Parte Tercera
PARABOLAS SOBRE EL AMOR DE DIOS
Capítulo 24
UN PADRE JUSTO Y AMANTE
«Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.» (Mateo 19:30)
Un joven rico vino y le preguntó a Jesús que debía hacer para salvarse. Había guardado todos los mandamientos desde su juventud, ¿qué más le faltaba? La respuesta fue sencilla pero notable: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dado a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.» (Mat. 19:16-22) El joven se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Esta idea de darlo todo para salvarse aún no estaba clara en las mentes de los Doce, He aquí un joven a quien Jesús le había pedido que diera todas sus posesiones para poder ser uno de ellos. ¿Qué iba a obtener con este sacrificio? En realidad, ¿qué ganaban ellos con ser discípulos de Jesús? Fue Pedro que tomó la palabra: «He aquí nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué, pues, tendremos?» (Mat. 19:27) Para dar respuesta a esta pregunta y hacerles comprender que en la obra del Señor no es posible regatear, les refirió la parábola de los obreros y de las horas. ¡No es posible regatear con la justicia, la compasión y el amor de Dios!
La Contrata de los Obreros. ― La parábola (Mat. 20:1-16) nos habla primeramente del padre de familia que va a la plaza del mercado a ocupar obreros para su viña. Encontró a los hombres que necesitaba y se concertó con ellos en pagarles un denario al día. Esta primera transacción nos describe al padre de familia como a un hombre de negocios: fue al mercado y regateó con los obreros. Volvió otra vez al mercado en busca de más ayuda, y con sorpresa, se encontró con que la plaza estaba llena de hombres ociosos. Les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo.»
Y se fueron gozosos sin regatear. De nuevo fue el padre de familia al mercado, esta vez quizá no tanto porque necesitase ayuda, sino para ver si había aún hombres en su comunidad que estuvieran sin trabajo, El hombre de negocios de la mañana se estaba convirtiendo en un hombre que amaba a sus semejantes. Siempre había sido honrado y justo, pero ahora el espíritu de amor empezaba a dirigir sus acciones. Más que nunca, se dio cuenta de las relaciones que deben existir entre el amo y el empleado. Sintió deseos de emplear a todo el mundo; si era preciso, inventaría trabajo para los que necesitasen. «Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban sin trabajo y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado.»
El padre de familia había hecho ya más de lo que al principio tenía la intención de hacer. Pero la confianza que los obreros habían manifestado en él le habían transformado de tratante en filántropo. Había encontrado hombres que deseaban trabajar, pero que no encontraban trabajo; había hallado personas que estaban dispuestas a tener confianza en su amor y en su criterio. ¿Por qué encontrarles trabajo a éstos también?
El Pago de los Obreros. ― Llegó el día a su fin. Sin duda el dueño iba a ser justo. Ciertamente les iba a pagar según el tiempo trabajado; todos se esperaban esto. Pero el padre de familia se puso a reflexionar. ¿Acaso no había visto el sufrimiento de algunas familias porque el padre que las sostenía no podía encontrar trabajo, aunque estaba dispuesto a trabajar? Teniendo en cuenta las necesidades humanas, ¿acaso los que vinieron a la hora undécima no necesitaban tanto el denario como los que trabajaron todo el día? ¿Tenían ellos la culpa de no haber trabajado desde la mañana? ¿No era él responsable en parte de esta situación? Cumpliendo con toda justicias era innegable que debía de pagarse la misma cantidad a estos hombres.
«Al atardecer, los obreros vinieron por su jornal, así se hacía según la ley y la costumbres porque se había establecido como estatuto en Israel que antes de la puesta del sol el patrón pagara al siervo contratado por un solo día. El mayordomo que debía pagarles había recibido instrucciones de su amo de empezar el pago por los que habían sido contratados a la hora undécimas a cada uno de ellos les dio un denario (moneda romana, equivalente a unos quince centavos en moneda de los Estados Unidos) que era lo que se acostumbraba pagar por una jornada de trabajo. Esta era la cantidad en que, después de mucho regateo se había convenido con los que empezaron a trabajar a primera hora de la mañana. Cuando estos vieron que sus compañeros, que sólo habían trabajado una hora, recibían cada uno un denario, probablemente se regocijaron, pensando que iban a recibir una paga proporcional mente mayor, a pesar de lo que había quedado estipulado. Pero ellos también recibieron un denario. Entonces se quejaron, no porque se les hubiere pagado menos de lo debido, sino porque los otros habían recibido el salario de una jornada de trabajo por solamente una parte de esta labor. El patrón les respondió con toda cortesía recordándoles lo convenido. ¿No podía ser justo con ellos, y caritativo con los demás, si tal le placía? Su dinero era suyo, y podía distribuirlo como bien le pareciera. Y a posar do lo que dijeran los descontentos, no tenían razón en quejarse sí su patrón era bueno y caritativo.»(Jesús the Christ», de Talmage, p, 481)
Los Servidores de Dios no son Mercenarios. ― «Dios necesita trabajadores, y todos los que desean servirle fiel y eficazmente serán bienvenidos en su vida. Sí, antes de comenzar, insisten en que se estipule un salario determinado, cada uno recibirá lo que se haya acordado, si es que ha desempeñado bien su cometido, Pero aquellos que hacen su trabajo diligentemente, sabiendo que su señor les dará una retribución justa, y piensan más en el trabajo mismo que en la recompensa serán más abundantemente galardonados. Uno puede trabajar por salario, y no por ello ser un mercenario. Entre el siervo fiel que trabaja por sueldo y el mercenario hay tan grande diferencia como entre el pastor y el arriero. ¿No había, quizás, un poco de espíritu mercenario aun en la pregunta del primero de los apóstoles? ¿Qué pues tendremos?» Los doce entraron en el servicio del Salvador desde el principio de su ministerio; respondieron al llamado del Señor, sin que se les prometiera ninguna recompensa; iban a tener que soportar el calor ardiente de sus jornadas de trabajo, pero solemnemente se les amonestó contra la tentación o el deseo de fijar su propio galardón. El Maestro iba a juzgar el mérito de cada siervo; al fin y al cabo, el galardón que quiera darnos como salario es siempre un don gratuito, porque todos somos deudores de Dios, y todo lo que hagamos nunca podrá saldar las deudas que con El tenemos contraídas.” (Jesús the Christ, de Talmage, p. 482.)
Es Preciso Hacer Prevalecer la Bondad Espontánea. ― El padre de familia cumplió su promesa a aquellos que habían regateado con él, pero a los que le dieron la oportunidad, les extendió su amor. Respecto de ello, si nos paramos a pensar, hay muchos ejemplos que podríamos citar.
La señorita que da al joven que la acompaña la oportunidad de abrirle la puerta de su casa parándose un momento bajo el dintel, siempre recibirá esta atención cortés; pero si se da prisa para pasar delante de él y abrir ella misma la puerta, y luego se queje en su corazón que el joven ha sido descortés, tal señorita ciertamente no ha comprendido el sentido de esta parábola. Si una esposa se apresura a preguntar a su esposo acerca de la buena preparación de la comida que ha aderezado para él, sin darle tiempo de hablar de ello, perderá sin duda la ocasión de dar a su marido una oportunidad de alabar su trabajo y manifestarle su amor. Ella misma ha hecho brotar los comentarios y debido a ello toda la situación se ha convertido en un vulgar regateo, Si ella hubiera tenido más confianza, habría podido recibir el amor que tanto deseaba. Un patrón podrá desear dar una recompensa a un empleado por su excelente servicio, pero el obrero, sabedor de su propio mérito, va y pide al dueño que le aumente el sueldo. Lo que hubiera podido ser una excelente ocasión para que el dueño mostrara su sincero aprecio por su empleado, se convierte en un simple regateo.
Sabemos que Dios no deja la vida virtuosa sin recompensa, pero si en lugar de tener confianza en Él, regateamos respecto de nuestro galardón, y exigimos tal remuneración por tal y cual servicio, privamos a Dios la ocasión de manifestarnos su amor; y nuestras relaciones con El parecerán un trato financiero. No debemos regatear con la justicia, la bondad o el amor de Dios; y los que creen que deben recibir la máxima recompensa son los que reciben menos, «Así los primeros, serán postreros, y los postreros, primeros.»
La Salvación y la Vida Eterna. ― En esta parábola, Jesús enseñó la gran verdad de que no importa en qué dispensación se haya podido trabajar en la viña del Señor, si uno ha sido fiel, la salvación y la exaltación estarán a su alcance tanto en una dispensación como en otra.
Referencias
Parábola de los obreros y las horas: Mateo 20: 1-16

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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