Capítulo 46
LA ASCENSION
«Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:19-20)
No iban a faltar los que negarían la resurrección de Jesús. Ya los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo habían pagado a los soldados para que hicieran correr el rumor de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Era, pues, necesario que la realidad del milagroso acontecimiento quedase grabado de una manera indeleble en el pensamiento de los discípulos. Por esta y otras razones, Jesús se apareció varias veces a un determinado número de personas antes de su ascensión.
Por el Camino de Emaús. ― Era la tarde del mismo domingo. Dos discípulos, que no eran apóstoles, salieron de Jerusalén para Emmaús, aldea situada a unos catorce kilómetros de Jerusalén. Por el camino iban hablando de Jesús, de sus discursos y de sus parábolas, y especialmente de los acontecimientos recientes. Habían tenido la esperanza de que Jesús fuese el Mesías; pero cuando murió» sin haber establecido su reino, su pena y su tristeza habían sido muy grandes.
Mientras caminaban lentamente, un desconocido se acercó y empezó a andar con ellos. Le dijo aquel hombre; «¿Qué platicas son éstas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?» Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo; «¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalén, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo. Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes a condenación de muerte, y le crucificaron. Más nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro, y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más a él no le vieron.»
El desconocido, con tierna reprensión dijo: «¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» Entonces les recordó las Escrituras que, comenzando desde Moisés y continuando con todos los profetas, explicaban la misión de Cristo, y daban la razón por la cual se habían verificado los recientes acontecimientos. Y mientras hablaba el des conocido, llegaron a Emmáus.
Los discípulos instaron al desconocido a que se quedase y comiera con ellos. Y al sentarse a la mesa, el forastero «tomando el pan, bendijo, y partió, y le dio. Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; más él se desapareció de los ojos de ellos.» Por fin, habían reconocido a Jesús. Maravillados, se decían el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?» (Lucas 24:13-32)
Jesús Se Aparece a los Discípulos en Jerusalén. ― Cleofás y su compañero volvieron a Jerusalén inmediatamente, y hallaron a los once reunidos con otros discípulos. Entonces les contaron las cosas que les habían sucedido por el camino de Emmaús, y la conversación que habían tenido con el Señor resucitado. «Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces ellos espantados y asombrados pensaban que veían espíritu.» Pero Jesús los tranquilizó, diciendo: «¿Por qué estáis turbados y suben pensamientos a vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; que el espíritu ni tiene ni carne ni huesos» como veis que yo tengo. Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.» Y para que se dieran plena cuenta de que su presencia no era una mera aparición, les pidió algo de comer. «Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel, y él tomó, y comió delante de ellos.»
Luego Jesús explicó las Escrituras, mostrando que su misión y su resurrección «están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.» Y terminó con estas palabras: «Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; más vosotros asentad en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.» (Véase Lucas 24:13-32)
Tomás el Incrédulo. ― Tomás, uno de los Doce, no estaba presente cuando Jesús se apareció a los discípulos en Jerusalén. Le contaron que el Señor les había enseñado sus llagas en las manos y en los pies, que había comido con los discípulos, y les había explicado las Escrituras. Pero Tomás no estaba convencido; su espíritu incrédulo necesitaba más pruebas, y les dijo: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.»
Ocho días después, otra vez estaban reunidos sus discípulos, y Tomás estaba con ellos, Jesús se les apareció, aunque las puertas estaban cerradas, y se puso en medio de ellos, diciéndoles: «Paz a vosotros.» Como conocía la incredulidad de Tomás, le dijo: «Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y alarga acá tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.» Ante estas pruebas tan palpables, Tomás exclamó: «Señor mío, y Dios mío.» Añadió Jesús: «Porque me has visto, Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron y creyeron.» (Juan 20: 24-29)
En el Mar de Galilea. ― El ángel que se apareció a las mujeres en el sepulcro había dicho a los apóstoles que fueran a Galilea, donde el Señor se les reuniría. ― Habían demorado su partida una semana, pero ahora ya estaban de nuevo en su país, Habían vuelto a sus ocupaciones, y varios de ellos estaban pescando en el mar de Galilea, Una mañana, cuando volvían a tierra, vieron una persona en la orilla que les gritó: «Mozos, ¿tenéis algo de comer?» Y como la pesca había sido muy mala, le respondieron que no. Entonces el desconocido les dijo: «Echad la red a la mano derecha del barco, y hallareis.» Así lo hicieron, y llenos de sorpresa, vieron que sus redes se llenaban de pescados, Juan tuvo la intuición de que era el Señor, y le dijo a Pedro: «El Señor es.» Pedro, impulsivo como siempre, se echó al agua y corrió a la orilla para prostrase a los pies de su Maestro, Los otros se bajaron del barco, y pronto descendieron a la orilla, Jesús había estado preparando algo que comer, y les pidió que trajeran los peces que habían cogido. Después de depositar los pescados en la orilla, Jesús les dijo: «Venid, comed.» Y les dio pan y pescado.
Cuando hubieron comido, Jesús le dijo a Pedro: «Simón, hijo de Joñas, ¿me amas más que éstos? Le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo.» Entonces Jesús le respondió: Apacienta mis corderos.» Volvió a hacerle la misma pregunta, y por tercera vez le preguntó lo mismo, y le dio el mismo mandamiento. (Juan 21: 1-17)
Los files apóstoles habían vuelto a trabajar con sus redes, pero no continuaron mucho tiempo con esa ocupación. Ahora habían comprendido el sentido del mandato de Jesús: «Apacienta mis ovejas.» De allí en adelante iban a ser pescadores de hombres.
La Ascensión de Jesús y sus Últimas Instrucciones. ― Durante un período de cuarenta días después de la resurrección, Jesús se apareció como ya hemos visto, a sus apóstoles y a sus discípulos en varias ocasiones. Las últimas instrucciones que les dejó fueron: «Id por todo el mundo: predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado, Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas, quitarán serpientes, y sí bebieren cosa mortífera, no les dañará, sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.» (Marcos 16: 15-18)
No les encargó únicamente predicar como misioneros en una provincia determinada, sino que debían ir por todo el mundo. No sólo debían abandonar sus redes en el mar de Galilea, sino que también debían salir de las fronteras de Palestina, Insistiendo en el carácter universal de su misión, les repitió Jesús: «Id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28: 19-20)
«Cuando Cristo y los discípulos hubieron salido ‘hasta Betania’ el Señor levantó sus manos, y los bendijo; y mientras hablaba, ascendió de en medio de ellos y vieron como fue subiendo hasta que una nube le ocultó a sus ojos. Mientras los apóstoles aún estaban mirando al cielo, dos personajes, vestidos con hábitos blancos, se les pusieron delante, y les dijeron: ‘Varones galileas, ¿qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.’ (Jesús the Christ, de Taima ge, pág, 697)

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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