Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 41
LA VIDA ETERNA

«De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos,
mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»
(Mateo 25:40)

Después que Jesús hubo pronunciado la parábola de los talentos, les refirió la parábola de las ovejas y de los cabritos, que simboliza el juicio final. (Mat. 25:46) Se trata más bien de un sermón que de una parábola, aunque ciertas de sus partes están descritas en forma realmente parabólica. Realmente podemos considerar esta narración como una descripción profética de la segunda venida y del juicio final.

El divino Maestro quiso ampliar la misión de sus apóstoles, hacerles ver más allá de su segunda venida, el juicio final. ¿Durarían las doctrinas del Maestro hasta el fin de los tiempos? ¿Podría la vida buena edificada según el modelo del Hijo del hombre, soportar el juicio final? Quizá en la mente de sus discípulos podrían surgir preguntas semejantes, y Jesús quería darles esta última y positiva seguridad.

La Gloriosa Segunda Venida. ― El grano de mostaza había echado raíz, pero la planta aún no estaba madura. La levadura había empezado a leudar, pero la masa aún no estaba totalmente leuda. Si el Maestro se marchaba, se extendería su reino por toda la tierra. Si Jesús había sido el buen pastor, ¿iba a ser también el rey? A fin de disipar las dudas de los apóstoles, dijo Jesús: «Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.» Sí, el reino iba a llenar toda la tierra, y su Señor iba a ser el juez. (Mateo 25:31-32)

El juicio Final. ― ¿Cuál es la base sobre la que van a ser juzgados los hombres? ¿Será a base de su raza, su color? ¿El cumplimiento literal de la ley como ceremonia ritualista? ¿El privilegio de cuna noble o el prestigio de la riqueza? ¿Una extensa erudición? ¿El hecho de haber recibido el Sacerdocio? Jesús dio la respuesta:

«Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda, Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre, y me disteis de comer tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.

«Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

«Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuarto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.» (Mateo 25:33-40)

Aquí aparece claramente que el juicio va a basarse en la ayuda prestada a los demás. No el altruismo egoísta, sino la clase de ayuda que se presta sin pensar o esperar una recompensa, la clase de ayuda de que hablaba Jesús al decir: «¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber?» Llamamos a esta clase de ayuda, ayuda desinteresada.

Puesto que ni la raza ni el color constituyen la base de la ayuda desinteresada, a nadie debe darse o a ninguno privarse de las bendiciones del reino preparado para las «ovejas», simplemente a causa de su raza o de su color.

Si una ceremonia ritualista puede favorecer la ayuda desinteresada, entonces habrá constituido un medio para llegar a un excelente fin, pero tal manifestación exterior, por sí misma, no puede darnos acceso al reino de los cielos. Como sucedió con los escribas y fariseos, el ceremonial puede excluirnos del reino, porque puede ocupar el tiempo que de otro modo destinaríamos a la ayuda desinteresada. Y puede atraer nuestro interés hacia los signos exteriores, descuidando las necesidades humanas. En cuanto a las ceremonias, debemos preguntarnos: ¿Nos conducen a prestar ayuda desinteresada? Si no es tal el caso, no tienen valor alguno y debemos rechazarlas.

En cuanto a las ventajas de una cuna noble o de la riqueza, pueden posiblemente hacernos entrar en el grupo de las «ovejas», si nos ayudan a ser mejores y más útiles a nuestros semejantes. Con demasiada frecuencia, estas ventajas son más bien obstáculos, y pueden ser piedras de tropiezo, tal como lo podemos ver en gran parte de las parábolas de Jesús. Todo lo demás, la nobleza y la riqueza, no son más que medios, y nunca fines.

La gran erudición, de por sí, no califica a uno para formar parte del grupo de las «ovejas», pero si un hombre muy instruido se sirve de sus conocimientos para prestar ayuda al prójimo, hace un uso muy loable de su saber. Una ayuda, inteligente y desinteresada es la más alta expresión del amor al prójimo. Así pues, nuestras escuelas deberían continuar estimulando la gran erudición y los conocimientos técnicos, pero deberían al mismo tiempo mirar que estas ventajas pudiesen emplearse en ayuda inteligente y desinteresada.

El no hacer nada malo es una virtud negativa. Como esto no implica que se presta ayuda a los demás, no es por consiguiente, suficiente para estar con el grupo de las «ovejas». Léase de nuevo el Capítulo 35 a este respecto.

Si el bautismo es un convenio sagrado, tal como debería ser, entre el hombre y Dios, y si el hombre cumple con este contrato, esto implicará mucha ayuda inteligente y desinteresada, y el bautismo puede ser la base para ser clasificado como una «oveja» en el juicio final. Con respecto a esta ordenanza, nos hacemos esta pregunta: ¿Estimula acaso la ayuda desinteresada? Ciertamente, porque, habiendo descubierto el poder de salvación de la fe y del arrepentimiento, la persona bautizada promete en su corazón que va a edificarse una vida ejemplar a semejanza de la de Cristo, mediante una fe continua en el Señor Jesucristo, y su modo de vivir, y mediante un verdadero arrepentimiento. Esta costumbre de ser dócil en las cosas del espíritu los lleva a prestar una ayuda a los demás. De manera que el bautismo, como un contrato sagrado que es, es la manera oficial y eficaz de alcanzar un sentimiento de amor al prójimo desinteresado, de llegar a ser miembros en el reino de Dios sobre la tierra, y de poseer una morada en el reino de los cielos.

El Sacerdocio, como el bautismo, puede ser un medio muy eficaz para estimularnos en nuestros esfuerzos de amar al prójimo, si cada persona, al ser ordenada, se dice a sí misma con firmeza:

«Cierto, he sido llamado por Dios, ¿pero merezco verdaderamente el haber sido escogido por Él? Si tengo que ser el dirigente de mis semejantes, entonces debo ser su siervo y no su amo. Este llamamiento, en sí mismo, no me hace honrado, ni bueno, ni me da el espíritu de amor, si antes era poco honrado, antipático, o había en mi un espíritu de odio, o era egoísta o buscaba los placeres carnales. No, si tengo que ser escogido por Dios, debo reconocer la fuerza y el poder de la fe, y el aspecto creador del arrepentimiento. En pocas palabras, tengo la obligación de descubrir en mí lo mejor de mí mismo, de reconstruirme y perder mi «yo» personal ayudando a los demás desinteresadamente. He aquí, yo he recibido el llamamiento para ser un élder en Israel, hoy me dieron la responsabilidad de llegar a ser la clase de persona que a Dios le gustaría que yo representara. Este llamamiento debe constituir para mí la influencia que me haga digno de la confianza que Dios me ha mostrado. Mi Sacerdocio constituye un llamamiento constante para dar ayuda a los demás.

«¿Es Eterna Mi Vida?» «Y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.» Con su mirada penetrante el Señor atravesará el manto de mi reputación, el vestido exterior de mis fingimientos, y el velo de mis intenciones, y llegará hasta el fondo de mi vida. ¿Descubrirá allí el reino? Si no es así, no seré yo digno de ser un miembro del reino de los cielos.

No buscará en mí la magnitud de dicho reino, pero querrá ver muestras de su crecimiento (Véase el Capítulo 17), la fuerza activa de la integración (la levadura que leuda toda la masa), el valor que daré a las cosas del Espíritu. Considerando toda mi vida entera, va a juzgar si he aprendido a perder mi «yo» personal ayudando a los demás inteligente y desinteresadamente. Si encuentra que tal virtud está dirigiendo mi vida, si ve que he sido eficaz y fuerte, me juzgará favorablemente. Pero si mis cualidades son débiles y enfermizas, necesitará considerarme más de cerca. Examinando el libro de mi vida, va a mirar si he recibido las enseñanzas del evangelio y si me he esforzado en convertir los preceptos en acciones; si he empleado mi discernimiento para separar el bien del mal, y sobre todo, si me he esforzado con todas mis fuerzas por conservar en mí toda partícula posible de bien, como medio eficaz para destruir el mal; y también, si he orado sinceramente, si he intentado ser un buen pastor, y si he perdonado a los demás antes de pedir perdón de mis faltas.

Evaluando mi carácter, juzgará todas mis obras, determinara si he estado a la altura de mis privilegios y de mis responsabilidades, si he hecho de mi vida una ventura en el desarrollo personal y si he estado siempre dispuesto a pagar el precio por la buena vida, si he tenido habilidad y previsión en el proyecto de la vida buena; si he estado dispuesto a trabajar por los frutos de la rectitud, si he hecho que las cosas de mayor importancia ocupen el primer lugar en mi vida, si he sido humilde, si he amado a mi prójimo, si he sentido la compasión verdadera, si he estado dispuesto a renunciar a los bienes terrestres por los tesoros en el cielo, y si he estado preparado y dispuesto para ayudar a los demás desinteresadamente.

Si descubre aquí y allá muestras de amor a Dios y de amor al prójimo, si descubre que ocasionalmente he llevado a cabo cosas desinteresadas en favor de los demás, es posible que me clasifique como una «oveja» débil y enfermiza, lista únicamente para un reino muy pequeño. ¿No dijo acaso mi Rey, el Señor Jesucristo, que «en la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros»? (Juan 14:2)

Ruego que no se vaya a decir de mí en aquel día: «Tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.» (Mateo 25:42-44)

Referencia:
La parábola del juicio final: Mateo 25:41-46.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

    Me gusta

  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

    Me gusta

  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

    Me gusta

  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

    Me gusta

  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

    Me gusta

Deja un comentario