos no podían hacer por si mismos. Esta obra le da paz a mi alma; si, la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Un día mi esposa y yo entramos al bautisterio cerca de mediodía y vimos a una jovencita sentada en una de las bancas. Conversamos con ella, y nos dijo que era del estado de Virginia, y que ese día cumplía doce años. Su mama le había preguntado que quería como regalo de cumpleaños, y ella le había pedido que la llevara al templo para poder hacer bautismos por los muertos.

¡Que gran oportunidad tienen los obreros del templo de influir en el corazón de los hermanos y hermanas de todas las edades!

Recuerdo la carta de un obispo de un barrio del este de Canadá que decía: »Agradecemos el privilegio de llevar a nuestros jóvenes al templo. Ellos deben ser dignos; los vemos sentados esperando su turno con lagrimas en la cara. Hemos tenido muchas experiencias espirituales. Un joven que no pensaba ir a la misión dijo: ‘Ahora tendré que ir’. Los viajes que hemos hecho al templo han tenido un éxito mas grande del que nos imaginamos. Literalmente hemos visto cambios en las vidas. Los jóvenes consideran que, esta es una gran experiencia espiritual.»

Al hacer la obra del templo, desarrollamos una afinidad espiritual con nuestro Padre Celestial y con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, la cual nos brinda paz, felicidad y gozo eterno.

En el templo hay una influencia y un espíritu que influyen en la mente, el corazón y el alma de los presentes. Si. es verdaderamente la Casa del Señor.

Se ha dicho que la historia de la obra del templo es una historia de amor -el amor de Dios por el hombre, el de los hombres por Dios, y el amor del uno por el otro.

No permitamos que las riquezas, los honores de los hombres o las cosas vanas del mundo nos impidan ser dignos de este sagrado privilegio. Realmente somos bendecidos por haber venido a la tierra en esta época. en que se han restaurado a la tierra estas hermosas ordenanzas salvadoras, y por tener el privilegio de participar en ellas.

Exhorto a los miembros de la Iglesia a participar en la obra del templo en toda forma posible, ya que es una manera muy satisfactoria de edificar el reino de Dios.

Los propósitos del Señor se están logrando, las almas se están salvando, y las profecías se están cumpliendo.

Si, podemos sentirnos agradecidos de vivir en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, en que Dios el Padre y su Hijo se han aparecido al profeta José Smith; en que se ha restaurado el evangelio en su plenitud; en que se ha restaurado el sacerdocio, o sea, el poder para actuar en el nombre de Dios; y en que se ha establecido la Iglesia de Cristo de nuevo sobre la tierra. Y cómo sostenemos a nuestro amado profeta Ezra Taft Benson, quien, por medio de la revelación, dirige los asuntos del reino de Dios sobre la tierra en estos días.

Que al concluir esta conferencia salgamos fortalecidos y motivados con el gran deseo de alargar el paso. Que el reino de Dios siga adelante para que venga el reino de los cielos, y que las mas ricas bendiciones de nuestro Padre Celestial os acompañen, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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