Encuéntralos!

Junio de 1982
¡Encuéntralos!
Por el élder Royden G. Derrick
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Royden G. DerrickMi bisabuela, Ursula Wise Derrick, fue una mujer excepcional. De acuerdo con nuestros registros familiares, nació aproximadamente en 1779, en Keynsham, Somerset, Inglaterra, una ciudad a sólo doce kilómetros de Bristol. Fue madre de once hijos, de los cuales los dos últimos, Elizabeth y Zachariah, fueron mellizos. Aparentemente, Elizabeth murió al poco tiempo de nacer.

Cuando Zachariah tenía catorce años empezó a trabajar de aprendiz de mecánico en la compañía Bristol Iron Works (Fundición de Bristol), donde más tarde completaría su aprendizaje como fundidor.

El año en que empezó un nuevo aprendizaje, se casó con Mary Shephard y esa época fue, por lo tanto, de gran trascendencia para él. Poco tiempo después de su matrimonio, su madre enfermó gravemente; y temiendo encontrarse a las puertas de la muerte, llamó a Zachariah al lado de su lecho, y pidió que no se uniera seriamente a ninguna de las organizaciones religiosas que. él había conocido hasta el momento, porque ninguna de ellas era la verdadera Iglesia de Jesucristo. Le dijo que cuando oyera acerca de misioneros que anduvieran de dos en dos, predicando de puerta en puerta y en las calles, enseñando sobre un nuevo profeta que había recibido revelación de Dios, debía unirse a ellos, pues serían representantes de la Iglesia verdadera de Dios.

Ese mismo año de 1836, falleció ‘Ursula Wise Derrick. Un año antes, Heber C. Kimball y sus compañeros misioneros habían desembarcado a 320 kilómetros al norte de Liverpool, con el objeto de llevar el mensaje, de la Restauración a las Islas Británicas; sin embargo, no fue hasta varios años más tarde que el evangelio restaurado llegó a Bristol.

Ursula tiene que haber sido una mujer sumamente espiritual para haber recibido esa información de una fuente divina, pero falleció sin tener la oportunidad de ser bautizada por alguien con la autoridad de Dios para oficiar. El Salvador dijo:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5.)

He estado escudriñando las Escrituras para saber qué sucedió con mi bisabuela.

El profeta Isaías dijo que el Salvador sería enviado a “publicar libertad a los cautivos” (Isaías 61:1). El presidente Joseph F. Smith, en su visión de la redención de los muertos (que ahora se encuentra como sección 138 de Doctrina y Convenios), hace referencia a aquellos que murieron antes de la resurrección de Cristo. Dijo que a aquellos que “habían sido fieles en el testimonio de Jesús mientras vivieron en la carne. . .” (D. y C. 138:12) “se apareció el Hijo de Dios y declaró libertad a los cautivos que habían sido fieles” (D. y C. 138:18). ¿Cautivos de qué? Cautivos de la muerte, pues no podían resucitar hasta que Jesucristo hubiera expiado nuestros pecados y hubiera llegado así a ser el primero en resucitar.

Todo esto es la esencia del evangelio y se aplica a todos los hijos de nuestro Padre Celestial, aun a aquellos, como Ursula, que nacieron siglos después de Cristo.

Cuando yo era pequeño, mi familia ansiaba la llegada del tío Orson; mi madre tenía un sentimiento muy especial hacia él, y lo había contagiado a sus hijos. No sé por qué, siempre esperaba que mi tío llegara por la puerta de atrás de nuestra casa, y recuerdo que en varias ocasiones en que llegaba alguno de los vendedores ambulantes, los que acostumbraban a venir por la puerta trasera, yo tiraba del vestido de mi madre para llamarle la atención y le preguntaba:

— ¿Es éste el tío Orson?

Pero la respuesta siempre era “no”.

Pasaron muchos años antes que mi madre nos contara la verdadera historia de su hermano menor. El tío Orson nació en el año 1881. A los catorce meses falleció su padre, dejándolo sin la guía paterna durante esos críticos primeros años. Cuando tenía diecisiete años, junto con un grupo de sus amigos de la misma edad, fueron a un salón de baile a orillas del Gran Lago Salado. Antes de que terminara la tarde, ya estaban borrachos y fueron a parar a la cárcel.

A la mañana siguiente, los padres y familiares de los muchachos llegaron a la penitenciaría para obtener la libertad de sus hijos. Muchos de ellos pusieron sus brazos alrededor de los jóvenes y les ayudaron a ser ciudadanos responsables para la comunidad. Pero a espaldas de mi abuela, alguien puso al tío Orson en libertad, le dieron un pasaje sólo de ida hacia el noroeste del país y le dijeron que no regresara jamás.

Mi madre contaba que muchas veces sentía a su madre llorar en su habitación durante la noche; cuando ella iba a su lado solía decirle:

—Me pregunto dónde estará mi hijo errante esta noche.

El tío Orson debe de haber trabajado en los campamentos madereros del noroeste, en una atmósfera no muy adecuada para vivir los principios del evangelio. Si viviera en la actualidad sería muy viejo, pero lo más seguro es que ya se encuentre en el mundo de los espíritus. He estado escudriñando las Escrituras para averiguar qué habrá pasado con él.

Juan escribió:

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando Tos muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.” (Juan 5:25.)

Entre la crucifixión y la resurrección del Salvador, El “organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas” (D. y C. 138:30).

Esto también se aplica a todos aquellos que murieron después de la resurrección de Cristo.

Mi querido amigo Joseph S. Nelson falleció hace sólo algunos meses, a la edad de ochenta y seis años. Fue un gran misionero durante toda su vida y sirvió en cuatro misiones, a la última de las cuales fue llamado a la edad de ochenta años. He escudriñado las Escrituras para encontrar qué fue de él y leí lo siguiente:

“Vi que los fieles élderes de esta dispensación, cuando salen de la vida terrenal, continúan sus obras en la predicación del evangelio de arrepentimiento y redención, mediante el sacrificio del Unigénito Hijo de Dios, entre aquellos que están en tinieblas y bajo la servidumbre del pecado en el gran mundo de los espíritus de los muertos.” (D. y C. 138:57.)

He llegado a querer mucho a mi bisabuela Ursula Wise Derrick, y tengo el convencimiento de que tiene que haber sido una persona insuperable. Obviamente ella fue de “los justos que habían sido fieles en el testimonio de Jesús mientras vivieron en la carne” (D. y C. 138:12); pero no tuvo la oportunidad de recibir las ordenanzas que le asegurarían “su redención de las ligaduras de la muerte” (D. y C. 138:16).

He querido a mi tío Orson desde mi niñez porque heredé ese amor hacia él, y siento el enorme deseo de comprarle un pasaje de regreso al hogar de su familia eterna.

Me pregunto si mi buen amigo Joseph Nelson podrá encontrar a mi bisabuela y asegurarse de que se le hayan enseñado las maravillosas verdades del Evangelio de Jesucristo, para que así pueda aprovechar las ordenanzas que hemos efectuado en su nombre.

Me pregunto si mi buen amigo

Joseph Nelson habrá encontrado a mi tío Orson y le habrá enseñado las verdades del evangelio que su padre le habría enseñado en esta vida, si hubiera estado cuando él lo necesitaba. Espero que ahora tenga la oportunidad de escuchar el evangelio que habría escuchado si no hubiera sido por ese pasaje de ida que se le entregó y que lo alejó de quienes pudieron haberlo ayudado.

Por favor, querido amigo Joseph, encuéntralos y enséñales esas preciosas verdades de salvación para que nuestra familia pueda ser una familia eterna. Si lo haces, estaré más agradecido de lo que jamás mortal ninguno pueda expresar.

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