Capítulo 45
LA RESURRECCION
«Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.» (Mateo 28:5-6)
«A la muerte de Cristo ocurrieron algunos cataclismos terribles. Hubo un violento terremoto; las piedras se hendieron y se abrieron muchos sepulcros. Pero sobre todo, lo más portentoso para la mente de todo judío fue que el velo del templo, que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, se rasgó de arriba a abajo, y el interior, que nadie podía ver sino el sumo sacerdote, quedó expuesto a la vista de todos. Simbolizaba el fin del judaísmo, la consumación de la dispensación mosaica, y el comienzo del cristianismo bajo la administración apostólica.» (Jesús the Christ, de Talmage, pág. 622)
La Sepultura. ― La tarde del viernes tocaba a su fin. Con la puesta del sol, iba a comenzar el sábado. El crucificado no podía, quedar en la cruz en el día del Señor. ¡Júzguese el ― abismo a que puede descender la mente humana! El Señor del sábado ha sido crucificado; pero su cuerpo, colgado en la cruz, no debe profanar su propio día!
José de Arimatea, que era miembro del Sanhedrín, fue a Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Bajaron el cuerpo de la cruz, y José y Nicodemo, que era también miembro del Sanhedrín y discípulo de Jesús en secreto, lo prepararon para darle sepultura. Nicodemo había traído unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe, muy aromática, y apreciada sobremanera para embalsamarlos cuerpos. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, lo envolvieron con bandas y aromas, “como es costumbre de los judíos sepultar» (Juan 19:40); y pusieron el cuerpo en un sepulcro nuevo que había sido sacado de la roca. La tumba era propiedad de José, y estaba en un huerto cercano al Calvario. Cerraron la puerta del sepulcro, y revolvieron una piedra grande delante de ella, y se fueron.
«Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.» Los hombres se habían marchado, pero las mujeres se quedaron, retenidas por el deseo de rendirle su último homenaje. (Mateo 27:61)
Durante el sábado, el cuerpo de Jesús descansó en paz en la tumba, pero su espíritu había ido al paraíso. Cuando estaba aún en la cruz, le había dicho a uno de los ladrones: «De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.» (Lucas 23:43) Léase también el Libro de Mormón, Alma 40: 11-14, para información adicionad respecto de la condición de los muertos.
Cristo Ha Resucitado. ― «El sábado judío había terminado, y el alba del domingo más memorable de la historia comenzaba a apuntar. Los soldados romanos estaban de guardia junto al sepulcro en donde yacía el cuerpo del Señor Jesús. Todavía estaba obscuro, cuan do la tierra empezó a temblar; un ángel del Señor descendió gloriosamente, revolvió la piedra maciza que habían puesto a la puerta de la tumba, y se sentó sobre ella. Su aspecto brillaba como un relámpago y su vestidura era blanca como la nieve. Los soldados, paralizados por el temor, cayeron al suelo como muertos. Cuando se repusieron del miedo que los había vencido, huyeron de allí aterrorizados. Ni siquiera el rigor de la disciplina romana, que castigaba con la muerte al soldado que abandonaba su puesto, había podido retenerlos. Por otra parte, nada había ya que vigilar, puesto que el sepulcro estaba vacío.»
La madrugada del domingo, María Magdalena y otras fieles mujeres fueron al sepulcro. José y Nicodemo habían sepultado al Señor con tanta prisa que estas mujeres deseaban embalsamar el cuerpo de una manera más completa. Al acercarse, vieron al ángel y se asustaron. El ángel les dijo: «No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor, E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos; y he aquí va adelante de vosotras a Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.» (Mateo 28: 1-7)
Las mujeres corrieron a dar la noticia a los discípulos. No parecían darse cuenta de lo que realmente había sucedido. Lo único que recordaban eran las palabras terribles: «No está aquí». Pedro, y probablemente Juan, fueron los primeros en oír las nuevas, Juan corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. Miró, y vio los lienzos echados, Pedro llegó entonces, y entró en el sepulcro, y Juan le siguió. Asombrados, vieron que el sudario estaba allí, pero que el Maestro había resucitado, Juan, hablando sin duda de si mismo, dice lo siguiente: «Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vio y creyó. Porque aún no sabían la escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.» (Juan 20:8-9)
Los discípulos volvieron a sus casas, pero Marta Magdalena se quedó llorando junto al sepulcro… se inclinó para mirar dentro del sepulcro, «y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y les dijeron Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.» No podía comprender todavía que Jesús hubiese resucitado, y salió de la tumba sollozando. En el huerto oyó una voz que le decía; «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime donde lo has puesto, y lo llevaré.» Como habían enterrado a Jesús en un sepulcro prestado María pensaba que era su deber encontrar una tumba permanente para su Maestro. Entonces Jesús, el Señor resucitado, le dijo; «María. «Reconociendo en el acto su voz, ella exclamó; «¡Rabboní! qué quiere decir ¡Maestro! Se hubiera echado en sus brazos para abrazarle, pero Jesús dijo: “No me toques; porque aún no he subido a mi Padre; más ve a mis hermanos, y diles; Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.» (Juan 20:1-17)
María Magdalena fue el primer ser mortal que tuvo el honor de contemplar al Señor resucitado. Otros iban a verlo más tarde, y muchos darían testimonio de que, con sus ojos, habían visto a Jesús resucitado de los muertos.
Pero los príncipes de los sacerdotes, para protegerse, hicieron correr un falso rumor. «Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados diciendo; Decid; Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. Y sí esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instruidos; y este dicho fue divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.» (Mateo 28:11-15)

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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