El Antiguo Testamento un estudio

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El Antiguo Testamento suele ser, para muchos miembros de la Iglesia, el libro de Escrituras menos conocido y, con frecuencia, el menos leído en su totalidad. Su gran extensión, la antigüedad de los acontecimientos que describe, el carácter detallado de la ley de Moisés y el uso de un lenguaje arcaico pueden hacer que su estudio resulte desafiante. Sin embargo, estas dificultades no disminuyen en absoluto su valor espiritual ni doctrinal. Por el contrario, profetas antiguos y modernos han testificado que el Antiguo Testamento posee un poder singular para enseñar, edificar y acercar a las personas a Dios.

Las Escrituras que hoy conocemos como Antiguo Testamento fueron la base espiritual de los primeros cristianos y una fuente esencial de enseñanza para líderes como el apóstol Pablo. Asimismo, en el Libro de Mormón se destaca su importancia como registro sagrado que instruye, persuade y fortalece la fe en el Redentor. A través de sus relatos, leyes, profecías y ejemplos de hombres y mujeres fieles, el Antiguo Testamento invita al lector a reflexionar sobre la obra de Dios a lo largo de la historia y a aplicar principios eternos en la vida diaria.

Este libro no solo preserva la memoria de pueblos antiguos, sino que también ofrece un testimonio constante de Jehová, Jesucristo, de Su divinidad, Su amor y Su misericordia. Al estudiarlo con diligencia y fe, el lector puede encontrar inspiración, guía espiritual y una comprensión más profunda del carácter de Dios y de Su trato con la humanidad.

El Antiguo Testamento forma parte integral del canon de las Escrituras y que, junto con el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, fue dado por Dios para guiar y beneficiar espiritualmente a la humanidad. Estas Escrituras actúan como un faro que conduce a la fuente de luz y permiten establecer con claridad la doctrina de Cristo, como enseñó Brigham Young. “El Antiguo y el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y el Libro de Doctrina y Convenios…son como un faro en el océano, o una señal que indica el camino que debemos seguir. ¿Hacia dónde señalan? Hacia la fuente de luz…Para eso están estos libros. Son de Dios; son valiosos y necesarios: por medio de ellos podemos establecer la doctrina de Cristo.” (Brigham Young, en Journal of Discourses, 8:129.)

Se sostiene que el Antiguo Testamento, al igual que todas las Escrituras, contribuye al perfeccionamiento del individuo. Sus relatos presentan a los personajes con realismo, mostrando tanto sus virtudes como sus debilidades, con el propósito de enseñar, fortalecer la fe y promover el cambio espiritual. El verdadero valor del texto bíblico no reside solo en su lectura histórica, sino en su aplicación práctica a la vida del creyente.

Un tema central del texto es el carácter cristocéntrico del Antiguo Testamento. Lejos de ser un registro religioso separado del evangelio, se presenta como un testimonio constante de Jesucristo. Moisés y los profetas antiguos testificaron de Él, tanto mediante profecías explícitas como a través de símbolos, tipos y acontecimientos históricos que prefiguran su misión redentora. En este sentido, toda la historia del Antiguo Testamento apunta a Cristo como el principio, el centro y el fin del plan divino.

El texto también reconoce que muchas “partes claras y preciosas” del Antiguo Testamento se perdieron con el tiempo, según se explica en el Libro de Mormón. No obstante, afirma que Dios preservó la esencia de su mensaje mediante el espíritu de profecía y el uso de lenguaje simbólico, de modo que las verdades fundamentales acerca de Jesucristo no pudieron ser completamente eliminadas ni corrompidas.

Finalmente, se concluye que, a pesar de las pérdidas textuales y de las dificultades de traducción, el Antiguo Testamento sigue siendo la palabra de Dios y una guía inspirada. Su mensaje se comprende con mayor plenitud cuando se estudia junto con las Escrituras modernas restauradas, las cuales lo complementan y confirman como un testimonio válido y poderoso de Jesucristo y del plan de salvación.

Siete sugerencias para comprender mejor el Antiguo Testamento

  1. Oración y estudio constante
    La comprensión adecuada del Antiguo Testamento requiere un estudio diligente, cuidadoso y continuo, acompañado de oración sincera. El conocimiento verdadero de las Escrituras proviene de la revelación personal mediante el Espíritu Santo, no solo del esfuerzo intelectual, como enseñó José Smith.

  2. Obediencia a los mandamientos
    El estudio de las Escrituras debe ir acompañado de un compromiso activo de vivir conforme a ellas. La obediencia abre el acceso a mayores bendiciones espirituales y a “tesoros escondidos de conocimiento”, permitiendo que la lectura bíblica tenga un efecto transformador en la vida del creyente.

  3. Uso de las Escrituras reveladas en los últimos días
    Las revelaciones modernas —incluyendo el Libro de Mormón, el Libro de Abraham, el Libro de Moisés y Doctrina y Convenios— aclaran, amplían y restauran el significado de numerosos pasajes del Antiguo Testamento. Estas fuentes proporcionan un marco interpretativo autorizado que preserva la intención original del texto bíblico.

  4. Reconocimiento de que los pueblos antiguos conocían el evangelio
    El Antiguo Testamento no presenta una teología primitiva, sino principios eternos del evangelio que ya eran conocidos y practicados por los antiguos. Mandamientos fundamentales, como el amor a Dios y al prójimo, preceden al Nuevo Testamento y fueron reafirmados por Jesucristo.

  5. Comprensión correcta de la naturaleza de Dios
    El Dios del Antiguo Testamento y el del Nuevo Testamento es el mismo ser divino: Jesucristo. Su justicia y misericordia no son contradictorias, sino complementarias. Esta comprensión permite interpretar con mayor equilibrio los juicios, mandamientos y acciones divinas descritas en los relatos antiguos.

  6. Comprensión del propósito de los convenios
    Los convenios entre Dios y Su pueblo estructuran gran parte de la narrativa del Antiguo Testamento. Estos convenios implican responsabilidades y bendiciones, y explican tanto la prosperidad como los castigos experimentados por Israel. Entenderlos es clave para interpretar la historia y los mensajes proféticos.

  7. Empatía histórica y cultural
    Para comprender adecuadamente el Antiguo Testamento, es necesario situarse mentalmente en el contexto histórico, cultural y espiritual de sus autores y destinatarios. Leer las Escrituras desde la perspectiva de los antiguos permite captar con mayor claridad su intención, significado y testimonio acerca de Dios.

    “¿Leéis las Escrituras, mis hermanos y hermanas, como si vosotros estuviérais escribiéndolas hace mil, dos mil o cinco mil años? ¿Las leéis poniéndoos en el lugar de los hombres que las escribieron? Si no lo hacéis, tenéis el privilegio de hacerlo, para que podáis familiarizaros con el espíritu y el significado de la palabra escrita de Dios tanto como estáis familiarizados con vuestras caminatas y conversaciones diarias, o con vuestros empleados y vuestros hogares. También vosotros podéis comprender lo que los profetas pensaban y sabían, lo que planeaban y concebían para hacer el bien a sus hermanos.

    “Cuando logréis esto, podéis comenzar a pensar que es posible saber algo acerca de Dios y aprender a conocerlo.” (Brigham Young, en Journal of Discourses, tomo VII, pág. 333.)

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