Capítulo 38
LA COMPASION VERDADERA
«Y le dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, por su parte, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú eres atormentado.» (Lucas 16:25)
El gran abismo que existe entre la riqueza y la pobreza impide que muchas personas puedan amar verdaderamente a su prójimo. Si todos pudiésemos pensar en otra cosa que en el bienestar material, veríamos abierta ante nuestro paso una tierra llena de oportunidades espirituales, un cielo donde las cosas físicas tienen tan poca importancia, que las riquezas de este mundo cesan de tener atractivo. Jesús siente compasión tanto por los ricos como los pobres, sabiendo que ambos pueden ser ricos y pobres, aunque en diferente sentido. Es lo que nos da a entender en la parábola del rico y del pobre Lázaro.
La Parábola del Rico y del Pobre Lázaro. ― La primera escena de la historia se desarrolla en Palestina; los personajes son un rico, del que no se nos da el nombre, y un mendigo, Lázaro. En este primer cuadro no se habla una sola palabra; se nos describe al rico vestido de hermosa ropa «de púrpura y lino fino, y celebrando cada día espléndidos banquetes»; su casa estaba llena de provisiones y tenía numerosos servidores. Su mansión se encontraba en medio de un hermoso jardín. Un lacayo guardaba la puerta. Todos los ricos de la ciudad podían entrar en su casa, pero los pobres debían quedarse a la puerta.
A la puerta se sentaba un mendigo de aspecto miserable, vestido de harapos, terriblemente sucio. Su cuerpo estaba cubierto de llagas, que los perros hambrientos venían a lamer, siempre en busca de algo que comer. Todos los días hacía que le llevaran a la puerta del rico» y todos los días suplicaba que «le dejen hartarse de las migajas que caen de la mesa del rico.» Así el cuadro nos presenta el terrible contraste entre la riqueza y la miseria.
La acción pasa a la segunda escena, que representa la otra vida. Se ven dos moradas, el cielo y el infierno. En el cielo vemos a Lázaro, en el seno de Abraham. La muerte había hecho cesar sus sufrimientos; quizás los perros hambrientos habían devorado su cuerpo, pero su alma la habían llevado los ángeles, y la habían conducido al cielo.
En el infierno encontramos al rico. Había muerto también, y le habían hecho suntuosos funerales. Pero no hubo ángeles para guiarlo a las mansiones celestiales, y luego de mucho errar y perdido, se encontró con que su morada era el infierno.
Cuando se levanta el telón, oímos que el rico está clamando; «Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.» Y Abraham le responde: «Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y lázaro también males; más ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.» Y aconsejando al rico que mire a su derredor, prosigue: «Y además de todo esto, una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.»
Devorado por el remordimiento, el rico comprendió que era por su culpa que estaba en el infierno, porque durante toda su vida su principal preocupación había sido los bienes materiales, y había descuidado sus oportunidades de vivir una vida buena. La morada de su vida espiritual estaba enteramente vacía porque no había sabido considerar primero las cosas de mayor importancia. Instruido ahora por la terrible realidad, clamó otra vez: «Te Ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre; porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también a este lugar de tormento.» Pero el rico repuso: «No, padre Abraham, más si alguno fuere de ellos de los muertos, se arrepentirán.» Y Abraham le dijo: «Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.» (Lucas 16: 24-31)
Cae el telón, y concluye la tragedia.
La Compasión Verdadera. ― En la primera escena, nuestra compasión va hacia. Lázaro a causa de su extrema miseria; en la segunda hacia el rico, separado del cielo por un gran abismo. Al estudiar este drama, vemos que Lázaro no sirve más que para resaltar el contraste; en realidad es el rico el que desempeña el papel principal. Si su vida hubiese sido mejor, no se encontraría en el infierno, y Lázaro, en la tierra, no habría sufrido una miseria tan cruel. Sin embargo, el rico no habría cumplido con todo su deber, si sólo hubiese permitido que Lázaro comiera las migajas de sus banquetes, o si de vez en cuando le hubiera dado una moneda. Ni hubiera sido bastante con enviar a Lázaro a un hospital para curarse de sus heridas, pagando sus gastos. Lázaro, ciertamente, se hubiera beneficiado grandemente; pero el rico aún habría estado cavando un abismo entre ellos, un abismo que se puede cubrir con la caridad; porque la caridad es a veces una expresión del egoísmo. Habría sido preciso que hubiera en su corazón del rico un verdadero deseo de compasión, de consagrar su vida a los demás, sin pensar en la recompensa merecida. El rico estaba en mejor posición que los demás, sin pensar en la recompensa merecida, El rico estaba en mejor posición que los demás, puesto que sus riquezas le ayudaban en ello, en lugar de impedírselo. En el infierno se encontró con que era muy pobre, porque no había podido llevar consigo sus bienes materiales, y eso era todo lo que poseía.
El Dar Es la Expresión de la Compasión. ― El dar de uno mismo sin esperanza de recompensa, es la verdadera expresión de la compasión. Este don tiene un efecto doble: hace sentir los efectos de la compasión tanto al que da como al que recibe, El rico y Lázaro hubieran sacado partido de una caridad generosa por parte del primero ― el uno y el otro hubieran sido ricos en esta vida y ricos en el cielo.
Los principios de esta generosidad deben provenir de tres orígenes distintos: las actitudes y las acciones del que da, las actitudes y las acciones del que recibe, y finalmente un reparto equitativo de las cosas que se dan.
Todos debemos dar. El rey Benjamín expresó esta verdad fundamental cuando dijo: «Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos? ¿No dependemos todos del mismo Ser, sí, de Dios, por todos los bienes que tenemos; por alimento y vestido; por oro, plata y toda clase de riquezas que poseemos?» (Mosiah 4:19)
Sí aceptásemos el principio de que no somos más que administradores de nuestros bienes materiales, de nuestro tiempo y de nuestros talentos, guardianes temporales de los dones que recibimos de Dios, no nos apegaríamos de manera tan egoísta a lo que poseemos, fuesen bienes materiales o talentos, y nos sentiríamos más dispuestos a dar lo que llamamos nuestro. Así pues, esta idea de que todo lo que poseemos es algo que se nos ha confiado y nosotros somos únicamente los administradores, tiene gran importancia, Además, nuestras dádivas no deben circunscribirse a las cosas materiales, Es preciso consolar a los afligidos, dar facilidades y trabajo, abrir horizontes morales, alentar a los demás con elogios justificados, dar el ejemplo.
Todos debemos de estar agradecidos por algo que hemos recibido, «Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos?» Cuando éramos niños se nos daba alimentación y protección, y no hemos podido devolver nada de esta ayuda recibida. Más tarde continuamos recibiendo; pero es preciso pensar en ayudar a los demás. Devolvamos primero lo recibido, agradeciendo la ayuda que se nos ha brindado, La persona más humilde y la más necesitaba puede hacerlo, porque nadie tiene el derecho de ser pobre en cuanto a las cosas espirituales, Podemos esforzarnos en necesitar lo menos posible la ayuda ajena. Podemos ayudar a la colectividad a la que pertenecemos, sin reducir nuestros talentos, a pesar de que nuestros esfuerzos no reciban recompensa monetaria. Para obtener un reparto equitativo de las cosas que se dan, es preciso una organización. Es lo que se hace en nuestra Iglesia, El Plan de Bienestar, Hemos hablado ya de los propósitos de esta organización en el Capítulo 37.
Referencias:
La parábola del rico y de Lázaro: Lucas 16: 19-31

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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