Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

Capítulo 47
JESUS EL REDENTOR

«Porque así como en Adán todos mueren,
así también en Cristo todos serán vivificados.»
(1 Cor, 15:22)

Desde que ocurrió «la caída», el camino del progreso eterno del hombre ha podido penetrar el plano de la vida terrestre en donde el conocimiento del bien y del mal sólo puede obtenerse mediante el esfuerzo, donde la lucha contra el pecado es real, pero puede lograrse el triunfo. El pecado es un abandono consciente a los malos impulsos, un mal empleo consciente de las fuerzas que pueden edificar en nosotros una personalidad a imagen de Dios.

Para no caer en el pecado, una persona necesita poseer un conocimiento del bien y del mal, y además el valor, la resolución y la fuerza de voluntad para no hacer nada más que el bien. Una vida justa es difícil de realizar. Quienes más afanosamente luchan contra el pecado son los que mejor cuenta se dan de la necesidad que tienen de arrepentirse.

Cuando consideremos el lugar que ocupa Jesús el Redentor en la vida humana, debemos tener presente dos fases de la transgresión: primera, la transgresión de Adán, que generalmente conocemos como la «caída»; y segundo, la transgresión individual de cada miembro en particular de la raza humana.

La Caída. ― «Llegó el momento para que el hombre pudiera sacar provecho del progreso obtenido durante su preexistencia, median te la experiencia de vivir en la tierra durante un cierto período de tiempo. . . Debido a la ‘Transgresión’ de Adán, toda la humanidad ha podido entrar en el camino del progreso eterno, y recibir las bendiciones consiguientes. Nuestros primeros padres, que se atrevieron a arrostrar los sufrimientos que representaba el principio del plan eterno, deben ser tenidos por el héroe y la heroína de la humanidad. (Widtsoe, ‘Anieles of Faith» (Publicado en el «Improvement Era», Julio. 1935))

En esta vida terrenal, la humanidad debe luchar para llegar a conocer mejor el bien y el mal, y comprender de una manera más completa el significado de la fe en Dios y del arrepentimiento; y por encima de todo, llegar a adquirir la facilitad de utilizar el libre albedrío de la manera más provechosa. Por su naturaleza, el espíritu del hombre es inmortal, racional y libre. Siendo racional y libre, tiene el poder de adquirir el conocimiento del bien y del mal. Dios ama a sus hijos y, aunque sabe que el conocimiento del bien y del mal es muy importante para ellos, tiene presente que si este conocimiento se logra como dádiva por parte de Él, o mediante un hecho milagroso, no podrá dicho conocimiento desarrollar la integridad y la fuerza que el espíritu necesita. No hay atajos para llegar a Dios. Dios nos amonesta, pues, en contra de los atajos, tales como el que estaba simbolizado en el comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Para que sus hijos desobedientes no comiesen del «fruto del árbol de la vida», y así neciamente creyesen poder prescindir en sus vidas inmortales de la lucha que se precisa para desarrollar la personalidad, El los expulso haciéndolos vivir en una «tierra desierta y triste».

Durante la vida terrena, el hombre «debe luchar arduamente, sujeto a la fatiga física y al sufrimiento.» Pero en estas nuevas condiciones puede llegar y adquirir, lenta pero seguramente, el conocimiento que precisa del bien y del mal, y de una manera que dará fuerza y vigor a su espíritu inmortal. Muchos padres, sensitivos y amorosos, destierran a sus hijos, por así decirlo, al triste y solitario mundo de la experiencia para que puedan adquirir un buen carácter y la fortaleza del espíritu.

Alma, el profeta nefita, al hablar de Adán en el Jardín de Edén, dijo: «Vernos, pues, que el hombre había llegado a ser como Dios, conociendo el bien y el mal; y para que no extendiera su mano, y tomara también del árbol de la vida, y comiera, y viviera para siempre, el Señor Dios colocó querubines y la espada encendida, para que el hombre no participara del fruto. Y así vemos que le fue concedido al hombre un plazo para que se arrepintiera; si, un tiempo de probación, un tiempo para arrepentirse y servir a Dios.»(Alma 42:3-4) Claramente se ve que el propósito de la caída es brindar la oportunidad de progresar en la vida temporal. Y el camino del progreso eterno conduce ciertamente al seno del Padre otra vez.

La Expiación. ― «De cierto modo misterioso e incomprensible, Jesús asumió la responsabilidad que habría recaído naturalmente sobre Adán; pero que sólo podía efectuarse por su propia mediación, tomando sobre sí las aflicciones, asumiendo las responsabilidades y llevando las transgresiones o pecados de todos. De una manera que para nosotros es incomprensible e inexplicable, El llevó el peso de los pecados de todo el mundo, no de Adán únicamente, sino de la posteridad; y al hacerlo, abrió el reino de los cielos, no sólo a todos los creyentes y a todos los que obedecieran la ley de Dios, sino también a más de la mitad de los de la familia humana que mueren antes de llegar a ser mayores de edad, así como los paganos, que habiendo muerto sin ley, resucitarán sin ley, mediante la resurrección de Cristo, y sin ley serán juzgados; y así participarán, de acuerdo con sus capacidades, obras y mérito, de las bendiciones de su expiación.» («Mediation and Atonement», del presidente Juan Taylor, págs. 148, 149.)

Como S. Pablo sabía que su Señor había resucitado, tenía fe en que mediante El y por El toda la humanidad había sido redimida de la tumba. Expresó su convicción de esta manera: «Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.» (1 Cor, 15:21, 22) El plan eterno, que comprende el nacimiento en la vida terrena, la existencia temporal y la muerte física (Contribuidas por Adán) proporciona también la resurrección, la salvación y la exaltación (contribuidas por el Redentor).

La Redención de la Caída es Universal e Incondicional. ― Creemos que mediante los sufrimientos, muerte y expiación de Jesucristo todo el género humano, sin una sola excepción, será completa y cabalmente redimido, tanto en el cuerpo como en el espíritu, del interminable destierro y ‘maldición’ que cayó sobre él por la ‘transgresión’ de Adán; y que esta salvación y redención universal de toda la familia humana, del castigo interminable del pecado original, se lleva a cabo sin condición alguna de su parte; es decir, no se les exige creer, arrepentirse, bautizarse, o ninguna otra cosa para quedar redimidos de ese castigo; porque, crean o no crean, arrepiéntase o queden sin arrepentirse, tanto si se bautizan como si no, observen los mandamientos o los quebranten, sean justos o injustos, nada tendrá que ver con su redención, sea del alma o del cuerpo, del castigo de la ‘transgresión’ de Adán. El hombre más justo que jamás ha vivido sobre la tierra y el más vil malhechor de toda la familia humana recibieron ambos la misma ‘maldición’, sin transgresión o albedrío de su parte, y en igual manera serán redimidos de esa ‘maldición’ sin albedrío o condiciones de su parte.»(Talmage, en los «Artículos de Fe» Apéndice IV, párrafo II. Citando el Apóstol Orson Pratt en “Remarkable Visions”)

Jesús ha dicho: «Yo soy la resurrección y la vida.» (Juan 11:25) La principal contribución del Redentor es la resurrección universal: «Los que hubieren hecho bien, en la resurrección de los justos; y los que hubieren hecho mal, en la resurrección de los injustos.» (Doc. y Con. 76:17)

La Salvación. ― Así, pues, mediante la expiación de Cristo, todos pueden resucitar; todos reciben el don de la salvación general. Pero el Redentor ofrece más que la expiación del así llamado pecado originad. Ofrece a cada persona la Salvación individual, el perdón de sus pecados personales; pero hay un requisito que es preciso cumplir: rendir obediencia a los principios y ordenanzas de su evangelio. El hombre no tiene que regatear para obtener su amor y su misericordia, sino que debe vivir lo mejor que se lo permitan sus facultades personales. En la casa del Padre muchas moradas hay; tiene un lugar para todos: todo el mundo puede estar seguro que su amor y su misericordia no tienen otros límites sino los que le fijan su justicia. «… Por tanto, Dios mismo expía los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguarlas demandas de la justicia para que Dios sea un Dios perfecto, justo y misericordioso también.» (Alma 42:15) Quisiéramos aconsejar al lector a que leyera todo el capítulo 42 de Alma.

Grados de Gloría. ― En la salvación individual puede haber muchos grados de gloria, cuantos se necesiten para dar a los hijos de Dios la ocasión de rendir servicios desinteresados. Por lo general, estas ocasiones se pueden encontrar dentro de tres grandes categorías.

La Gloria Celestial la reciben aquellos que han hecho la voluntad de Dios, que tienen fe en el Señor Jesucristo, y que han recibido el Espíritu Santo, mediante el bautismo y la imposición de manos, como compañero suyo. La reciben todos aquellos que han vencido al mal con una vida enteramente buena y que, por consiguiente, merecen la gloria más alta.

La Gloria Terrestre la reciben aquellos que, aun cuando fueron honorables, permanecieron en las tinieblas, fueron cegados parlas artimañas de los hombres y no pudieron recibir y obedecer las leyes más altas de Dios, o que no fueron «valientes por el testimonio de Jesús.»

La Gloria Telestial la reciben todos los demás, aun los más inicuos, a menos que hayan negado el Espíritu Santo. En el mundo telestial hay innumerables grados que se pueden comparar a la luz variante de las estrellas.

El Padre ama a todos sus hijos. Quiere salvarlos a todos, si es posible. Pero a aquellos que arrogantemente rechazan a Jesús y establecen un evangelio de su propia invención, que niegan al Espíritu Santo, que se oponen a la voluntad de Dios, no pueden salvarse porque ellos mismos no quieren. Solo estos pocos llegarán a ser hijos de perdición. En cuanto a los otros, todos recibirán una forma u otra de gloria.

«Y así vimos en la visión celestial la gloria de lo telestial que supera toda comprensión; y ningún hombre la conoce sino aquél a quien Dios la ha revelado. Y así vimos la gloria de lo terrestre que excede en todas las cosas la gloría de lo telestial, aun en gloria, en poder, en majestad y en dominio. Y así vimos la gloria de lo celestial que sobrepuja todas las cosas ― donde Dios, aun el Padre, reina sobre su trono para siempre jamás.» (Doc. y Con. 76: 89-92)

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6 Responses to Nuevas de Gran Gozo para todo Pueblo

  1. Avatar de Victor Rubén Rosales Sánchez Victor Rubén Rosales Sánchez dice:

    Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas

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  2. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Buenísimo los discurso

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  3. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos

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  4. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Esta bien gracias

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  5. Avatar de Norma milar Norma milar dice:

    Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?

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