Escogeos hoy a quien sirváis

Marzo de 1979
“Escogeos hoy a quien sirváis”
por Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEscogeos hoy a quien sirváis;… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:15.)

El propósito de este mensaje es recalcar el hecho de que, para nosotros los mortales, esta vida es un día de decisiones, así como de poner de relieve la importante necesidad que tenemos de elegir lo correcto, y de hacerlo ahora.

La tierra fue creada y el hombre fue puesto en ella para ese propósito.

Los hombres son seres eternos, hijos espirituales de Dios, que le nacieron en el mundo espiritual, moraron con El antes de que la tierra existiese, y cuyo destino es el de continuar viviendo eternamente después de la muerte física.

Nuestro Creador nos invistió con el libre albedrío. Al estar en la tierra, vivimos entre dos fuerzas poderosas: la del bien y la del mal. Y debemos elegir una de ellas; no hay escapatoria.

El Espíritu de Cristo ilumina “a cada ser que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo, si escucha la voz del Espíritu.

Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, aun el Padre.” (D. y C. 84:46-47.)

Por otra parte, todo aquel que llega a la edad de responsabilidad es tentado por el diablo y sus ángeles, a rechazar la guía del Espíritu de Cristo y seguirlos a ellos.

El conflicto empezó en el Jardín de Edén, y aún prevalece.

Después que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, seres celestiales les enseñaron el evangelio y recibieron el mandato del Señor de que enseñaran a sus hijos, lo cual, ellos hicieron; pero luego, “Satanás vino entre ellos, diciendo:… no lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos” (Moisés 5:13).

Y así ha sido la humanidad durante aproximadamente 6.000 años. En cada dispensación los hombres han rechazado el evangelio, y como consecuencia, han caído en la apostasía, la corrupción y las tinieblas. En cada dispensación se ha vuelto a revelar la verdadera naturaleza de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También se han vuelto a revelar y a recalcar los principios y ordenanzas fundamentales, y se ha subrayado la importancia de seguir las enseñanzas del evangelio.

Se han revelado las bendiciones que se cosechan al obedecer estas enseñanzas, y siempre se han predicho las consecuencias de la desobediencia. Estas predicciones se han cumplido invariablemente.

A través de toda la historia de la humanidad, la única sociedad que ha continuado escuchando la voz del Espíritu, sin sucumbir a las tentaciones y al poder de Satanás ha sido el pueblo de Enoc, el cual fue arrebatado a los cielos y se encuentra a la espera de la formación de otra sociedad semejante, a la que volverá y se unirá.

Durante los primeros dieciséis siglos y medio de la historia de la humanidad, los profetas Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec y Nóé, enseñaron el evangelio al resto de los habitantes de la tierra, predicándoles las bendiciones que recibirían a causa de la obediencia a las leyes divinas y amonestándolos en cuanto a la destrucción que resultaría de la desobediencia a las mismas. Pero rechazaron a estos profetas y prefirieron seguir a Satanás, llegando finalmente a madurar en la iniquidad, lo cual causó el diluvio, al que nadie sobrevivió, excepto Noé y su familia.

Un ejemplo similar de las consecuencias de tomar las decisiones incorrectas se reveía en los anales del pueblo jaredita, el cual habitó en el continente americano durante aproximadamente 2.000 años después de la edificación de la gran torre de Babel.

Después de la confusión de lenguas en dicha torre, el Señor condujo a un grupo de gente a este continente y les dijo que Jesucristo era el Dios de la tierra, y que si le seguían, haría de ellos una gran nación.

“Y no habrá sobre toda la superficie de la tierra nación mayor. . .” (Eter 1:43.)

Y llegaron a serlo, pero en su prosperidad olvidaron al Señor e hicieron caso omiso de sus enseñanzas. A medida que maduraban en su iniquidad, los profetas los amonestaron repetidamente advirtiéndoles que si no se arrepentían y servían al Señor, serían destruidos. Más rehusaron hacerlo, y desearon seguir las lujurias de la carne hasta que en una guerra fratricida, fueron completamente quitados de la superficie de la tierra.

Les sucedieron los nefitas, descendientes de la colonia de Lehi, la cual el Señor condujo al continente americano aproximadamente 600 años antes de Cristo. Durante los seis siglos precedentes al nacimiento de Cristo, los profetas los amonestaron repetidamente con respecto a las bendiciones que recibirían aquellos que vivieran las enseñanzas de Cristo, así como en cuanto a la destrucción que sobrevendría como consecuencia del rechazo y la desobediencia a sus enseñanzas. No obstante, aproximadamente en el año 421 d. de J. C., maduraron en su iniquidad y corrieron la misma suerte de los jareditas.

Sin embargo, por un período de 1.000 años, oscilaron entre la rectitud y la iniquidad. Sus profetas les hablaron del ministerio terrón al de Cristo en la tierra de Jerusalén, de que en América se enterarían de su nacimiento y su crucifixión, y de que El los visitaría después de su resurrección.

Ya en el año 592 antes de Cristo, el profeta Nefi les predijo que al tiempo de la crucifixión del Señor, habría “obscuridad sobre la faz de la tierra. . .relámpagos,. . . truenos y temblores”; que muchas ciudades se hundirían, y que otras serían “abrasadas por fuego” (1 Nefi 12:4); que el Cristo resucitado aparecería entre ellos después de la gran destrucción (véase 1 Nefi 12:6).

Estas profecías se cumplieron literalmente y todas se cumplen en el debido tiempo del Señor. El profeta Amos habló la verdad cuando dijo:

“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele sus secretos a sus siervos los profetas.” (Amos 3:7.)

Los acontecimientos que hemos estado revisando testifican la veracidad de esta declaración; los he citado como referencia, y a fin de dar significado a lo que quisiera decir con respecto a nuestra situación actual, y para recalcar la importancia de elegir la luz de Cristo.

Vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la última dispensación del evangelio antes del Milenio.

Esta dispensación no acabará, como las anteriores, en la apostasía y la pérdida del evangelio; culminará con la segunda venida del Señor Jesucristo y la introducción de su Reino de Paz que durará mil años, tal como ha sido profetizado en todas las dispensaciones desde que comenzó el mundo.

“Vendrá… el gran Milenio… Satanás será atado.” (D. y C. 43:30-31.) Cristo se revelará con poder y gran gloria. . .desde los cielos “con todas sus multitudes, y moraré en justicia con los hombres sobre la tierra por mil años, y los malvados no permanecerán” (D. y C. 29:11).

Cuando Nefi tuvo una visión de nuestros días, escribió:

“Se acerca rápidamente el tiempo cuando Satanás no tendrá más poder en los corazones de los hijos de los hombres; porque se acerca pronto el día en que todos los soberbios y todos los obradores de iniquidad serán como el rastrojo; y el día en que han de ser quemados se acerca ya.

Pues está próximo el tiempo cuando la plenitud de la ira de Dios se derramará sobre todos los hijos de los hombres; porque no consentirá que los malvados destruyan a los justos.

Por lo tanto, protegerá a los justos con su poder, aunque tenga que venir la plenitud de su cólera, y serán preservados aun hasta la destrucción de sus enemigos por fuego. Así pues, los justos no deben temer; porque así dice el profeta: Se salvarán, aun cuando tenga que ser como por fuego.

He aquí, os digo, mis hermanos, que estas cosas vendrán muy pronto; sí, habrá sangre y fuego y vapor de humo sobre la superficie de esta tierra. Y vendrán sobre los hombres, según la carne, si es que endurecen sus corazones contra el Santo de Israel.

Pues he aquí, los justos no perecerán; porque ciertamente vendrá el tiempo en que todo el que combata contra Sión será talado.” (1 Nefi 22:15-19.)

No sabemos exactamente cuándo llegará el momento; sin embargo, sabemos que se acerca, sabemos que los pueblos de la tierra están madurando en la iniquidad; sabemos que se está violando cada uno de los diez mandamientos; sabemos que Dios está siendo rechazado; que la improbidad, la inmoralidad, la violación del día de reposo y aun el asesinato están aumentando.

Sabemos que al introducir esta última dispensación, el Señor dijo:

“Escuchad, oh pueblo de mi iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas, cuyos ojos ven a todos los hombres; sí, de cierto os digo: Escuchad, vosotros, pueblos lejanos; y vosotros, los que estáis sobre las islas del mar, escuchad juntamente…

Preparaos, preparaos para lo que viene, porque el Señor está cerca; y está encendida la ira del Señor, y su espada se embriaga en el cielo, y caerá sobre los habitantes de la tierra.

Y será revelado el brazo del Señor; y viene el día en que aquellos que no oyeren la voz del Señor, ni la voz de sus siervos, ni hicieren caso de las palabras de los profetas y apóstoles, serán desarraigados de entre el pueblo; porque se han desviado de mis ordenanzas, y han violado mi convenio sempiterno.

No buscan al Señor para establecer su justicia sino que todo hombre anda por su propio camino, y conforme a la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del mundo, y cuya sustancia es la de un ídolo, que se envejece y que perecerá en Babilonia, aun la grande Babilonia que caerá.” (D. y C. 1:1, 12-16.)

La hora es tarde; si hemos de permanecer cuando caiga Babilonia, debemos elegir ahora. Como dijo Amulek:

“Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.” (Alma 34:32.)

“Elegid este día.” (Moisés 6:33.)

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario