Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 16
LOS PENSAMIENTOS Y LAS ACCIONES

» . . . Mas no hagáis conforme a sus obras: porque dicen, y no hacen.» (Mateo 23: 3)

Jesús es el modelo principal. Vivió las verdades que enseñó. Reconoció que es más fácil decir que hacer, y que «las acciones hablan más fuerte que las palabras». Encontró que los eclesiásticos de su época no iban demasiado descarriados en su predicación, porque se sentaban «sobre la cátedra de Moisés»; pero sí andaban muy errados en sus acciones. Su comentario fue: «Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los fariseos; así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras; porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; más ni aun con su dedo las quieren mover. Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos.» (Mat, 23:2-5) Para mostrar en qué consiste que el hablar y hacer a veces no tienen relación el uno con el otro, necesitaremos analizar ciertas maneras de pensar, porque indudablemente esta paradoja nace de un modo incorrecto de pensar.

Modos de Pensar. ― «El ensueño, comúnmente conocido como soñar despierto, es sin duda alguna la forma más común de meditación. Parece venir sobre uno espontáneamente y por lo que se ve, tiene que ver principalmente con mucho alrededor de nosotros mismos. Una proporción moderada de esta formación de «castillos en el aire» puede ser inofensiva, y aún beneficiosa como reposo de la mente. No obstante presenta algunos peligros reales por el hecho de que tiende indebidamente a paliar o no dejar lugar a nuestros pensamientos de mayor valor.

«El pensamiento que va acompañado del «ojalá» tiene más ilación y orientación que el soñar despierto, pero de otro modo viene a ser más o menos el mismo. Ocupa demasiado de nuestro tiempo y muy poco o nada pone en obra. La mayoría de nuestras meditaciones con respecto de la inmigración, la prevención de inundaciones, el aseo general de las comunidades, etc., son de esta especie vana.

«A las decisiones prácticas que ordinariamente hacemos, tales como si ir o no a la oficina de correos, qué carrera seguir, que comestibles encargar en la tienda, etc., también se les llama pensar, En la mayor parte de estas «decisiones comunes» que nos imponen nuestras necesidades cotidianas, nos guiamos ya por lo que otros han pensado por nosotros, ya por nuestros propios prejuicios y opiniones formuladas negligentemente.

«Una de las acepciones de la palabra racionalismo se refiere a un común ‘hábito mental de engañarse a sí mismo por la intromisión de elementos falsos y verdaderos en el razonamiento de uno, para «justificar» alguna actitud o actividad deseada. Cuando somos racionalistas, nos cegamos casi por completo, al grado de no ver evidencia alguna sino la que apoya nuestro punto de vista, y las excusas y explicaciones lógicas que preparamos nos parecen plausibles y persuasivas. Como ejemplo de esta manera particular de pensar, escuchemos a la siguiente discusión acalorada sobre la política, religión, filosofía, sueldos, vacunación. etc.

«El razonamiento verdadero o pensamiento creador se refiere a la clase de actividad mental más o menos rara o difícil que se puede comparar con aquella en que se ocupan el verdadero hombre de ciencia o el filósofo cuando seriamente están buscando nuevas verdades. Esta es la clase de reflexión que debemos animar y estimular en todos nosotros.»

Nuestra Conversación Puede Manifestar un Falso Sentimiento de Grandeza. ― Por medio del racionalismo, una persona puede permitirse entremezclar «elementos verdaderos y falsos» del razonamiento hasta que finalmente llega a ser grande en su propio pensamiento. Y así, no pudiendo alcanzar la grandeza suficiente para satisfacer sus ansias de sentir que posee algún mérito personal, dicha persona inventa, en su mente pero no con hechos, la grandeza que necesita para satisfacer su amor propio humillado. Así es que habla como si realmente fuera grande, pero sus acciones niegan su grandeza. De tal persona sus amigos dirán: «Sus hechos dicen más que sus palabras.»

Con demasiada frecuencia esta aspiración de llegar a la grandeza por medio de las palabras se centraliza en un objeto cualquiera como si fuese la meta suprema de la vida. Cuando tal es el caso, la persona se vuelve muy solícita con sus consejos y ampulosamente denuncia toda especie de mediocridad; con todo, su consejo no tendrá fundamento, ni sus actos pasarán de lo común.

Los que con Hablar Satisfacen el Deseo de Servir. ― Hay personas que hablan sin cesar acerca del gran mérito de ser uno servicial. Predican largos sermones sobre lo que debería hacerse, pero nunca los hallamos haciendo las cosas sobre las que amonestan. Y así vemos que en la conversación encuentran siempre el medio de realizar sus deseos altruistas, pero estas actividades vicarias nunca estorban sus aspiraciones por adquirir algún mérito personal. Predican que «la religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo»; pero a nadie visitan; a ninguno ayudan ni tampoco ofrecen consuelo porque estas actividades precisarían un sacrificio que ellos no están dispuestos a dar. Piden a Dios que ayude a los pobres pero nunca les extienden la mano para ayudarles ellos mismos. Son predicadores de la palabra, pero no hacedores de ella.

La Vida Verdadera No Consiste Tan Sólo en Palabras. ― Las palabras son marbetes que colocamos en los objetos, las ideas, los ideales y los principios fundamentales de nuestra conducta. Si no ponemos cuidado, llegamos a identificar los rótulos con lo que éstos quieren designar. Así, una serie de palabras pueden identificarse con uno de los principios de la conducta, y confundirse la repetición de estas palabras con el cumplimiento de la tarea a que se refieren. Según este modo irreflexivo de pensar, una persona podría convertirse en honrada por el mero hecho de hablar acerca de la honradez; podría ser pobre de espíritu con sólo repetir la primera de las bienaventuranzas, y discípulo de las enseñanzas del Maestro simplemente por recitar sus preceptos.

La persona que así pretendiese edificar la vida perfecta mediante palabras, podría analizar en qué consiste esta vida buena, la discutiría, la proyectaría, y luego ingenuamente presumiría que la tarea ya había sido hecha. Las palabras se han formulado, de modo que la vida se ha vivido ya. Con razón tales personas pueden predicar un buen sermón sin ser capaces de llevar una vida buena.

Hay personas que no llegan a comprender que un plan bien trazado, un plan que se ha meditado muy cuidadosamente, no ha sido llevado a cabo aún sólo porque alguien lo ha formulado en palabras escogidas y lenguaje significativo. Esta clase de idealistas suelen olvidar que un plan de acción no se pone por obra con sólo formularlo; que una ley no está en vigor por el mero hecho de haber sido escrita por un cuerpo legislativo; que no se vive una vida buena únicamente porque se ha descrito.

El hecho a que nos referimos aquí, de identificar las palabras con lo que éstas significan, tiene analogía con la identificación de las manifestaciones exteriores con una rectitud interior, que discutimos en el capítulo anterior ― en ambos casos las personas son sinceras, pero van mal aconsejadas.

El Uso de Buenas Palabras para Cubrir Malas Acciones. ― De nuevo topamos aquí con los hipócritas. Jesús dice:  «!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros . . . Así también vosotros de fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres; más de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad.»

Como conocen el lenguaje que hay que emplear para describir la vida buena, estos simuladores de rectitud pueden predicar lo que no creen. Su superchería puede pasar desapercibida por una temporada, pero finalmente los frutos de su iniquidad los descubrirán tal como son.

El Hablar en Público Ayuda a Edificar la Vida Buena. ― En una alocución publica una persona puede hacer esta observación: «Ojalá pudiera vivir de acuerdo con el conocimiento que tengo.» Si esta persona es sincera, esta actitud es natural en aquel que está luchando por integrar la vida buena. La aptitud para meditar lo que el llevar una buena vida requiere, parece que siempre precede a la facultad de poner por obra estos requisitos. De manera que una persona puede titubear antes de predicar un sermón ante sus amigos y parientes porque sabe que sus palabras serán mejores que lo que puede realizar con sus acciones. «Sería un hipócrita ― a veces piensa ― si predicara las enseñanzas de Jesús, porque me siento tan indignado cuando soy juzgado según sus preceptos.» Tal humildad augura el éxito a una vida justa, y el hablar en público con una actitud como ésta, ayuda al establecimiento de una vida buena.

Jesús es quizá el único que ha sabido emparejar perfectamente palabras justas con hechos justos. Ciertamente no espera que podamos emparejar perfectamente nuestros pensamientos y nuestras acciones, pero confía en que nunca dejaremos que las palabras, así como los pensamientos que implican, sirvan ni para tomar el lugar de la buena acción, ni para encubrir la mala.

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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