Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 39
LA DISPOSICION DE RENUNCIAR A LOS
BIENES TERRESTRES POR LOS TESOROS EN EL CIELO

«Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre
no consiste en la abundancia de los bienes que posee.»
(Lucas 12:15)

En la parábola del rico y Lázaro, el rico descubre que durante toda su vida estuvo cavando un abismo que le impidió llegar hasta el cielo. Habría podido salvarse si hubiese comprendido que, usando de la verdadera, compasión con el mendigo, habría sido compasivo, al mismo tiempo, consigo mismo. La falta de compasión fue, su piedra de tropiezo. En la parábola del rico insensato, vemos que otra piedra de tropiezo es la avaricia. Jesús comprendía muy bien los obstáculos que se alzan entre las riquezas y el cielo, cuando dijo: «Un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.» Sin duda que Jesús no desaprobaba la posesión de bienes materiales, pues su propia túnica debía ser de bastante valor para que los soldados se hubieran jugado entre ellos. Pero cuando las riquezas se convierten en una piedra de tropiezo, debe decirse: «Insensato… la vida del hombre no consiste en la abundancia de las cosas que posees.»

Un día en que Jesús hablaba a una gran muchedumbre, uno de sus oyentes le dijo; «Maestro, di a mí hermano que parta conmigo la herencia.» Justamente cuando Jesús acababa de exhortar a la multitud a tener confianza en Dios ― «pues ni un solo pajarilla está olvidado delante de Dios» ― le salía este hombre con el espíritu y el corazón poseídos por la idea de los bienes materiales, de la herencia, de la que quería recibir una parte. Sin duda alguna, no había venido para aprender sino para hacerse ayudar. ¿Y por qué no se había dirigido a un abogado? Jesús fue paciente con él, pero firme. «Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros?» Y haciendo alusión a los motivos de aquel hombre, dijo a la multitud: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.»

Se presentaba una nueva ocasión de enseñarles. Era preciso hacer comprender a aquel hombre y a la multitud que los bienes materiales pueden ser obstáculos en la adquisición de tesoros en el cielo. De modo que Jesús cambió su tema y les refirió la parábola del rico insensato.

La Parábola del Rico Insensato. ― Un rico tenía una granja muy productiva, no sólo por causa de la buena calidad del terreno, sino por un cuidado excelente. Había ganado su fortuna, no explotando a sus obreros mediante negocios poco honrados, sino con su trabajo y su frugalidad. No era avaro, pues a pesar de que deseaba hacerse rico, tenía la intención de retirarse pronto y «comer, beber, y holgarse en gran manera.» En nuestra época se le consideraría un pionero, un hombre práctico que había hecho fértil el desierto gracias a su inteligencia, su economía y su constancia, y con la ayuda de los recursos de un suelo virgen. Este hombre estaba orgulloso de lo que había hecho. «No tengo donde juntar mis frutos.» Poseía más de lo que necesitaba, y no obstante, quería poseer todavía más. Vio la posibilidad de trabajar mucho ahora, y luego retirarse pronto con abundancia de posesiones para vivir bien el resto de su vida. Se dijo: «Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mí alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.»

Quizá el exceso de trabajo, la fatiga física y mental, le habían agotado las fuerzas. El hombre murió ― por haber trabajado demasiado, dijeron sus amigos. Lloraron su muerte como era debido, y le elogiaron, diciendo que era el mayor bienhechor de la región. Pero Dios dijo: «Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?» Y Jesús terminó aplicando a todos esta lección: «Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.»

Este rico no era malo, pero sí necio. Había pasado su vida ganando y acumulando bienes que parecían tener cierto valor, pero que en realidad no tenían ninguno. Cuando volvieron a pedir su alma, estaba vacía. Era pobre. Si hubiese ido tras los tesoros en el cielo con el mismo celo que había mostrado en producir y acumular las cosechas y las frutas, habría vivido con prudencia. Pero se había identificado con sus bienes materiales; la avaricia había tomado el lugar de la generosidad, y especialmente de la generosidad en darse a sí mismo.

Es Preciso Dominar la Avaricia. ― «¿Cómo podemos dominar la avaricia? De dos maneras: limitando el deseo de los bienes materiales, y otras ventajas de que otros con igual energía y capacidad no pueden disfrutar; y poniendo en primer lugar los bienes espirituales, es decir, el conocimiento, la prudencia, el gusto artístico, los valores morales y religiosos. Estos bienes podemos compartir con todo el mundo; cuanto más rico se es en estos bienes, más podemos ayudar a los otros a adquirirlos. Nuestra intención no es la de negar el valor de los bienes materiales, que pueden ser excelentes medios para ayudarnos a alcanzar las riquezas espirituales, pero deberíamos considerarlos como medios y no como fines. Deberíamos servirnos de ellos para dar a todos los hombres libre acceso a los bienes espirituales, y la medida en que pueden llegar a poseerlos. Es el problema principal de la justicia social, que actualmente constituye una de las preocupaciones más grandes para todos los estados.

«La filosofía estoica, que limita los deseos en lugar de intentar satisfacerlos sin restricción, tenía un gran valor moral. No obstante, es preciso desarrollar esta cualidad del carácter sin abusar de ella de tal manera que lleguemos a extremos abusivos. Debemos utilizarla para alcanzar la espiritualidad. Nunca debe tener por consecuencia el dificultar el progreso social o individual.

«La avaricia se ve generalmente acompañada de la ambición de exaltarse uno mismo, o el deseo de gratificar sus deseos personales. Por el contrario, los esfuerzos hechos en favor del progreso social, generalmente eliminan la avaricia.» (Moral Teachings of the New Testament, de Milton Bennion, págs. 171, 172)

La Riqueza Material y la Industria. ― Todos nosotros vivimos en un mundo material. Los alimentos, los vestidos, una morada, nos son indispensables. No es posible procurarse los frutos de la mente y del espíritu sin satisfacer antes las necesidades materiales fundamentales, Pero no es necesario acumular estos bienes materiales, como algunos pueden pensar, antes de empezar a buscar las riquezas celestiales. Basta con llegar a un equilibrio éntrelo material y lo espiritual. En realidad, podemos dirigir nuestros esfuerzos en estas dos direcciones a la vez, si en la ventura de la vida tenemos el valor de dar primera consideración a las cosas importantes, si interpretamos el valor de los bienes materiales y sí dirigimos el movimiento industrial moderno dentro del espíritu del evangelio. Esto representa un esfuerzo en interpretar el movimiento industrial moderno en términos de los fundamentos cristianos.

Antes de la invención de las máquinas, el hombre lo fabricaba todo con sus manos. El artesano miraba de alcanzar la belleza al propio tiempo que la utilidad. Los objetos eran el resultado de un es fuerzo creador; servían para expresar la personalidad. ¿Acaso no precisamos nosotros esta oportunidad a fin de mantener el equilibrio entre el espíritu y el cuerpo? ¿Quién de nosotros no ha experimenta do el gozo de fabricar algún objeto con nuestras propias manos ― un florero, un cerco, una mesa, un vestido?

Pero la máquina ha introducido para la mayor parte de los obreros, con excepción de los dibujantes y algunos otros expertos, la rutina de un trabajo sin interés que no es más que una interminable repetición. Nunca acaban un trabajo por sí mismos ― no pueden crear nada; sus movimientos manuales han sido regularizados por el ingeniero. Se fatigan menos, pero son esclavos de la monotonía. El trabajo ya no es más que un medio de ganar dinero, y no les produce gozo. Es preciso encontrar fuera de las horas de trabajo la ocasión de expresar su personalidad. Y lo peor es que el perfeccionamiento de las máquinas reduce constantemente el número de obreros que se necesitan para la obra.

Aquellos que tienen un empleo pueden, si hacen economías, ahorrar un poco de dinero cada mes. Es bueno invertir este dinero. ¿En qué? En algo que les proporcione un porcentaje razonable cada año. Los ingenieros han demostrado que las fuerzas naturales aplicadas a las máquinas pueden producir con menos esfuerzo y con me nos gastó los objetos que necesitamos. Los economistas han demostrado que el dinero invertido en tales empresas produce intereses. De modo que invertimos nuestro dinero en la industria, es decir, compramos un cierto número de unidades mecánicas que trabajan mientras que nosotros «dormimos» o nos ocupamos en otra tarea cualquiera. Es nuestro deseo poseer cada vez más, nos esforzamos en poder comprar un poco más de estas unidades mecánicas, sin preguntarnos si estas máquinas con el tiempo no van a tener como resultado la pérdida de empleo de un cierto número de obreros. Si estos obreros despedidos pudiesen comprarse otras máquinas que trabajasen para ellos, esto estaría muy bien. Pero por desgracia, este no es el caso; y sin trabajo, no pueden comprarse los objetos de primera necesidad. Por lo que finalmente se acumulan en el mercado, los objetos fabricados por las máquinas, ya que no se pueden vender.

No se trata, desde luego, de querer suprimir las máquinas. Si las usamos con juicio y en proporción adecuada, pueden ser una bendición para la humanidad. Lo que necesitamos es encontrar el equilibrio entre el número de máquinas y el número de obreros, entre las economías de los gastos de la región y los gastos de salarios que hacen vivir a los obreros, entre el capital que poseen los patrones y el capital que debe pasar a manos de los obreros. Hasta hoy este equilibrio no se ha podido lograr de una manera satisfactoria. Para hacer frente a este gran problema de nuestros días, no es preciso tener ideas justas, un verdadero espíritu de cooperación, y sentimientos generosos ― es decir, ser sinceramente religiosos. En lugar de dejarnos arrastrar en todas direcciones por las innumerables teorías que cada día se nos proponen, inspirémonos en el evangelio de Jesucristo, modelemos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones de acuerdo con las enseñanzas del Maestro. Sobre todo, trabajemos, y ayudemos a crear una atmósfera moral en la cual el capital y el trabajo renunciarán tanto el uno como el otro, a la codicia, y considerarán la posesión de los bienes materiales. Tal vez se reirán de nosotros los industrialistas tenaces, y se burlarán los obreros orgullosos de sus músculos; pero que nos muestren, si pueden, principios más durables que las enseñanzas de Jesús.

Referencias:
La parábola del rico insensato: Luca, 12: 13-21.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

    Me gusta

  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

    Me gusta

  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

    Me gusta

  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

    Me gusta

  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

    Me gusta

Deja un comentario