Capítulo 25
DIOS DA RESPUESTA A LAS ORACIONES
«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.» (Lucas. 11:9)
Los apóstoles estaban todavía un poco confusos. En la Parábola de los Obreros y las Horas se les había enseñado que el amor del Padre no puede ser el objeto de un regateo, Pero entonces ¿por qué orar? ¿Qué necesidad había de molestar a Dios en absoluto si no podían obtener ninguna promesa de recompensa de la piedad y amor que le manifestamos? Por otro lado, ¿no había dicho el Maestro también: «Porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis?» Y no obstante, su Maestro oraba muy a menudo; no se cansaba nunca de suplicar a Dios, Según Lucas, les enseñó a sus discípulos dos parábolas «sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,» (Luca. 18:1) Las dos se encuentran en diferentes lugares de las Escrituras, una aparentemente en una fecha ulterior a la primera, aunque hay quienes opinan que se refirieron las dos en la misma ocasión,
El Amigo que Vino a la Medianoche. ― Aquellos que viven actualmente en el campo, o que se acuerdan de la época en que no había panaderías y cada uno tenía que hacer su propio pan, comprenderán, mejor que nadie el sentido de esta parábola, y la urgente necesidad que podía representar el verse obligado a pedir prestados tres panes al vecino. Sobre todo en la época en que Cristo vivió. De la manera en que Jesús les habló, fue como si hiciera recordar a. sus discípulos los días de su infancia, cuando a medianoche, alguien había llamado con fuertes aldabonazos a la puerta principal, y luego, después de transcurridos unos minutos que a ellos les parecieron horas, se oye gruñir la voz del padre: «¿Quien llama a estas horas de la noche?» Y entonces la voz del vecino que dice: «Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de camino, y no tengo que ponerle delante.» Y el padre, impaciente y con mucho sueño, responde: «No me molestes, la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos». Pero el vecino insiste: «Mi amigo y su familia tienen hambre viajaron durante la noche para evitar el calor del día. Estoy seguro que no les negarás tu ayuda.» «¿Por qué tiene que haber gente que viaja por la noche?» se pregunta el padre; pero la madre le susurra con voz llena de compasión: «Hemos hecho pan hoy; podemos darle los tres panes.» Mientras el padre reflexiona, el vecino llama de nuevo: «Ayúdanos, te lo suplico,» en voz tan fuerte que parece que va a despertar a toda la aldea. «Ve», le insta la madre. El padre se decide a hacer lo que se le pide, refunfuñando: «Voy, no porque sea amigo nuestro, sino para desembarazarme de él; de lo contrario será capaz de estarse aquí discutiendo toda la noche.»
Jesús concluyó, diciendo: «Os digo, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. . . Pedir, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto». (Luca. 11:8,9)
El Juez y la Viuda. ― La siguiente parábola (Lucas 18:1-18), aunque semejante a la primera por su sentido profundo, posee más amplios contrastes. En la primera, los personajes son dos vecinos en buenas relaciones; en la segunda, se nos enfrenta a un juez duro y severo, y al mismo tiempo dado al soborno, con una pobre viuda desamparada a la que le han robado sus escasas posesiones. Aquel juez, como solía suceder en los tiempos de Jesús, ni temía a Dios, ni respetaba a los hombres; la viuda ― y si la leyenda concerniente a la temprana muerte de José era cierta, bien hubiese podido ser la propia madre de Jesús ― era tímida pero perseverante. La viuda necesitaba ayuda y la suplicaba con insistencia: «Hazme justicia de mi adversario», le imploraba. Era fácil sobornar a este juez, pero a la viuda no le quedaba ningún dinero; hubiera podido amedrentarlo mediante influencias, pero la pobre no tenía amigos de influencia. Sólo tenía su desesperación y su pena era tan grande que persistía en sus clamores y lamentaciones. Por fin, el juez, no por bondad ni por simpatía hacia los débiles, dijo: «Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, para que no acabe por molerme.»
El cuadro que se les acababa de describir, presentaba muy a lo vivo la lección que quería enseñarles: «¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aun cuando los hace esperar?» Como sucede con todas las grandes obras de arte, es preciso estudiar detenidamente estas parábolas para comprender toda su belleza.
Podemos Comprender a Dios a Través del Hombre. ― Jesús quiso que llegáramos a conocer a Dios, comparándolo y contrastándolo con el hombre. No hay duda que el Padre personifica todo lo que hay de mejor en el hombre. Tomemos lo que constituye lo mejor de la naturaleza humana, purifiquémoslo, ennoblezcámoslo, e imaginémoslo lo más perfecto posible, y tendremos el verdadero concepto de Dios. Dios no es ni una máquina deificada, ni una ley purificada y generalizada, ni un flujo eterno, ni tampoco una esencia omnipresente, sino que es un hombre hecho perfecto, un Padre que tiene su morada en los cielos.
Las dos parábolas que acabamos de considerar emplean este método de comparar, y buscar luego los contrastes entre Dios y el hombre. Hay ejemplos adicionales en las Escrituras, entre otros el siguiente: «¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden?» (Mat. 7:9-11)
Es posible que los hombres de ciencia encuentren un poco difícil que un Dios personal pueda existir en el universo; que los filósofos no puedan aceptarlo a causa de sus teorías filosóficas; pero Jesús enseñó el evangelio, nos dio la buena nueva de que tenemos un Padre en los cielos, y nos preparó el camino para que pudiéramos aceptar un concepto de Dios que es a la vez lo bastante sencillo para que un niño pueda comprenderlo y lo bastante profundo para satisfacer al que es el Maestro de todos nosotros.
¡Imploradle Noche y Día! ― No podremos comprender exactamente el sentido de la Parábola del Amigo que Vino a Medianoche y del Juez y la Viuda, a menos que se analicen cuidadosamente la comparación y el contraste. La comparación que se propone parece ser ésta: Como el vecino y el juez, hay veces en que Dios no responde a las oraciones que se le dirigen, ni otorga lo que se le pide sino hasta después de numerosas súplicas. El contraste parece ser el siguiente: Un vecino malhumorado o un juez venal otorgará lo solicitado, no por amor, sino porque no desea que lo importunen. El Padre quizá tardará en contestar, pero concederá lo suplicado, no porque se le importuna, sino por amor. Pero si esto es así, ¿porque es Dios tan tardo en responder?
Consideremos la frase que termina cada una de las dos parábolas. Diciendo Jesús: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.» De manera que debe haber una fuerza motriz en la oración; la persona que ora debe buscar con fervor, tener el ardiente deseo de encontrar respuesta. Es preciso que el arrepentimiento tenga tiempo de purificar su alma de toda falsedad, de todo engaño; que la simple creencia tenga tiempo de desarrollarse en fe absoluta. Es preciso que el celo aparente tenga tiempo de transformarse en celo verdadero. Y el espíritu, en fin, debe estar preparado para recibir, como puede llegar el caso, una respuesta negativa. «Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.» (Mat. 26:39)
Dios tarda en responder para probar nuestra fe, ¿Puede la fe sobrevivir a esta espera? Sí, si es verdadera; con esta misma tardanza Dios puede a veces mostrarnos su amor. Por otra parte, hay muchas personas que estiman que sólo una respuesta afirmativa es señal de que sus oraciones han sido escuchadas, y por ello, naturalmente, la espera parece dilatarse aún más.
Me vienen a la memoria dos hechos que confirman lo que acabamos de considerar. El primero me lo relató el finado profesor William H. Chamberlain; el segundo, lo recibí de labios de la hermana May Anderson, que fue presidenta de la Asociación Primaria de la Iglesia.
Un niño estaba muy enfermo de tifoidea. Los alimentos que podía tomar estaban sujetos a la discreción del médico, y muy limitados. Un día el niño pidió una pera, pero la fruta estaba en la lista de las comidas prohibidas por el médico. Los padres se vieron obligados a rehusársela, y el niño se quedó muy desconsolado, no pudiendo comprender cómo unos padres que lo querían tanto podían ser tan crueles y negarle lo que tanto deseaba. Con el transcurso de los años este niño, ya adulto, comprendió por fin que lo que él había creído era crueldad por parte de sus padres fue, al contrario, una hermosa prueba del inmenso amor que sentían por él.
Se acercaba el cumpleaños de una niña. Se habían hecho ya todos los preparativos necesarios para tan importante celebración. Pero para que su fiesta fuese lo más hermosa posible, la niña deseaba mucho que hiciera buen tiempo para la fiesta; y pensó que lo mejor sería suplicarlo en oración a nuestro Padre Celestial. En su entusiasmo, habló a sus amiguitos de la oración que había hecho, Pero llego el día del aniversario, y la lluvia cayó a torrentes. Tuvieron que festejarlo dentro de la casa, en lugar del jardín, porque nadie podía atreverse a salir al exterior con tanta lluvia. Y los amiguitos, bastante contrariados, le dijeron a la niña: «Nuestro Padre Celestial no ha contestado a tus oraciones, ¿verdad?» Pero la niña replicó: «Oh, sí; contestó mi oración, pero su respuesta fue: ¡No!»
Referencias:
Parábola del amigo que vino a medianoche: Lucas 11:5-13.
Parábola del juez y de la viuda: Lucas 18:1-18.

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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