Piedras Angulares Espirituales de la Iglesia
Élder John Longden
Ayudante del Consejo de los Doce Apóstoles
José Smith fue y es un Profeta del Dios viviente. Hoy hemos escuchado desde este púlpito el testimonio de que un profeta debe ser llamado para guiar, dirigir y conducir a Israel en los últimos días. Yo creo que José Smith fue un gran líder espiritual. Creo que es el más grande líder espiritual desde la venida de Jesucristo en la mortalidad. Creo que hay cuatro grandes acontecimientos —acontecimientos espirituales, si se quiere— que pueden formar las piedras angulares de esta gran Iglesia.
Primero, la visión del joven José, quien humildemente deseaba conocer la verdad y se apartó en el bosque para orar. Hace cuatro semanas tuve el privilegio de estar en ese lugar sagrado, y con la cabeza inclinada y gratitud en mi corazón, por el testimonio que ha llegado a mí de que él es en verdad un profeta, pude visualizar con los ojos de mi mente lo que debió de haber sido aquella experiencia cuando fue visitado allí por Dios el Padre, el Padre de nuestros espíritus, y por Jesucristo, su divino Hijo literal (José Smith—Historia 1:17). Esto fue en respuesta a su humilde súplica y oración después de leer el primer capítulo de Santiago, versículo 5:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).
Pero había una condición:
“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).
Como hemos escuchado testificar hoy, él selló su testimonio con la sangre de su vida, que había visto a Dios el Padre y a Jesucristo, el Hijo.
Yo creo en esa visión.
Creo que el segundo gran acontecimiento es la aparición del Libro de Mormón. No fue escrito por José Smith, sino traducido por él bajo la inspiración de nuestro Padre Celestial.
Hace unos meses tuve el privilegio de visitar una estaca en Idaho. Escuché a un joven, converso de la Iglesia, dar testimonio en la sesión de la mañana, y siempre estaré agradecido por su testimonio. Durante la guerra fue asignado en una unidad naval en Logan, Utah, en la Universidad Agrícola Estatal de Utah. Asistió a una o dos de nuestras reuniones, y luego fue enviado a San Diego para recibir más entrenamiento. Allí conoció a uno de nuestros capellanes, el élder John Boud. John Boud le regaló un Libro de Mormón. El joven, después de completar su servicio militar para el Tío Sam, regresó a su hogar en el Este, asistiendo de nuevo a la Universidad de Columbia para terminar sus estudios y graduarse.
Él tenía un profesor judío en una de sus clases. Un día le presentó el Libro de Mormón. El profesor hojeó el libro por unos momentos y luego hizo la declaración de que o José Smith era un genio o estaba inspirado. El joven le dijo: “Tómelo y léalo, y cuando lo haya terminado, devuélvamelo.” Después de varias semanas lo hizo, y le dijo al joven: “José Smith estaba inspirado.”
El joven siguió investigando la verdad, como cada alma tiene derecho a hacerlo. Y testifico que por el poder del Espíritu Santo se puede conocer la verdad, si se tiene ese deseo. Y así abrazó este gran evangelio porque recibió ese testimonio.
Creo que el tercer gran acontecimiento espiritual fue la organización de La Iglesia de Jesucristo, con apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc. Y les doy mi testimonio esta tarde de que estos hombres en la Primera Presidencia, el Quórum de los Doce Apóstoles y el Patriarca de la Iglesia son en verdad profetas del Dios viviente, que lo representan y que hoy llevan un testimonio especial de su divinidad al mundo.
Luego creo que, finalmente, el cuarto acontecimiento o piedra angular espiritual fue la incorporación de las verdades contenidas en el mensaje que José Smith dio al mundo, revolucionando por completo, si se quiere, las cosas espirituales, algo que era definitivamente contrario a las doctrinas de los hombres que se habían enseñado hasta ese período, y en ese evangelio tenemos un modelo o un patrón para vivir. Porque el evangelio de Jesucristo me enseña cómo vivir, no cómo morir, sino cómo disfrutar la vida aquí en esta existencia mortal, con todos sus problemas, con todas sus pruebas, con todas sus dificultades.
Estoy agradecido de poder hacer eco en mi corazón y en mi mente de las palabras de Jesús:
“Venid a mí… Llevad mi yugo sobre vosotros… Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).
Hermanos y hermanas, que hoy al salir de esta gloriosa conferencia estemos más resueltos a espiritualizar nuestras vidas en las grandes verdades que se nos presentan para nuestro estudio, contenidas en la Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio.
Les testifico que Dios vive, que Jesús es su divino Hijo, nuestro Hermano Mayor, que Él es el Salvador del mundo, que José Smith fue y es un Profeta de Dios y que aquellos que lo han sucedido en esa posición en esta Iglesia han sido hombres de Dios, incluso profetas, hasta el presidente David O. McKay en nuestros días.
Que Dios nos bendiga para que ese testimonio permanezca en nuestros corazones, para que estemos preparados para enfrentar las diversas pruebas y problemas que se nos puedan presentar, es mi humilde oración, en el nombre del Señor Jesucristo, nuestro divino Salvador. Amén.

























