Jesús el Mesías prometido
por el presidente J. Reuben Clark Jr.
de la Primera Presidencia
(Tomado de the Instructor)
Nota: Este es el segundo de una serie de siete extractos y bosquejos de las conferencias dadas por el presidente J. Reuben Clark, hijo, de la Primera Presidencia, sobre el tema de los primeros años de la vida de Jesús. Estas se presentaron en 1939 bajo los auspicios de la Asociación de Mejoramiento Mutuo para Mujeres Jóvenes. Se han condensado al tamaño en que las presentamos, porque el espacio no permite que las publiquemos completas. No obstante, creemos que todo maestro del evangelio hallará en estos artículos sencillos y abreviados, algunas ideas que son la “nata” de muchos años de cuidadosa investigación, estudio y meditación.

La vida más notable del Salvador escrita o por escribirse, se halla en los cuatro evangelios del Nuevo Testamento y en el Tercer Libro de Nefi.
Se llama la atención al hecho de que los cuatro evangelios del Nuevo Testamento se dividen en dos secciones, los primeros tres conocidos como los sinópticos, y el último, Juan, como una discusión interpretativa de la vida del Salvador. Generalmente se acepta que el evangelio de Marcos se escribió primero; después se escribieron Mateo y Lucas. Algunos críticos afirman que existió otro libro que nosotros no tenemos. Algunos lo llaman Logia; otros, el documento no basado en Marcos y tiene, además varias otras designaciones. Ciertos críticos creen que Marcos y Mateo tuvieron este libro y se valieron liberalmente de su contenido.
La fecha e idioma en que fueron escritos estos cuatro evangelios, así como por quién, no son asuntos de importancia … y aquellos que quieren o procuran hacer que los evangelios se levanten, vivan o caigan a base de estos asuntos, son, en esencia, anticristos.
Algunos críticos dicen que el concepto mesiánico se desarrolló lentamente. Pero en esta discusión, trataré de indicar que desde el principio, en todos los evangelios, existe una indicación clara de que Jesús era el Mesías.
Quisiera decir una palabra más acerca de la diferencia en las narraciones de los varios autores del evangelio al tratar los mismos acontecimientos. Efectuemos este experimento: Varios o algunos de vosotros, digamos cuatro personas, entablad una conversación seria sobre algún asunto importante que contenga detalles de acontecimientos, creencias u opiniones. Nadie escriba notas. Más tarde, escribid cada uno de vosotros lo que recordéis de toda la discusión. Entonces leed los unos a los otros lo que habéis escrito, tomando nota de las similaridades, diferencias, y contradicciones. Entonces pensad en las narraciones evangélicas, escritas en épocas diferentes, años después que ocurrieron los acontecimientos. Llegaréis a la conclusión de que únicamente por la inspiración del Señor pudo haberse logrado una relación tan consecuente y armoniosa de la vida del Salvador como la que se halla en los cuatro evangelios. No hubo reporteros, periódicos, revistas, ninguna historia de la misión del Salvador, hasta que estos hombres la escribieron unos veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años después que aconteció.
Durante el curso que estudiaremos, quisiera que prestaseis atención particular al desarrollo de la idea del Mesías. También quisiera que tomaseis nota de la manera en que se desarrolla en la vida de Jesús el principio de la fe: en mi opinión, el mayor principio que conocemos. La fe, que con tanta frecuencia nos parece un tema algo común o de poco interés, es la fuerza mayor de la cual tenemos conocimiento.
Una cosa más: El 15 de octubre de 1843, cerca del Templo de Nauvoo, el Profeta hizo una afirmación concerniente a los textos de la Biblia, la cual, en mi parecer, es aún mejor que la que tenemos en los Artículos de Fe: “Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de sus escritores originales. Los traductores ignorantes, los escribientes descuidados y los sacerdotes intrigantes y corruptos han cometido muchos errores.”1 Estoy seguro de que en el curso de nuestro estudio quedaréis convencidos de la verdad de esa afirmación.
El Salvador como hermano nuestro
Dije en mi conferencia anterior que debemos considerar al Salvador principalmente como nuestro hermano mayor. Procuraré hablar de Él desde este punto de vista, más bien que desde un aspecto espiritual, aunque me parece que hay ciertos asuntos espirituales que debemos llevar en mente desde el principio de este curso. Leeré primeramente del Libro de Abrahán:
Y el Señor me había mostrado a mí, Abrahán, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes;
Y Dios vio estas almas, y eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A éstos haré mis gobernantes—pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos—y él me dijo: Abrahán, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer, (Abrahán 3:22-23)
«Yo fui en el principio. . .»
El Señor declaró al Profeta por revelación:
Y ahora de cierto os digo, yo estuve en el principio con el Padre y soy el Primogénito. . .
Vosotros también estuvisteis en el principio con el Padre. . .
El hombre fue también en el principio con Dios. La inteligencia o la luz de verdad, no fue creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser. (D. y C. 93:21, 23, 29)
El Profeta dijo: “No hay tal cosa como materia inmaterial. Todo espíritu es materia pero es más refinado o puro, y sólo los ojos más puros lo pueden percibir; no lo podemos ver; pero al purificarse nuestros cuerpos, veremos que todo es materia. (D. y C. 131:7-8)
Por último, citaré algunas palabras de la visión que vio el hermano de Jared, palabras que tomaré del Libro de Éter:
He aquí, este cuerpo que ves ahora, es el cuerpo de mi Espíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi Espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne.
Y en vista de que yo, Moroni, dije que no podía hacer una relación completa de estas cosas que están escritas, bástame decir que Jesús se mostró a este hombre en el espíritu, según la manera y a semejanza del mismo cuerpo con que se mostró a los nefitas. (Éter 3:16-17)
Llegamos, pues, a la anunciación hecha a Zacarías, en el Templo de Jerusalén, de que tendría un hijo, no obstante la edad avanzada de él y su esposa. Recordaréis que Zacarías no creía lo que se le estaba diciendo y pidió una señal, la cual recibió dejándolo mudo. Siempre es peligroso pedir señales. Uno no sabe qué clase de señal recibirá del Señor.
La Biblia nos dice que fue el Ángel Gabriel quien le apareció a Zacarías. (Lucas 1:19)
Después de su concepción, Elisabeth se fue al campo a vivir. Se supone que se mudó a Judea, tal vez a Hebrón o Juttah.
Después de esto, se hizo la anunciación a María, la cual también hallaréis narrada en S. Lucas. (Lucas 1:26-38) Recordaréis el asombro de María al saber lo que iba a acontecer. Si leéis cuidadosamente esta anunciación a María, notaréis que desde el principio el ángel indicó que el hijo que nacería de ella sería el Mesías.
El siguiente acontecimiento fue la visita de María a su prima Elisabeth. Existen dos hermosos trozos de literatura que se refieren a la ocasión. El primero es la salutación de Elisabeth a María. Está escrito que cuando habló María, la criatura de Elisabeth, aun por nacer, saltó de gozo en su vientre, lo que causó que
Elisabeth cantara un himno de alabanza sumamente hermoso. Pasado esto, María también prorrumpió en alabanza y adoración. Sus palabras han llegado a conocerse desde esa época como el “Magníficat”.
La anunciación a José
Sigue entonces la anunciación a José. Cuando descubrió que su desposada había concebido, estaba indeciso en lo que habría de hacer. Por respeto a la familia y a María, se resolvió a no decir nada. Lo doy como opinión que esta decisión de José es una demostración patente de que era. . . un hombre de elevados principios. Habiendo llegado a esta conclusión, el ángel le apareció y le confirmó lo que ya le se había dicho a María. (Mateo 1:18-25)
Cuando nació el hijo que se había prometido a Zacarías y Elisabeth, su padre indicó por escrito que había de llamarse Juan. Entonces le fue restaurada su facultad para hablar en esa ocasión y profetizó. (Lucas 1:77-80) Se dice que por toda la tierra de Judea se extendió la noticia de este milagro de la restauración del habla de Zacarías.
Sigue luego la parte donde Cesar Augusto decreta el empadronamiento, y ya sabéis la historia del viaje desde Nazaret hasta Jerusalén, y de allí a Belén; también conocéis la historia del nacimiento del Salvador. En esta parte es donde por primera vez llegamos al Libro de Mormón. Voy a citar del libro de Tercer Nefi.
Una agitación grande
En este continente había surgido una agitación muy grande entre los creyentes y los incrédulos, pues los creyentes esperaban la venida del Salvador, acontecimiento que todas las señales indicaban, mientras que los incrédulos se burlaban de ellos y negaban que el Salvador fuese a nacer. La narración dice lo siguiente:
Y, sucedió que los incrédulos fijaron un día en el cual se iba a aplicar la pena de muerte a todos los que creyeran en aquellas tradiciones, a menos que se verificase la señal anunciada por el profeta Samuel.
Y ocurrió que Nefi, hijo de Nefi, se afligió en extremo al ver la iniquidad de su pueblo.
Y acaeció que fue y se postró en tierra y oró fervorosamente a su Dios por su pueblo, sí, todos aquellos que estaban a punto de ser destruidos por motivo de su fe en la tradición de sus padres.
Y sucedió que todo el día imploró al Señor fervientemente; y he aquí, la voz del Señor vino a él, diciendo:
¡Alza la cabeza y regocíjate, pues he aquí, el tiempo se acerca; y esta noche se dará la señal, y mañana vendré al mundo para mostrar a los hombres que he de cumplir todas las cosas que he anunciado por boca de mis santos profetas! (3 Nefi 1:9-13)
Este último versículo, nos da mucho en qué pensar, aunque no me referiré a ello en esta ocasión.
Al día siguiente Jesús nació; un pesebre le fué por cuna.
Mucho es lo que se ha escrito y dicho acerca del tiempo en que nació el Salvador, en lo que respecta al año y el mes y el día. En lo que a mí concierne, no es importante el día en que nació el Salvador, ni el año. La cosa esencial es que nació, que vivió, que efectuó su obra. Cuándo vivió, cuánto tiempo vivió, el tiempo que duró su misión, cuándo nació y cuándo murió, no son de importancia vital a la gran misión que desempeñó.
He aquí otro versículo de Tercer Nefi:
Y sucedió que no hubo obscuridad durante toda esa noche, sino que estuvo tan claro como si fuese mediodía. Y aconteció que en la mañana el sol salió de nuevo, según su curso natural; y entendieron que aquél era el día en que había de nacer el Señor, porque se había dado la señal. (3 Nefi 1:19)
Después de la circuncisión de Jesús, María lo llevó al templo. Si queréis disfrutar de otro trozo selecto de literatura cristiana, leed el cántico de Simeón, el cual, al ver al Señor, lo tomó en sus brazos y declaró quién era. Notad aquí también el pronunciamiento de la identidad de Jesús. (Lucas 2:25-35)
Veréis que para leer la narración de la visita de los magos, nos es preciso recurrir al evangelio de S. Mateo. Los magos fueron a Herodes y declararon que habían visto la estrella del Señor en el oriente y preguntaron dónde se hallaba el nuevo rey de los judíos. Herodes sorprendido, llamó a los príncipes de los sacerdotes judíos y los escribas. Le informaron que, según las Escrituras, habría de nacer en Belén. (Mateo 2:4-6)
Sigue entonces la huida a Egipto para escapar el asesinato de los inocentes. En el próximo artículo hablaré un poco acerca de la familia de Herodes, por lo que estoy seguro que quedaréis convencidos, de que esta matanza de los inocentes, que a nosotros nos parece tan terrible, fue meramente un incidente en la vida y reinado de Herodes el Grande, que de todos los que conocemos en la historia antigua, fue uno de los hombres de potestad más inclinados al asesinato.
Después de la muerte de Herodes, el Señor hizo saber a José y María, que se hallaban en Egipto, que Herodes había muerto; de modo que regresaron con Jesús y fueron a vivir a Nazaret. Entonces el texto sagrado relata la primera visita de Jesús al templo. (Lucas 2:41-50)
Los críticos superiores recalcan sobremanera el hecho de que solamente en S. Juan existe una afirmación temprana de la identidad del Mesías. Pero desde el principio, aquí en S. Lucas—que goza de más estimación como historiador que cualquiera de los otros cuatro escritores de los evangelios—Jesús declara quién es su Padre, y con esta declaración afirma que Él es el Hijo de Dios, y esto por fuerza lo identifica como el Mesías.
Más ellos no entendieron las palabras que les habló.
Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. . .
Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres. (Lucas 2:50-52)
De manera que reina el silencio desde la visita de los magos hasta que el Salvador cumple doce años. Llegamos ahora a otro periodo de silencio en su vida, desde la época en que cumplió doce años hasta que llegó a los treinta.
Estoy seguro que el Salvador vivió en Nazaret; que allí creció: que estudió las Escrituras, y que Dios, su Padre, le impartió conocimiento y sabiduría superiores a los de cualquier hombre que jamás ha-vivido.
- Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 404.
























