Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 44
LA CRUCIFIXION

«Y el presidente les dijo: Pues, ¿qué mal ha hecho?
Mas ellos gritaban más» diciendo: Sea crucificado.»
(Mateo 27:23)

La agonía, de Getsemaní había terminado, Jesús iba a ser insultado, azotado y finalmente crucificado, pero esta clase de sufrimientos otros los habían experimentado ya, por lo menos en parte. Fue en la soledad de su querido huerto donde, de una manera terriblemente real, aunque incomprensible para el hombre, el Salvador tomó sobre sí la carga de los pecados de la humanidad desde Adán hasta el fin del mundo.» Cuando Jesús dijo: «Levantaos, vamos», estaba ya preparado para emprender el camino que le conduciría a su triunfo en el Calvario.

Juzgado por los Judíos. ― Prendieron a Jesús y lo llevaron, atado y bajo guardia8 al palacio de Caifás, el sumo sacerdote; o quizás, como se halla en Juan 18:13, primero a casa de Anas, y luego a la habitación de Caifás, Pedro y otros discípulos siguieron a Jesús, juntándose con la multitud de siervos y de soldados. Tal como Jesús se los había predicho, Pedro, cuando lo interrogaron, negó a Jesús tres veces antes que el gallo cantara.

El alba estaba cerca. Los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo, miembros del Sanedrín, estaban reunidos en el palacio del sumo sacerdote. Esta asamblea, compuesta de jueces, se consideraba, por lo menos, una reunión informal del Sanedrín; pero según la ley, no podía tener efectos legales una causa que comprendiera la imposición de la pena de muerte, si dicha causa no se juzgaba en la gran sala del tribunal. No obstante, aunque no había amanecido todavía, y fuera del tribunal oficial, Jesús fue sometido a un juicio sumario. La ley exigía la presencia de testigos en el juicio, y que se protegiera al acusado de todo esfuerzo por obligarlo a testificar contra sí mismo.

Parece que el juicio comenzó, no con la citación de los testigos, sino con el interrogatorio de Jesús. El pontífice preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús, viendo que no seguían el orden judicial establecido, dijo: «Yo manifiestamente he hablado al mundo; yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo donde se juntan todos los judíos, y nada he hablado en oculto, ¿Qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, que les haya yo hablado: he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.» (Juan 18: 19-21)

Jesús pedía simplemente que le carearan con sus acusadores. Pero uno de los guardias, abofeteando a Jesús, dijo: «¿Así respondes al pontífice?» Jesús, insistiendo todavía en que llamasen testigos, dijo sin enojo: «Si he hablado mal, da testimonio del mal; y si bien, ¿porque me hieres?» Jesús aún insistió en su derecho de ser juzgado legalmente. Con grandes dificultades buscaron testigos falsos que pudieran dar falso testimonio contra Jesús, pero no lo haya ron; más a la postre vinieron dos testigos falsos, que dijeron: «Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificar lo.»

Y levantándose el pontífice, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra tí?» No habían comprendido bien lo que Jesús había dicho sobre la destrucción del templo, y le habían dado una falsa interpretación, y no había qué responderles. El pontífice, decidido a encontrar un motivo para condenarle, exclamó: «Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo del Dios.» Aunque los judíos creían que el Mesías iba a venir para reinar y gobernar, no suponían que fuese de origen divino. La pregunta de Caifás era pues una trampa para poder acusar a Jesús de blasfemia.

Jesús respondió: «Tú lo has dicho; y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo. Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.» (Mateo 26: 62-66)

Aunque en este seudo tribunal no habían sentenciado a muerte, ningún tribunal judío tenía la autoridad; para imponer la sentencia de muerte. Era preciso que Jesús fuera juzgado por Pilato, gobernador de Judea y representante oficial de la Roma imperial.

Cristo Ante Pilato. ― A temprana hora de la mañana del viernes, varios representantes del Sanedrín condujeron a Jesús maniatado al tribunal de Poncio Pilato. Salió Pilato fuera, y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre? Respondieron y dijeron: Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.» Se habían figurado que Pilato sencillamente confirmaría la sentencia, sin hacer investigaciones. Pilato comprendió la situación y llamó a Jesús, y dijo: «¿Eres tú el Rey de los Judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?» Jesús deseaba saber si Pilato se refería a un rey temporal como los había en el Imperio Romano o a un rey espiritual como él o los judíos podían concebirlo. Pilato le contestó: «¿Acaso soy yo judío? Tu nación, y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos. Ahora, pues, mi reino no es de aquí.»

Después de hacerle otras preguntas, Pilato se dio cuenta que no había motivo para sospechar que Jesús fuese enemigo de Roma, por tanto, dirigiéndose a los acusadores de Jesús, dijo: «Yo no hallo en él ningún crimen.» (Juan 18:28-40) «Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.» (Lucas 23:5) Cuando Pilato oyó que era galileo, intentó librarse de su responsabilidad, enviando a Jesús al tetrarca de Galilea, Herodes, que se encontraba en Jerusalén para celebrar la pascua. Herodes quedó muy complacido con esta deferencia de Pilato, e hizo que Jesús compareciera ante él. Herodes le interrogó con «muchas palabras; más él nada le respondió.» (Lucas 23:6-11) No encontrando nada en contra de él, Herodes vistió a Jesús con ricas vestiduras para burlarse de Él, y lo devolvió a Pilato.

Cristo Comparece Nuevamente Ante Pilato. ― Otra vez volvió a encontrarse Pilato con el mismo problema. Grito a la plebe alborotada; «¿Qué, pues, haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos; Sea crucificado. Y el presidente les dijo; Pues, ¿Que mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo; Sea crucificado.» (Mateo 27:22- 31) Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que al contrario el tumulto crecía cada vez mas, echo agua dentro de una jofaina y se lavó las manos ante la muchedumbre diciendo; «Inocente soy yo de la sangre de este justo; veréislo vosotros.» Y respondiendo todo el pueblo dijo; «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre núestros hijos.» (Mateo 27:22-55)

Habiéndose decidido de su suerte, los soldados del gobernador, tomaron a Jesús, lo condujeron al pretorio, y despojándole de sus vestiduras, le echaron encima un manto de grana. Tejieron una corona de espinas, y se la pusieron sobre la cabeza, colocando una caña en la mano. «…E hincando la rodilla delante de el, se burlaban de el, diciendo; ¡Salve, Rey de los Judíos! Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le golpeaban la cabeza. Y después que le hubieron escarnecido, le quitaron el manto, y le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarle.» (Mateo 27:27-31)

Camino del Calvario. ― «La costumbre dictaba que el sentenciado a muerte por crucifixión llevase el mismo la cruz en la que tenía que padecer. Jesús empezó su camino, andando lentamente.

La terrible tensión de las horas que acababan de pasar, la agonía de Getsemaní, el tratamiento brutal que le habían infligido en el palacio del pontífice, la humillación y las crueldades de que había sido víctima cuando compareció ante Herodes, los azotes ordenados por Pilato, la brutalidad de los soldados romanos, tantas humillaciones y sufrimientos ― todo esto lo había debilitado a tal grado físicamente, que apenas podía moverse bajo el peso de la cruz. Los soldados, impacientes por causa de esta lentitud, echaron mano de un hombre que encontraron que venía del campo a Jerusalén, y le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús.» (Jesús the Christ, de Talmage, págs. 652, 653)

La Crucifixión. ― Clavaron a Jesús en la Cruz, y la dispusieron de tal manera que Jesús quedó entre los dos ladrones, uno a cada lado. Le ofrecieron el narcótico según la costumbre, pero no lo tomo, prefiriendo ccnservar toda su presencia de espíritu durante las ultimas horas de su vida. Le habían injuriado, llenado de improperios y ridiculizado, pero refiriéndose a los soldados romanos, no a los judíos, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Lucas 23; 34)

Durante cinco horas estuvo Jesús en la cruz. Durante tres ho ras «fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra.» Entonces Jesús grito con voz fuerte: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Parecía que la agonía de Getsemaní había vuelto a empezar para El. Pero el sacrificio ofrecido para rescatar a la humanidad había sido aceptado por el Padre. Con voz triunfante, Jesús esclamo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» (Lucas 23:46) El Redentor voluntariamente dió su vida para que los hombres viviesen.

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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