Conferencia General Octubre 1971
Que prevalezca el espíritu de la unidad

Por el presidente Joseph Fielding Smith
Quisiera expresar frente a vosotros el profundo agradecimiento que siento por la fe, la devoción y el servicio de los dos grandes hombres que están a mi lado en la Primera Presidencia de la Iglesia.
El presidente Harold B. Lee es un gigante espiritual, con una fe semejante a la de Enoc; posee el espíritu de revelación y magnifica su llamamiento como Profeta, Vidente y Revelador.
El presidente N. Eldon Tanner es también uno de los espíritus nobles y grandes, preparado desde la eternidad para rendir el importante servicio que ahora está efectuando en ésta, la Iglesia del Señor. Es un hombre de una habilidad e integridad sobresalientes.
La Primera Presidencia de la Iglesia está unida como uno, y es mi oración que siempre podamos ser uno, así como Jesús dijo que El, el Padre y el Espíritu Santo eran uno. Y esta misma unidad debe reinar en cada presidencia de estaca, cada obispado y cada presidencia de quórum del sacerdocio.
Asimismo estoy agradecido por la labor del presidente Spencer W, Kimball y sus colegas del Consejo de los Doce, así como de, todas las Autoridades Generales, y quiero que sepáis que amo a mis hermanos.
Me siento inspirado a bendecir a los miembros fieles de la Iglesia. Ciertamente si continúan andando por los senderos de la verdad y la virtud, a su debido tiempo recibirán en justicia los deseos de su corazón y sentirán adelante para lograr la recompensa eterna en el reino de nuestro Padre.
Durante toda mi vida he tratado de guardar los mandamientos y de hacer aquellas cosas que le agradaran al Señor, y deseo testificar acerca de su bondad para conmigo, así como para con sus hijos que han hecho el convenio de guardar sus mandamientos.
Al encontrarme, ahora en lo que podría llamar el crepúsculo de mi vida, dándome cuenta que en un día no muy lejano seré llamado para dar cuenta de mi administración terrenal, testifico nuevamente de la veracidad de esta gran obra. Sé que Dios vive y que envió a su Hijo amado al mundo para expiar nuestros pecados.
Sé que el Padre y el Hijo se le aparecieron al Profeta José Smith para introducir esta última dispensación del evangelio.
Se que José Smith fue y es un Profeta; más aún, que esta es la Iglesia del Señor, y que la causa del evangelio continuará progresando hasta que el conocimiento del Señor cubra la tierra como las aguas cubren el mar.
Estoy seguro que todos amamos al Señor; sé que El vive, y espero ansiosamente ese día cuando veré su faz, y espero oír su voz que me diga: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo» (Mateo 25:34)
Y ruego que ésta pueda ser la feliz fortuna de todos nosotros, a su debido tiempo, y esto digo en el nombre de Jesucristo. Amén.
























