Capítulo 20
EL VALOR DEL REINO
«Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y lleno de gozo por ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.»(Mateo 13:44)
Jesús se encontró con que sus discípulos esperaban un reino que «se anunciaría por el clamor de trompetas y el ruido de ejércitos en marcha, acaudillados por el Mesías Rey.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 290) Mediante la parábola del grano de mostaza, los apóstoles entendieron que el reino no había de ser establecido al son de estrepitosas trompetas, sino que sería como la pequeña simiente que germina en un suelo nutritivo. Con todo, esperaban un reino visible. Pero nuevamente se dio otro paso hacia adelante. El reino era como la levadura que fermenta tres medidas de harina. ¿No significaba esto que el reino iba a incluir un reino personal, un reino compuesto no sólo de los cuerpos de los hombres, más aun de sus almas juntamente? De esta manera preparó Jesús a sus más íntimos discípulos para el paso siguiente.
El Tesoro Escondido. ― «Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo: el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.»
«El buscar tesoros es siempre fascinante. No era raro en la época de que estamos hablando el oír hablar de casos en que alguien había encontrado dinero enterrado, en vista de que acostumbraban ocultar sus tesoros, por motivo de que constantemente estaban expuestos a las incursiones de los bandidos y a invasiones hostiles. Es digno de notar que se nos representa al feliz y afortunado mortal hallando el tesoro, al parecer por casualidad, más bien que como resultado de afanosa búsqueda. Gustosamente vendió todo lo que poseía para comprar el campo. El tesoro escondido es el reino de los cielos; cuando un hombre lo encuentra, debe estar presto a sacrificar todo lo que tiene, si con ello puede adquirirlo. Su gozo por la nueva, adquisición no tendrá límites; y si continúa siendo un poseedor plenamente meritorio, las riquezas del reino irán con él más allá de la tumba.»(Jesús the Christ, de Talmage, pág. 292)
En nuestra época, tacharíamos de ímproba a la persona que hallara un tesoro y ocultara su descubrimiento al propietario del terreno. «Estos hallazgos pertenecen al que los descubre»; tal era la interpretación legal de la época; y por ello nadie pensaba que el hombre de la parábola había cometido una acción mala. Pero perdemos de vista el punto principal de la historia si fijamos nuestra atención en esta fase del relato. Sin duda alguna, Jesús no alababa este acto injusto, lo sucedido fue que en el método de enseñanza por parábolas de aquel tiempo, no se prestaba mucha atención al tratamiento meticuloso de la así llamada disposición externa que servía corno adorno en la preparación de las parábolas. Para poderla interpretar bien, pues, debemos encontrar el detalle principal y considerar los adornos sólo como fondo necesario, pero incidentales.
En la parábola del tesoro escondido podemos resumir así el punto principal: Alguien encontró un tesoro; el hallador lo reputó de tan enorme valía que estuvo dispuesto a desprenderse de todas sus posesiones para adquirirlo. De modo que el tesoro del reino podría también permanecer sin descubrir, si hubiese intervenido una falsa apreciación de su valía. Pero si accidentalmente el tesoro se pone al descubierto, este hallazgo será nuestra buena suerte, porque el tesoro vade más que todo lo de este mundo. El costo del campo donde se encuentra el tesoro es elevado, pero al alcance de todos. La transacción requiere ante todo el abandono de todas; las obligaciones mundanas, y luego el siguiente paso es una devoción sin límites a la vida buena y cordial obediencias la voluntad de. Dios. «Venga tu reino, hágase tu voluntad».
Los apóstoles podían ahora ampliar su concepción del reino. En lugar de haber únicamente un solo reino para todos, había además un reino individual para quien estuviese dispuesto a pagar el costo. Las ideas del círculo íntimo de los discípulos habían avanzado mucho; desde el clamor de trompetas y el resonar de ejércitos en marcha al de un reino personal que conduce a la vida eterna.
La Perla de Gran Precio. ― «También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.» (Mat. 13:45-46)
«Las perlas siempre han ocupado un lugar de importancia entre todas las alhajas; y mucho antes de la época de Cristo, como también desde entonces, los traficantes de perlas han desplegado gran actividad y diligencia en tratar de obtener las mayores y más valiosas del mercado. A diferencia del hombre de la parábola anterior, que encontró un tesoro escondido con poca o ninguna búsqueda, el tratante de esta historia dedicaba todas sus energías a buscar perlas buenas, para encontrar y adquirir alguna que le interesara. Cuando por fin encontró la perla que superaba a todas las demás, aunque la vendían, como era natural, a muy alto precio, gustosamente vendió todas sus otras joyas; aún más, sacrificó «todo lo que tenía» alhajas y otras pertenencias ― y compró la perla de gran precio. Los que anhelaban encontrar la verdad podrán quizá adquirir muchas cosas buenas y deseables, y no acertar nunca con la verdad más grande de todas, la verdad que puede salvarlos. Empero si buscan con perseverancia y con propósito sincero, si verdaderamente lo que desean es la adquisición de buenas perlas y no de imitaciones, las encontrarán. Aquellos hombres que tras buscar y rebuscar llegan a descubrir las verdades del reino de los cielos, quizá se vean obligados a abandonar muchas de sus estimadas tradiciones, e incluso sus teorías de filosofía imperfecta y de la «falsamente llamada ciencia», si quieren entrar en posesión de la perla de gran precio. Nótese que en esta parábola, como en la del tesoro escondido, el importe de la adquisición es todo lo que uno posee. Nadie puede hacerse ciudadano del reino con sólo un abandono parcial de sus antiguas obligaciones; debe renunciar a todas las cosas ajenas al reino o nunca se le podrá admitir en él. Si de buena gana sacrifica todo lo que posee, se dará cuenta de que nada le va a faltar. El costo del tesoro escondido y de la perla no es la misma cantidad fija para todos; es todo lo que uno posee. Hasta el más pobre de todos puede entrar en posesión permanente del reino; todo lo que posee, aunque sea poquísimo, le basta para pagar el precio de la compra.
La Red. ― «Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces; la cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.» (Mateo 13; 47-50)
Igual que las gentes que en nuestros tiempos viven cerca de un lago de agua dulce, las gentes que entonces vivían en las márgenes del mar de Galilea conocían la manera de pescar con redes. Se echa lo más lejos posible una red muy grande. Esta red tiene plomos, conocidos como plomadas, en el extremo superior, y corchos, que los pescadores llaman boyas, en la parte de abajo. Entonces se tira de la red, arrastrando con ella todo lo que no puede escaparse a través de sus mallas. Por fin se saca la red a la playa, y se selecciona y se clasifica el pescado.
En la red del evangelio se encuentra toda clase de gente. Cierto, habrá una separación, pero el asunto de la parábola es que todos aquellos cuya alma es suficientemente grande para ser retenida por la red del evangelio, serán sacados a la orilla. El evangelio es para todos; los que se encuentran en las ciudades, los que andan por las sendas, los justos, los pecadores, todos aquellos que estén dispuestos a pagar el precio de la devoción a la vida buena, que venderán todo lo que tengan por el tesoro del reino. Como el programa comprende a todos, y la devoción requerida es invariable, la selección, pues, es inevitable; se recogerá lo bueno en vasos, y lo malo se echará fuera.
Las Cosas de Valor. ― En la misma manera que la red del evangelio trae al reino de Dios a todos aquellos que son suficientemente grandes para caer en la red y así se les puede evaluar, en igual forma la red de la experiencia trae al reino interior de las almas de los hombres diversas consideraciones para que estas puedan justipreciarlas. La persona que va a edificarse una vida buena deberá emplear la ciencia con fuerte resolución al ponerse a buscar en el mundo objetivo de la experiencia las verdades que este mundo pueda poseer. Sin estas verdades así obtenidas, la vida buena puede fácilmente volverse demasiado emotiva y puntillosa. Si no tiene destreza, la persona que quiera construirse una vida buena corre el riesgo de hacerla fea y desagradable. Sin la ayuda de la ética podría ser cruel y hasta inmoral, Si no guarda contacto constante con los asuntos de la vida práctica, puede tornarse incapaz de satisfacer las necesidades de la subsistencia cotidiana, Y si no frecuenta los seres humanos ni posee un entendimiento claro de las consideraciones sociales, podría fácilmente construirse rígidos moldes y tratar de obligar a otros a adoptarlos. Pero una vez integradas todas estas nuevas experiencias mediante el procedimiento religioso que estima la valía de una cosa por su relación con el todo, empleándose las normas de nuestro Señor y Maestro Jesucristo, se puede edificar una estructura completa en la vida buena que representa mucho más que la suma de las partes que la componen. El reino interior «Cogido lo bueno y echado fuera lo malo.»
Referencias:
Parábola del tesoro escondido: Mateo 13:44 Parábola de la perla de gran precio: Mateo 13:45-46.
Parábola de la red: Mateo 13:47-50.

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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