NUEVAS DE GRAN GOZO PARA TODO PUEBLO
Capítulo 1
EN LA TIERRA PAZ
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. . . Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de los huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:10, 13, 14)
El anuncio del nacimiento de Jesús fue en verdad un mensaje de gran gozo. Todos los nacimientos son significantes, pero éste fue en todo sentido un acontecimiento glorioso. El Salvador había nacido. Había venido a la tierra el Redentor. Mediante su expiación los hijos de los hombres serían librados de la eterna separación de sus cuerpos y sus espíritus; mediante su evangelio podrían lograr la vida espiritual.
El Fundamento de una Paz Duradera. ― Estas nuevas de gran gozo fueron más que la noticia de un nacimiento. Aunque no de una manera directa, comprendían el mensaje de que el Maestro presentaría un evangelio que, de obedecerse, traería la paz al mundo. Fundados en esta promesa, los ángeles verdaderamente pudieron cantar: «Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres»; porque durante el espacio de unos cuantos años, y por su palabra dada a través de la predicación y la parábola. Él iba a dejar con sus discípulos y con cada generación subsiguiente, el fundamento de una paz duradera.
Cuando uno estudia estas nuevas de gran gozo y las muchas cosas que implican, uno llega a la natural pero irresistible conclusión de que la obediencia a las enseñanzas de Jesús traerá la paz, y que sin dicha obediencia no se puede lograr esta paz. Si se dedica la vida a dicho estudio, esta conclusión, más o menos tentativa al principio, se convierte en convicción al paso que se va desarrollando en una verdad inestimable. Si esta observación resulta cierta, entonces el estudio del evangelio de Jesucristo es la necesidad más apremiante de esta generación.
Todos los que leen estas lecciones se acordarán todavía de los terrores del último conflicto mundial, y se han enterado también en las dificultades que confrontan a los jefes de las naciones mientras intentan establecer una paz duradera. Saben muy bien que si siguen aumentando en potencia las fuerzas destructivas, como vemos que está sucediendo, la raza humana no puede sobrevivir muchos conflictos mundiales. Pero existe una manera de hacer que la humanidad razone y piense: puede salvarse mediante la obediencia a los principios de paz que se hallan en las enseñanzas de Jesús. Cuando se expresa de este modo, la fórmula de la paz parece demasiado sencilla Muchos buscan grandes organizaciones, como si por medio de sistemas se pudiese lograr la paz; muchos favorecen la fuerza política, como si las alianzas pudieran darnos la seguridad; muchos levantan grandes ejércitos, preparan bombas atómicas ultra modernas y aviones que cruzan los aires a velocidad increíble sin pilotos humanos, como si esta muestra de poder produjera en otros el temor de un ataque y así se eliminaría la contienda. Como raza humana aún buscamos algún sendero mágico que nos lleve a la paz. Con los pies plantados en el lodazal de la selva, donde el afán principal es la preservación física, nos repugna la idea de purgar a nuestra sociedad de su arrogancia, avaricia e inhumanidad elevando nuestra cabeza y corazón hacia el cielo y el aire puro y libre del amor y del servicio.
Los Pacificadores. ― La fórmula de paz que Jesucristo ofrece no se ha de anunciar con trompeta y aclamación; no han de ser sus heraldos los grandes soberanos ni los imponentes ejércitos, sino que ha de empezar, según lo que Jesús tan claramente dijo, como la levadura que gradualmente leuda toda la masa. La paz permanente, como nos dijo El, debe primeramente nacer como sistema o modo de vivir en el alma de los miembros individuales de su reino, y como tal debe ser cultivada. De manera que los pacificadores deben ser maestros, maestros dispuestos a enseñar el evangelio y emular el método del Maestro de maestros.
Toda persona conoce el deseo de comunicar a otra alguna noticia o conocimiento que estima, Estos mensajes pueden ser prácticos como un nuevo modo de preparar algún platillo, o abstractos como un principio científico recién establecido, o complicados como un nuevo punto de vista político, o sagrados como el evangelio de Jesucristo. Cuando este deseo se convierte en un entusiasmo irresistible, el que aspira a maestro siente a menudo la necesidad de una fuerza mayor para enseñar. Su entusiasmo puede aún estimularlo a desear tener una habilidad sobrenatural cuando intenta comunicar su mensaje, Tal celo se podría expresar en la forma en que lo hizo Alma, el profeta del Libro de Mormón:
“¡Ojalá fuese yo un ángel y pudiera realizar el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!
«Sí, manifestaría a toda alma, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención: que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra.
«Más he aquí., soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido.» (Alma 29:1-3)
Así que el Maestro, así como todos los pacificadores, a veces se olvida (cosa que Jesús nunca hizo) de la naturaleza del desarrollo humano, y quiere usar métodos mágicos para establecer la paz. Es cierto que el maestro debe tener entusiasmo, pero este celo siempre debe ir acompañado de un reconocimiento completo de sus limitaciones, así como de un sentimiento de humildad genuina, Un maestro fanático que tenga mucho poder fácilmente podría intentar obligar a otros a aceptar su mensaje, y de esta manera oponerse al principio del libre albedrío. Fácilmente podría creerse el único digno de extender el mensaje y de hablar a los confines de la tierra. Más el Señor «concede a todas las naciones, que de su propia nación y lengua les enseñen su palabra.»
El que es un maestro verdadero trata de ser uno con sus discípulos en entendimiento y experiencia, y procura hablar su idioma. Todos nosotros hemos visto a dos personas que hablan el mismo idioma usan las mismas palabras, y sin embargo no se entienden el uno al otro. El verdadero maestro entenderá que se usan los símbolos para comunicar ideas; que estos símbolos que generalmente son palabras escritas o habladas, o bien combinaciones de palabras, necesitan explicarse cuidadosamente; y que muchas de las palabras y frases que usa raras veces tendrán el significado que él pone en ellas, cuando sus discípulos las perciben. De manera que los maestros y los discípulos no pueden estar seguros si están o no están de acuerdo, sino hasta después de una discusión franca. Esto exige tolerancia por parte del maestro así como del discípulo,
Tanto el discípulo como el maestro desapercibidamente pueden dar por sentado que tal o cual palabra representan lo que dice. Por ejemplo, considérese la expresión «verdad absoluta». Es fácil identificar verdad absoluta con las palabras «absoluta» y «verdad», En vista de que estas palabras «absoluta» y «verdad» son términos, deben indicar algo, ¿Qué indican? Cuando empieza a desarrollarse el concepto, se verá que se relacionará con Dios y el hombre, que se describirá la búsqueda de la verdad y que será muy difícil que el pensamiento perciba el concepto que la palabra «absoluta» representará, ¿Causa admiración, pues, que sea tan difícil lograr el entendimiento mutuo?
Por otra parte, se pueden pronunciar las palabras y las frases simplemente como ruidos. Una persona puede repetir, como la cotorra, frases que ha aprendido de memoria, y de una manera voluble usar palabras como «verdad» sin tener la menor idea de los conceptos que indican las palabras, A tal persona, sea maestro o discípulo, se debe proponer esta pregunta: «¿Precisamente que quiere decir usted con esta expresión?»
Para evitar estas limitaciones humanas, Jesús solía enseñar por parábolas. Estas historias se basaban en las experiencias más comunes de la gente. El hacer pan, el cultivo de la tierra, la pesca ― de estas y otras cosas se valió para comunicar profundas verdades espirituales; no porque el oidor siempre entendía, sino que podía recordar la historia y después de alguna reflexión podría, discernir el débil deslumbre de la luz espiritual. Verdaderamente, Jesús fue el Maestro de maestros,
Uno hereda el conocimiento. Cada generación, a su vez, debe ser instruida, Así que la fórmula de la paz siempre tiene que estarse enseñando, Si la enseñanza se tratara simplemente de comunicar palabras, sería fácil este deber incesante de transmitir conocimiento e ideales de una generación a otra, Pero la semilla, aun cuando se siembra hábilmente, puede caer en terreno estéril. Por consiguiente, si la paz permanente tiene sus raíces en las enseñanzas de Jesús ― y tal es nuestra convicción ― y florece solamente cuando estas enseñanzas forman parte del comportamiento humano, entonces la paz permanente será tan difícil de lograr como cualquier otro ideal universal: todo dependerá de la feliz y continua transmisión de conocimiento e ideales del maestro al discípulo.
La Parábola del Huésped. ― La gente ha anhelado la paz, Pero ha habido muchos que no han querido despojarse de la arrogancia, egoísmo, inhumanidad, ni aspirar a amar y servir como lo hizo Cris to. El pueblo ha lamentado, porque ha creído que comunicar palabras es enseñar. No han podido comprender que la persona por convertir, o por instruir, vive como hombre libre dentro de la ciudadela de su alma. Vive rodeado de las altas murallas de sus hábitos, hábitos de pensamiento y hechos. Lo rodea el foso de sus experiencias personales y la interpretación que aplica a sus ideas. Aún puede hallarse todo esto rodeado de un pantano de interés egoísta. Dentro de esta ciudadela fortificada el alma ejerce su derecho a la libertad; pero frecuentemente su vida es mezquina porque las barreras no permiten la entrada a los mensajeros de verdad, Pero afortunadamente estas barreras también impiden la entrada a los mensajeros del error.
El maestro, el predicador, el que desea convertir, trata de entrar, usualmente motivado no por el interés, sino por el deseo de servir, el deseo de embellecer la vida pobre del que se halla dentro de esa ciudadela. El fanático, el que ambiciona un poder mayor, posiblemente tratará de salvar el foso y escalar la muralla por la fuerza. Si logra su objeto, será recibido como ladrón y robador, y el mensaje, por digno que sea, usualmente es rechazado.
Se requiere paciencia, trabajo y habilidad, cualidades que Cristo reconoció, para ser huéspedes en la ciudadela del alma de un hombre libre; pero así es como Dios obra, es el modo de Jesús, es la mañera de obrar de todos aquellos que conocen la naturaleza verdadera de las almas inmortales, A través del foso del mal entendimiento se debe construir un puente que consiste en tratar de conocer el idioma, naturaleza y comportamiento del que se halla dentro de la ciudadela. Las puertas de la gran muralla deben abrirse con la llave del entendimiento, la tolerancia y la simpatía. Y cuando se Llega al otro lado del foso, y se abren las puertas, y uno entra como invitado, entonces es cuando la enseñanza alcanza el nivel más elevado; entonces es cuando uno puede exclamar con los ángeles; «Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para, con los hombres.»

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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