Epílogo
Capítulo 48
NOVEDAD DE VIDA
«Yo he venido para que tengan vida,
y para que la tengan en abundancia.» (Juan 10:10)
Dos grandes celebraciones religiosas señalan el principio y el final de la vida mortal de Jesús y el principio y el final de nuestro curso.
Durante la Navidad celebramos el nacimiento de nuestro Señor. Estamos en el establo ante el primer aliento de su vida ― en el mismísimo comienzo de sus esperanzas y de promesas. Sólo la gracia de la infancia puede simbolizar el florecimiento de la vida buena que pronto iba a vivir el Hijo de Dios. «El que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
En la Pascua conmemoramos la consumación de su vida. En el Calvario podemos contemplar el mejor ejemplo de vida buena que jamás podamos encontrar, ya no en promesas sino consumado. Pero en la mañana del día de Pascua estamos ante el umbral de una nueva promesa. «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.» «Esta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.» Esta es la nueva promesa. El nacimiento sólo viene una vez, pero el nuevo nacimiento puede continuar sin cesar; llega la muerte, pero no puede separar eternamente al cuerpo y al espíritu.
La Pascua nos hace recordar dos grandes principios. Primero, comprendemos que Jesús nos proporcionó los medios por los cuales, mediante la gracia, podemos evitar la separación eterna del cuerpo y el espíritu. Por gracia nos salvamos de los horrores de la muerte eterna. Cuando nos llegue la hora, resucitaremos, enterándonos con ello que el Redentor ha dispuesto el camino que conduce el alma humana a la inmortalidad. Todos los que aspiraren a evitar esta separación eterna del cuerpo y del espíritu pueden aprovechar esta redención que el Señor Jesucristo les ofrece como don gratuito. Únicamente aquellos que no quieran ― los hijos de perdición ― no podrán ser librados de la muerte eterna.
Segundo, Jesús, con sus enseñanzas y su ejemplo, nos enseñó cómo se debe vivir. En el hilo de oro que liga juntamente todas estas enseñanzas, vemos la idea del nuevo nacimiento, de llegar a ser como niños pequeños, de ser dóciles y pobres de espíritu. Cada día debemos crearnos una nueva vida mediante la fe en Jesús, y cada día debemos ajustar de nuevo nuestras vidas mediante un arrepentimiento sincero.
El bautismo por inmersión simboliza la muerte y la resurrección del Maestro, pero constituye también una promesa de que podremos vivir nuestra vida a través de una serie de nuevos nacimientos, a través de muchas creaciones del «yo» perfeccionándonos sin cesar ― y ya no un solo nacimiento nuevo al momento del bautismo, sino muchísimos, durante toda la eternidad.
Durante la Pascua, pues, conmemoramos, no solamente la muerte y la resurrección de nuestro Señor y la redención que nos salva de la tumba, sino también el desarrollo de una vida buena que puede llevarnos a la exaltación, a la elevación suprema. Es verdad que no podemos definir ni describir cómo se lleva a cabo la redención, ni podemos explicar detalladamente cómo se efectúa la resurrección, pero sí podemos saber todas las fases que nos conducen a vivir una vida buena; podemos conocer la experiencia inmediata de un nuevo nacimiento; podemos mirar de conseguir las cosas de valor eterno que hay en la vida; podemos diligentemente procurar que sea transformada en vida nueva nuestra vida anterior; podemos hacernos dignos de la inmortalidad que gratuitamente se nos ofrece; podemos llevar a cabo una vida buena que nos haga merecedores de la exaltación en las moradas del reino de nuestro Padre.
Si intentamos llevar una vida buena mediante la fe en el Señor Jesucristo, mediante el arrepentimiento, el bautismo por inmersión para la remisión de pecados, la imposición de manos para recibir el don del Espíritu Santo, y todos los otros principios y ordenanzas del evangelio, podremos estar seguros de recibir, no tan sólo el don de la resurrección, sino también un lugar en el reino de nuestro Padre, un lugar que corresponderá a nuestros méritos, y más aún. Nuestra salvación, nuestra exaltación y nuestra elección vendrán con toda seguridad si nos damos cuenta a tiempo del poder del nuevo nacimiento que, como Jesús hace resaltar, es el método más seguro para alcanzar la vida buena, si tenemos presente que el propósito de una vida virtuosa consiste sobre todo en el amor al prójimo.
En el momento de terminar este curso, Nuevas de Gran Gozo para Todo Pueblo, dirijamos nuestros pensamientos al Calvario, al sepulcro, al camino de Emmaús, al mar de Galilea y a la ascensión. Pensemos también en esta novedad de vida que cada uno de nosotros puede alcanzar obedeciendo a los principios y ordenanzas del evangelio restaurado de Jesucristo.
Oremos por una novedad de vida entre las naciones. En esta época en que los odios surgen con demasiada facilidad, esforcémonos en permanecer tranquilos y tener mucho amor en nuestro corazón. Tengamos fe en Jesús, y creamos que nos enseñó una verdad eterna cuando nos dijo que amáramos a nuestros enemigos. El odio, la fuerza bruta nunca podrán triunfar definitivamente. Día llegará en que el amor y su poder espiritual traerán la fraternidad universal.
No obstante, seamos realistas en la aplicación del experimento del amor al establecimiento de la paz. En tiempos de guerra, un acto directo de amor podría ser mal interpretado por el enemigo.
Tal acto causaría probablemente la destrucción de aquel que lo cometiera, En tiempos de guerra es preciso hacer frente a la fuerza del enemigo con una fuerza superior; pero no es preciso devolver el odio con más odio; es posible hacer empleo de la fuerza sin cesar de amar. El enemigo vencido y dispuesto para la paz, puede todavía interpretar mal el amor; quizás conozca únicamente la justicia más rígida de «ojo por ojo, y diente por diente». Sin embargo, aun cuando uno se vea obligado a hacer uso de esos medios, es posible hacerlo dentro de un espíritu de amor. Lenta pero seguramente, el enemigo, que ha comenzado por odiar* llegará a comprender el poder del amor, y a desear entrar en relaciones fraternales que le darán la oportunidad de progresar y a la vez la prosperidad material.
El amor es el único camino que puede conducir a la fraternidad universal. Este es el ideal en el que debe basarse un mundo nuevo digno del hombre y de Dios.
Acordémonos siempre de esto: «Dios tiene presenta a todo pueblo, en cualquier país en que se encuentre; sí. Dios cuenta a su pueblo, y su misericordia se extiende por toda la tierra.» Concluiremos estas Nuevas de Gran Gozo para Todo Pueblo con este precepto:
«SIRVAMOS A JESUCRISTO, EL PRINCIPE DE PAZ, EL SALVADOR DEL MUNDO»

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
Me gustaMe gusta
Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
Me gustaMe gusta
Buenísimo los discurso
Me gustaMe gusta
Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
Me gustaMe gusta
Esta bien gracias
Me gustaMe gusta
Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
Me gustaMe gusta