1977 Conferencia de Área en la ciudad de Santiago de Chile
“Quita tu calzado de tus pies”
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión General de la mañana
Mis queridos hermanos, estamos muy agradecidos de estar en Chile.
Este es el evangelio de Jesucristo; ésta es su Iglesia la cual nos enseña toda doctrina, todas las ordenanzas y está organizada tal como lo hizo Jesús en el comienzo de los siglos. Estamos totalmente seguros de que cualquier nación que ayude a su pueblo a obtener el evangelio, será bendecida por nuestro Padre Eterno.
Anoche presenciamos un programa cultural, llevado a cabo por muchos de los jóvenes que son la esperanza de Israel. Fue un programa muy bien presentado. Amo a la juventud, y esta mañana me gustaría dirigirme a ella. Siento un gran placer cuando nuestros jóvenes son limpios e irradian una buena influencia a su alrededor. Siento mucha pena cuando, debido a las circunstancias, los jóvenes no alcanzan el grado máximo de su potencialidad.
Ha habido muchos desastres por el choque de buques en el mar o cuando chocan con el hielo. Muchas personas han muerto en esas ocasiones. Dentro de poco, tales cosas no serán posibles porque todos los buques tendrán equipo de radar que alertarán a los oficiales de los mismos, quienes podrán saber cuándo hay peligro. El capitán podrá oír lo siguiente: “Atención, este buque se acerca a un objeto peligroso”.
Yo pienso que nuestros jóvenes son básicamente buenos y que ellos también están viajando en áreas peligrosas de la vida. A veces corren por caminos desconocidos, lo cual puede resultar en grandes desastres. Esto nos recuerda una vez más que, cuando se nos advierte de algo, debemos escuchar e incorporar en nuestra vida esa advertencia para que nos sea de protección. Los hombres que participan en la construcción de edificios, pueden contribuir con sus habilidades; si las han olvidado, pueden aprenderlas de nuevo, pero cuando han perdido su comunicación, como en el caso de la Torre de Babel, no es fácil volver a obtenerla. Por lo tanto, debemos mantenernos en contacto con nuestro Padre Eterno.
El apóstol Pablo dijo que no había que relacionarse con fornicadores. Por lo tanto, alejaos de esa clase de personas. ¡Oh, si nuestra juventud pudiera aprender esta básica lección! Buscad siempre las buenas compañías. No os asociéis nunca con aquellos que tienen valores más bajos que los vuestros. Deberíamos repetir lo que hemos dicho una y otra vez: La fornicación, en todos sus grados, es algo terrible, y es totalmente deplorada por el Señor.
Desde el principio, Él ha condenado las relaciones inmorales y ha sido lo mismo en todas las generaciones; en los días de Adán, de Abraham, de Moisés, de Pedro y en la actualidad.
Es posible arrepentirse de los pecados, pero debe haber un arrepentimiento total y completo. El mismo apóstol Pablo condenó los pecados de su época. Los placeres de la carne, el adulterio, la fornicación, la inmundicia. Dijo: “Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:21).
Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. A pesar de que el mundo se ha vuelto inicuo, esta Iglesia no ha cedido, ni cambiado sus normas. Cuando las Escrituras hablan en forma tan clara ¿cómo puede uno justificar el hacer tales cosas? ¿Es qué lo negro es blanco? ¿Es que lo malo es bueno? ¿Es que la suciedad es pureza? Si una persona ama a otra verdaderamente, ésta preferiría morir antes que hacerle daño. Cuando se hace algo malo, se pone en peligro el verdadero afecto. Cuando el soltero cede a la lujuria que lo induce al pecado, esto se llama fornicación. Y cuando lo hacen los casados, se llama adulterio. El perdón, tal como se ha prometido, sólo puede lograrse mediante un arrepentimiento total. Una persona no se ha arrepentido de pecados graves hasta que no haya sufrido por haberlos cometido. Estos deben confesarse ante las debidas autoridades de la Iglesia, a lo que debe seguir un cambio total de vida. ¡Una transformación!
Para entender la posición de la Iglesia con respecto a la moral, declaramos firme e inalterablemente que: No se trata de una vestimenta gastada por el uso o pasada de moda; Dios es el mismo y su doctrina es la misma en todas las partes del mundo y en toda época. Aun cuando se envejezca el sol y las estrellas pierdan su brillo, la ley de la castidad será todavía básica en el mundo moral de Dios. Y es por eso que pedimos a nuestra juventud que permanezca moralmente limpia y libre de toda indecencia. Y que todos los padres se mantengan puros, santos y fieles a su cónyuge.
La práctica indebida del sexo promete una felicidad que no puede brindar. Cuando Moisés fue llamado por el Señor al Monte de Sinaí, Él le dijo: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. (Éxodo 3:5.) Una de las declaraciones de los Diez Mandamientos es: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14).
Esperamos que nuestros miembros den siempre un buen ejemplo para que el resto del mundo vea las buenas obras de los Santos de los Últimos Días e imite nuestras vidas.
Nadie puede cometer un pecado y ocultarlo. Caín, uno de los primeros pobladores de esta tierra pecó y trató de ocultar su pecado después de haber matado a su hermano. A la pregunta del Señor, contestó diciendo: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9).
Cada hombre es el guardián de su hermano. El Señor había visto lo que había hecho; sabía lo que sentía en su corazón, de modo que no había lugar a dudas. Entonces el Señor le dijo: “Errante y extranjero serás en la tierra.” Y Caín le contestó: “He aquí, me echas hoy de la tierra” (Génesis 4:14). Nuestro Padre Eterno no desecha a nadie, sino que cada persona se priva a sí misma de la asociación con personas justas.
Este es el evangelio de Jesucristo. “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres” (13 Artículo de Fe). Decimos a todas las personas del mundo que ésta es la verdad. Venid y unidos a nosotros y disfrutad de Ja felicidad que viene por vivir una vida justa. Compartimos este testimonio con vosotros en el nombre de Jesucristo. Amén.
























