Capítulo 32
HABILIDAD Y PREVISION
EN EL PROYECTO DE LA VIDA BUENA
«…porque los hijos de este mundo son en su generación
más sagaces que los hijos de luz.» (Lucas 16:8)
Jesús insistía en que sus discípulos se distinguieran por su devoción a la causa: que Él debía venir antes que cualquier otra cosa en sus vidas. Sin duda que algunos de ellos pensaban que aquello era exigir demasiado. Jesús, sin embargo, les pidió que reflexionaran un poco en las exigencias y la devoción que la riqueza, el «mammón de maldad», requería de aquellos que la deseaban. Y les trazo el cuadro, no de los «hijos de luz, sino de los seguidores de «las riquezas de maldad», de aquellos que querían obtener las riquezas materiales a todo costo. Jesús sabía que con la historia que iba a contarles corría el riesgo de que no todos le comprendieran. El personaje central de esta parábola, no conocía la honradez y era codicioso, contrastando notablemente con el padre del hijo pródigo, lleno de amor. Pero cuando Jesús quería referir una historia para impresionar a sus oyentes, no vacilaba en pintarla con atrevidos colores y sombrío aspecto. Aquellos que contemplan el cuadro que describió y sólo se dan cuenta de los colores sombríos, difícilmente podrán comprender la parábola, y quizá acusarán a Jesús de dar paso» libre a la falta de honradez y a la codicia; pero aquellos que la comprendan se darán cuenta de que en realidad Jesús pintó una obra maestra, y verán que la parábola constituye un estímulo que nos incita a tener habilidad y previsión en el proyecto de la vida buena.
El Mayordomo Injusto. ― La escena donde se desarrolla la parábola es la hacienda de un rico propietario. Los personajes son mundanos, y viven apegados a la riqueza material y al lujo, verdaderos seguidores de «las riquezas de maldad.» El mayordomo es el administrador de la hacienda. Ha cumplido bien con su trabajo; ha hecho contraías ventajosos con los arrendatarios, sus cuentas parecían estar en orden; desde hacía ya años, su administración producía grandes ganancias a su patrón. No obstante, corrió el rumor de que últimamente ya no había sido tan honrado como de costumbre, sino que se había apropiado de los bienes de su amo, y los había malgastado en compañía de personas de mal vivir. El amo le llamo, y le dijo: «¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía:»
«El mayordomo no pretendió negar la evidencia, y el amo le notificó en seguida que estaba despedido. Pero como iba a necesitar un cierto tiempo para poner en orden sus cuentas y transmitirlas a su sucesor, decidió aprovechar ese intervalo en que aun iba a gozar de autoridad para continuar sacando buen partido de la situación aunque iba a redundar en mayor perjuicio para su señor. (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 462)
«Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? Que mi señor me quítala mayordomía. Cavar, no puedo, mendigar, tengo vergüenza.» Pero su inteligencia fecunda pronto le sugirió una buena solución. Pensó dentro de sí: “¡Ya está! Voy a hacer favores a los arrendatarios mientras que todavía mando aquí, y quizás cuando ya no sea mayordomo me reciban en sus casas.”
Hizo venir primero al labrador de los olivares, que pagaba un barril de aceite por cada diez que producía. «¿Cuánto debes a mi señor?» «Cien barriles» fue la respuesta. «Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta», le dijo al asombrado arrendatario.
Después hizo llamar al arrendatario del trigal, que había producido mil coros de trigo, y debía por lo tanto cien coros a su señor. «Escribe ochenta», le mandó el mayordomo ― un porcentaje menor de reducción, pero quizá así sería más fácil obtener la ayuda del segundo labrador.
Así fue convocando a todos los deudores de su señor, y a cada uno le perdonó parte de su deuda. El amo se enteró de esta generosidad extraordinaria. Al principio se irritó por la audacia del mayordomo; pero luego, asombrado por el brusco cambio de carácter que se manifestó en su administrador, y que lo había convertido en bienhechor de los arrendatarios que hasta entonces había tratado con severidad, lo hizo comparecer ante él una vez más, y le dijo: «Bien has obrado; has tenido previsión en velar por tus intereses para cuando ya no tengas trabajo; me causa asombro ver que los hijos de este siglo son en su generación tan sagaces cuando se trata de sus propios intereses.»
El Tema de la Parábola. ― Jesús añade, a título de comentario: «Porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz. Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.» Jesús tenía por objeto presentar el contraste entre el cuidado, la diligencia, el celo que ponen los hombres en los negocios financieros, y la tibieza y vacilación de aquellos que afirman hacer grandes esfuerzos por adquirir las riquezas espirituales. Las personas que aman las cosas de este mundo no dejan escapar ninguna ocasión de acumular dinero, mientras que «los hijos de luz» o aquellos que creen que la riqueza espiritual está por encima de todas las demás cosas, no tienen la misma prudencia, ni la misma energía.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 463)
Así pues, es el celo, y no las acciones de las gentes de este mundo, que los «hijos de luz» deben imitar.
El mayordomo era realista. Sabía bien que pronto iba a tener dificultades para encontrar un nuevo empleo. Supo prever lo que iba a suceder después; de modo que se preparó para resolver su problema cuando éste se presentara, y ciertamente obró con diligencia a fin de realizar su plan, Jesús no quiere que emulemos o que excusemos al mayordomo de su falta de honradez o su codicia, sino más bien que penetremos el exterior de la parábola, y comprendamos el tema principal: el celo del mayordomo, su previsión, y la manera inteligente de resolver sus problemas. Si este hombre indigno pudo obrar de este modo, ¿por qué no van a poder «los hijos de luz» mostrar el mismo celo para alcanzar la vida buena? Todavía no se ha encontrado respuesta a esta pregunta.
Los Problemas Modernos. ― Los «hijos de luz» y los seguidores de «las riquezas de injusticia» están hoy en constante lucha. ¿Cuál de los dos grupos va a demostrar que posee mayor celo, mayor prudencia, mayor previsión? Algunos de los «hijos de luz», por ejemplo, al ver que aumenta la venta de tabaco por causa de la mucha propaganda que se hace en la radio y en las revistas, piensan que se puede hacer disminuir el número de fumadores empleando el mismo procedimiento. Admitámoslo así, pero en este caso deben más bien imitar su celo, su ingeniosidad y su energía, y no los detalles de su propaganda. Los «hijos de luz» deben ser realistas, deben buscar los mejores métodos de ser útiles a la humanidad, no solamente oponerse a algo malo, sino también dedicarse con esfuerzo al, desarrollo de la vida buena, dentro de la cual no hay cabida para el hábito de fumar. Jesús quiere que tengamos celo, prudencia e imaginación en nuestra lucha por el bien.
En toda colectividad humana, es fácil darnos cuenta de que el afán por el dinero, el culto de «las riquezas de injusticia» ha dado lugar a toda suerte de prácticas ingeniosas y eficaces. ¿No podrán los «hijos de luz» defender su causa con el mismo celo, la misma prudencia, y la misma ingeniosidad? ¡Mucho es el trabajo que está aún por hacer!
Referencias:
Parábola del Mayordomo Injusto: Luc. 16: 1-19

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
Me gustaMe gusta
Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
Me gustaMe gusta
Buenísimo los discurso
Me gustaMe gusta
Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
Me gustaMe gusta
Esta bien gracias
Me gustaMe gusta
Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
Me gustaMe gusta