Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 31
EL VALOR DE PAGAR
EL PRECIO POR LA VIDA BUENA

« Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, para ver si tiene lo que necesita para acabarla? (Lucas 14:27-28)

Cuando uno ha comprendido plenamente que la vida buena se basa en los hechos, que sólo se puede llevar esta vida virtuosa si se cumple con los privilegios y responsabilidades recibidas, y que es preciso tener valor para aventurarse en el adelanto personal uno se hace la preguntan ¿Realmente vale la pena el hacer tantos esfuerzos?

Una vez más Jesús quiso mostrar a sus discípulos la importancia de sus enseñanzas. Quiso hacerles comprender que uno tiene la obligación de considerar seriamente todas las fases de la vida buena; que cada uno de aquellos que seriamente deseaba seguirle debía antes considerarlo muy bien. Con palabras claras les expuso las condiciones que había de cumplir el que quisiera ser su discípulo: «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos y hermanas, y aún también su vida, no puede ser mi discípulo.» (Lucas 14:26) No vayamos a creer que Jesús, les estaba predicando el odio. Jesús, que enseñó que era preciso amar a nuestros enemigos, que bendijo a los niños pequeños, y que hasta supo descubrir la bondad en los pecadores, ciertamente no enseñaba el odio ahora, sino que más bien, para que sus discípulos se dieran mejor cuenta de lo que les decía, empleo un lenguaje más fuerte, más rotundo; porque si se hubiera valido de otra forma menos enfática, quizás no le hubiesen comprendido con tanta claridad, si sencillamente les hubiese dicho: «Yo debo ocupar el primer lugar en vuestras vidas; el amor que debéis tener por mi debe ser mayor que vuestros lazos filiares y paternales, aún mayor que el amor entre el marido y su mujer.» Para los que aceptan su servicio en estas condiciones, ha dejado varios buenos consejos en las parábolas que seguidamente pasaremos a considerar.

Parábola de la Casa Desocupada. ― Hay muchas enfermedades que hoy sabemos que provienen de los efectos nocivos de los microbios o de trastornos orgánicos o nerviosos, pero que en tiempos de Jesús la gente creía que eran de origen diabólico. Basándose en esta creencia popular, Jesús les refirió la parábola de la casa desocupada. (Mateo 12:43-45) Un demonio acababa de salir de un hombre, probablemente porque éste había mejorado de salud mental, corporal o espiritual. El demonio, que ahora ya no tenía donde habitar, anduvo errante por lugares áridos, buscando reposo, y no lo halló. Se sentaba en las ruinas, andaba cerca de los sepulcros. . . Por fin se dijo a sí mismo: «Me volveré a mi casa de donde salí.» Y con gran satisfacción vio que la Casa «estaba barrida y compuesta, sin nadie que la habitara», y en mucho mejor condición para sus propósitos que cuando lo expulsaron de ella. La casa estaba vacía, nadie más había tomado posesión de ella. Pero para afianzar sus derechos a ser propietario de la casa, «tomó consigo otros siete espíritus peores que él.» Con este refuerzo estaba seguro de poder quedarse allí indefinidamente, sin que nadie pudiera expulsarle. Entraron todos en la casa que parecía estar preparada para su venida, tan bien barrida y compuesta estaba, y allí vivieron con seguridad y muy cómodos. Y la última condición de aquel hombre fue peor que la primera.

Aplicación de la Parábola de la Casa Desocupada. ― No se trata de una disertación sobre las costumbres de los demonios, sino de una apólogo que muestra el peligro que corre una nación o un individuo si deja vacía la casa de su alma.

Por ejemplo, el demonio de la idolatría había sido expulsado de la nación judía. Habían arreglado bien su casa por medio de las leyes mosaicas, y estaba dispuesta para recibir a un nuevo ocupante que estuviese lleno de entusiasmo hacia Dios y la vida buena, pero no fue hallado un ocupante digno. La casa había sido barrida, estaba bien arreglada, pero se encontraba vacía de entusiasmo verdadero por Dios y la vida virtuosa. El demonio de la idolatría volvió «con otros siete espíritus peores que él.» Establecieron nuevos ritos impíos, cargaron al pueblo con pesadas cargas y ritos complicados; las manifestaciones exteriores de rectitud fueron más que nunca un manto para cubrir la hipocresía; y el estado de la nación fue peor que antes.

La parábola puede aplicarse a las cosas modernas. Un partido político se hace de poder. Su administración es perfecta al principio, dedicándose al servicio del pueblo, pero finalmente sirve para colocar en buenos puestos públicos a ciertos miembros del partido. El pueblo acaba por indignarse y expulsa al demonio de la falta de eficiencia y lo arranca del poder. La casa vuelve a estar bien, barrida y adornada; pero los electores no insisten en que se encuentre otra clase de ocupante. No se hace nada para eliminar los abusos que han sufrido. El pueblo vuelve a caer en su letargo, sin preocuparse en cambiar, si es necesario, la forma de gobierno o la actitud de los funcionarios públicos. La casa está vacía, le faltan mejores ideales en forma de gobierno. El demonio de la ambición, al encontrar que la casa todavía carece de ideales altruistas, induce a otros demonios a que se junten con él, y el estado de aquel país es peor que antes.

La parábola se aplica a nuestras propias vidas. Por ejemplo, nos hemos arruinado el estómago con el hábito de comer demasiado aprisa. Pronto cambiamos esa costumbre, dejamos la casa limpia y la adornamos, pero la dejamos vacía porque no arreglamos nuestros asuntos de manera que podamos disponer de más tiempo para comer; no sabemos cultivar el hábito de la conversación agradable a fin de alargar el tiempo de nuestras comidas. Simplemente tratamos de masticar nuestra comida más lentamente. El demonio ha salido de nosotros, pero la casa está vacía. Muy pronto las ocupaciones de la vida nos obligan a apresurarnos más que antes; el tiempo de que dispongamos para comer va a hacerse cada vez más corto, y volveremos a comer apresuradamente nuestros alimentos.

Sin duda, es preciso echar de la casa al ocupante indeseable. Pero esto no basta: una casa que permanece vacía invita a los ocupantes indeseables a volver otra vez. Es preciso buscar con afán y cuidadosamente un nuevo ocupante que sea digno. No basta con alejarnos del mal; es preciso buscar el bien sin descansar, Para edificarnos una vida buena, no nos bastará con derribar los muros en los que hemos descubierto faltas de construcción, sino que debemos también reconstruir con determinación y valor. Repetimos aquí lo que ya se dijo en el capítulo 28, guardémonos de dejar nuestro carácter vacío después de expulsar el mal que había en él; debemos llenar este vacío con bondad creadora.

Parábola de la Torre No Acabada. ― «Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?» (Lucas 14:27-28)

Si en la vida fuéramos únicamente a hacer aquellas cosas que sabíamos de antemano iban a tener éxito, poco se haría en la vida, y el placer de aventurarnos no existiría en absoluto. No hay que pensar que el tener fe no vale nada. Todo lo que quiso enseñar Jesús con esto fue que antes de llevar a cabo una cosa calculemos previamente lo que va a costamos hacerla, para que luego no nos encontremos en «un mal paso»; y aún más que esto, buscaba la determinación que acompaña a los que han calculado el costo y desean todavía seguir adelante. Nunca debemos empezar una tarea como si fuese imposible el realizarla, como si la derrota y el fracaso nos acecharan a cada paso. Es mejor calcular el costo antes y luego decidir si hemos de iniciar o no la empresa. La fe debe tener bases buenas. Jesús quiso prevenir a sus discípulos que, para seguirle, debían pagar el precio requerido: pensar primero en El antes que en cualquier otra cosa. No podían hacerlo simplemente a medias, para que no se fuese a decir de ellos: «Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.»

Parábola de la Guerra del Rey. ― «¿O cuál rey, habiendo de ir a hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? De otra manera, cuando aún el otro está lejos, le envía una embajada y pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.» (Luc. 14:31-33)

Jesús quiere una vez más hacernos comprender que para alcanzar la vida buena, debemos proyectarla y considerar su costo, y luego empezar a construirla con vigor y reemplazar sus paredes mal construidas por otras buenas; y Él debe estar en nuestro corazón como rey sobre toda otra cosa, porque es el modelo viviente de la vida buena y virtuosa.

Referencias:
Parábola de la casa desocupada: Mateo 12:43-45; Lucas 11:24-26
Parábola de la torre no acabada; Lucas 14: 25-30
Parábola de la guerra del rey: Lucas 14: 31-33.

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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