Enseñanzas de la vida de un Profeta ― Russell M. Nelson

INTRODUCCIÓN


Los profetas siempre están enseñando algo. Enseñan con lo que dicen, y dicen mucho. Pero también enseñan con lo que hacen. Sus vidas tienen muchas enseñanzas, incluso sermones.

Aprendemos de los profetas por las decisiones que toman, particularmente bajo presión; de cómo lidian con la aflicción y se recuperan de sus errores; de cómo tratan a los demás; de cómo reaccionan a la popularidad y a la aclamación; de cómo y por qué eligen repetidamente la obediencia y la fe por encima de otras opciones; y de cómo sobrellevan todo.

Si este aprendizaje no fuera importante, Nefi, Alma, Mormón, Moroni y muchos otros a lo largo de los siglos no habrían hecho un esfuerzo extraordinario para registrar las experiencias de la vida de los profetas: Lehi y su familia saliendo de Jerusalén, Nefi construyendo un barco y siendo acosado por sus hermanos mayores, Alma y Amulek en prisión, Abinadí ante la corte del rey Noé, la descripción de Moroni del colapso de la civilización nefita, y así sucesivamente.

En pocas palabras, hay lecciones para aprender e ideas que obtener al estudiar la vida de los profetas. En 2003, el élder Spencer J. Condie, de los Setenta, escribió una importante biografía del entonces élder Russell M. Nelson. Así que no hay necesidad de duplicar ese importante relato de la extraordinaria vida del Élder Nelson.

Pero mucho ha pasado desde entonces. Ese libro se publicó antes de que el Élder Nelson perdiera a su amada esposa Dantzel por un ataque al corazón. Antes de que se organizaran las primeras estacas en Roma, en Ereván, en Moscú y en otros lugares, y antes de casarse con Wendy Watson. Antes de que él y Wendy fueran atacados por ladrones con pistolas y rifles AK-47 en la casa de la misión de Mozambique. Previamente dedicó a la obra seis países de la Península Balcánica en cuatro días. Antes presidió el Comité Ejecutivo Misional que presentó la recomendación de reducir la edad de los misioneros de tiempo completo. También dedicó el sitio renovado de la Restauración del Sacerdocio, que en ese momento él lo consideró como la asignación del sacerdocio más importante de su vida; eso antes de que llegara a ser el Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles y antes de ser ordenado como Presidente de la Iglesia.

Este libro intenta no solo resaltar los eventos destacados en la vida del presidente Nelson desde que se publicó la biografía del élder Condie, sino, en particular, examinar los principales episodios de la vida del profeta viviente y extraer las enseñanzas que hay en ellos.

Algunos de esos episodios en la vida del presidente Nelson ocurrieron en cuestión de minutos u horas; otros abarcaron varios años. Seleccioné cada episodio ya sea porque él aprendió algo o porque podemos aprender algo de él, o ambos casos. Inicialmente intenté articular las enseñanzas de cada episodio, pero finalmente abandoné ese enfoque porque las impresiones, los pensamientos, los aprendizajes y las percepciones variarán con cada persona. La revelación personal es justamente eso: algo personal.

Sin embargo, es un hecho que usted aprenderá de la vida del presidente Russell M. Nelson. Eso es una certeza.

El presidente Gordon B. Hinckley me dijo una vez, refiriéndose a sí mismo y a sus hermanos de las Autoridades Generales: «Somos hombres comunes llamados a realizar una obra extraordinaria».

Estoy en parte de acuerdo con él. Llevar el Evangelio a cada nación, tribu, lengua y pueblo es un trabajo extraordinario, y realmente, cuando lo piensas, está más allá de la capacidad de cualquiera, o incluso de cualquier grupo de personas. Pero esta no es la obra del hombre, es del Señor. Y Él ha escogido y preparado profetas para liderarnos, guiarnos, advertirnos, aconsejarnos y transmitirnos Su amor.

La parte de la declaración del presidente Hinckley que no me hace eco es la parte de “el hombre común”. Probablemente pretendía transmitir lo que el rey Benjamín le dijo a su pueblo: que no deberían considerarlo más que un hombre mortal. “Soy como vosotros”, dijo, “sujeto a toda clase de enfermedades de cuerpo y mente” (Mosíah 2:10-11).

Pero los profetas no son hombres comunes. No hay nada de común en su preordenación. No hay nada de común en la carga y el privilegio que asumen cuando son llamados a dirigir la Iglesia del Señor. Y no hay nada de común en la tutoría y el trabajo del curso que el Divino Maestro les hace pasar.

La educación terrenal de cada profeta es única. Al estudiar la vida de un profeta, vemos cómo el Señor moldea, prepara y enseña a un hombre para que, en la hora señalada, sea capaz, digno y esté listo para ser Su portavoz y guiar a Su pueblo.

Al igual que los que lo han precedido, el presidente Russell M. Nelson no es un hombre común. Sus logros profesionales como uno de los primeros pioneros de la cirugía a corazón abierto están bien documentados. Sus contribuciones a la Iglesia como Autoridad General y como Oficial General ahora abarcan cuatro décadas. Sus atributos personales son ejemplares. Él es excepcional en muchos sentidos.

Y, sin embargo, él, como el rey Benjamín y todos los demás profetas que han vivido, ha sentido dolor, ha cometido errores, no hizo todo lo posible en ocasiones y ha sido llamado a hacer cosas que en ese momento parecían imposibles. Esas experiencias han motivado una de las frases favoritas del presidente Nelson: que el Señor usa lo improbable para lograr lo imposible, y él mismo se ha puesto a menudo como un ejemplo perfecto de esa verdad.

Algunos podrían tacharme de ser parcial en la elaboración de este trabajo, y puedo entender por qué. Conocí a Wendy Watson por primera vez en 1997, cuatro días después de haber sido llamada a servir como consejera en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. En ese entonces ella era profesora de terapia matrimonial y familiar en BYU y, casualmente, la oradora principal de la Conferencia para Mujeres de la Universidad Brigham Young ese año. Para sorpresa de las dos, nos convertimos en las mejores amigas.

Desde su matrimonio con el Élder Nelson en 2006, él también se ha convertido en un amigo muy apreciado. Entonces, ¿he seleccionado e interpretado el material de este libro desde una perspectiva parcial? Tal vez. Sin embargo, podría decir que mi asociación con los Nelson me ha dado acceso a información, conversaciones y experiencias personales que probablemente no habrían estado disponibles para otro escritor. Espero que mi punto de vista haya sido expresado con más información real que parcial.

En ese sentido, si se han publicado citas del presidente Nelson y de su esposa en otro lugar o en documentos, he incluido las referencias correspondientes. Si provienen de entrevistas que realicé, no he hecho referencia a las fechas de esas entrevistas; simplemente tomé horas de conversación grabada con ambos durante un período de tiempo de aproximadamente un año.

Con todo, no obstante de mi relación de amistad con los Nelson, reconozco que en este escrito hay un sesgo mucho mayor, un marco de referencia definido, que es lo que ha tenido la mayor influencia en esta selección de episodios de la vida del presidente Nelson.

Creo que uno de los sellos distintivos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es que somos dirigidos por un profeta viviente. Lo he creído y, de hecho, lo he sabido durante mucho tiempo.

La primera vez que vi a un profeta en persona fue en 1966. Yo tenía doce años y nuestra familia había conducido desde Ulysses, Kansas, hasta Salt Lake City, Utah, para asistir a una conferencia general por primera vez. Hicimos largas filas afuera del Tabernáculo para entrar. Una vez que encontramos asientos en la balconería, las bancas me parecieron duras y las reuniones largas para una preadolescente inquieta. Admito que estaba más fascinada con el camarógrafo de KSL, que en esa época se sentaba en una silla que subía y bajaba mediante un pequeño elevador hidráulico, que con lo que se oía en los altavoces. Pero después de la última sesión, sucedió algo inolvidable. El presidente David O. McKay, vestido con su clásico traje blanco y con su característico cabello blanco suelto que lo hacía parecer como todo un profeta, salió del Tabernáculo para ir a la Manzana del Templo, y se detuvo y habló con un grupo de jóvenes que lo esperaban. Yo estaba entre esos jóvenes, y nunca he olvidado cómo me sentí mientras nos hablaba. No pude estrecharle la mano, pero en un momento me miró directamente, y mientras lo hacía sentí una sensación recorrer todo mi cuerpo. No sé si entendí lo que yo estaba sintiendo en ese momento, pero puedo ver el comienzo de mi testimonio del profeta viviente desde esa experiencia. Para mí ese es un momento congelado en el tiempo.

Desde entonces, he tenido el privilegio único de relacionarme estrechamente con cuatro profetas: los presidentes Ezra Taft Benson, Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y Russell M. Nelson; y he estado en presencia de ellos cientos de veces. Esa familiaridad no ha provocado falta de respeto ni nada remotamente parecido. Por el contrario, cuanto más de cerca he trabajado con ellos, y cuanto más los he observado en una amplia gama de escenarios, más notables se han vuelto a mi vista. Y el Espíritu me ha dado testimonio una y otra vez de que estoy en presencia de un profeta.

Sé que el profeta José Smith vio lo que dijo que vio en una arboleda en el norte del Estado de Nueva York. Él es el Sumo Sacerdote Presidente de esta dispensación. Yo lo creo, lo sé. He recibido innumerables testimonios de que eso es cierto.

Y de la misma manera en que sé que José Smith es un profeta, sé también que el presidente Russell M. Nelson es el portavoz del Señor en la actualidad, el decimosexto sucesor de José Smith y un profeta viviente en todos los sentidos de la palabra.

Los Cielos están abiertos. Dios es nuestro Padre, y Su Hijo Jesucristo es nuestro Salvador, y ellos hablan a Su profeta. Nuestra seguridad espiritual depende de nuestra disposición a escuchar su consejo y prestar atención a sus palabras.

Hay un momento revelador en la vida de Nefi cuando, después de llegar finalmente a la tierra prometida, Lamán y Lemuel se enojan cada vez más con él, y el Señor le aconseja a Nefi que huya al desierto. Su relato de lo que sucede es interesante y, a primera vista, básicamente una lista de pasajeros: “Sucedió, pues, que yo, Nefi, tomé a mi familia, y también a Zoram y su familia, y a Sam, mi hermano mayor, y su familia, y a Jacob y José, mis hermanos menores, y también a mis hermanas”. Pero luego agrega una línea llena de significado: “y a todos los que quisieron ir conmigo. Y todos los que quisieron acompañarme eran aquellos que creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios” (2 Nefi 5:6). En resumen, eran todos los que creían en las palabras de un profeta.

La pregunta es la misma en nuestros días, para cada uno de nosotros: ¿Iremos con el profeta? Cuando el presidente Russell M. Nelson testifique de Cristo y nos señale el camino de los convenios al pedirnos que ministremos, leamos el Libro de Mormón, pasemos más tiempo en el templo y seamos más cuidadosos con los medios que vemos, ¿le prestaremos atención y lo seguiremos? ¿Iremos con el profeta?

Con mi testimonio sobre la importancia de seguir al profeta como mi marco de referencia (mi parcialidad, por así decirlo), ofrezco estas enseñanzas de la vida de un profeta.

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3 Responses to Enseñanzas de la vida de un Profeta ― Russell M. Nelson

  1. Avatar de Maria Montes Maria Montes dice:

    Gracias por compartir me hice miembro de la iglesia en 1979 y tuve la bendición de ver al Profeta Spenser WKimbal y desde ese momento El Espíritu me testifica que Era enviado del Señor y siempre e admirado a mis profetar y tengo muchas vivencias de CD uno de ellos mi testimonio a crecido mucho ales e amado a todos después sel profeta Kimbal CD uno me a dejado recuerdos pero mi profeta actual me a marcado muchas vivencias muy espirituales CD cambio como ven sígueme y todo lo que El hace me a hecho más obediente al evangelio y al escuchar su historia no tengo ninguna duda que nuestro Padre Celestial lo preparo para esta dispensación gracias mi corazón esta agradecido por el profeta Jose Smith gracias bendiciones oro por la vida de nuestro profeta Rosel M Nelson gracias bendiciones saludos digo esto en el nombre de mi Salvador Jesucristo Amen

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  2. Estamos en la verdad…este es el evangelio restaurado…el ESPÍRITU SANTO me lo testifica..creo en nuestro PADRE CELESTIAL y en SU hijo JESUCRISTO….la iglesia está organizada como la iglesia que dirigió JC….me encanta saber que pertenezco a ella soy feliz gracias a unas valientes misioneras que me enseñaron hace 40 el años ..los misioneros son extremadamente importantes demosle la mano siempre …en el nombre de JESUCRISTO amén

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  3. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Me hice miembro de la iglesia ase 8 años en el transcurso de este tiempo tengo un testimonio del evangelio que es verdadero …Las enseñanzas del señor su doctrina…y de sus líderes son para mi la guía el camino hacia la ✨️

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