El peligro del cigarrillo

Octubre 1965
El peligro del cigarrillo
por el presidente David O. McKay

David O. McKayMis queridos hermanos del sacerdocio: ¿Cuál es el fin y propósito de la religión y la manera en que ha “dominado la vida de los hombres a través de los siglos»? Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, contestan con las palabras que el Señor reveló por medio del profeta José Smith, que el fin y pro­pósito de la verdadera religión es, . . .llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. (Moisés 1:39.)

Y ¿cuál es la gloria máxima que el hombre puede al­canzar aquí en la tierra, concerniente a sus realizaciones personales? Es el carácter—la personalidad que se logra mediante la obediencia a las leyes de la vida reveladas por Jesucristo, que vino para que podamos tener vida y para que la tengamos en abundancia.

La principal ambición del hombre en la vida, no debe ser adquirir oro, fama o bienes materiales. No debe ser el desarrollo de la destreza física, o de la fuerza intelectual, sino que su meta, la mira más alta en la vida, debe ser lograr un carácter como el de Cristo.

Una de las declaraciones más importantes de la Pala­bra de Sabiduría y la que demuestra la inspi­ración del profeta José Smith, se encuentra en estas palabras: “Por motivo de las malda­des y los designios que existen y que existirán en los corazones de hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado, y os pre­vengo, dándoos esta palabra de sabiduría por revelación.” (Doc. y Con, 89:43.)

El significado de estas palabras me ha im­presionado desde los años veinte y treinta de este siglo.

Quiero pediros que recordéis los métodos que los fabricantes de cigarrillos emplearon para inducir a las mujeres al hábito de fumar. Recordad cuán astutamente hicieron sus planes: primeramente dijeron que el cigarrillo ayudaba a reducir de peso. Su lema era: “Un cigarrillo en lugar de una golosina.” Más tarde, en los anuncios de cine, aparecía una mujer joven encendiendo el cigarrillo a un hombre. A continuación en la pantalla mostraban a una mujer aceptando o encendiendo un cigarrillo. Pasaron un año o dos y con todo des­caro empezaron a mostrar mujeres fumando.

Tengo en mi poder un recorte de un diario de 1931 que corrobora esta idea; dice así:

“Es bien sabido que los fabricantes de ciga­rrillos están buscando ahora a la mujer joven. Actualmente hay en los Estados Unidos aproximadamente veinticinco millones de mujeres jóvenes, y si se logra popularizar entre ellas el uso del cigarrillo, las ventas actuales de tres billones, seiscientos millones de dólares anua­les, aumentarán a seis billones de dólares. Esta es su aspiración y meta.”

Ahora bien, como todos vosotros sabéis, es muy común ver a hermosas jóvenes en los carteles o revistas haciendo propaganda de de­terminada marca de cigarrillo. Peor aun es la propaganda que llega a nuestros hogares por medio de la televisión, y que nuestros niños tienen oportunidad de ver, mostrando escenas de jóvenes y señoritas fumando en la manera más tentadora posible.

¿Están conspirando contra nuestra juventud es­tos hombres? Abrid los ojos y observad si no están tratando de inducir a nuestros hijos al vicio; se están siguiendo los mismos pasos que se utilizaron para inducir a la mujer al uso de esta mala semilla.

Es necesario enseñar a nuestra juventud los efectos perniciosos del cigarrillo en la salud. Se les debe inculcar que los doctores y científicos han en­contrado una relación directa entre el cáncer pul­monar y el uso del cigarrillo.

Emerson Foote, encargado de la Agencia Nacio­nal del Cigarrillo y su Relación con la Salud, ha tes­tificado que “Autoridades científicas responsables han concluido que el cigarrillo es culpable por lo menos de 125.000 muertes anuales en este país, y posiblemente hasta de 300.000.

“Pero la muerte no es el único problema. Está comprobado que hay millones de personas que sufren diferentes grados de incapacidad debido al uso del cigarrillo”. (Washington, Associated Press, Deseret News, marzo 23 de 1965, página A7)

El alto porcentaje de muertes causadas por el cigarrillo ha creado una demanda proveniente de muchos grupos interesados de que se tome una ac­ción positiva para eliminar el peligro del cigarrillo. El Colegio Real de Médicos de la Gran Bretaña, la Asociación Americana de Lucha contra el Cáncer, y la Comisión de Asistencia Pública de los Estados Unidos, han tratado de crear entre el público una reacción contra el cigarrillo. La Asociación contra el Cáncer generosamente ha costeado investiga­ciones y mantenido al público y a los médicos en general, al tanto de todo lo referente al cigarrillo y su conexión con el cáncer. La Unión de Cirujanos de la Comisión de Salud Pública ha estado usando su influencia oficial y moral para destacar el mismo aspecto.

Tanto estas organizaciones como las investiga­ciones de los hombres de ciencia han compilado evi­dencias y destacado los hechos de manera tan clara que cualquier mente razonable puede reconocer los peligros que involucra el uso del cigarrillo.

Pero a pesar de que se ha admitido el peligro del cigarrillo, la propaganda de las compañías que los elaboran ha seguido en aumento. En ellas no hay la más mínima insinuación del peligro que su uso acarrea. En cambio, la propaganda destaca cons­tantemente la suavidad del cigarrillo y sus cuali­dades placenteras. Los anuncios de cigarrillos se hacen con tal indiferencia, a pesar de todos los in­formes que se han dado acerca de su peligro, que la única conclusión a la que podemos llegar es que los que lo promueven no tienen ninguna considera­ción por el valor de la vida humana. Aparentemente es más importante el éxito de las compañías tabaca­leras, que evitar el sufrimiento y la muerte.

Hace ciento treinta y dos años un joven de vein­tiocho años de edad declaró al mundo que el tabaco era dañino para el cuerpo humano. Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días recibieron, por revelación divina, la llamada Palabra de Sabiduría, en la cual se les aconsejó que se abstuvieran del uso del tabaco en cualquier forma.

Se les prometió que como resultado disfrutarían de mejor salud. Esto fue muy extraño, ya que en esa época nadie sabía del efecto perjudicial del cigarrillo. La mayoría de los miembros la aceptaron y la aplicaron en sus vidas.

El ejemplo de más de dos millones de personas de la Iglesia hoy día, debiera impresionar a cual­quier escéptico. Hay cientos de miles de jóvenes que nunca han fumado, y saben que es un hábito que estropea el cuerpo y la mente.

Debemos enseñar a nuestros jóvenes que el niño o joven que fuma, no está contribuyendo a su pro­greso o desarrollo en la Iglesia y Reino de Dios; y tampoco se está preparando para sus responsabili­dades ante la sociedad. Dios dijo al profeta José Smith que el tabaco no es bueno para el hombre. Esta declaración no admite diferentes grados. Los hombres de ciencia lo han demostrado, y quienes han tratado de probar lo contrarío han fracasado y nosotros permanecemos fieles a este mandamiento de Dios. ¡Mantened el hábito del cigarrillo lejos de vuestros hijos! El resistir los apetitos ayuda y for­talece el carácter. Porque un hombre haya desa­rrollado un hábito no es justificación para que lo continúe. Porque un hombre crea que es inmune a los malos efectos del tabaco, no es razón para que lo use si tiene el sacerdocio de Dios.

Los padres y todos los miembros del sacerdocio tienen la obligación de dar ejemplo digno de ser imi­tado por la juventud. Los niños miran a sus mayo­res como ejemplo. Sus ideales incorporan en sus vidas todos los atributos cristianos, aquellos que Cristo tenía cuando el gobernador romano lo señaló diciendo: “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:5) Re­cordad que aun cuando tengáis el hábito, si lográis vencerlo seréis más fuertes.

“Es muy fácil ser virtuoso
cuando no nos hace errar
y el susurro del pecado no
nos viene a molestar.
Hasta que se pone a prueba
no tiene ningún valor y
el alma que lo resiste
es la que merece honor.”
(adaptado de Ella Wheeler Wilcox, “Worth While”)

Quiero decir a vosotros jóvenes, que si queréis vivir en vuestra plenitud física, si queréis ser hom­bres fuertes, alertas; si queréis ser buenos deportis­tas, participar en los torneos de fútbol y básquetbol, en las competencias de saltos y carreras; si aspiráis a ser miembros de los Scouts, buenos ciudadanos, tener éxito en los negocios o en cualquier cosa, de­béis evitar el uso del tabaco y vivir una vida estricta­mente religiosa.

Ruego que el Señor nos ayude, como poseedores del sacerdocio, como padres, para que lleguemos al corazón de nuestros jóvenes y niños y les inculque­mos esta gran lección. La verdad divina es que tener mente carnal hace a uno desafortunado e infeliz, y la mente espiritual y obedecer los principios del evangelio en toda su extensión, es tener vida, vida eterna y paz. Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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