Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Quinta Parte
El Señor Murió Para que Nosotros Viviésemos

Capítulo 42
LA PASCUA Y EL SACRAMENTO DE LA CENA DEL SEÑOR

«Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchoses derramada para remisión de los pecados.» (Mateo 26:26-28)

Era la primavera, La fiesta anual de la Pascua estaba ya cerca. Pronto iban a estar sacrificando corderos en el altar del templo, y las gotas de su sangre caerían, enrojeciendo el pie del altar. Luego llevarían el cordero inmolado para comerlo en la cena especial de la Pascua. Pero en la víspera de la cena pascual, también comenzaría la fiesta de los panes sin levadura, y las ceremonias iban a durar ocho días. En todas las casas se echaba fuera la levadura, porque estaba prohibida la levadura en las cosas que debían comerse en aquellos días. Todas estas ceremonias habían sido instituidas para conmemorar su liberación de la cautividad de Egipto y del ángel exterminador (véase Éxodo 12:1-2) A los niños debía enseñárseles que «era el sacrificio de la Pascua de Jehová, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a Egipto, salvando a nuestras casas.»

La Conspiración Sacerdotal: El Traidor. ― Dos días antes de la Pascua, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo, es decir, todo el Sanhedrín y todo el partido sacerdotal, deliberaron en secreto sobre la manera en que podrían apoderarse de Jesús y darle muerte. En una de estas reuniones que tuvo lugar en el palacio del sumo pontífice llamado Caifás, decidieron apoderarse de Jesús con engaño, y lo más sutilmente posible, ya que si echaban mano de él a la vista de todos, el pueblo se sublevaría. Los cabecillas del pueblo temían especialmente un desorden por parte de los galileos, que estaban orgullosos de su paisano Jesús, y que en grandes números habían ido a Jerusalén. Juzgaron prudente también, y por las mismas razones no seguir, en el caso particular de Jesús la costumbre judía de impresionar al pueblo imponiendo públicamente un castigo ejemplar a los grandes criminales en los días en que había grandes reuniones de público, porque se decían entre sí los conspiradores: «Que no sea durante la fiesta, no vaya a alborotarse el pueblo.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 591)

Ya habían intentado apoderarse de Jesús; pero no habían podido prenderle «porque aún no había llegado su hora.» (Juan 7:30) Pero los sacerdotes encontraron en el apóstol Judas Iscariote al hombre que iba a servirles en sus fines. Hay quienes consideran a Judas un traidor que vendió su alma por treinta, monedas de plata; otros opinan que lo único que quiso hacer fue precipitar los acontecimientos, esperando que con su poder milagroso, Jesús triunfaría sobre sus enemigos y establecería su nuevo reino. Sea lo que fuere, el caso es que se engañó a Judas, y éste fue un juguete en las manos de los sacerdotes para entregarles a Jesús por treinta monedas de plata.

La Cena. ― El jueves, que era el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, uno de los doce preguntaron a Jesús en dónde iban a aderezar la comida pascual. Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id, y aparejadnos la pascua para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo que comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí. Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.» (Lucas 22:8-13)

Por la tarde, ya estaba todo listo. El sol se había puesto ya; el viernes judío estaba empezando, y Jesús y los Doce se sentaron para comer los últimos alimentos de que disfrutarían juntos antes de la muerte del Señor. Con mucho sentimiento Él les dijo: «En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. «(Lucas 22:15-18)

Jesús parece estar siguiendo el orden establecido en la comida de la pascua. Pero sin duda que prescindió de los «muchos y numerosos requerimientos con que la costumbre tradicional y las prescripciones de los rabinos habían gravado la conmemoración establecida por Dios de la liberación de la esclavitud del pueblo de Israel.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 594) Resumida en pocas palabras, la celebración de la pascua se hacía del modo siguiente: Se llenaba una copa de vino para cada invitado y el cabeza de familia la bendecía. Se lavaban las manos; se llevaba a la mesa la comida, que se componía de hierbas amargas, pan ázimo y un platillo hecho con dátiles, uvas y vinagre, y el cordero pascual; el padre mojaba un manojito de hierbas amargas en la salsa de vinagre, lo comía, y hacía una oración, y luego pasaba bocados semejantes a los demás, después de lo cual volvían a llenar las copas con vino; el miembro más joven de la familia, tenía que preguntar entonces la razón de la pascua; el padre respondía explicando extensamente el porqué de la celebración; se cantaba la primera parte del Hallel, se daba otra bendición; se bebía una tercera copa de vino; se daban gracias; se servía una cuarta copa de vino; y finalmente se cantaba la última parte del Hallel, que dice así: » Mi Dios eres tú, y a ti alabaré: Dios mío, a ti ensalzaré. Alabad al Señor, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.» (Salmo 118: 28,29)

Ya se había bendecido la primera copa de vino, y los apóstoles la habían tomado. La cena proseguía en una atmósfera de inmensa tristeza. Lleno de pesar, dijo Jesús: «De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.» (Mateo 26:21) Entristecidos y al mismo tiempo escandalizados, todos los discípulos, excepto uno quizás, examinaron su corazón. Comenzaron a decirle cada uno: «¿Soy acaso yo, Señor? Entonces Jesús respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar. A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.» (Mateo 26:23,24) Judas, temiendo probablemente que su silencio pudiera causar sospechas, dijo finalmente: » ¿Soy acaso yo, Maestro?» Jesús le respondió prestamente: «Tú lo has dicho.» Los demás apóstoles, si acaso oyeron estas palabras, probablemente no comprendieron todo el significado de la respuesta del Señor.

El Lavatorio de los Píes. ― Jesús tenía otra razón más para estar apenado. «Hubo entre ellos una contienda, sobre quién de ellos parecía ser el mayor.» (Lucas 22:24) Después de sus muchas enseñanzas y parábolas acerca de la cuestión, aún había esa disputa entre ellos. Para darles una última lección de humildad, y cumpliendo con la ceremonia del lavatorio de las manos en la fiesta de la pascua, Jesús se levantó de la mesa, «y se quitó su manto, y tomando una toalla, ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.» (Juan 13:4,5) Pedro, impulsivo como siempre, no quería permitírselo, y decía: «No me lavarás los pies, jamás. «Pero Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.» Una vez terminada la ceremonia les dijo Jesús: «Limpios estáis, aunque no todos.» Judas, aun también le fueron lavados los pies, no podía considerarse como uno de los otros.

Jesús volvió a su lugar en la mesa. Para hacer comprender a los apóstoles el profundo sentido de lo que acababa de hacer, les dijo: «Vosotros me llamáis Maestro, y Señor: y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su Señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.» (Juan 13: 13-17)

El Sacramento de la Santa Cena. ― Apartándose definitivamente de los ritos usuales de la pascua, Jesús instituyó el Sacramento de la Santa Cena. Tomó un pan ázimo, lo partió en pedazos pequeños, y dio uno a cada uno de los apóstoles, diciendo: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.» (Mateo 26:26-28)

A la mañana siguiente el cordero «sin mancha» iba a ser inmolado por los pecados del mundo. De allí en adelante este último sacrificio tendría que ser conmemorado mediante un nuevo convenio, el Sacramento de la Santa Cena, de la que sería preciso participar dignamente, y en recuerdo del Redentor del mundo.

Conmovido en el espíritu, y demostrándolo, dijo Jesús: «De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.» Y Juan, que estaba recostado en el seno de Jesús, susurró: «¿Señor, quién es? Y Jesús respondió: «Aquel es, a quien yo diere pan mojado.» Y mojando el pan, se lo dio a Judas con estas palabras: «Lo que has de hacer, hazlo presto.» Judas comprendió lo que Jesús quería decir; los otros, excepto quizá Juan y Pedro, pensaron que Jesús simplemente estaba dándole a Judas un encargo especial que debía llevar a cabo. Judas salió para perpetuar su mala obra, y era ya de noche, (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 619)

El Lugar Que Ocupa el Sacramento en Nuestras Vidas. ― Cuando nos bautizamos, nosotros manifestamos públicamente lo mejor que pudimos con nuestra edad y experiencia, que nos hallábamos en el camino que conduce a la fe perfecta en nuestro Señor Jesucristo, y que habíamos descubierto por experiencia práctica, el poder salvador del arrepentimiento verdadero. Nuestra participación de los emblemas del sacramento nos hace recordar cada semana que nuestra fe en Jesús necesitaba aumentar y que el arrepentimiento puede ser una fuerza siempre más activa dentro de nosotros, en la lucha por alcanzar la perfección. Nuestra participación del Sacramento constituye una renovación semanal de los convenios que hicimos en nuestro bautismo, y mediante ello el niño de ocho años y asimismo todos nosotros, podemos avanzar hacia una mayor comprensión del poder redentor de la fe, el arrepentimiento, el bautismo y todos los demás principios del evangelio.

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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