Conferencia General Octubre 1989
La revelación continúa
Por el élder James E. Faust
del Quórum de los Doce Apóstoles
«Se nos ha prometido que el presidente de la iglesia, como revelador de esta, recibirá guía para todos nosotros. Estaremos seguros sí obedecemos lo que el dice y seguimos su consejo.»
Hoy me gustaría hablar acerca de un aspecto especial del evangelio: La necesidad de estar C Cconstantemente en comunicación con Dios por medio de lo que llamamos revelación divina. Ese es un principio básico de nuestra fe. El presidente Wilford Woodruff declaró:
«Siempre que el Señor ha tenido en la tierra a aquellos a quienes ha reconocido como a su pueblo, este ha sido guiado por revelación.» (Wilford Woodruff, Journal of Discourses, 24:240.)
La inspiración de Dios esta al alcance de todos aquellos que sean dignos y que busquen la guía del Espíritu Santo. Y es así particularmente con aquellos que han recibido el don del Espíritu Santo.
No obstante, hoy me gustaría hablar acerca de la diferencia que existe entre la comunicación de Dios a todos sus hijos por medio de los profetas y de la revelación personal que recibimos como miembros de la Iglesia en forma individual. Los profetas, videntes y reveladores han tenido y tienen todavía la responsabilidad y el privilegio de recibir y declarar la palabra de Dios al mundo. Los miembros en forma individual, los padres y los lideres tienen derecho a recibir revelación pertinente a sus obligaciones, pero no es suya la responsabilidad ni el derecho de declarar la palabra de Dios mas allá de los limites de su jurisdicción.
Mi discurso se basa en el noveno Articulo de Fe: «Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios».
REVELACION PASADA
La primera parte especifica que: «Creemos todo lo que Dios ha revelado . . . «. En general, a través de los tiempos, el Señor se ha comunicado con sus hijos por medio de los profetas. Amós nos dice: «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7). Ellos son los oráculos proféticos, quienes, a través de los siglos, han estado en armonía con el espíritu de revelación de Dios, con la responsabilidad de transmitir Su palabra a otros. Las cualidades principales de un profeta, en todos los tiempos, no han sido la riqueza, los títulos, la posición económica, la estatura física ni los logros académicos o intelectuales. Las dos cualidades que se han requerido es que sea Dios quien lo llame a ser profeta, por medio de profecía, que lo ordene alguien que tenga la autoridad legal y espiritual para hacerlo, y que reciba y declare la palabra de Dios. (Véase D. y C. 42:11.) Ningún hombre conoce las sendas de Dios a menos que le sean reveladas. (Véase Jacob 4:8.)
A través de los siglos, la revelación de los profetas ha ido aumentando gradualmente. El Señor dijo: «Porque el dará a los fieles línea sobre línea, precepto tras precepto; y en esto os juzgare y probare» (D. y C. 98: 12).
Las revelaciones se han recibido de diferentes maneras: Por medio de la guía del Espíritu Santo, la cual es quizás la mas común; por medio de la palabra hablada y por medio de visitaciones de mensajeros celestiales.
REVELACION ACTUAL
El noveno Articulo de Fe continúa: «Creemos. . . todo lo que actualmente revela… » Por alguna razón, parecería que para muchas personas es mas fácil creer en las palabras de los profetas del pasado que en las de los del presente. José Smith ha sido el gran revelador de nuestra época. Durante la difícil época de 1823 a 1843, tan sólo veinte años, se recibieron, se imprimieron y se publicaron 134 revelaciones.
Cada uno de los ochenta y nueve apóstoles que se han llamado desde entonces, han sido sostenidos como profetas, videntes y reveladores. Pero aquellos profetas, videntes y reveladores que sucedieron a José Smith como Presidentes de la Iglesia han sido los Apóstoles que han poseído en forma activa y funcional todas las llaves del reino de Cristo sobre la tierra.
Ahora avanzamos, con nobleza y en forma intrépida, con valentía y convicción, guiados por nuestro venerable profeta Ezra Taft Benson. En todo sentido, el es merecedor de todo nuestro apoyo. Durante 46 años se le ha sostenido como Apóstol del Señor Jesucristo, y es ahora el Apóstol mayor sobre la tierra; a el se le ha ordenado y apartado como Profeta, Vidente y Revelador del mundo; se le ha sostenido como Presidente de la Iglesia; se le han dado dos consejeros inspirados para que le ayuden; el es el Sumo Sacerdote que preside sobre todo el sacerdocio en la tierra; sólo el tiene y emplea todas las llaves del reino, bajo la dirección del Señor Jesucristo. Bajo su presidencia, con la ayuda de dos grandes consejeros, y con el apoyo del Quórum de los Doce, lleva adelante esta obra.
Yo no creo que los miembros de la Iglesia puedan estar en total armonía con el Salvador si no apoyan a su Profeta viviente sobre la tierra, el Presidente de la Iglesia. Si no apoyamos al profeta viviente, quienquiera que sea, estamos espiritualmente muertos. Irónicamente, hay quienes han muerto espiritualmente por seguir únicamente a los profetas que ya han fallecido. Otros, si bien no lo hacen abiertamente, tratan de elevarse a si mismos criticando a los profetas vivientes.
En el curso de nuestra vida hemos recibido progresiva comunicación de los cielos, los cuales han estado abiertos para los profetas de nuestro tiempo. Entre las revelaciones de mayor trascendencia se cuenta la que ahora conocemos como la Sección 138 de Doctrina y Convenios, dada en 1918. Ciertamente, una de las mas grandes revelaciones se manifestó en 1978, cuando las bendiciones del sacerdocio y del templo se pusieron al alcance de todo hombre digno miembro de la Iglesia. Esta ha recibido línea sobre línea, precepto sobre precepto, guía y nuevo conocimiento.
Del mismo modo, en nuestros días se les ha dado a los Setenta mas responsabilidades como miembros de Presidencias de Area y en la administración general de la Iglesia, ayudando a la Primera Presidencia y a los Doce a [edificar] la iglesia y [dirigir] todos los asuntos de la misma en todas las naciones» (D. y C. 107:34). También se han recibido otras instrucciones divinas. Mucha de la revelación que se ha recibido, tanto en esta época como en el pasado, ha sido doctrinal. Parte de ella ha sido acerca de cómo dirigir la Iglesia y cómo solucionar problemas, y no todas han sido espectaculares. El presidente John Taylor dijo: «Las revelaciones de Adán no enseñaron a Noé a construir el área; ni las de Noé dijeron a Lot que abandonara Sodoma; y ninguna de estas revelaciones mencionaron nada acerca de la partida de los hijos de Israel de Egipto. Todos ellos recibieron revelaciones para si mismos» (John Taylor, Millennial Star, 1° de nov. de 1847, pág. 323).
Actualmente Dios ha revelado la manera de administrar la Iglesia con sus seis millones de miembros de un modo diferente de cuando eran sólo seis. Dichas diferencias incluyen el uso de tecnología moderna, tales como filmes, computadoras y transmisiones vía satélite para enseñar y comunicar nuevos métodos para realizar la obra misional en diversas naciones; el lugar y la construcción de templos y muchas mas.
Este sistema de revelación continua sucede en la Iglesia con mucha frecuencia. Tal como el presidente Wilford Woodruff declaró:
«Este poder esta en el Dios Todopoderoso y El lo imparte a sus siervos los profetas conforme lo necesiten, día a día, para edificar Sión.» (Wilford Woodruff Journal of Discourses, 14:33.) Esto es necesario para que la Iglesia cumpla con su misión. Sin ello, fracasaría.
REVELACION FUTURA
La ultima parte del noveno Articulo de Fe es reconfortante. » . . . creemos que aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios». El élder Boyd K. Packer ha dicho que «La revelación es un principio continuo de la Iglesia. En cierto sentido, la Iglesia todavía 6e esta organizando, y a medida que se de luz y conocimiento, conforme se cumplan las profecías y se reciba mas inteligencia, se podrá dar otro paso hacia adelante» (Boyd K. Packer, The Holy Temple, Salt Lake City: Bookcraft, 1980, pág. 137).
Esta Iglesia constantemente necesita de la guía de quien la dirige: El Señor y Salvador, Jesucristo. Este principio lo enseñó muy bien el presidente George Q. Cannon:
«Tenemos la Biblia, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios. Pero todos ellos, sin los profetas vivientes y una corriente constante de revelación del Señor no guiarían a nadie hacia el Reino Celestial. . . Esta aseveración puede resultar extraña, pero es verdad.
«Por supuesto que esos registros son todos de un valor infinito. Son invalorables y nunca podremos estudiarlos demasiado. Pero en si, pese a toda la luz que brindan, son insuficientes para guiar a los hijos de los hombres y llevarlos a la presencia de Dios. Para ser guiados de ese modo es preciso tener un Sacerdocio viviente y una revelación constante de Dios a 9U pueblo de acuerdo con las circunstancias en las que este se encuentre.» (George Q. Cannon, Gospel Truth, Salt Lake City: Deseret Book, 1987, pág. 252.)
¿Cuándo se recibirá esa revelación prometida? Sólo Dios lo sabe. Se recibirá cuando sea necesaria. ¿Quién la recibirá? Volvamos a las palabras de Amós para encontrar la respuesta. «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3:7). Esta revelación continua no puede ser ni será forzada por la presión exterior causada por las fuerzas sociales, ya sea por individuos o acontecimientos. Su origen no son los profetas sino Dios. La Iglesia esta gobernada por el profeta, bajo la guía y la dirección de Dios. Parley P. Pratt dijo:
«El Señor tiene el poder de hacer las leyes, de juzgar y de tomar todas las decisiones; El revela las leyes y El elige, escoge o señala los oficiales; El tiene el derecho de castigar, de corregir y hasta de quitarlos a su gusto. Por eso es necesario que haya una constante comunicación por medio de la revelación directa entre El y Su Iglesia.» (Millennial Star, marzo de 1845, pág. 150.)
Se nos ha prometido que el Presidente de la Iglesia, como revelador de esta, recibirá guía para todos nosotros. Estaremos seguros si obedecemos lo que el dice y seguimos su consejo.
El presidente Stephen L Richards declaró cual es la doctrina de esta Iglesia:
«Con respecto a la interpretación de la ley de Dios, ellos [la Presidencia] son la suprema corte aquí en la tierra. Con respecto a la practica de sus funciones y a la delegación de poderes, están controlados por una constitución, parte de la cual esta escrita y parte no. La parte escrita consiste en escritura valida, tanto antigua como moderna, y en la palabra de los Profetas de los Ultimos Días. La parte que no esta escrita es el espíritu de revelación y la inspiración divina pertinente a sus llamamientos.
«Al expresar sus interpretaciones y decisiones, ellos siempre consultan con el Consejo de los Doce Apóstoles, cuyos miembros, por revelación, son asignados para asistir y actuar con ellos en el gobierno de la Iglesia. Entonces, cuando de esta forma los oficiales llegan a una decisión, y esta se proclama, se vuelve obligatoria para todos los miembros de la Iglesia, pese a cualquier punto de vista contrario. El reino de Dios es un reino de leyes y de orden.» (Stephen L Richards, Conference Report, oct. de 1938, págs. 115-116.)
¿Cómo podemos estar seguros de que, tal como se ha prometido, los profetas, videntes y reveladores nunca guiarán al pueblo de Dios por sendas equivocadas? (Véase Joseph Fielding Smith, Conference Report, abril de 1972, pág. 88.) Una respuesta a esta pregunta la encontramos en el gran principio que se encuentra en la Sección 107 de Doctrina y Convenios: «Y toda decisión que tome cualquiera de estos quórumes se hará por la voz unánime del mismo» (D. y C. 107:27). Este requisito de unanimidad es una protección en contra de tendencias y preferencias personales; asegura que Dios gobierna por medio del Espíritu y no el hombre por mayoría, asegura que la sabiduría y la experiencia se concentran en un asunto antes de recibir las expresiones profundas e inconfundibles de la revelación, y finalmente protege contra las debilidades del hombre.
La responsabilidad de determinar la divina validez de lo que uno de los portavoces de Dios estables no descansa solamente sobre el. El presidente J. Reuben Clark dijo:
«Sólo nos damos cuenta de que los oradores ‘están inspirados por el Santo Espíritu’ cuando nosotros mismos estamos ‘inspirados por el Santo Espíritu’.» (D. H. Yarn, hijo, ed., J. Reuben Clark: Selected Papers, Provo, Utah; Brigham Young University Press, 1984, págs. 95-96.)
Este concepto coincide con el consejo de Brigham Young:
«Temo que este pueblo tenga tanta confianza en sus lideres que no pregunte por si mismo a Dios si El es su guía. Temo que se contenten con alcanzar un estado de seguridad ciega, poniendo su destino eterno en manos de sus lideres con una confianza negligente que, por si misma, frustraría los propósitos de Dios respecto a su salvación y debilitaría su capacidad de apoyar a sus lideres si supieran por si mismos, mediante la revelación de Jesucristo, que son guiados por la senda correcta. Que cada hombre y mujer sepa, por la inspiración del Espíritu de Dios a su propia persona, si sus lideres caminan por el sendero que el Señor dieta o no.» (Journal of Discourses, 9:150.)
Para establecer la Iglesia fue necesario tener revelación, cual ha existido en la Iglesia desde sus humildes comienzos hasta la actualidad y ha sido como una fuente de agua viva. La revelación continúa la guiara hacia su destino final. Pero, tal como el presidente Clark dijo, no necesitamos mas profetas. Necesitamos gente que «tenga oídos para oír» (Conference Report, oct. 1948, pág. 82).
No afirmamos que los profetas, videntes y reveladores sean infalibles o perfectos. No obstante, humildemente declaro que yo me he sentado junto a esos hombres y se que el gran deseo de ellos es saber y hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial. Aquellos que se sienten en los consejos mas altos de esta Iglesia y que hayan sido testigos de cómo se recibe la inspiración y de cómo se toman las decisiones, saben que esa luz y verdad va mas allá de la inteligencia o razonamiento humano. Esas profundas y divinas impresiones caen como el rocío del cielo y se posan sobre nosotros, tanto en forma personal como evolutiva. Con esa inspiración avanzamos en armonía y unión total.
Humildemente testifico que yo se que el Señor continúa guiando a su Iglesia a través de sus siervos, muy a pesar de cualquier defecto personal. Ruego que seamos receptivos a Su Espíritu y que prestemos atención a los profetas que El ha asignado, y lo hago porque se que, como mortales, sin la guía de la revelación, no podemos saber los propósitos de Dios. En el nombre de Jesucristo. Amen.
























