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¿Quién escribió Génesis?
El Antiguo Testamento no nos dice que Moisés haya escrito el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia. Sin embargo, desde los tiempos del Nuevo Testamento hasta siglos recientes, se ha entendido comúnmente que Moisés fue el autor de esos libros, incluido el libro de Génesis. Un examen de la evidencia tanto en la Biblia como en las Escrituras y la historia de los últimos días pone de relieve tanto la cuestión de la autoría como su respuesta. Creo, basándome en la revelación moderna y en el contenido del propio libro, que Génesis sí procede de Moisés. Su época proporciona el mejor contexto para lo que el libro contiene, y el propio Moisés es el mejor candidato para haber sido su autor.
Evidencia de la Biblia
La Biblia conserva algunos relatos de Moisés registrando las palabras de Dios o llevando un registro de su pueblo. Después de una batalla con los amalecitas, el Señor mandó a Moisés que escribiera el relato de la milagrosa victoria de Israel “para memoria en un libro” (Éxodo 17:14). Después de que Dios reveló Su ley, “Moisés escribió todas las palabras del Señor” (Éxodo 24:4). Dios dijo a Moisés que escribiera las palabras que le fueron reveladas (véase Éxodo 34:27), de modo que Moisés “escribió en las tablas las palabras del convenio, los diez mandamientos” (Éxodo 34:28). Cuando los israelitas viajaban por el desierto, “Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato del Señor” (Números 33:2). Y después de encomendar a Josué que guiara a Israel, “Moisés escribió esta ley y la dio a los sacerdotes hijos de Leví”, para que fuera leída periódicamente delante de todo el pueblo (Deuteronomio 31:9; véanse también los versículos 10–11, 24).
Lamentablemente, estos ejemplos no se refieren a material de Génesis, sino a material de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Estos ejemplos conciernen a las revelaciones y experiencias de la propia vida de Moisés, precisamente las cosas que otros profetas registraron de sus propios días. Además, estos pasajes no nos dicen que Moisés escribiera los libros, sino solo que Moisés escribió información que ahora se encuentra contenida en ellos.
Génesis es diferente de los libros que narran la historia de Moisés, porque trata de acontecimientos que ocurrieron siglos antes de su época. Contiene pasajes que sugieren que partes de él proceden de fuentes que existían antes de que el libro de Génesis fuera compilado. Por ejemplo, Génesis 5 comienza con las palabras “Este es el libro” (véase también Moisés 6:8), y Génesis 2:4 en la Septuaginta, la antigua traducción griega del Antiguo Testamento, comienza de la misma manera. Los capítulos 10 y 36 contienen listas que parecen haber sido compuestas como documentos separados provenientes de otras fuentes. Un paralelo se encuentra en el libro de Abraham, en el cual Abraham nos dice que poseía “los registros de los padres”, los cuales incluían información acerca del sacerdocio, la Creación y otras cosas. Prometió “procurar escribir algunas de estas cosas”. Quizá su relato de la Creación fue tomado de esos anteriores “registros de los padres” (Abraham 1:31).
Los libros posteriores del Antiguo Testamento atribuyen la ley escrita a Moisés, pero no mencionan la autoría de Génesis (por ejemplo, Josué 8:31–32; Nehemías 8:1). El Nuevo Testamento hace lo mismo (por ejemplo, Lucas 24:44; Juan 5:46–47). Aunque las tradiciones judías y cristianas han atribuido la autoría de Génesis a Moisés, la propia Biblia guarda silencio al respecto. Si Moisés escribió Génesis, debemos averiguarlo por medio de otras fuentes.
Evidencia de la Traducción de José Smith y del Libro de Mormón
La evidencia más clara en las Escrituras de que el material de Génesis se originó con Moisés se encuentra en la Traducción de José Smith de la Biblia. Moisés, algún tiempo después de haber sido llamado a su misión profética, vio en visión las obras infinitas del Padre. Se le dijo: “Te hablaré concerniente a esta tierra sobre la cual estás; y escribirás las cosas que te hablaré” (Moisés 1:40). Luego, el Señor continuó: “Te revelo concerniente a este cielo y a esta tierra; escribe las palabras que hablo. … En el principio creé el cielo y la tierra sobre la cual estás” (Moisés 2:1). Con esto comienza el conocido relato de la Creación de Génesis: una retrospección revelada desde la época de Moisés. La Traducción de José Smith también muestra que el relato de Adán y Eva en el Jardín de Edén procede de Moisés (Moisés 4:1, 32). Como mínimo, podemos afirmar que los relatos de la Creación y de Edén en Génesis (Génesis 1–3) son escritos de Moisés, al ser revelaciones que él registró conforme fue instruido. Parece probable que partes o la totalidad del resto del libro hayan llegado de una manera similar.
El profeta del Libro de Mormón, Nefi, nos proporciona otra información que sugiere un origen mosaico para los primeros libros de la Biblia. Las planchas de bronce, según declaró Nefi, incluían “los cinco libros de Moisés”. Esos libros “daban cuenta de la creación del mundo, y también de Adán y Eva, que fueron nuestros primeros padres” (1 Nefi 5:11; cf. 19:23). La descripción que Nefi hace de su contenido (“un relato de la creación del mundo, y también de Adán y Eva”) dista de ser exhaustiva, pero puede corresponder al contenido de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Aun si Moisés no hubiera escrito realmente los libros, es significativo que, al parecer, llevaran su nombre en las planchas de bronce.
Ejemplos de las Escrituras y de la historia
Una breve mirada a cómo se compiló el Libro de Mormón puede ayudarnos a comprender la composición de Génesis y de otras partes de la Biblia. El Libro de Mormón proporciona ejemplos claros de profetas como guardianes de registros y muestra que la redacción de la historia sagrada es con frecuencia un aspecto del llamamiento profético (por ejemplo, 1 Nefi 9:3–5; Alma 37:1–2). El libro tal como lo tenemos, sin embargo, no es obra de Benjamín, Alma o Helamán. Es principalmente obra de Mormón, quien realizó su labor de compilación siglos después de los profetas cuyos ministerios constituyen la mayor parte del registro. Él creó el libro extrayendo material de documentos escritos mucho antes de su tiempo. El relato está, en su mayor parte, en sus propias palabras, pero cita con frecuencia sus fuentes, y las divisiones del libro llevan el nombre de los profetas cuyos registros originales utilizó. Si no tuviéramos las Palabras de Mormón, los libros de Mormón y de Moroni, y algunas otras pistas, tendríamos un libro anónimo compilado siglos después de los acontecimientos que describe.
Gran parte del Antiguo Testamento pudo haberse compuesto de esa misma manera. Con respecto a Génesis, Moisés pudo haber sido el editor o autor anónimo que compiló el libro mucho tiempo después de los hechos que relata. Por otro lado, pudo haber sido su escritor original, y su composición final podría haber sido obra de otros mucho después de su época.
El registro del ministerio profético de José Smith es un modelo de otra clase. Doctrina y Convenios es una colección de revelaciones (casi todas dadas a José Smith) presentadas sin contexto, salvo por breves introducciones provistas por editores modernos. Durante la vida del Profeta se publicaron ediciones en 1833 (El Libro de Mandamientos, 65 secciones), en 1835 (103 secciones) y en 1844 (111 secciones). No fue sino hasta 1876, treinta y dos años después de la muerte de José Smith, que se añadieron veinticinco revelaciones más al libro, y la última no se agregó sino hasta 1981, más de un siglo después. Tras su muerte en 1844, todas esas revelaciones circularon por separado hasta que otros las incluyeron en la colección canónica.
El Profeta procuró proporcionar contexto a las revelaciones iniciando la compilación de lo que entonces se llamó la “Historia de José Smith”. La comenzó en 1838 dictando un relato de sus primeras experiencias, al cual se añadieron los textos de las revelaciones. La historia fue compilada por él y por sus escribientes a partir de fuentes disponibles, entre ellas su memoria, sus diarios y los registros de otros. La publicación comenzó en 1842, con entregas que aparecían periódicamente en el periódico de la Iglesia, Times and Seasons.
A la muerte del Profeta, la historia había sido compilada hasta 1838, pero solo se había publicado hasta 1831. La obra continuó, tanto en Nauvoo como posteriormente en Utah, donde se publicaron entregas en el Deseret News hasta 1858. Décadas más tarde, el élder B. H. Roberts compiló la historia en seis volúmenes, refinándola con su propia y cuidadosa labor editorial. Se publicó como History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, by Joseph Smith. Aún se encuentra impresa hoy y sigue siendo un importante registro histórico.
Pero ¿la escribió José Smith? La Historia de la Iglesia comienza con material autobiográfico que el Profeta dictó a escribientes. Luego pasa al formato de un diario continuo, usando sus diarios como estructura. Aunque llevó diarios de manera intermitente durante la década de 1830, la información de ese período no es tan completa como la de la década de 1840, cuando sus escribientes llevaron un registro de su vida. Algunas entradas del diario parecen haber sido dictadas por el Profeta, pero gran parte del material fue registrada de manera independiente por sus escribientes, quienes anotaban sus actividades diarias conforme las observaban, a veces en primera persona. En la compilación de su historia, las entradas de los escribientes en tercera persona se transformaron a primera persona, haciendo del Profeta el narrador. Cuando había lagunas en el registro, se añadieron pasajes de los diarios de otros miembros de la Iglesia para proporcionar la información necesaria, de modo que no se excluyeran actos o palabras significativas y documentadas de José Smith, independientemente de la fuente. Se añadieron cartas, transcripciones de sermones y otros documentos en la secuencia adecuada para hacer el registro lo más completo posible. Aunque estos procedimientos puedan parecer extraños a algunos lectores modernos, eran acordes con la práctica de la historiografía del siglo XIX. Según las definiciones actuales, no diríamos que José Smith “escribió” la Historia de la Iglesia, pero fue claramente creada por su instrucción y bajo su dirección, y los historiadores que continuaron el proceso después de su muerte estaban completando la obra que él había iniciado.
En 1938, el élder Joseph Fielding Smith, del Cuórum de los Doce Apóstoles, publicó Teachings of the Prophet Joseph Smith, una recopilación de los escritos y sermones del Profeta, extraídos en su mayoría de la Historia de la Iglesia. Dado que este libro pretendía ser una compilación de las palabras de José Smith, el Profeta figura como su autor, aunque no lo compiló ni probablemente pensó nunca en publicar un libro de ese tipo, y aunque apareció por primera vez más de noventa años después de su muerte. De manera similar, en 1994, cuando publiqué Joseph Smith’s Commentary on the Bible, una colección de extractos de registros primarios de sus sermones y escritos, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos lo catalogó con José Smith como autor —150 años después de su muerte— y conmigo en el papel secundario de compilador y editor.
La relevancia de estos ejemplos para la autoría de Génesis es que ilustran cuán compleja puede ser la cuestión de la autoría incluso para una figura histórica relativamente reciente como José Smith. Aunque es mi opinión que Génesis procede de Moisés, no podemos decir si, o en qué medida, él lo escribió personalmente, lo dictó a escribientes o encargó a otros que lo escribieran o compilaran en su nombre. Tampoco sabemos si poseía documentos anteriores de los cuales trabajó. Ni sabemos qué ocurrió con su texto después de su época.
Moisés y Génesis
Génesis claramente no es el registro primario de Adán, Enoc, Noé o Melquisedec. Sin duda esos registros fueron escritos, pero aún no nos han sido revelados. Génesis es solo una visión general destinada a servir de prefacio al registro del Israel antiguo, el Antiguo Testamento. Al producir el libro, Moisés pudo haber citado o resumido partes a partir de documentos anteriores disponibles para él. Otras partes del libro probablemente le fueron dadas por revelación. Es posible que documentos anteriores hayan llegado a manos de Moisés al haber sido transmitidos por una familia israelita en Egipto o por medio de la familia de su suegro, Jetro, descendiente de Abraham.
Parece probable que el idioma original del libro de Génesis de Moisés fuera el egipcio. El egipcio era su lengua materna, pues había sido criado en un hogar egipcio, y Dios habla a Sus siervos “según la manera de su lenguaje” (DyC 1:24), tal como lo hizo más tarde con Nefi y más tarde aún con José Smith. Los escribas que Moisés empleó para ayudarlo en sus deberes probablemente estaban formados solo en el egipcio. Es posible que los israelitas en Egipto siguieran hablando una lengua semítica occidental como la de sus antepasados siglos antes en Canaán. Si así fuera, no tenemos evidencia de que su idioma existiera en forma escrita, en una época en que muy pocas personas —por lo general solo escribas profesionales— sabían leer y escribir. El hebreo bíblico, el idioma del libro de Génesis tal como lo tenemos hoy, ni siquiera existía en la época de Moisés y solo evolucionó más tarde, después de que los israelitas se establecieron en Canaán. Si el registro mosaico del Pentateuco fue escrito en egipcio, ello podría explicar la enigmática declaración del rey Benjamín de que Lehi podía leer las planchas de bronce porque conocía ese idioma (véase Mosíah 1:4).
Aparte de los relatos de los primeros capítulos de Génesis, que fueron revelados antes de la liberación de Israel de Egipto (véase Moisés 1:26), no sabemos en qué momento de la carrera de Moisés se le dio a conocer el material de Génesis a él y a su pueblo. Pero la profunda necesidad que el Israel antiguo tenía de Génesis debería ser evidente para todos los que lo leen. Los israelitas de la época de Moisés estaban experimentando tanto un renacimiento como nación como una restauración de la verdad revelada. La información contenida en Génesis era vital para su establecimiento como pueblo del convenio y para su traslado a la tierra que les había sido prometida por medio de sus antepasados. Génesis enseñó al pueblo de Moisés quiénes eran, de dónde venían y hacia dónde se dirigían. Les enseñó acerca del único Dios verdadero, a cuya imagen fueron creados, que se interesa personalmente por Sus hijos y toma parte activa en sus vidas. Les dejó claro que eran herederos de convenios sagrados que Dios había hecho con los hombres y mujeres justos de quienes descendían. Y les hizo saber que la tierra hacia la cual estaban siendo guiados les pertenecía.
Basándose en indicios del texto hebreo, algunos eruditos creen que Génesis, en su forma actual, data de siglos posteriores a la época de Moisés, en el entorno social y político de la monarquía israelita, o incluso de un período posterior. Una teoría sobre la composición de Génesis que ganó popularidad por primera vez en el siglo XIX se llama la Hipótesis Documentaria. Afirma que Génesis, tal como lo tenemos hoy, fue creado cuando tres registros anteriores se unieron en uno solo. Muchos eruditos han abandonado desde entonces esta teoría, pero continúa la búsqueda de una explicación coherente de cómo se compiló Génesis. Lamentablemente, no podemos rastrear la historia del texto después de la época de Moisés. No es imposible que distintas versiones de los escritos de Moisés se hayan desarrollado con el tiempo y hayan circulado de manera independiente, para luego ser entretejidas por un editor en un período posterior. Pero esta no es necesariamente la mejor explicación. No sabemos en qué medida el texto mosaico de Génesis fue influido por manos posteriores —algunas inspiradas y otras con menor inspiración y autoridad—. Y, una vez más, nuestro Génesis hebreo actual probablemente sea una traducción de algo anterior.
Gracias a la restauración del evangelio en los últimos días, ahora tenemos una comprensión de Génesis mejor que la que ha estado disponible para el mundo en general desde los tiempos del Antiguo Testamento. En la Traducción de José Smith, el Profeta hizo muchos más cambios en Génesis que en cualquier otro libro. El libro de Abraham añade aún más a nuestro entendimiento de la época de Génesis, al igual que importantes revelaciones del Libro de Mormón, Doctrina y Convenios, y los sermones y escritos de José Smith. Aunque no sabemos cuánta de la verdad así restaurada estaba en el libro original de Génesis, sí podemos afirmar que la Restauración ha traído a nuestro conocimiento una comprensión mucho más clara de los principios fundamentales de Génesis y de las claves para comprender su historia y sus enseñanzas. En la Iglesia de hoy reconocemos nuestro papel como Israel moderno en parte gracias al libro de Génesis, que es tan vital para nuestro propio entendimiento como lo fue para el entendimiento de nuestros antepasados espirituales y literales de la antigüedad. De hecho, no es insignificante que la restauración moderna de la religión verdadera también haya incorporado la restauración de gran parte del material fundamental que forma parte de la historia de Génesis.
























