3
¿Qué es la Traducción de José Smith?
Poco después de que se organizó la Iglesia, el profeta José Smith fue instruido por el Señor para emprender una lectura cuidadosa de la Biblia con el fin de revisarla y hacer correcciones de acuerdo con la inspiración que recibiría. El resultado fue una obra de profunda importancia para la Iglesia, que incluyó la revelación de muchas verdades importantes y la restauración de muchas de las “cosas preciosas” que Nefi había previsto que serían quitadas de la Biblia (1 Nefi 13:28–29; véanse también los versículos 23–27). El proceso inspirado comenzó en junio de 1830. Durante los tres años siguientes, el Profeta realizó cambios, adiciones y correcciones conforme le fueron dadas por inspiración divina mientras cumplía su llamamiento de proporcionar una traducción más correcta. En conjunto, estas revisiones se conocen como la Traducción de José Smith (TJS) o, como la llamó el propio José Smith, la Nueva Traducción. Estos títulos se aplican correctamente al texto tal como aparece en las páginas originales del manuscrito. El título Versión Inspirada (V. I.) se refiere a la versión editada e impresa, publicada en forma de libro en Independence, Misuri, por la Comunidad de Cristo (anteriormente la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).
Historia
La primera revelación de la Traducción de José Smith es lo que hoy conocemos como Moisés 1 en la Perla de Gran Precio. Como prefacio del libro de Génesis, da inicio al manuscrito más antiguo del Antiguo Testamento de la Nueva Traducción, designado como AT1. Sirvieron como escribas en AT1 Oliver Cowdery, John Whitmer, Emma Smith y Sidney Rigdon. Mientras dictaba el texto de la Nueva Traducción a estos escribas, el Profeta había avanzado hasta Génesis 24:41, cuando dejó de lado el Génesis para comenzar la traducción del Nuevo Testamento, tal como el Señor le había instruido el 7 de marzo de 1831 (véase DyC 45:60–62).
El manuscrito más antiguo del Nuevo Testamento, designado NT1, incluye la mayor parte del libro de Mateo. Se inició en Mateo 1:1 el 8 de marzo de 1831 y concluye en Mateo 26:71. El escriba fue Sidney Rigdon. Un segundo manuscrito del Nuevo Testamento, NT2, comienza con una copia del primer manuscrito y luego continúa el texto dictado hasta Juan 5. En ese punto, en febrero de 1832, el Profeta dejó de dictar el texto completo a sus escribas y desarrolló un sistema abreviado de anotación, en el cual las palabras que debían corregirse se marcaban en una Biblia (tachadas, encerradas en un círculo o señaladas de otro modo), y solo se registraban en el manuscrito las referencias y las palabras de reemplazo. John Whitmer fue el copista de Mateo 1:1–26:71, transcribiendo ese material desde NT1. Quienes tomaron dictado del Profeta para el resto del Nuevo Testamento fueron John Whitmer, Sidney Rigdon, Frederick G. Williams y otro escriba aún no identificado.
La Biblia que José Smith utilizó para ayudarle en su traducción fue una versión del rey Santiago comprada el 8 de octubre de 1829 en la librería de E. B. Grandin, en Palmyra, Nueva York, donde en ese momento se estaba componiendo tipográficamente el Libro de Mormón. El texto de la Biblia del Profeta es muy cercano al de la versión del rey Santiago de 1769 que usa la Iglesia en la actualidad, pero en algunos casos las palabras están modernizadas y, en cientos de versículos, la puntuación es diferente.
Tras completar el Nuevo Testamento el 2 de febrero de 1833, José Smith regresó a su trabajo en el Antiguo Testamento. Un segundo manuscrito del Antiguo Testamento, designado AT2, comienza con una copia del primer manuscrito (AT1). John Whitmer había hecho esa copia dos años antes, cuando José Smith y Sidney Rigdon comenzaron a trabajar en el Nuevo Testamento. El Profeta pronto pasó también en este manuscrito al sistema abreviado de anotación, marcando en la Biblia los pasajes que debían modificarse y dictando las revisiones a sus escribas mientras ellos las registraban en el manuscrito. Le asistieron en AT2 John Whitmer y Frederick G. Williams. José Smith sirvió como su propio escriba en algunas secciones. Al final del manuscrito del Antiguo Testamento, después del libro de Malaquías, aparecen escritas en letras grandes las siguientes palabras: “Terminado el día 2 de julio de 1833”. Ese mismo día el Profeta escribió a los miembros de la Iglesia en Misuri y les dijo: “Hoy hemos terminado la traducción de las Escrituras, por lo cual damos gracias a nuestro Padre Celestial”.
Durante el transcurso del trabajo del Profeta con la Biblia, se realizaron cambios en alrededor de mil trescientos versículos del Antiguo Testamento y en unos dos mil cien versículos del Nuevo Testamento. La mayoría de los cambios son reformulaciones del texto existente de la traducción del rey Santiago. Sin embargo, otros cambios implican la adición de nuevo material, en algunos casos en cantidades sustanciales. Presumiblemente se examinaron todos los libros de la Biblia, pero no se hicieron cambios en trece de ellos. Los libros sin correcciones están identificados en los manuscritos con breves anotaciones como “Miqueas—Correcto”. Eclesiastés es el único libro que no se menciona en absoluto. En cuanto a otro libro, el manuscrito señala: “El Cantar de los Cantares de Salomón no son escritos inspirados”.
En muchas páginas de los manuscritos hay revisiones que se realizaron después del dictado original. Algunas son simplemente mecánicas, como la inserción de puntuación, numeración de versículos o cambios entre mayúsculas y minúsculas. Existen cientos de ejemplos de cada uno de estos casos. Pero en muchos otros, se añadieron palabras al texto o se revisó la redacción existente. Muchos de estos cambios corrigen simplemente errores en el registro original, como cuando los ojos del Profeta saltaron palabras mientras dictaba o cuando el escriba anotó palabras incorrectamente. Pero algunas inserciones revisan el texto o añaden palabras o frases para producir nuevos significados que no estaban presentes en el dictado original. Algunas de estas inserciones requerían más espacio del disponible entre las líneas del texto y se escribieron en pequeños trozos de papel que se sujetaron en su lugar con alfileres rectos, el equivalente decimonónico de los clips o las grapas.
Aunque algunas de las correcciones posteriores proporcionan aclaraciones e ideas importantes, la abrumadora mayoría de las contribuciones significativas de la Traducción de José Smith se realizaron durante el dictado original. Podemos identificar casi toda la caligrafía del registro original y, por lo tanto, saber quiénes fueron los escribas del Profeta en la mayoría de los casos. De los cambios posteriores en la redacción, la mayoría están escritos de puño y letra de Sidney Rigdon. Algunos fueron escritos por Frederick G. Williams y solo muy pocos por José Smith. Sidney Rigdon sirvió como escriba de José Smith hasta el otoño de 1833, y Frederick G. Williams sirvió hasta aproximadamente diciembre de 1835. Las revisiones insertadas después del dictado original probablemente se realizaron antes de mediados de la década de 1830 y, con mayor probabilidad, antes de que José Smith declarara la traducción “terminada” en julio de 1833, o no mucho después. Estos hechos ponen en duda la creencia común de que él continuó revisando la redacción de la traducción durante el resto de su vida. A partir del 2 de julio de 1833, no hay referencias en sus diarios ni en sus cartas a que haya realizado cambios adicionales. Existen varias declaraciones referentes a la preparación del manuscrito para su publicación, las cuales probablemente no se refieren a cambios en la traducción, sino a las numerosas inserciones de puntuación, uso de mayúsculas y numeración de versículos. No podemos identificar las caligrafías ni las fechas de esos pequeños cambios, pero la mayoría probablemente fueron realizados por escribientes que trabajaban bajo la dirección del Profeta.
¿Estaba terminada la traducción? En términos generales, la respuesta es sí. La Biblia, aun en su forma más pura y completa, nunca contuvo los registros completos de quienes se mencionan en ella. El libro de Génesis, por ejemplo, es una revelación a Moisés que ofrece meros resúmenes de vidas y acontecimientos importantes. Ciertamente, podrían haberse revelado otras verdades al Profeta para que las registrara en la Nueva Traducción y podrían haberse insertado otras adiciones para hacerla más completa, pero a partir de julio de 1833 José Smith ya no habló de traducir la Biblia, sino de publicarla, lo cual tenía la intención de lograr “lo antes posible”. Procuró encontrar los medios para imprimirla como libro y animó repetidamente a los Santos a donar dinero para ese fin. Sin embargo, por diversas razones, entre ellas la falta de recursos económicos y otras prioridades de los Santos, no se imprimió durante su vida. Debido a que se publicaron extractos en los periódicos de la Iglesia y en otros lugares, algunas secciones estuvieron disponibles para los primeros miembros de la Iglesia. Aun así, cuando José Smith fue martirizado en 1844, no había visto realizado su deseo de que la Nueva Traducción completa apareciera impresa.
En las décadas posteriores a la muerte del Profeta, los Santos de los Últimos Días en Utah carecieron de acceso a los manuscritos de la Nueva Traducción y tuvieron solo un conocimiento limitado de cómo se había producido. Ninguno de los participantes en el proceso de traducción se encontraba con la Iglesia cuando los Santos se trasladaron al oeste en 1846. Estas y otras circunstancias relacionadas dieron lugar a muchos conceptos erróneos acerca de la Nueva Traducción que con el tiempo se arraigaron en la cultura de los Santos de los Últimos Días. Entre esos conceptos erróneos se encuentran las creencias de que el Profeta no terminó la traducción y de que no estaba destinada a publicarse durante su vida. La investigación cuidadosa de Robert J. Matthews demuestra que estas ideas quedan refutadas por las propias palabras de José Smith. Pero ¿estaba la Nueva Traducción lista para ir a la imprenta cuando José Smith murió? El hermano Matthews ha señalado: “La conclusión básica parece ser que la obra de traducción fue aceptable en cuanto a lo que el Señor requería del Profeta en ese momento, pero el manuscrito no estaba plenamente preparado para la imprenta”. Aún era necesario realizar trabajo para perfeccionar la división de los versículos y proporcionar una ortografía y puntuación coherentes, y algunos de los cambios individuales habían dado lugar a irregularidades en la redacción que todavía no se habían suavizado. En resumen, aunque la obra inspirada de la traducción había sido completada por José Smith según lo previsto, el texto aún necesitaba edición cuando él murió.
Tipos de cambios
El Señor llamó a José Smith “vidente, revelador y traductor” (DyC 107:92), y en varios pasajes de Doctrina y Convenios el Señor respaldó la Nueva Traducción (véanse DyC 35:20; 43:12–13; 73:3–4; 90:13; 93:53; 94:10). José Smith fue designado por Dios para realizar esta obra (véase DyC 76:15), acerca de la cual el Señor dijo: “Y las Escrituras serán dadas, tal como están en mi propio seno, para la salvación de mis escogidos” (DyC 35:20). Debido a que Dios reveló la Traducción de José Smith para la salvación de Sus escogidos, los Santos de los Últimos Días la aceptan y la utilizan de la misma manera que utilizan el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. El Profeta la llamó una “traducción”, aunque no implicó la creación de una nueva versión a partir de manuscritos hebreos o griegos. Nunca afirmó haber consultado ningún texto para ello aparte de su Biblia en inglés, pero la “tradujo” en el sentido de transmitirla en una forma nueva.
Parece que en el proceso estuvieron involucrados varios tipos diferentes de cambios y, aunque es difícil conocer con certeza la naturaleza u origen de cualquier cambio en particular, las siguientes cinco categorías parecen abarcar todas las revisiones de la Nueva Traducción.
1. Restauración del texto original.
Puesto que Nefi nos dice que “muchas cosas claras y preciosas” serían “quitadas” de la Biblia (1 Nefi 13:28), podemos estar seguros de que la Traducción de José Smith incluye la restauración de contenido que estuvo presente en los manuscritos originales. Al revelarse a Moisés, el Señor profetizó la eliminación de material de su registro y su restauración en los últimos días: “Y escribirás las cosas que yo te hablaré. Y en el día en que los hijos de los hombres tengan en poco mis palabras y quiten muchas de ellas del libro que escribirás, he aquí, levantaré a otro semejante a ti; y volverán a estar entre los hijos de los hombres—entre cuantos creyeren” (Moisés 1:40–41). José Smith fue aquel a quien el Señor levantó para restaurar las palabras de Moisés, así como material perdido de los escritos de otros autores bíblicos. Sin embargo, José Smith no restauró las palabras exactas de los textos perdidos, porque estos estaban en hebreo o griego (u otras lenguas antiguas), y la Nueva Traducción debía estar en inglés. Por lo tanto, su traducción, en el idioma inglés de su propia época, restauró el significado y el mensaje de los pasajes originales, aunque no necesariamente los elementos literarios que los acompañaban cuando fueron escritos por primera vez.
2.Restauración de lo que alguna vez se dijo o se hizo, pero que nunca estuvo en la Biblia.
José Smith declaró: “Por lo que podemos deducir de las Escrituras con respecto a las enseñanzas del cielo, somos inducidos a pensar que desde el principio se ha dado mucha instrucción al hombre que no poseemos”. Tal vez la Traducción de José Smith incluye enseñanzas o acontecimientos de los ministerios de profetas, apóstoles o del propio Jesús que nunca se registraron en la antigüedad. Puede incluir material del cual los escritores bíblicos no estaban conscientes, o que eligieron no incluir o descuidaron registrar (cf. 3 Nefi 23:6–13).
3. Edición para hacer la Biblia más comprensible para los lectores modernos.
Muchos de los cambios individuales de la Traducción de José Smith pertenecen a esta categoría. Hay numerosos casos en los que el Profeta reorganizó el orden de las palabras para facilitar la lectura del texto o modernizó su lenguaje. Ejemplos de modernización del lenguaje incluyen los muchos cambios de wot a know, de an a a antes de palabras que comienzan con h, de saith a said, de that y which a who, y de ye y thee a you. En algunos casos, José Smith añadió breves ampliaciones para hacer el texto menos ambiguo. Por ejemplo, en varios pasajes la palabra he se reemplaza por un nombre propio, aclarando así el significado, como en Génesis 14:20 (RVR “Y él dio” = TJS “Y Abram dio”) y en Génesis 18:32 (RVR “Y él dijo… y él dijo” = TJS “Y Abraham dijo… y el Señor dijo”).
Estos ejemplos son simplemente elecciones de palabras y, por lo general, no influyen en la interpretación del texto original. Sin embargo, otras modernizaciones pueden tener un propósito más significativo. Algunas podrían llamarse “traducciones culturales”: la conversión de aspectos de la cultura antigua en equivalentes modernos para que comuniquen mejor a los lectores actuales. Un ejemplo se encuentra en 1 Tesalonicenses 5:26, donde “Saludad a todos los hermanos con ósculo santo” se cambia por “Saludad a todos los hermanos con una salutación santa” (véanse también Romanos 16:16; 1 Corintios 16:20; 2 Corintios 13:12). Es probable que el texto del rey Santiago represente fielmente las palabras y la intención originales de Pablo. Sin embargo, para los lectores occidentales modernos, no acostumbrados a las manifestaciones mediterráneas de amistad y hermandad, las palabras de Pablo podrían comunicar erróneamente o inducir a confusión; por ello, el Profeta realizó el cambio.
4. Edición para armonizar la redacción de un pasaje con la verdad encontrada en otras revelaciones o en otras partes de la Biblia.
José Smith dijo: “[Hay] muchas cosas en la Biblia que, tal como ahora se encuentran, no concuerdan con la revelación del Espíritu Santo que he recibido”. Cuando había inexactitudes en la Biblia, independientemente de su origen, estaba plenamente dentro del ámbito del llamamiento del Profeta cambiar lo que fuera necesario. Cuando la revelación moderna ofrecía una visión más clara de una doctrina preservada de manera menos adecuada en la Biblia, era apropiado que José Smith añadiera una corrección, ya reflejara o no lo que aparecía en el manuscrito original antiguo. Y cuando un pasaje era inconsistente con información presente en otra parte de la propia Biblia, era necesario hacer un cambio.
Tres ejemplos pueden ilustrar este tipo de cambio. Primero, el Evangelio de Juan registra la afirmación: “A Dios nadie le vio jamás” (Juan 1:18), lo cual contradice la experiencia de José Smith (JS—H 1:17–20), así como ejemplos bíblicos de profetas que vieron a Dios (por ejemplo, Éxodo 24:9–11; 33:11; Números 12:6–8; Isaías 6:1; Amós 9:1). El cambio de la Traducción de José Smith en Juan 1:19 aclara el texto. Segundo, el Evangelio de Mateo contiene lo que parece ser un malentendido respecto al asno usado en la entrada triunfal de Jesús (véase Mateo 21:2–3, 7). La Traducción de José Smith revisa el texto para concordar con los relatos más claros de Marcos, Lucas y Juan. Tercero, Mateo 27:3–5 y Hechos 1:16–19 contienen información contradictoria sobre la muerte de Judas. La Traducción de José Smith revisa Mateo para armonizar ambos relatos.
5. Cambios para proporcionar a los lectores modernos enseñanzas que no fueron escritas por los autores originales.
Quizá existan cambios en la Traducción de José Smith en los que José Smith fue inspirado a alterar o adaptar las palabras originales de un autor, o incluso a sacarlas de su contexto original, para revelar enseñanzas necesarias para la Iglesia de los últimos días. El élder Bruce R. McConkie, al referirse a las diferencias entre los primeros capítulos de Génesis en la Biblia y en la Traducción de José Smith, dijo: “Ambos son verdaderos”. Señaló que Juan 1:1 en la Biblia “es verdadero”, y sin embargo la Traducción de José Smith le da “una perspectiva completamente nueva”. “Estas son ilustraciones del hecho de que puede haber dos traducciones de la misma cosa y ambas pueden ser verdaderas”. Hay un cambio importante en la Traducción de José Smith en Romanos 13, donde la enseñanza de Pablo sobre la sumisión de los santos al poder político secular se cambia a la sumisión a las autoridades de la Iglesia. Quizá ambas versiones sean correctas. Si la Biblia preserva fielmente los pensamientos e intención originales de Pablo, entonces la revisión de la Traducción de José Smith podría considerarse una revelación de los últimos días destinada a instruirnos sobre un tema que Pablo no anticipó.
Algunos han desestimado la Traducción de José Smith porque sus cambios no están verificados en manuscritos antiguos. Se afirma que, si las revisiones de la Traducción de José Smith fueran justificables, coincidirían con los manuscritos más antiguos existentes de los libros bíblicos. Pero este razonamiento está mal dirigido en dos sentidos. Primero, supone que todos los cambios de la Traducción de José Smith tienen la intención de restaurar el texto original, afirmación que no hace ni la propia Traducción de José Smith ni el profeta José Smith. Segundo, supone que los manuscritos antiguos existentes reproducen fielmente el texto original. José Smith enseñó que “muchos puntos importantes relacionados con la salvación del hombre habían sido quitados de la Biblia, o se habían perdido antes de que se compilara”, corroborando el testimonio de Nefi de que “muchas cosas claras y preciosas” serían “quitadas” de ella (1 Nefi 13:28; véanse también los versículos 23–27, 29). Lamentablemente, los fragmentos más antiguos de la mayoría de los manuscritos del Nuevo Testamento datan de uno o dos siglos después de que los originales fueron escritos por primera vez, y los manuscritos más antiguos del Antiguo Testamento datan de cientos de años después de que los autores escribieran sus libros. Dada la seguridad profética de que se harían cambios en los textos, y dado el amplio período de tiempo durante el cual esos cambios pudieron haberse efectuado, no podemos tener la certeza de que los manuscritos más antiguos existentes hoy sean idénticos a los que “salieron de la pluma de los escritores originales”.
Historia posterior
En 1851, el élder Franklin D. Richards, del Cuórum de los Doce Apóstoles, servía como presidente de la misión británica en Liverpool. Al percibir la necesidad de poner a disposición de los Santos británicos algunas de las revelaciones de José Smith que ya se habían publicado en América, compiló un folleto misional titulado La Perla de Gran Precio. En él incluyó, entre otros textos importantes, los extractos de la Nueva Traducción de la Biblia del Profeta que ya se habían publicado en periódicos de la Iglesia y en otros lugares: los primeros capítulos de Génesis y Mateo 24. Con el paso del tiempo, la compilación del élder Richards llegó a ser una obra popular entre los miembros de la Iglesia. Dado que la mayoría de los Santos británicos finalmente emigraron a América, también lo hizo la popularidad de La Perla de Gran Precio. En la década de 1870 se tomó la decisión de prepararla para su distribución en toda la Iglesia. La primera edición de Salt Lake City se publicó en 1878. En la conferencia general de octubre de 1880 se presentó a los miembros reunidos para una votación a fin de sostenerla como Escritura canonizada, y fue aceptada como vinculante para la Iglesia. Desde entonces, La Perla de Gran Precio ha sido una de las obras canónicas de la Iglesia, y los pocos capítulos de la Traducción de José Smith que contiene han sido reconocidos no solo como revelación divina —que siempre lo fueron— sino también como partes integrales de nuestra Escritura y doctrina.
Cuando José Smith murió, los manuscritos de la Nueva Traducción no estaban en posesión de la Iglesia, sino de su familia, la cual permaneció en Illinois cuando los líderes de la Iglesia y la mayoría de los Santos se trasladaron al oeste. En 1867, la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (hoy Comunidad de Cristo) publicó la Nueva Traducción bajo el título The Holy Scriptures, Translated and Corrected by the Spirit of Revelation. By Joseph Smith, Jr., the Seer. Desde el siglo XIX se la ha conocido popularmente con el nombre de Versión Inspirada. Ese nombre se añadió oficialmente en una edición de 1936, pero es apropiado referirse a ella de ese modo desde su primera publicación. Como ya se ha mencionado, en el momento de la muerte de José Smith la puntuación y la numeración de versículos de los manuscritos aún necesitaban perfeccionarse. La puntuación y la división en versículos de la Versión Inspirada impresa generalmente no siguen lo que está escrito en los manuscritos de la Traducción de José Smith, sino que fueron suministradas por el comité publicador de la RLDS en 1866–67. Parece que modelaron su trabajo conforme a la traducción del rey Santiago en lugar de seguir lo que figuraba en los manuscritos.
Debido a que los Santos en Utah sabían poco acerca de la Nueva Traducción y no tenían acceso a sus documentos originales, esta no fue ampliamente utilizada dentro de nuestra Iglesia, salvo los extractos que forman parte de La Perla de Gran Precio. Con los años, la falta de conocimiento sobre la Nueva Traducción llevó a algunos Santos de los Últimos Días no solo a malinterpretarla y a malentender el proceso por el cual fue creada, sino también a cuestionar la exactitud de la Versión Inspirada impresa. Algunos llegaron a considerar la Nueva Traducción con reservas. Durante las décadas de 1960 y 1970, Robert Matthews llevó a cabo una investigación exhaustiva de los manuscritos y de la Biblia marcada de José Smith. Su estudio confirmó la integridad general de la Versión Inspirada impresa y nos enseñó muchas cosas acerca de la Nueva Traducción y de cómo se produjo. En el proceso, el profesor Matthews llevó la Traducción de José Smith a la atención de los miembros de la Iglesia.
En 1979, cuando la Iglesia publicó una edición de la Biblia en inglés para los Santos de los Últimos Días, se incluyeron generosas cantidades de material de la Nueva Traducción en las notas al pie y en un apéndice. En años posteriores, extractos de la Traducción de José Smith se incluyeron en la Guía para el Estudio de las Escrituras, una combinación de concordancia y diccionario bíblico publicada con las Escrituras de la Iglesia en idiomas distintos del inglés. A esto se suma un volumen publicado por el Religious Studies Center de la Universidad Brigham Young, que incluye una transcripción facsimilar de todos los manuscritos originales de la Traducción de José Smith. Un aspecto significativo de estas publicaciones es que han hecho accesible la Traducción de José Smith en una medida sin precedentes. Ahora las autoridades generales, los redactores de los programas de estudio, los eruditos y los estudiantes pueden recurrir libremente a ella en sus investigaciones y escritos, llevando la Traducción de José Smith a su lugar legítimo junto a las otras grandes revelaciones del profeta José Smith. Es, como observó el élder Dallin H. Oaks, “un miembro de la familia real de las Escrituras” que “debe ser notado y honrado en toda ocasión en que esté presente”.
























