El Santo Templo

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Elías ha de volver


La única referencia en Malaquías que declara que Elías volvería fue de algún modo reforzada con una tradición fija que ha perdurado a través de los siglos. En la tradición judía existía cierta creencia de que él aparecería nuevamente. Se le esperaba. En el Talmud “se registra que a menudo se apareció a rabinos sabios y buenos —en una oración, en el desierto, o en sus viajes— generalmente en la forma de un comerciante árabe.” (Cyclopedia of Biblical Literature, página 150.) En la circuncisión de un niño, siempre se colocaba un asiento para Elías. Durante ciertas oraciones la puerta de la casa se mantenía abierta, para que Elías pudiera entrar.

En la celebración de la Fiesta de la Pascua, se pone un lugar adicional para Elías. La tradición se observa aún en nuestros días.

Se abre la puerta y se llena la cuarta y última copa de vino. Una copa adicional, la Copa de Elías el Profeta, se coloca sobre la mesa. La compañía se pone de pie como si fuera a recibirle. Elías, en la tradición judía, es el mensajero largamente esperado de la redención final de la humanidad de toda opresión. (Passover Haggadah, Christian Friends Bulletin of the Anti-Defamation League of B’nai B’rith, marzo 1954.)

En la dedicación del Parque Orson Hyde en Jerusalén en 1979, el élder LeGrand Richards del Cuórum de los Doce Apóstoles tuvo una conversación con el alcalde de Jerusalén. El élder Richards le contó al alcalde que ese día había visitado una sinagoga y había observado un gran sillón suspendido del techo por encima del altar. Preguntó al rabino para qué era la silla. (Dijo que él ya sabía para qué era, pero que hizo la pregunta para ver si el rabino moderno aún mantenía la tradición.) El rabino le informó que la silla era para Elías, y que cuando Elías regresara sería bajada desde el techo para que él la ocupara. El élder Richards entonces dio testimonio al alcalde de que la tradición no sólo era verdadera, sino que había sido cumplida.

Tradiciones acerca del regreso de Elías.

Estas y otras tradiciones y referencias se centran en el hecho de que Elías realmente volvería. Hay algo muy significativo acerca de Elías para el pueblo judío.

Existen también tradiciones sobre Elías entre los mahometanos. Pues se dice que Elías bebió de la fuente de la vida, “por virtud de lo cual aún vive, y vivirá hasta el día del juicio.” (Cyclopedia of Biblical Literature, página 150.)

Cuatrocientos años después de que Malaquías pronunciara su profecía vino el precursor del ministerio terrenal del Salvador, Juan el Bautista. Él vino de Galaad, más allá del Jordán. Había algunas características en él que recordaban a Elías. No era sorprendente que la gente preguntara si él era Elías. Ellos esperaban que Elías regresara.

Juan respondió que no era Elías, ni era el Mesías. Más tarde fue referido como un Elías. Esto es en el marco de significado mencionado anteriormente, un precursor, o uno que prepara el camino. Aunque Juan el Bautista no era Elías ni Elias, era semejante a ellos en algunos aspectos. Él era un Elías; un mensajero, un precursor.

En la Versión Inspirada de la Biblia, el Profeta José Smith tradujo Mateo 17, versículos 10 al 14, de esta manera:

Y Jesús les respondió y dijo: En verdad, Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas, como han escrito los profetas.

Y otra vez os digo que Elías ya ha venido, acerca de quien está escrito: He aquí, envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí; y no le conocieron, y han hecho con él cuanto quisieron.

Asimismo el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Pero yo os digo: ¿Quién es Elías? He aquí, este es Elías, a quien envío para preparar el camino delante de mí.

Entonces los discípulos comprendieron que les hablaba de Juan el Bautista, y también de otro que habría de venir y restaurar todas las cosas, como está escrito por los profetas.

Elías sí volvió de nuevo en ese día. Pedro, Jacobo y Juan subieron al monte con el Señor y allí Él fue transfigurado delante de ellos. Y entonces vieron, con el Señor, a dos personajes que sabían que eran Moisés y Elías. Es sumamente significativo que estos dos profetas antiguos que tenían tanto en común, que poseían llaves, cuyos ministerios fueron de gran importancia para nosotros, aparecieran juntos transfigurados con el Señor.

Sin embargo, esta aparición no cumplió completamente la profecía de Malaquías. La profecía declaraba que Elías vendría antes de que llegara el día grande y espantoso del Señor, antes de que el mundo fuera quemado como un horno, antes de que todos los soberbios y todos los que hacen iniquidad fueran consumidos.

Así que la espera no había terminado y las tradiciones no habían sido cumplidas. Tenemos evidencia de esto, pues después de la Crucifixión, en el año 34 d.C., el Señor apareció en el continente americano. Ministró a los nefitas y les enseñó acerca de la profecía y la tradición de que Elías volvería. En el capítulo veinticuatro de 3 Nefi encontramos un registro del Señor dictándoles las palabras de Malaquías, mandándoles que las escribieran, y explicándoles las profecías.

Y aconteció que Él les mandó que escribiesen las palabras que el Padre había dado a Malaquías, las cuales Él les diría. Y sucedió que después de que fueron escritas, Él se las expuso. Y estas son las palabras que Él les dijo, diciendo: Así dijo el Padre a Malaquías. (3 Nefi 24:1.)

Y les dio los capítulos tercero y cuarto de Malaquías tal como están contenidos en la Versión Reina-Valera de la Biblia, concluyendo con la profecía:

He aquí, os envío al profeta Elías, antes que venga el día grande y espantoso del Señor;

Y él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. (3 Nefi 25:5-6.)

Tenemos, entonces, estos registros concernientes al regreso de Elías:

Malaquías, el profeta, había profetizado claramente, cuatrocientos años antes de Cristo, que Elías sería enviado antes de que llegara el día grande y espantoso del Señor, y que su ministerio incluiría el volver el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres.

Cuando Juan el Bautista apareció en escena, algunos pensaron que él era Elías. Cuando el Señor preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo qué decía la gente acerca de Él —“¿Quién dice la gente que… soy yo?”— la respuesta fue: “Piensan que eres Juan el Bautista” [quien ya había sido decapitado], o “que eres Elías.” (Véase Mateo 16:13-14.) Otras referencias en el Nuevo Testamento tocan este tema.

Y cuando el Señor apareció a los nefitas, Él entretejió este hilo —la venida de Elías y el volver los corazones de los padres a los hijos y de los hijos a los padres— en el tejido de sus escrituras.

Además de los registros e inferencias escriturales, las tradiciones de los judíos y las de los mahometanos, así como algunas referencias en el Talmud, mantuvieron muy viva la expectativa de que Elías regresaría. En la tradición mahometana, Ilyas se dice que bebió de la fuente de la vida, “por virtud de lo cual aún vive, y vivirá hasta el día del juicio.” Por algunos es confundido con San Jorge y con el misterioso el-Khidr, uno de los más notables de los santos musulmanes. (Véase Lane’s Arabian Nights, introducción, nota 2; también Lane’s Selections from Kuran, páginas 221–22.)

Pero no termina allí. En ambas iglesias, la griega y la latina, Elías ha sido canonizado. Entre los griegos, él es el patrono de los lugares elevados, y muchas montañas en Grecia llevan su nombre. Y en la iglesia primitiva hubo una conmemoración y un servicio para su día, observado el 20 de julio tanto en las iglesias griega como latina. Y en la iglesia latina la orden de los Carmelitas ha celebrado a Elías como el fundador de su orden.

En la Jerusalén moderna, el Monte del Templo, o el Lugar de la Roca, es un santuario religioso para el islam, para el cristianismo y para el judaísmo. Las tres grandes religiones guardan relación con este lugar. Las tres, asimismo, tienen un hilo común en la tradición de que el profeta Elías regresaría.

Los eruditos bíblicos lucharían con la pregunta acerca del profeta Elías y su retorno a la tierra. Su respuesta común, que les parecía la única posible, era que sí regresó—en el Monte de la Transfiguración. Pero, como se mencionó antes, eso no satisfizo completamente las profecías de Malaquías. Así, por siglos habría de permanecer un enigma.

El cumplimiento de las profecías concernientes a Elías aguardaría la Restauración.


PARTE III

El Poder Restaurado


Desde una ventana en el Templo de Salt Lake.

Y además, ¿qué oímos? ¡Buenas nuevas de Cumorah! Moroni, un ángel del cielo, declarando el cumplimiento de los profetas — el libro que ha de ser revelado. ¡Una voz del Señor en los bosques de Fayette, condado de Seneca, declarando que los tres testigos deben dar testimonio del libro! … ¡La voz de Pedro, Santiago y Juan en los bosques entre Harmony, condado de Susquehanna, y Colesville, condado de Broome, en el río Susquehanna, declarándose poseedores de las llaves del reino y de la dispensación de la plenitud de los tiempos!

Y además, la voz de Dios en la cámara del viejo Padre Whitmer, en Fayette, condado de Seneca, y en diversos tiempos y en varios lugares… Y la voz de Miguel, el arcángel; la voz de Gabriel, y de Rafael, y de diversos ángeles, desde Miguel o Adán hasta el tiempo presente, todos declarando su dispensación, sus derechos, sus llaves, sus honores, su majestad y gloria, y el poder de su sacerdocio; dando línea por línea, precepto por precepto.
Así, conforme a esta mi determinación de pedir a Dios, me retiré al bosque para hacer el intento. Fue en la mañana de un hermoso día, a principios de la primavera de mil ochocientos veinte. (José Smith.)

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