Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 34
LAS COSAS DE MAYOR IMPORTANCIA VAN PRIMERO

«Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.» (Mateo 22:14)

La parábola de la Gran Cena (Lucas 14; 15-24) y la de la Boda del Hijo del Rey (Mateo 22: 1-10) tienen mucho parecido en cuanto al tema, aunque Jesús las pronunció en circunstancias completamente distintas. La que se halla en el evangelio según Mateo la refirió en el templo ante los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, y describe el banquete de bodas del hijo de un rey. La pronunció en el templo, junto con las otras parábolas que estudiamos en el Capítulo 29, cuando la oposición de los fariseos había llegado a su apogeo. La primera parábola, que se encuentra en el evangelio según S. Lucas, forma parte de una conversación que sostuvo Jesús estando a la mesa de su amigo Simón el Fariseo, y se le nota un tono más amable. En esta parábola un hombre rico, no un rey, es el que ofrece el banquete, y en ella no se mata a ningún siervo, ni se hace empleo de la fuerza para sofocar una pequeña rebelión. Puesto que el tema de las dos parábolas es el mismo, consideraremos más detalladamente la historia narrada por S. Lucas, y mencionaremos la de S. Mateo sólo como prefacio a la parábola del vestido de bodas que también estudiaremos en este capítulo.

La Parábola de la Gran Cena. Después de haber elogiado la humildad (véase el Capítulo 35) Jesús aconsejó: «Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan a convidar, y te sea hecha compensación. Más cuando haces banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; más te será recompensado en la resurrección de los justos.» (Lucas 14: 12-14)

Este consejo, que tomó la forma de una ligera reprensión, pareció enfriar un poco la cordialidad reinante, aunque nadie podía ofenderse. Jesús simplemente les indicaba que debían considerar primero las cosas de mayor importancia, y ciertamente nadie podía tomar esto a mal. Si uno ofrece un banquete con la esperanza de verse recompensado, este gesto que habría podido ser un acto generoso, se convierte en una simple transacción. Pero si invitan a personas que no pueden devolver la fineza, entonces no hay duda de que la invitación tiene que salir directamente del corazón. Lo que Jesús dijo fue a la vez un encomio y una reprensión para Simón. Este había invitado a Jesús por amor hacia Él; esto era bien patente, ya que Jesús no estaba en condiciones de poder corresponder a su cortesía. Pero cuando Simón y sus huéspedes se pusieron a considerar su situación comprendieron que muchos de ellos estaban allí principalmente debido a obligaciones sociales.

Cuando damos un regalo o hacemos una ofrenda, sea que se trate de un regalo de Navidad, una comida, un regalo de cumpleaños, una ofrenda de ayuno, el pago de nuestros diezmos, o cualquier otro acto generoso, nuestra actitud puede hacer que este acto degenere en un simple intercambio o puede ser una manifestación de generosidad desinteresada. Es bueno hacer regalos y dar nuestros bienes y rendir servicios con la esperanza de vernos recompensados más bien que acumular riquezas y dejar que se pierdan nuestras capacidades, pero es mucho mejor aún hacer regalos y ayudar a nuestro prójimo sin esperar recibir recompensa alguna.

Con ello podemos darnos cuenta de la importancia que tiene el colocar primero las cosas de mayor importancia; de considerar en primer lugar hacer regalos y ayudar a nuestros semejantes sin esperanza de recompensa, más bien que ofrecer los regalos con la esperanza de ser galardonados, o acumular sin fruto las riquezas.

Como ya dijimos, la conversación probablemente se volvió un tanto embarazosa. Uno de los invitados, sin duda para normalizar la situación, dijo: «Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.» Este comentario no parece significado particular, pero sí ocasionó otra parábola.

La Parábola del Gran Banquete. ― El rico había hecho preparar un gran banquete e invitado a numerosas personas hacia las cuales sin duda sentía alguna obligación social, a otras personas ricas como él, que estaban en posiciones de mucho prestigio y que darían a su fiesta un cierto aire de dignidad, y finalmente a unos cuantos de sus amigos íntimos. La lista de invitados era larga, pero a todos los había invitado oficialmente. Por fin llegó el día de la fiesta, la comida estaba preparada. A la hora del banquete envió a su siervo a decir a los convidados que todo estaba dispuesto. Todos unánimemente empezaron a excusarse.

Uno acababa de comprar un campo y tenía que salir a verlo. No cabe duda que había tenido bastante tiempo para verlo cuando lo compro, pero deseaba verlo otra vez, quizá para vanagloriarse de haber hecho una buena compra, o quizá para regocijarse pensando en que se había convertido en propietario de un terreno, o tal vez para tomar disposiciones con el fin de hacer que el terreno produjera lo más que fuera posible; no importa cuál fue la razón, el caso es que su propiedad le impidió asistir a la fiesta, ¿Estaba dando primera consideración a las cosas de mayor importancia?

Otro había comprado cinco yuntas de bueyes. Ahora estaba haciendo las cosas en grande escala. Sus amigos más ricos tenían tan solo dos bueyes, y ahora él poseía diez. Las preocupaciones de su negocio no le permitían asistir al banquete. Sin duda, había examinado ya los bueyes al momento de la compra, tenía la perspicacia suficiente para tomar esta precaución. Pero tenía que ver estos bueyes trabajando, sea para darse cuenta de su rendimiento, sea para admirar sus diez hermosas bestias. De modo que no pudo asistir al banquete por causa de sus cinco yuntas.

Otro acababa de casarse. buena excusa sin duda para no hacer caso de la invitación. ¡Cuán fácil era el encontrar excusas para no dar primera consideración a las cosas de mayor importancia!

Con todas estas excusas el banquete iba a ser un fracaso a menos que se pudiera arreglar algo. No iba a poder cumplir con sus obligaciones sociales; iba a perder la ocasión de rodearse de personas interesantes. Pero también era preciso hacer algo en seguida, y no lamentarse, porque los pocos amigos verdaderos que iban a venir, sin duda no iban a poder consumir toda la comida que había preparado. . . Lleno de irritación el amo de casa dijo a su siervo: «Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.» Sin duda que estos pobres desamparados, de los que nadie se acordaba, no iban a negarse a ir.” Hubo muchos que aceptaron, pero eran demasiado pocos para llenar la gran sala del banquete. Y el amo dijo a su siervo: «Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.» No quería que quedase un solo lugar libre, por si acaso alguno de los primeros invitados había cambiado de parecer,

La parábola tenía una aplicación doble. En primer lugar, mostraba cuán fácil es interesarse uno en sus campos o ganado, o aun su vida familiar, a tal grado que llegamos a descuidar nuestras grandes oportunidades, Y así, el que no sabe colocar en primer lugar las cosas de mayor importancia puede verse reducido a comer migajas, cuando pudo haber asistido a un gran banquete. La parábola se dirigía también a los caudillos religiosos de Israel. «El pueblo de la alianza, Israel, era el principal invitado» Mucho tiempo antes que llegara el día del convite, se les había rogado que viniesen, y, en virtud de su manifiesta adhesión al Señor, habían aceptado. Llegada la fecha convenida, el Mensajero, enviado especialmente por el Padre, había ido para recordarles su promesa; aun estuvo entre ellos, Pero el cuidado de sus bienes, el deseo inmoderado de las riquezas y los placeres de la vida social o doméstica les habían impedido venir; habían presentado sus excusas o de mal modo habían declarado que no podían ir. Entonces la invitación fue dirigida a los gentiles, a los que eran considerados como pobres en materia espiritual: los tullidos, los cojos y los ciegos. Y más tarde, aun los paganos que vivían fuera de la ciudad, los extraños que estaban a las puertas de la ciudad santa, podrían asistir al banquete . . . La posibilidad de que algunos de los invitados descorteses llegaran más tarde, después de haberse atendido sus propios asuntos, queda indicada en las palabras del Señor: «Porque os digo que; ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 452.)

Parábola del Vestido de Boda. ― El banquete de bodas estaba listo; los invitados, vestidos con sus trajes de etiqueta, esperaban la llegada del cortejo real. (Mateo 22: 11-14) «Y entró el rey para ver a los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de bodas? Mas el cerró la boca.»

Otros no habían tomado el banquete en serio (Mateo 22: 1-10) Y no habían ido. Pero por lo menos no habían querido engañar a nadie. Simplemente no habían dado primera consideración a las cosas de mayor importancia. Este hombre tampoco había tomado el banquete en serio, puesto que no se había vestido con su traje de gala; pero había asistido de todos modos, pensando que podría quedarse si pretendía. Pero su hipocresía había sido descubierta; lo expulsaron de allí porque había fingido servir al rey, cuando en realidad estaba sirviendo a mammón.

Si aplicamos la parábala a lo que sucede en nuestra época, es to es lo que va a ocurrir con muchos que han recibido sus investiduras en los templos. Si se quitan su «vestido de bodas» y menosprecian su carácter sagrado, y a pesar de ellos salen al encuentro del esposo, van a encontrarse con que «muchos son los llamados, y pocos los escogidos».

Referencias:
La parábola de la Gran Cena: Lucas 14: 15-24; Mateo 22: 1-10 (Banquete de la Boda del Hijo del Rey)
La parábola del Vestido de Bodas: Mateo 22:11-14.

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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