Mayo de 1981
La voz del Espíritu
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
En cierta ocasión el presidente Brigham Young dijo: “En los comienzos de la Iglesia me fue revelado que ésta se expandiría, prosperaría, crecería y se extendería y que el poder de Satanás crecería en proporción directa a la expansión del evangelio entre las naciones de la tierra” (Discourses of Brigham Young, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954, pág. 72).
En el presente somos testigos del cumplimiento de esta predicción.
El hecho de que en 1938 hubiera en la Iglesia 126 estacas, 36 misiones y 784.764 miembros, y que a fines de 1977 hubiera 885 estacas, 158 misiones y cerca de 4.000.000 de miembros, es prueba concluyente de que la Iglesia se ha expandido, ha prosperado y ha crecido durante los últimos cuarenta años.
En cumplimiento de la declaración del presidente Young, de que el poder de Satanás crecería en igual forma, vemos en todas partes evidencias de sus frenéticos esfuerzos por obstaculizar el cumplimiento de la misión de la Iglesia.
Entre sus armas más eficaces encontramos la pornografía, las perversiones, la prostitución de los poderes procreadores, y todo otro tipo de prácticas impías e inmorales. Prácticas que desde tiempo inmemorial han sido consideradas censurables, inmorales, degradantes, e ilegales en algunos casos, y que destruyen el alma ahora como siempre la han destruido, se defienden y toleran ampliamente en la actualidad, como aceptables en nuestra sociedad en decadencia.
No debemos, y no tenemos necesidad de ser engañados ni corrompidos por estas enseñanzas y prácticas diabólicas; y no seremos afectados por ellas si recordamos quiénes somos y si usamos los medios con los que el Señor nos ha investido para discernirlas y evitarlas.
Nunca olvidemos: que somos almas, espíritus inmortales en cuerpos mortales de carne y huesos;
que nuestros espíritus son el fruto de padres celestiales e inmortales;
que el propósito principal de estar en la tierra, en este estado mortal, es ser probados para ver si haremos lo que el Señor nos mande (véase Abraham 3:25);
que aquí estamos sometidos a influencias que se oponen: por un lado, la influencia de Satanás y sus huestes, y por otro, la influencia de Cristo y sus seguidores;
que al vernos sometidos a estas dos influencias, tenemos el libre albedrío de “escoger la libertad y la vida eterna, por motivo de la gran mediación para todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo” (2 Nefi 2:27).
Es importante que recordemos que la elección que hagamos al decidir qué es bueno y qué es malo es la decisión más importante que tomaremos y que nuestra felicidad o miseria, temporal o eterna, dependen de ella.
Es obvio, a la vez que justo, que Dios, nuestro Padre Celestial y su Amado Hijo Jesucristo, nuestro Redentor, no nos hubieran puesto en esta posición en la que tanto depende de lo que escojamos, sin darnos el medio para distinguir entre el bien y el mal. Ese medio que nos han dado es la voz del Espíritu, y todos seremos responsables por la forma en que le hayamos prestado atención.
El Señor ha impartido instrucción respecto a este asunto en la forma siguiente:
“Y ahora os doy el mandamiento de tener cuidado, en cuanto a vosotros mismos, de estar diligentemente atentos a las palabras de vida eterna.
Porque viviréis de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo.
Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu.
Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, sí, el Padre.
Y el Padre le enseña concerniente al convenio que él ha renovado y confirmado sobre vosotros, el cual os es confirmado por vuestra causa; y no sólo por causa de vosotros, sino del mundo entero.
Y todo el mundo yace en el pecado, y gime bajo la obscuridad y la servidumbre del pecado.
Y por esto podréis saber que están bajo la servidumbre del pecado, porque no vienen a mí.
Porque quien no viene a mí está bajo la servidumbre del pecado.
Y el que no recibe mi voz no conoce mi voz, y no es mío.
Y de esta manera podréis discernir a los justos de los inicuos, y que el mundo entero gime bajo el pecado y la obscuridad ahora mismo.” (D. y C. 84:43-53; cursiva agregada.)
“Tened cuidado, pues, amados hermanos míos, de que no juzguéis que lo que es malo sea de Dios, o que lo que es bueno y de Dios sea del diablo.
Pues he aquí, mis hermanos, os es concedido juzgar, a fin de que podáis discernir el bien del mal; y la manera de juzgar es tan clara, a fin de que sepáis con perfecto conocimiento, como la luz del día lo es de la obscuridad de la noche.
Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que pueda distinguir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que podréis saber, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.
Pero cualquier cosa que persuade a los hombres a hacer lo malo, y a no creer en Cristo, y a negarlo, y a no servir a Dios, entonces podréis saber, con un conocimiento perfecto, que es del diablo; porque de este modo es como obra el diablo, porque él no persuade a ningún hombre a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que a él se sujetan.
Ahora bien, mis hermanos, en vista de que conocéis la luz por la cual podéis juzgar, la cual es la luz de Cristo, cuidaos de juzgar equivocadamente; porque con el mismo juicio con que juzguéis, seréis también juzgados.
Por tanto, os suplico, hermanos, que busquéis diligentemente en la luz de Cristo, para que podáis distinguir el bien del mal; y si recogéis toda cosa buena, y no la condenáis, ciertamente seréis hijos de Cristo,” (Moroni 7:14-19; cursiva agregada.)
Al estudiar éstas y otras enseñanzas de las Escrituras antiguas y contemporáneas, toda alma honesta que se familiarice con las enseñanzas de Jesús y de sus profetas sabrá que las prácticas corruptas a que se hace referencia en este mensaje son reprensibles, abominables a la vista de Dios, tal como lo son todas las cosas que no están en armonía con los Diez Mandamientos, con el Sermón del Monte y con las revelaciones de los últimos días.
La salvación está en conocer las enseñanzas de Jesús y de sus profetas y cumplir con ellas, y también en discernir y prestar cuidadosa atención a la guía del Espíritu de Cristo que “da luz a todo hombre que viene al mundo;. . . ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu.
Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu” y evita toda práctica impura, impía o anormal, “viene a Dios, sí, el Padre” (D. y C. 84:46- 47).
























