1977 Conferencia de Área en la ciudad de Santiago, Chile
La conversión y el don de sanidades
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia
Sesión General de la tarde
Mis queridos hermanos, en estos últimos días he estado pensando en lo que dijo el presidente Kimball de que él siente que ésta puede haber sido la región del país de Abundancia, que se menciona en el Libro de Mormón. He decidido basar mi tema en algo que dijo el Salvador cuando visitó el continente americano después de su resurrección. Él les dijo:
“¿No os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?” (3 Nefi 9:13.)
Cuando Cristo fue crucificado, hubo en esta tierra de América una gran tormenta, “… como jamás se había conocido en todo el país. Y hubo también una grande y horrenda tempestad; y terribles truenos que sacudían toda la tierra como si estuviera a punto de dividirse en dos” (3 Nefi 8:5-6).
Muchas ciudades fueron destruidas por el fuego, erupciones y terremotos, y toda la superficie del país quedó deformada. La tempestad continuó por cerca de tres horas y luego hubo obscuridad, Durante esta obscuridad, los que sobrevivieron escucharon una voz., y la voz dijo:
“¡Ay, ay, ay de este pueblo! ¡Ay de los habitantes de toda la tierra, a menos que se arrepientan; porque el diablo se ríe, y sus ángeles se regocijan por la muerte de los bellos hijos e hijas de mi pueblo…!
He aquí, soy Jesucristo, el Hijo de Dios.” (3 Nefi 9:2, 15.)
Hubo mucha destrucción en este país a causa de la maldad y la abominación.
“¡Oh, vosotros, todos los que habéis sido conservados porque fuisteis más justos que ellos! ¿No os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis, para que yo os sane?” Y les prometió que si regresaban a Él, les daría la vida eterna, que es el don más grande que puede damos nuestro Dios; el obtenerlo está condicionado a que nos convirtamos y seamos sanados. Es vital que todos nosotros que estamos tratando de alcanzar la vida eterna, entendamos cuál es el principio de ser sanados y convertidos.
Conversión significa tornarse completamente de una creencia o de una acción a otra. La conversión implica no solamente la aceptación intelectual de Jesucristo y sus enseñanzas, sino también una fe motivadora en El y en su evangelio; una fe que opera una transformación; un cambio que nos hace comprender el significado de la vida y la fidelidad a Dios, en interés, pensamiento y conducta. Uno que está realmente convertido no puede desear hacer cosas contrarias al evangelio de Jesucristo, sino que debe amar al Señor con la firme determinación de guardar los mandamientos. Pablo dijo que uno como tal caminará en novedad de vida. Pedro enseñó que el que camine en esta novedad de vida, desarrollando fe, virtud, conocimiento, templanza, paciencia, santidad, amor fraternal y caridad, puede llegar a ser partícipe de la naturaleza divina, esto es decir que podemos llegar a ser como Dios.
En el Libro de Mormón hay un ejemplo asombroso de conversión cuando el rey Benjamín se estaba despidiendo. Este sermón fue tan maravilloso que las personas que lo escucharon cayeron a tierra porque ellas se consideraron a sí mismas en su estado camal:
“Y todos a una gritaron, diciendo: ¡Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados y sean purificados nuestros corazones.”
Después de oírlos el rey Benjamín continuó: “Creed en Dios; creed que existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que Él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra… creed que debéis arrepentiros de vuestros pecados y abandonarlos y humillaros ante Dios, pidiendo con sinceridad de corazón que él os perdone; y si creéis todas estas cosas, procurad hacerlas.”
Cuando el rey hubo concluido les preguntó si creían en sus palabras, y todos ellos clamaron a una voz:
“Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos que son ciertas y verdaderas porque el Espíritu del Señor Omnipotente ha efectuado tan grande cambio en nosotros o en nuestros corazones, que ya no sentimos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente.” (Mosíah4:2, 9-10; 5:2.)
Ser miembros de la Iglesia y estar convertidos no son necesariamente sinónimos; estar convertidos y tener un testimonio tampoco es precisamente la misma cosa. El testimonio viene por medio del Espíritu Santo a todos aquellos que buscan la verdad con un corazón sincero.
Un verdadero testimonio vitaliza la fe, esto quiere decir que induce a la persona a arrepentirse y a guardar los mandamientos. La conversión es el fruto o el premio del arrepentimiento y la obediencia. La conversión es posible por medio de la misericordia divina que perdona los pecados y sana el espíritu. La remisión de pecados es una terapia que sana; los dos términos son sinónimos.
Cuando llevaron a un paralítico delante de Jesús, Lucas dice que el poder del Señor estaba presente para sanar. Reconociendo la fe del hombre enfermo Jesús le dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”. Entonces los fariseos dijeron:
“¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo íes dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”, entonces le dijo al paralítico: “Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” (Lucas 5:20-24.)
En ese momento hubo una prueba de sanidad física. Algunas veces hay necesidad de sanar el sistema nervioso o la mente, pero la remisión de los pecados, la cual depende de la misericordia divina, siempre cura el espíritu. Por ejemplo en el año 1837 el Señor le dijo a Thomas B. Marsh, quien en ese tiempo era presidente del Quorum de los Doce Apóstoles:
“…ruega por tus hermanos, los Doce. Amonéstalos severamente por causa de mi nombre, y sean amonestados por todos sus pecados… Y después de sus tentaciones y mucha tribulación, he aquí, yo el Señor, los buscaré palpando; y si sus corazones no son obstinados, y no endurecen sus cervices en contra de mí, serán convertidos y los sanaré.”
Siempre me impresiona leer esta escritura, pero sé que es verdad. El Señor realmente estaba llamando a los miembros del Consejo de los Doce al arrepentimiento para que fueran sanados.
Jesús habló frecuentemente acerca de sus sanidades a los conversos, en Isaías dijo:
“Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isaías 6:10.)
En el principio de su ministerio mortal, Jesús dijo a sus amigos de la ciudad de Nazaret, que él había sido enviado para sanar a los de corazón contrito.
Cuando Alma se convirtió dijo:
“Y he aquí que cuando pensé en esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados.
Y, ¡oh, qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mí dolor.
Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa más intensa y más amarga que mis dolores.”
¿Recordáis lo que dijo el presidente Kimball en uno de sus discursos en esta conferencia? ¿Que no podréis ser perdonados a menos que sufráis por vuestros pecados? Alma aquí decía que no podía haber nada tan terrible como el sufrimiento por el que había pasado a causa de sus pecados, pero que luego de su sufrimiento y de su arrepentimiento ya no tuvo más dolor.”
Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa más exquisita y dulce que mi gozo.” (Alma 36: 19-21.)
Él se había convertido y su espíritu sanado.
Mis queridos hermanos, qué maravilloso sería si todos nosotros y nuestros compatriotas respondiéramos a la petición del Salvador:
“¡Oh vosotros, todos los que habéis sido conservados porque fuisteis más justos que ellos! ¿No os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?
Que todos podamos responder afirmativamente a este llamado, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.
























