Que el Espíritu Santo os pueda guiar

27 de Octubre 1978. Conferencia de Área en Montevideo, Uruguay
“Que el Espíritu Santo os pueda guiar”
por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustEs una gran bendición y un privilegio para mí, estar en esta bendita tierra del Uruguay una vez más. He viajado por este país, de Norte a Sur, y de Este a Oeste; conozco sus bellezas y su historia; también conozco la fidelidad de los santos de Dios en esta tierra, y en Paraguay y Brasil. Es una bendición muy especial estar en la presencia del Profeta de Dios, el presidente Spencer W. Kimball, de su magnífico consejero, el presidente N. Eldon Tanner, y de las otras autoridades, tanto generales como locales que están reunidas aquí.

Hace dos años, durante una conferencia de estaca tuve aquí, en Montevideo, una experiencia que nunca voy a olvidar. Deseaba cambiar algún dinero antes de regresar a Brasil, donde residíamos, y fui con el hermano Carlos Pratt a la Casa Exprinter; quería comprar mil dólares en cruzeiros, pero todo lo que tenía era un cheque personal de mi cuenta en Salt Lake City. El hermano Pratt me presentó al gerente y le indicó que yo era mormón. Los oficiales de Exprinter nunca me habían visto, y no sabían si tendría suficiente dinero en mi cuenta bancaria, ni tenían cómo verificarlo. Basados en el hecho de que soy mormón, los de la Casa de Cambio Exprinter aceptaron mi cheque girado a un banco en Salt Lake City por la cantidad de mil dólares, y me dieron el equivalente en cruzeiros. Su confianza se basaba en el hecho de que yo era un miembro de la Iglesia Mormona. Muy a menudo he pensado en ello, y he llegado a la conclusión de que los santos en Uruguay han sido honrados en sus tratos con la gente, han pagado sus deudas y hecho tratos honestos con sus vecinos, por lo que han adquirido una buena reputación. Os felicito por vuestra devoción en observar los mandamientos.

En marzo de 1976, unas tres semanas antes de que el presidente Kimball llegara a Sao Paulo para colocar la piedra angular del templo, me encontraba aquí, también para una conferencia de estaca. En ese tiempo las estacas estaban bajo la dirección del presidente Mazal y el presidente Fedrigotti, padre; la misión era presidida por el élder Gene Cook. Las estacas y la misión habían recaudado cerca de la mitad de la cuota que les había sido asignada para el templo. Dijimos a sus líderes: “Dentro de tres semanas, el presidente Kimball y el presidente Romney estarán en Sao Paulo para colocar la piedra angular del primer Templo en Sudamérica, y sería un gran logro si pudieran recaudar el dinero restante para el templo en ese período de tiempo. Si lo logran, sírvanse llamarme a mi casa en Sao Paulo, el día en que se colocará la piedra angular, y se lo comunicaremos al presidente Kimball”

Estoy contento de poder deciros que la noche del 20 de marzo de 1976, recibimos una llamada telefónica del presidente Cook, el presidente Mazal y el presidente Fedrigotti; el presidente Kimball tomó un teléfono, el presidente Romney el otro, y los hermanos de Uruguay comunicaron a la Primera Presidencia que los santos uruguayos habían cumplido y la cuota que se les había asignado estaba completa. Y más me satisface poder deciros que los santos en este país y en Paraguay, han pagado más que la cuota que tenían asignada para el Templo de Sao Paulo.

Deseo expresar mi agradecimiento por el espíritu de libertad que impera en Uruguay, que desde hace más de cuarenta años ha permitido completa actividad religiosa y libertad para adorar. Mirando hacia el futuro, me gustaría instar a los miembros de la Iglesia a que hicieran una contribución mayor a esta tierra. Probablemente, un número mayor de sus jóvenes podrían seguir estudios en ciencias, ingeniería, arquitectura, medicina, leyes, agricultura y otros campos. Si deseáis que el país progrese y sea bendecido, guardad los mandamientos de Dios. Recordad el consejo dado en el duodécimo Artículo de Fe: “Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes, y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley”.

Ahora ha llegado el momento que tanto hemos estado esperando. El Señor mandó que sus siervos edificaran el primer Templo en América del Sur, y sus siervos han cumplido con dicho mandato. Esperamos que ahora seamos dignos a la vista de Dios para aseguramos las promesas que Él nos ha hecho a nosotros, Su pueblo.

Muchos de vosotros pronto iréis al Templo de Sao Paulo. Reconoceréis, sabréis y sentiréis que ha sido santificado por Dios, y que ésa es su Casa; que es un lugar para Su santidad. En los templos no se permitirá ninguna cosa impura que pueda contaminarlos. El Señor declaró:

“Hubo un día para llamar, pero ahora ha llegado el tiempo de escoger; escójase a los que son dignos.” (D. y C. 106:35.)

Esperamos que a los santos en Uruguay y Paraguay se les esté enseñando, por medio de los padres en el hogar, los obispos, presidentes de rama, presidentes de estaca y representantes regionales, a tener oraciones diarias tanto en la noche como en la mañana. Mi esposa y yo muy a menudo seguimos la práctica de orar juntos con respecto a nuestras responsabilidades como padres, y tenemos también nuestras oraciones familiares. Hemos encontrado que esto nos ha unido más y somos uno en espíritu, esperanza y comprensión. Para que seamos los elegidos para ir al templo y estemos preparados para ello, muchos de nosotros tendremos que arrepentimos. Parte de nuestras oraciones son, como Alma lo declaró:

“. . .para que no seáis tentados más de lo que podáis resistir, a fin de que el Espíritu Santo os pueda guiar…” (Alma 13:28.)

Durante los muchos años que he sido líder en la Iglesia, he llegado a conocer el gran pesar y la infelicidad que sufren las personas cuando no se han mantenido moralmente limpias ni castas; he visto los ojos llenos de lágrimas, escuchado el triste lamento y la aflicción que sobrevienen debido a la transgresión. Aquellos que han participado en estas transgresiones se han privado de un gran gozo. Aún así, estamos agradecidos por el principio del arrepentimiento, que permite que nuestros pecados sean lavados, y aunque “vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos” (Is. 1:18).

A fin de que podamos ser guiados por el Espíritu Santo, es necesario que observemos, lo mejor que podamos, todos los mandamientos de Dios. Uno de estos importantes mandamientos es el de los diezmos.

Cuando era obispo, tenía entre la congregación al dueño de una compañía de automóviles. Al finalizar el año, llevamos a cabo el ajuste de los diezmos. Este hombre, su esposa, hijos y nietos llegaron a mi oficina para el ajuste de diezmos. Como obispo, hablé con cada miembro de la familia y les mostré sus cuentas del pago de los diezmos; comenzamos con el más pequeño, hasta el mayor de los nietos y luego los hijos. El hermano se sentó y esperó hasta que todos los miembros de la familia hubieron revisado el estado de cuentas de los diezmos. Cuando le llegó el turno, sencillamente me dijo: “Obispo, yo también pagué mi diezmo justo al Señor; pero deseo pagar un poco más porque fuimos muy bendecidos. Creo que mi casa está en orden con el Señor”. Este hermano fue un gran patriarca.

Una familia puede ser guiada por el Espíritu Santo si lleva a cabo con regularidad sus noches de hogar. Ese es el momento para comunicarse entre sí y con el Señor; es el momento para presentar los problemas de la familia y resolverlos juntos; el momento para estar unidos, para la renovación familiar, para comprometerse en nuevas obligaciones. La noche de hogar es una de las reuniones más importantes que se llevan a cabo en la Iglesia.

No debemos ser los mismos después de haber asistido a esta gran conferencia. Este es un tiempo de rededicación y renovación. Es el tiempo para aprender el consejo de Alma:

“Sino que os humilléis delante del Señor, e invoquéis su santo nombre, y veléis y oréis incesantemente para que no seáis tentados más de lo que podáis resistir, a fin de que el Espíritu Santo os pueda guiar, y os hagáis humildes, mansos, sumisos, pacientes, llenos de amor y de toda longanimidad.” (Alma 13:28.)

Deseo que todos sepan que por medio del poder de la revelación y del Espíritu Santo, el Señor me ha indicado que la Iglesia es verdadera, esto es absolutamente verídico. Por el mismo poder, sé que Jesucristo está a la cabecera de la Iglesia, que Él es nuestro Redentor y Salvador y es nuestro grandioso y magnífico líder; y el presidente Spencer W. Kimball, es su Profeta y su portavoz, su siervo aquí sobre la tierra. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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