Capítulo 4
DOCILIDAD EN LAS COSAS DEL ESPIRITU
«Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.
«Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.» (Mateo 5: 3-4)
Jesús ahora se hallaba preparado para su ministerio. Juan lo había bautizado. En su lucha personal con las fuerzas malignas, había vencido decisivamente la posibilidad de emplear su poder indebidamente, Ni los hombres ni las mujeres de su propia tierra, ni la gente de ningún país iban a ser salvos por la fuerza, ni por los honores que sus antepasados habían logrado. Tendrían que lograr su propio desarrollo personal. Sin embargo, Jesús tenía que ganarse la confianza de la gente, y ésta tenía que desarrollar la fe en El. Jesús iba a seguir el largo pero seguro camino del Maestro de maestros. Él quería ser huésped en la ciudadela de las almas de los hombres; no iba a escalar el muro por la fuerza como ladrón y robador.
«Y viendo las gentes, subió al monte; y sentándose, llegaron a él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación » (Mat. 5: 1-4)
Los Pobres de Espíritu. ― ¿Es este nuevo Maestro el defensor de los pobres? ¿Estará prometiendo riquezas en los cielos a cambio de la pobreza en la tierra? Ciertamente imparte consuelo a los afligidos y agobiados. Y así fue como esta multitud de pescadores y labradores de la tierra, entre ellos un puñado de los oficiales del país y de la iglesia, escucharon el más grande de todos sus sermones, el Sermón del Monte, Todos entendieron en parte, pero ninguno entendió por completo; así era el método del Maestro de maestros.
En esta época opinamos que Jesús no estaba hablando realmente de la falta de riquezas mundanales o espirituales, sino de la actitud de la mente. Ciertamente esta actitud mental es lo opuesto del sentimiento de satisfacción de sí mismo que con demasiada frecuencia producen las riquezas físicas así como las espirituales. Es sin duda un sentimiento de necesidad, una actitud de docilidad y la confianza que viene con la fe. De manera que podría expresarse esta bienaventuranza de la siguiente manera: «Bienaventurados los dóciles.» Pero esta modificación no debe parar aquí. Los malos, para ser malos, así como los justos para ser justos deben estar dispuestos a aprender, deben tener fe en su causa. A los nefitas Jesús dijo: «Bienaventurados los pobres de espíritu que vienen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos. «Claro es que se necesita una modificación adicional y final. Nosotros requerimos, como interpretación y expresión modernas, «Bienaventurados los dóciles en las cosas del espíritu.»
Alma (capítulo 32) en su disertación sobre la fe expone los pasos ― el deseo de creer, la creencia, la fe y el conocimiento perfecto― mediante los cuales la persona obtiene un conocimiento perfecto de los elementos del arte, la ciencia, la religión o cualquiera de los elementos de la vida misma. El primer paso que se precisa dar para romper las cadenas de la ignorancia es el deseo de saber. De este modo la incredulidad que resulta de la ignorancia cede el paso al deseo de creer.
Jesús reconoce que este paso de un sentimiento de satisfacción de sí mismo a uno de docilidad, es el primero y más difícil para el que desea seguir el modo de vivir que El propone. Se refiere esta nueva actitud como un renacimiento. Hablando con Nicodemo le dijo: «El que naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. «Jesús vio en el espíritu del niño pequeño el símbolo verdadero de la docilidad. «De cierto os digo, que sí no os volvieres, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos, Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos.» (Mat, 18: 4)
Demasiadas personas, especialmente las de mayor edad, viven en medio de una confianza desmedida en sí mismos. En este juego imaginario, cada uno lleva un estandarte con esta inscripción:
«No hay tachas en mí, ¡Viva yo!». Esta idea quimérica es tan fascinante, que el portador de la verdad, el profeta y el maestro logran ser oídos. Pero el gran Maestro demuestra el arte de despertar el interés.
¿Cómo Despertaba y Mantenía el Interés el Gran Maestro? ― Jesús siempre manifestó que El mismo tenía interés. Es una de las primeras cosas que se requiere para despertar el interés en otros. Hace pensar a sus oyentes y conserva su interés, como se ve en su conversación con Nicodemo. (Juan cap. 3) En sus enseñanzas introduce acontecimientos y personas interesantes y las aplica a los problemas de la vida y a las esperanzas y aspiraciones de los que lo están oyendo. Examinaremos este ejemplo: » Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían a los que los presentaban. Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejadlos niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.» (Mar. 10:13-16) De este modo despertaba y conservaba el interés de todos. Indudablemente los discípulos deben haberse vuelto «pobres en espíritu» en esta ocasión y deben haber recordado siempre el principio que se enseñó y el extraordinario método de enseñarlo,
Otros Pasos que Conducen al Conocimiento Perfecto.― De los que son verdaderamente pobres en espíritu, y por motivo de esta actitud dan el primer paso que los lleva de la incredulidad a un deseo de creer, tal vez se espera que sigan adelante hasta el conocimiento perfecto. Después del deseo de creer viene la creencia, y la acompañan una confianza mayor, un poder más positivo que conduce a obrar. Al paso que la experiencia se desarrolla bajo la fuerza dinámica de la fe, se va adquiriendo el conocimiento perfecto. Alma dice: «Sí, vuestro conocimiento es perfecto encesta cosa, y vuestra fe queda inactiva; yes por motivo de que sabéis. . . y vuestra inteligencia empieza a iluminarse y vuestro entendimiento a desarrollarse. » (Alma 32; 34) Fijémonos en que Alma dice: «Si, vuestro cono cimiento es perfecto en esta cosa.» Y así aclara que los que verdaderamente son pobres en espíritu no logran todo el conocimiento de una vez, sino gradualmente, un poco aquí y un poco allí, pero siempre de acuerdo con el mismo método, por conducto de la fe,
Bienaventurados Los que Lloran. ― Los pobres en espíritu que tratan de alcanzar la manera de vivir que enseñó Jesús no solo tienen que lograr la fuerza impelente de la fe sino la acción regeneradora del arrepentimiento. Mientras tanto, se descartan los ideales inadecuados y anticuados, y se forjan ideales nuevos de los nuevos elementos o partes más perfectas del conocimiento que se ha adquirido, Este género de cambio, que constituye el arrepentimiento verdadero, siempre viene acompañado del remordimiento. La vida nueva, producto de la docilidad, permite nuevas creaciones, pero también se llega a comprender claramente que la antigua actitud de indocilidad ha estorbado el paso a la luz que pudo haber iluminado las tinieblas. De manera que se produce una mezcla de tristeza y felicidad, Pero los que lloran reciben consuelo al enterarse de que por fin han descubierto la manera de vivir que ejemplificó Jesús,
El remordimiento no siempre es señal del arrepentimiento. Sentimos remordimiento cuando caen sobre nosotros las malas consecuencias de nuestros hechos. Pueden confundirse estas emociones con el arrepentimiento verdadero. Si una persona siente remordimiento y la cosa para allí, no ha logrado el arrepentimiento verdadero, Por ejemplo, una persona puede mostrarse muy acongojada porque la sorprenden robando. Esta congoja puede ser la expresión emocional del pesar de haber sido sorprendido en el acto, o puede ser una expresión de remordimiento por haber descubierto él mismo que es la clase de persona que robaría. Difícilmente se puede decir que el arrepentimiento nace del pesar de haber sido sorprendido, y ciertamente debe ser más que el remordimiento que resulta del descubrimiento de que uno sea capaz de robar. La vida nueva se debe distinguir por un comportamiento honrado. Y así, el modo de vivir inadecuado y antiguo, considerado desde el punto de vista de la nueva vida, causará tristeza, Pero las personas que lloran en estas circunstancias seguramente recibirán consuelo cuando comparan la vida anterior y la nueva. Refiriéndose a estas personas, Jesús dijo: «Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación. » Y esta segunda bienaventuranza sigue lógicamente la primera: «Bienaventurados los pobres en espíritu», porque sólo los pobres en espíritu pueden conocer el significado del arrepentimiento verdadero y sentir el remordimiento y consuelo que trae.

























Hermosa enseñanza, me hace meditar muchas cosas
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Gracias por mandar discusos que ayudan en momentos difíciles GRACIAS
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Buenísimo los discurso
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Gracias bendiciones muy interesante es muy buen esquema y buena orientación para una mejor orientación de inteligencia espiritual gracias bendiciones saludos
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Esta bien gracias
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Me encanta que haya material para descubrir todo lo que se aprende acerca de esta frase. Está publicado el libro y acceciba para Uruguay?
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