Joseph: Explorando la vida y Ministerio del Profeta

Capítulo 30
Refugio temporal en Quincy

William G. Hartley


A principios de 1839, la ciudad de Quincy, Illinois, a orillas del río Misisipi, y la campiña cercana sirvieron como un compasivo refugio temporal para los Santos de los Últimos Días expulsados de Misuri, incluida la familia de José Smith. Durante algunas semanas, el propio José también buscó refugio allí, después de haber pasado seis meses en cárceles de Misuri. Varios acontecimientos importantes en la historia de la Iglesia y para José Smith ocurrieron durante la breve estadía de los santos en Quincy.

La orden de exterminio del gobernador de Misuri, Lilburn Boggs, emitida en octubre de 1838 para expulsar a los santos del estado, al aplicarse, les concedió plazo hasta la primavera de 1839 para marcharse. Miles de seguidores de José Smith participaron en ese éxodo. Sus dos preocupaciones más apremiantes eran a dónde ir y cómo llegar allí. No había opciones al norte, sur u oeste. Solo Illinois, que limita con Misuri al este, parecía adecuado.

El sentido común, si no la inspiración, llevó a los líderes a instruir a los santos que se reunieran en Quincy o cerca de allí, que en ese entonces era la ciudad más grande del alto Misisipi. Como resultado, una parte considerable de los santos de Misuri se trasladó en masa hacia esa dirección, mientras que otros se dispersaron individualmente a San Luis, al condado de Lee en el Territorio de Iowa, a otras partes de Illinois o a otros estados.

Quincy está a unas 130 millas río arriba de San Luis y a 45 millas directamente al sur de Nauvoo. Se encuentra junto a la ribera este del Misisipi, sobre un acantilado de piedra caliza a 125 pies sobre el nivel del río. Es la sede del condado de Adams, y tanto la ciudad como el condado fueron nombrados en honor al presidente de los Estados Unidos, John Quincy Adams. En 1839, Quincy tenía aproximadamente mil quinientos habitantes.

El éxodo invernal de los Santos desde Misuri

Con la Primera Presidencia en prisión, el liderazgo del éxodo masivo de los santos desde Misuri recayó en Brigham Young y Heber C. Kimball, miembros del Cuórum de los Doce. Ellos organizaron un Comité de Traslado para asistir a los necesitados. La salida de los santos se llevó a cabo principalmente entre enero y abril de 1839. Algunos llegaron a Quincy en barco, pero la mayoría lo hizo por tierra, en carretas, a caballo o a pie. Desde Far West, dos primitivas redes de caminos llevaban hasta las orillas frente a Quincy.

Para mediados de enero, los refugiados mormones partían hacia Quincy diariamente. El 22 de febrero, un hombre que llegó a Far West desde Illinois dijo haber contado 220 carretas rumbo al este a lo largo de su ruta. Emily Partridge, de quince años, recordó que a mediados de febrero “la ribera del río estaba salpicada de carpas” y que la orilla del lado de Quincy “estaba llena de habitantes de ese lugar, que observaban el cruce de los marginados mormones”. A fines de febrero, la familia de Daniel Stillwell Thomas encontró a varios cientos de familias acampadas frente a Quincy.

A mediados de marzo, Joseph Holbrook informó que había un centenar de hombres a lo largo de esa ribera occidental. El 16 de marzo, el élder Wilford Woodruff miró al otro lado del río y “vio a los santos, jóvenes y ancianos, tendidos en el lodo y el agua, bajo una tormenta, sin carpas ni cobijo. . . . La escena llenó mis ojos de lágrimas, mientras mi corazón se regocijaba por el ánimo de los santos en medio de sus aflicciones”.

Desde enero hasta marzo, el hielo del río a veces impedía el funcionamiento de los transbordadores, dejando varados a los santos frente a Quincy. Cuando operaban, los ferris no eran gratuitos. Por ejemplo, Ebenezer Robinson cruzó el 1 de febrero, “quedándome con solo un dólar después de pagar el pasaje del ferri”.

¿Reunirse o dispersarse?

En febrero, los poseedores del sacerdocio en Quincy, habiendo recibido la oferta de comprar tierras río arriba, debatieron si los santos debían reunirse nuevamente para formar una comunidad mormona. El obispo Edward Partridge pensaba que los santos debían dispersarse en otras comunidades. El consejero de José Smith, Sidney Rigdon, quien recientemente había escapado de Misuri, coincidía. Sin embargo, Brigham Young deseaba que los santos se reunieran para poder ayudarse mejor entre ellos. Por carta, José Smith aconsejó a los líderes adquirir suficiente terreno para que los santos pudieran reunirse en lugar de dispersarse.

La compasión de Quincy

A principios de febrero, los élderes en Quincy seleccionaron un comité de once personas para atender a los pobres. Pero los santos residentes en Quincy eran muy pocos para proporcionar albergue, alimento y empleo a tantos refugiados.

La Asociación Demócrata de Quincy celebró reuniones a finales de febrero, en las que aprobaron varias resoluciones y nombraron un comité para ayudar a los mormones. “Los forasteros recién llegados aquí desde el estado de Misuri, conocidos con el nombre de ‘Santos de los Últimos Días’, son merecedores de nuestra simpatía y nuestra más cordial consideración”, decía la Resolución Uno; “recomendamos a los ciudadanos de Quincy que extiendan toda la bondad que puedan brindar a las personas que se encuentran en aflicción”.

Los líderes comunitarios trabajaron con el comité mormón para recopilar información sobre personas indigentes, enfermas o sin hogar, a fin de “apelar directa y prontamente” a los residentes de Quincy para que proporcionaran medios de ayuda. El comité de Quincy se comprometió a “hacer todo lo posible para conseguir empleo para todas aquellas personas que estén en condiciones y dispuestas a trabajar”. Instaron a los habitantes de Quincy a mostrar a los santos “simpatía y compasión”.

Elias Higbee, escribiendo en nombre de un comité de la Iglesia, agradeció a la Asociación Demócrata de Quincy “los sentimientos amistosos que se han manifestado y la mano benévola que se ha extendido hacia un pueblo pobre, oprimido, agraviado y perseguido”. Las necesidades inmediatas de los mormones, explicó, estaban “más allá de todo cálculo”—ya que habían sido despojados de su comida, animales, ropa y casas, y “de todo lo que hace tolerable la vida”. Los mormones eran incapaces de cubrir las necesidades de sus pobres “que llegan diariamente aquí y esperan que los socorramos”. El mejor medio para promover el “bienestar permanente” de los mormones, dijo, sería “darnos empleo, alquilarnos tierras y otorgarnos la protección y los privilegios de los demás ciudadanos”. Tal ayuda “nos libraría de los efectos ruinosos de la persecución, el despotismo y la tiranía”.

Muchos habitantes de Quincy ofrecieron alojamiento y trabajo. Cuando Esaias Edwards encontró a mormones acampando en la nieve, se llenó de compasión y permitió que la familia de Alexander Williams viviera con él y cultivara ocho de sus acres. Una mujer de Quincy acogió a una anciana mormona que “se esperaba ayudara un poco con las tareas domésticas ligeras y la costura a cambio de hospedaje”. La familia de Heil Travis dio empleo y alojamiento a William Cahoon. El señor Travis también contrató a Truman O. Angell para construir el armazón de un granero, ofreció hospedaje a los Angell, los trató con amabilidad y “satisfizo nuestras necesidades”. Un carnicero desalojó a los inquilinos de una docena de pequeñas casas que poseía, permitió que los mormones las usaran y proveyó de carne a algunos de ellos, todo sin costo. “Nos parecía algo nuevo que nos trataran con tanta amabilidad”, dijo John Lowe Butler, uno de los beneficiados.

Eliza R. Snow elogió en verso los generosos corazones de los habitantes de Quincy en un poema publicado el 11 de mayo en el periódico Quincy Whig. Algunas líneas del poema dicen:

Hijos e hijas de la benevolencia,
cuyos corazones entonan notas de simpatía,
que han extendido su mano liberal para cubrir
las necesidades urgentes de los oprimidos y pobres.
No ondeará sobre vuestras cabezas una rama de laurel ni de ciprés,
en dignidad solemne, para decir
en elocuencia silenciosa lo que habéis hecho.

Asuntos de la Iglesia

En una reunión del sacerdocio celebrada el 17 de marzo, se tomó acción formal para remover de la membresía a varios hombres que se habían desafiliado o habían actuado en contra de los intereses de la Iglesia, entre ellos Thomas B. Marsh, presidente del Cuórum de los Doce; Frederick G. Williams, anteriormente de la Primera Presidencia; y George M. Hinkle, Sampson Avard, John Corrill, Reed Peck y Burr Riggs.

La familia de José Smith

Emma Smith y sus hijos dejaron Far West el 7 de febrero de 1839. Jonathan Holmes y Stephen Markham, amigos de la familia, los llevaron. “Cargaron la carreta, la engancharon a un par de hermosos caballos negros iguales, y partieron.” El clima se tornó adverso durante el viaje. Uno de los caballos murió durante el trayecto.

Al llegar a la orilla del río Misisipi, encontraron que el río estaba congelado. Al no confiar en el hielo, Emma prefirió caminar en lugar de ir en la pesada carreta. Llevaba a Alexander, de ocho meses, y a Frederick, de dos años, en brazos. Julia, de ocho años, y José, de seis, se aferraban a su falda. Llevaba dos bolsas de algodón atadas bajo su larga falda en las que transportaba algunos documentos valiosos de José Smith. Con cuidado, ella y los niños cruzaron caminando el hielo hasta las afueras de Quincy, sin contratiempos.

Emma llegó a Quincy el 15 de febrero. Se hospedó con el juez John Cleveland y su esposa Sarah, a unas cuatro millas al este de Quincy. (Sarah Cleveland más tarde se convertiría en la primera consejera de Emma Smith en la Sociedad de Socorro de Nauvoo). “Todavía vivo y aún estoy dispuesta a sufrir más si es la voluntad del cielo bondadoso que así sea por tu causa”, escribió Emma a José el 9 de marzo: “Nadie más que Dios conoce las reflexiones de mi mente y los sentimientos de mi corazón cuando dejé nuestra casa y hogar… dejándote encerrado en esa prisión solitaria.”

Después de que los padres de José Smith llegaron a Quincy a principios de marzo, su madre Lucy fue “presa del cólera” y “sufrió terriblemente”. Al enterarse de su enfermedad, “las damas de Quincy nos enviaron todas las delicias que la ciudad podía ofrecer; de hecho, estábamos rodeados de los más amables vecinos”.

Profecía cumplida en Far West

El 8 de julio de 1838, en Far West, José Smith recibió una revelación en la que se instruía a los Doce a partir desde el sitio del templo en Far West el 26 de abril de 1839 para “cruzar las grandes aguas” y “promulgar mi evangelio” (DyC 118:4). Para cumplir con esa asignación —que los antimormones planeaban impedir—, en abril de 1839 los miembros de los Doce viajaron en secreto a Far West y, justo después de la medianoche del 26 de abril, celebraron una conferencia. Los élderes Brigham Young, Heber C. Kimball, Orson Pratt, John E. Page y John Taylor ordenaron a Wilford Woodruff y George A. Smith como nuevos apóstoles. Colocaron una piedra de cimiento en el sitio del templo, oraron uno por uno, cantaron, y luego partieron para comenzar su misión. Llevaron con ellos a Quincy “el último grupo de los pobres”. Con esas salidas, la orden de exterminio del gobernador Boggs se cumplió en esencia. Cuando el grupo llegó a Quincy, para su deleite encontraron allí a José Smith.

Los dieciocho días del profeta en Quincy

El 22 de abril, cinco días después de que los miembros de los Doce partieran de Quincy hacia Far West, José Smith llegó sin previo aviso a Quincy. Su grupo había viajado día y noche durante diez días, recorriendo 170 millas desde Gallatin, Misuri, “sufriendo mucha fatiga y hambre”. “Llevaba puestos unos viejos botines llenos de agujeros,” dijo Dimick Huntington, “pantalones rotos, metidos dentro de los botines, una capa azul con el cuello levantado, sombrero negro de ala ancha inclinada hacia abajo, sin afeitar desde hacía tiempo, se veía pálido y demacrado”. Mientras Huntington, José y otros cruzaban “las calles traseras de Quincy”, varios hombres lo reconocieron. “Al llegar a la casa de los Cleveland, Emma lo vio y salió a su encuentro hasta la verja”. Aunque temía ser arrestado nuevamente, disfrutó “las felicitaciones de mis amigos y los abrazos de mi familia”.

El rebaño de José necesitaba urgentemente reubicarse. Era mediados de la primavera y había que sembrar cultivos y huertos, además de buscar lugares donde pastar el ganado. Con el respaldo de un voto en un consejo del sacerdocio el 24 de abril, José inspeccionó tierras en venta río arriba e hizo adquisiciones. Regresó a Quincy el 3 de mayo, donde los Doce, recién llegados de Far West, lo vieron por primera vez desde su escape de Misuri. Seis de los Doce cabalgaron hasta la casa de los Cleveland. “Nos saludó con gran gozo,” dijo el élder Woodruff. “Fue una de las escenas más alegres de mi vida,” dijo Brigham Young, “volver a estrechar la mano de los profetas y verlos libres de las manos de sus enemigos.”

Los días 4 y 5 de mayo, José presidió una conferencia general de la Iglesia celebrada en un campamento presbiteriano a dos millas al norte de Quincy. José Young dirigió a la congregación al cantar “con el espíritu y el significado del himno” cuyas palabras decían:

Cosas gloriosas se dicen de ti,
Sión, ciudad de nuestro Dios.
Aquel cuya palabra no puede ser quebrantada,
Te eligió como su propia morada.

“José fue sobrecogido,” dijo Wandle Mace. “Se puso de pie para hablar, pero le fue difícil controlar sus emociones.” Al estar entre los santos después de una larga ausencia, sabiendo de sus recientes tribulaciones, y al oírlos aún cantar con fervor sobre Sión, “apenas podía contener las lágrimas”. Perrigrine Sessions dijo que “nos dio gran gozo ver su (de José) rostro entre los santos y oír la voz de la inspiración que fluía de sus labios; esto hizo revivir nuestros espíritus decaídos, pues éramos como ovejas sin pastor, dispersas en un día nublado y oscuro”. En esa misma época, Brigham Young fue apartado como presidente del Cuórum de los Doce.

Peticiones de compensación

Desde la cárcel, el 25 de marzo de 1839, José Smith escribió a los santos en Quincy y en otros lugares, instruyéndoles a “tomar declaraciones y juramentos” detallando los daños sufridos en Misuri—tanto de propiedad, físicos como de carácter—y los nombres de sus opresores (DyC 123:4). “Es un deber imperativo,” advirtió, “impuesto sobre nosotros por nuestro Padre Celestial,” que dicha documentación se presentara a los jefes de gobierno y al público (DyC 123:7, 6). En respuesta, los santos en Quincy y en otros lugares comenzaron a autenticar sus declaraciones juradas ante las autoridades civiles.

José Smith escribió su propia solicitud de compensación en Quincy el 4 de junio, pidiendo cien mil dólares por tierras, casas, caballos, arreos, cerdos, ganado, libros, mercancía de tienda, gastos mientras estuvo bajo custodia, gastos de traslado y daños por encarcelamientos injustos, amenazas y exposiciones. (A finales de 1839, José Smith y otros presentaron las peticiones de los miembros ante el gobierno federal, pero tuvieron poco éxito.)

Reubicación en commerce

Los líderes de la Iglesia pronto promovieron veinte mil acres de tierra en Commerce, Illinois, y al otro lado del río, en Iowa, como el nuevo lugar de recogimiento. El 10 de mayo, José Smith y su familia se mudaron a una pequeña casa de troncos de dos pisos en ese lugar, “esperando que yo y mis amigos podamos hallar aquí un lugar de reposo, al menos por una pequeña temporada”.

Los santos comenzaron a establecerse en las tierras recién adquiridas y, para el verano de 1839, la afluencia masiva a Quincy había terminado. Para el verano, Commerce fue renombrado extraoficialmente como Nauvoo, y la Primera Presidencia estableció allí la sede central de la Iglesia.

En 1841, José y Hyrum Smith, junto con Sidney Rigdon, integrantes de la Primera Presidencia, emitieron una proclamación de agradecimiento a Quincy:

Sería imposible enumerar a todos los que, en nuestro tiempo de profunda aflicción, acudieron noblemente en nuestro auxilio, y como el buen samaritano, derramaron aceite en nuestras heridas y contribuyeron generosamente a nuestras necesidades, pues los ciudadanos de Quincy en masa y el pueblo de Illinois en general, parecieron emularse unos a otros en esta obra de amor.

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