Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 26
DIOS ES PADRE DE LOS PERDIDOS TAMBIEN

«Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.» (Lucas 15:6)

Los escribas y los fariseos murmuraban: «Este hombre recibe a los pecadores, y come con ellos.» (Lucas 15:2) Juzgaban a Jesús por la gente de que se rodeaba, como era natural. Pero hay diferencia entre dejarse envilecer por el ambiente que a uno le rodea, y el ser la causa de su mejoramiento. Los escribas y los fariseos, y probablemente algunos de los discípulos, eran incapaces de hacer esta distinción, ni podían tampoco salirse de su interpretación de la ley para intentar salvar el alma de los perdidos. Decían para sí: Quizás Jesús no puede impedir a los publícanos y pecadores que le sigan, pero de ningún modo está obligado a comer con ellos. La ley rabínica prohibía formalmente tal indiscreción. Y así estos hombres que eran tan estrictos cumplidores de la ley, sin llegar a penetrar su verdadero sentido, no comprendían que había necesidad de salvar a los perdidos y que éste era el propósito de Jesús al acogerlos como lo hacía. Para hacerles comprender su actitud, les enseñó las parábolas de la oveja y de la dracma perdidas.

La Oveja Pérdida. El pastor contó sus ovejas, (Lucas 15:4-7) Le faltaba una. Dejando las otras noventa y nueve paciendo en el desierto o bien guardadas en el aprisco, se fue a la montaña en busca de la que se había perdido. Manifestó afán en la búsqueda, gozo cuando la halló y ternura al llevar a la perdida de vuelta al rebaño. «Y viniendo a casa, junta a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.»

El Buen Pastor. Una vez más, Jesús quiso que a través de las mejores cualidades humanas pudiésemos conocer al Padre, Dios es el Buen Pastor que busca a los perdidos. Jesús, que se daba el nombre del buen pastor, va también en busca de los perdidos. Para Jesús y para el Padre no basta con que noventa y nueve de las ovejas hayan vuelto al aprisco ― a pesar del mucho cuidado que se había puesto en juntar a todo el rebaño, una oveja se había perdido, Pero esto no debía ser así: potencial mente, un alma es tan preciosa como cualquier otra. No debe extrañar, pues, que «hay más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento. » (Luc. 15: 7)

El buen pastor no pierde su objeto entre las estadísticas. No le basta con llegar a cumplir con su deber de una manera casi perfecta: tiene que cuidarse de que nada se pierda, y a menos que pueda salvarlo todo, es indudable que algo se ha perdido. Por eso no se fija en promedios; ni tampoco piensa en los individuos como cifras, sino como entidades separadas. Si un individuo se pierde, allí hay trabajo por hacer, y mucho.

La Dracma Pérdida. «Entre esta parábola y la de la oveja perdida, hay ciertas diferencias de bastante importancia, aunque el sentido general es más o menos el mismo. La oveja se había descarriado por voluntad propia; la dracma se extravió por culpa del descuido o de la negligencia de su propietaria. Esta, al descubrir su pérdida, empezó en seguida una esmerada búsqueda; barrió toda la casa, dándose cuenta quizá de rincones sucios que en otras ocasiones había olvidado, de cuartos llenos de polvo y de telarañas, de los que no se había acordado cuando alguien la alababa por su aparente limpieza y su buen cuidado exterior de la casa. Pero el trabajo que le dio buscar fue recompensado, y recuperó la moneda. Su gozo fue igual al del pastor cuando iba de vuelta a su casa con la oveja sobre sus hombros, recobrada ya. (Talmage, Jesús the Christ, pág. 456)

El Valor del Individuo. Si Dios es también el Padre de los perdidos, si el Buen Pastor no quiere que una sola de sus ovejas falte en el aprisco, o sí una moneda muy pequeña merece la pena de que se la busque afanosamente, podemos deducir que hay un valor intrínseco en cada uno de los hijos de Dios. Cuando esta idea nos viene al pensamiento mientras miramos las estrellas en una noche clara, nos sobreviene de pronto la pregunta: «¿Cuál es el lugar que debe ocupar el hombre en el gran universo de estrellas y espacio infinito?» Una y otra vez surge este problema; cada vez que consideramos la perfección de la obra de Dios, contemplando un paisaje sublime, o cuando consideramos la belleza de una rosa que se abre, o el suave calor de la mejilla de un bebé y la luz que brilla en los ojos de alguien a quien amamos. Entonces nos sentimos pequeños, muy pequeños, humildes y plenamente dominados, tanto física como mentalmente, en medio de aquello que parece ser tan grande y tan superior a nuestro entendimiento. Y no obstante, nos damos cuenta que la mente que puede sentir y comprender tanta hermosura, aun cuando en muy mínimo grado de apreciación, es mucho mayor que una rosa, una estrella, o una montaña. El hombre, si bien nos puede parecer insignificante cuando lo comparamos con el tamaño de la tierra, y muy limitado en su poder de acción cuando lo comparamos con las inmensidades del universo, es un ser inteligente, y como tal posee ciertamente un gran valor para el Creador inteligente del universo.

De modo que si el alma humana posee un valor durable, ya no es un mero incidente en el eterno curso del tiempo, ni un producto del azar a la merced de circunstancias fortuitas. Efectivamente, para que tengan un verdadero valor, las almas deben ser eternas, porque si tienen importancia para Dios, es indudable que Él ordenó un plan para que existieran siempre. Este plan era el que Jesús estaba estableciendo en la tierra. ¿Cómo, pues, hacer menos a los pecado res para preocuparse únicamente de los justos?

La importancia de cada alma depende de su valor intrínseco, de otro modo la paradoja de que hay almas que, despreciables a nuestros ojos, son preciosas ante Dios, no tendría razón de ser. ¿Cuál es este valor latente? No podemos enumerarlos todos, pero digamos al menos que uno de los principales debe ser la capacidad que posee el hombre de crear por su propio poder y dentro de su propia esfera.

Cada uno de nosotros tenemos un cuerpo, envoltura física del espíritu. Ciertas funciones de nuestro cuerpo, tales como el latir del corazón, la respiración, la digestión, las teníamos ya al nacer. Pero otras, como el andar, el hablare el pensar, las hemos adquirido. Esto quiere decir que el cuerpo físico, antes de que verdaderamente el espíritu pueda servirse de él, tiene que recibir su influencia creadora. Así pues, dentro de la esfera de su propio cuerpo, cada cual tiene el derecho y la responsabilidad de actuar como creador. Esta es una de las cosas más esenciales de lo que llamamos vivir.

En determinados ambientes, existen poderosas fuerzas compulsivas. Pero, por muy dominantes y exigentes que sean las influencias del medio ambiente, podemos orientarlas en todo momento, con tal que las contrarrestemos con esfuerzos creadores. (Véase el capítulo 9) Por pequeña que sea su libertad, la persona siempre tiene bajo su mando fuerzas creadoras. Y nadie, ciertamente, va a desear que este precioso derecho que tenemos de crear se eche a perder por culpa de una actitud irresponsable con respecto a la vida. Al contrario, todos debemos saber que una envoltura física bien equilibrada para el mejor servicio del espíritu, resulta directamente del esfuerzo creador; el desorden es el único resultado que se puede obtener si se confía nuestra vida a la casualidad.

Pero aun cuando se elimina lo fortuito, el azar, corremos todavía el peligro de dirigir mal nuestra actividad creadora. Si concedemos demasiada importancia a las cosas materiales, si insistimos demasiado en el aspecto físico y temporal de nuestras necesidades, nuestra personalidad se deforma y pierde su equilibrio. (Véanse los capítulos 11 y 12) No debemos eliminar nuestras necesidades físicas, pero sí debemos ponerlas en el lugar que es debido. Debemos usar la vida física como un medio, no como un fin. Es lo que Jesús tan claramente nos enseña al decir: «¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?»

No podemos ejercer nuestra actividad creadora de una manera más eficaz que cuando «perdemos nuestra vida», como nos lo pide Jesús, por hacer el bien; ayudar al prójimo, sin pensar en la recompensa, es hacer uso de la actividad creadora en su óptima expresión.

Así que, el valor intrínseco de nuestras almas debemos manifestarlo a cada instante por medio de nuestros esfuerzos creadores. No hay razón alguna que nos obligue a dejar para más tarde el vivir una vida ejemplar; no tenemos por qué esperar indolentemente, imaginando que somos perfectos, la venida del Señor. Tenemos la responsabilidad perpetua de demostrar nuestra valía construyendo sólidamente sobre la peña el edificio de una vida buena y virtuosa.

Nuestra Responsabilidad. Muchas almas, como la dracma, se pierden por culpa de la negligencia de otros. Estemos, pues, siempre listos para ayudar a otras almas a nuestro alrededor. La obra que tenemos que hacer parece una perogrullada, cuando la expresamos en palabras, pero si la hacemos bien, mostraremos a la perfección que hemos comprendido el sentido profundo de las parábolas de la oveja perdida y de la dracma perdida. La obra que tenemos por delante es: Intentar con todas nuestras fuerzas causar a nuestro alrededor un ambiente físico, social y espiritual de tal manera constituido que un niño pueda crecer en él de una manera normal y adquirir una personalidad digna de los derechos naturales que posee como hijo de Dios, Estas son medidas preventivas; además de ello debemos siempre estar preparados para actuar como buenos pastores cada vez que la ocasión se presente.

Referencias:
Parábola de la Oveja Perdida: Lucas 15: 1-7; Mateo 18: 12-14.
Parábola de la Dracma Perdida: Lucas 15: 8-10.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

    Me gusta

  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

    Me gusta

  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

    Me gusta

  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

    Me gusta

  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

    Me gusta

Deja un comentario