Capítulo 19
EL DESARROLLO DEL REINO
«El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y
escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado.»
(Mateo 13:33)
Los judíos estaban bajo el yugo romano. El Mesías debía venir pronto para establecer su reino y liberar a Israel de su servidumbre. Cuando Jesús apareció diciendo: «El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca» (Mar. 1: 15), los discípulos gozosamente concluyeron que la esperanza mesiánica iba por fin a cumplirse: Judea iba a convertirse en una potencia mundial. Jesús sintió la tentación de usar su poder para establecer el reino de Dios con son de trompetas y por la fuerza; pero escogió la manera verdadera del desarrollo lento y natural.
Los discípulos no comprendían porqué la popularidad de Jesús parecía ir en decadencia, después de haber empezado tan bien, «y le seguía gran multitud de Galilea, y de Judea, y de Jerusalén, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán», pero en Nazaret, donde había sido criado, los habitantes, llenos de ira, le llevaron hasta la cumbre de un monte, «para despeñarle; más él, pasando por medio de ellos, se fue.» (Luc. 4:29-30) Jesús, pues, tenía dos problemas: El primero, hacer que sus discípulos comprendieran el significado del reino de Dios; y el segundo, darles la esperanza que disipara su desaliento. Lo consiguió por medio de parábolas.
La Parábola del Crecimiento Natural. ― Nuestro mundo se halla en un estado de transformación constante. Nos damos cuenta de ello cuando cultivamos la húmeda tierra alrededor de un tulipán que está pronto para estallar en delicada floración; cuando plantamos la semilla tenemos fe en ella, esperamos ver surgir «primero la hierba, luego la espiga, después el grano lleno en la espiga. » Jesús percibía el misterio escondido en una semilla común y el poder de desarrollo encerrado en su tenue estructura. Dijo lo siguiente: «Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe. Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.» (Marcos 4:26-29)
Tal como la simiente, el reino es una fuerza vital que crece de sí misma, por el poder que está en ella. Lo mismo que la semilla, podemos conocer su forma externa, pero la manera en que obedece el impulso de crecer permanece un misterio que hay que aceptar por fe. La simiente que se planta en el suelo, fuera de vista y aparentemente perdida, brota en novedad de vida; «primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.» Cuando el reino de Dios, la manera en que obedecemos a la voluntad de Dios, también se planta, pero ahora en la vida humana, el resultado es el desarrollo, y por último la siega, «la simiente brota y crece como él no sabe.» «Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.» La simiente, a pesar del misterio que encierra, produce una cosecha de grano. El reino de Dios, que aceptamos por fe, produce una cosecha de tesoro espiritual,
La Parábola de la Mostaza. ― Esta parábola tiene relación, no con el misterio del desarrollo del reino de Dios, sino con la capacidad de su desarrollo. Esta enseñanza es una compaginación de contrastes. Los que escuchaban a Jesús sabían que la mostaza, a pesar de ser una planta, se distinguía por su semejanza a los árboles, Con una altura de dos a tres metros, fácilmente sobresalía al lado de las demás plantas. En sus ramas «las aves del cielo» probablemente jilgueros y cardelinas, hallaban abrigo de la lluvia y del calor; y alimento tampoco les faltaba, puesto que podían sacar con el pico las semillitas negras de las vainas que crecían en las ramas. Los campesinos, que habían observado cómo un menudo grano de mostaza podía crecer hasta llegar a ser casi un árbol, se maravillaban de este gran aumento de tamaño. Jesús halló en este asombro el fondo adecuado para una parábola.
«El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: el cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; más cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.» (Mat. 13: 31-32)
Los discípulos captaron el sentido de esta parábola y se animaron. La simiente iba a ser sembrada en un campo, probablemente un campo muy pequeño, ciertamente que no iba a ser el mundo. La simiente podía llegar a ser esta planta grande aun en un huerto doméstico, ¿Por qué buscar un huerto mayor? ¿Acaso no era el círculo íntimo de los discípulos un grupo suficientemente grande para iniciar el reino?
El tamaño del reino no iba a ser limitado por su principio humilde y casi insignificante. Podría empezar en una pequeña parcela de terreno y con la más menuda de las simientes, pero al final sobrepasaría a todos los otros reinos; por último, abarcaría toda la tierra. De esta manera los discípulos pudieron animarse. El anhelo de poseer un sentimiento de mérito personal había recibido satisfacción; por el momento su causa no estaba muy extendida, pero ciertamente era ya una empresa en plena marcha…. Vendrán muchos del oriente y del occidente y se sentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.» (Mat. 8: 11) Los apóstoles habían aprendido una lección que necesitaban.
La Parábola de la Levadura. ― El reino de Dios es más que algo que crece desde un tamaño insignificante hasta alcanzar grandes proporciones. Aunque parece estar escondido como la levadura en tres medidas de harina, lo penetra todo, y lo cambia de un simple amasijo sin vida en masa leudada. El reino de Dios hará más que llenar todo el mundo; lo leudará todo. El reino empieza con unos pocos discípulos, y al final posee todos los pueblos; el evangelio del reino obra en el corazón del hombre como una medida pequeña de levadura y trae al alma la novedad de vida, Desde luego, el reino tiene la amplitud suficiente para llenar todo el mundo (el grano de mostaza) y de bastante intensidad para salvar las almas de los hombres (la levadura).
El reino, pues, tiene dos fases: una personal en la que el miembro individual ha consagrado su vida a obedecer a la voluntad de Dios ― el camino de la vida eterna; y otra social en la que un grupo de personas se han asociado bajo orientación y gobierno divinos, con el propósito de hacer la voluntad de Dios, tanto individual como colectivamente ― una forma de vida combinada de tal manera que incluya todas las organizaciones necesarias bajo la dirección del sacerdocio para dar vitalidad y justificar el esfuerzo del grupo.
Según el modo en que se emplean en las parábolas, el reino de Dios y el reino de los cielos pueden interpretarse de diversas maneras. En algunos pasajes parece que el reino significa o el evangelio o el íntimo reino personal que lleva a la vida eterna. Las parábolas del tesoro escondido y de la perla de gran precio son ejemplos de ello. Generalmente, sin embargo, el reino se emplea para representar el reino de Dios en la tierra (nuestra propia Iglesia, como sinceramente creemos) o el reino de Dios en los cielos. En todos estos reinos la meta es la misma: devoción desinteresada a las enseñanzas de Jesús y al cumplimiento de la voluntad de Dios. (Véase Doc. y Con. 65: 5 y 6)
Aunque en la Biblia no se establece diferencia alguna entre el reino de Dios y el reino de los cielos, una revelación moderna si los distingue: «Implorad al Señor, a fin de que se extienda su reino sobre la faz de la tierra, para que los habitantes de ella lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá del cielo, envuelto en el resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios establecido sobre la tierra. Por tanto, extiéndase el reino de Dios, para que venga el reino del cielo, a fin de que tú, oh Dios, seas glorificado en los cielos así como en la tierra, para que tus enemigos sean vencidos; porque tuya es la honra, y el poder, y la gloria, para siempre jamás. Amén.» (Doc. y Con. 65: 5-6)(Consúltese «Jesús the Christ» de Talmage, pág. 788)
Referencias:
Parábola del crecimiento natural: Mar. 4: 26-29.
Parábola del grano de mostaza: Mar. 4: 30-32; Mateo 13: 31-32; Luc. 13: 18-19.
Parábola de la levadura; Mat. 13: 33; Luc. 13:20-21.

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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