Kent P. Jackson ofrece una perspectiva doctrinal profunda al afirmar que el mensaje central del Antiguo Testamento no es simplemente histórico o legal, sino eminentemente cristológico: todo en él apunta a Jesucristo. A través de un análisis de las Escrituras, el autor muestra cómo acontecimientos clave de la Pascua —como Getsemaní, el sufrimiento y la Resurrección— no solo cumplen profecías antiguas, sino que constituyen la esencia misma de lo que el Antiguo Testamento enseñaba mediante símbolos, figuras y promesas. Así, se invita al lector a reconsiderar este libro sagrado no como una colección de relatos aislados, sino como un testimonio coherente y anticipado del Mesías.
Además, el texto resalta que principios fundamentales como la fe, el arrepentimiento, los sacrificios del templo y las enseñanzas de los profetas estaban diseñados para preparar a los creyentes para comprender y aceptar la misión redentora de Cristo. Aunque muchos no conocieron plenamente Su identidad en su tiempo, vivieron conforme a verdades que reflejaban Su carácter y Su obra. En este sentido, el Antiguo Testamento encuentra su culminación en la Pascua de Resurrección, donde se revela el propósito divino de todas las dispensaciones: la salvación del género humano por medio de Jesucristo, el verdadero Cordero de Dios.
El mensaje de la Pascua
del Antiguo Testamento
Por Kent P. Jackson
Profesor emérito de Religión de la Universidad Brigham Young
Liahona Abril 2026
La vida, el sufrimiento, la muerte y la Resurrección de Jesús son el mensaje mismo del Antiguo Testamento.
¿De qué manera podrían los acontecimientos de la Pascua de Resurrección —el Domingo de Ramos, el sufrimiento del Salvador en Getsemaní, Su Resurrección y otros— considerarse acontecimientos del Antiguo Testamento, aunque estén registrados en el Nuevo Testamento?
La respuesta a esa pregunta se basa en la verdad de que Jesucristo es Jehová, el Dios del Antiguo Testamento (véase 3 Nefi 15:4–5), y que “todas las cosas que han sido dadas por Dios al hombre, desde el principio del mundo, son símbolo de él” (2 Nefi 11:4).
Getsemaní
Veamos un acontecimiento clave del relato de la Pascua de Resurrección. Mateo, Marcos y Lucas relatan la experiencia de Jesús en el Jardín de Getsemaní. Marcos relata los acontecimientos en su forma más sencilla:
“Y llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entretanto que yo oro.
“Y llevó consigo a Pedro, y a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse.
“Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.
“Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra y oró que, si fuese posible, pasase de él aquella hora,
“y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; pero no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Marcos 14:32–36).
¿Fue este un acontecimiento del que se habla en el Antiguo Testamento? Los escritores de los Evangelios parecían pensar que sí. Cada relato incluye referencias a acontecimientos de esa noche que cumplen una profecía del Antiguo Testamento. Mateo y Marcos registran que Jesús citó un pasaje para decir que los discípulos lo abandonarían y huirían (véanse Zacarías 13:7; Mateo 26:31; Marcos 14:27). En Lucas, Jesús declara: “Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito” (Lucas 22:37) y luego cita Isaías 53:12. Mateo fue más explícito en cuanto a que los acontecimientos de aquella noche eran en cumplimiento de las profecías. Si las cosas no sucedían según lo previsto, “¿cómo, pues, se cumplirían las Escrituras?” (Mateo 26:54). Al final, “todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas” (Mateo 26:56).
Jesucristo es el mensaje del Antiguo Testamento
En sus narraciones y cartas, los autores del Nuevo Testamento a veces establecen conexiones y comparaciones con el Antiguo Testamento que a los lectores modernos les parecen que van más allá de las palabras de sus autores originales. Sin embargo, el hecho de que lo hagan, aplicando versículos del Antiguo Testamento al ministerio de Jesús, muestra que entendían bien un principio fundamental de la Biblia: la vida, el sufrimiento, la muerte y la Resurrección de Jesús son el mensaje mismo del Antiguo Testamento. ¿Cómo podría ser de otra manera? Porque la vida, el sufrimiento, la muerte y la Resurrección de Jesús son la esencia de toda verdad.
El siervo afligido
Los creyentes de la época del Nuevo Testamento tenían esencialmente el mismo texto del Antiguo Testamento que tenemos hoy en día. Por medio de imágenes, símbolos y figuras, este nos enseña verdades fundamentales y nos dirige al Salvador. Por ejemplo, la profecía del siervo afligido de Isaías (véase Isaías 53) es muy difícil de explicar como algo que no sea una profecía de Jesús. Cuando el discípulo Felipe encontró a un etíope que leía ese texto, Felipe preguntó:
“¿Entiendes lo que lees?
“Y él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseña? […].
“Y el pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca”.
El etíope preguntó:
“¿De quién dice el profeta esto? ¿De sí mismo o de algún otro?
“Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8:30–32, 34–35).
Abinadí leyó el mismo texto de Isaías a los oyentes hostiles que no podían ver a Jesús en el Antiguo Testamento. Después de leer, concluyó diciendo: “Dios mismo descenderá entre los hijos de los hombres, y redimirá a su pueblo” (Mosíah 15:1).
La fe y el arrepentimiento
De hecho, el mensaje de Cristo no está ausente en el Antiguo Testamento. En este gran libro de Escrituras, la fe y el arrepentimiento son fundamentales para la persona y el carácter del Dios de Israel. Su capacidad para salvar es una de las características distintivas de Su divinidad, y la fe en Su capacidad para librar a Su pueblo de todo enemigo enseña a tener fe en Su capacidad para salvar de los mayores enemigos: el pecado y la muerte. La longanimidad de Jehová y su disposición para recibir a los pecadores arrepentidos caracterizan Su naturaleza. El arrepentimiento era posible porque Su brazo de misericordia siempre se extendía a aquellos que abandonaban sus pecados y acudían a Él. De ese modo, los adoradores israelitas sinceros que no sabían nada de Jesucristo comprendían tanto la fe como el arrepentimiento y los veían como los cimientos de su relación con un Dios misericordioso, aunque no conocieran todos los detalles de su salvación.
La adoración y los sacrificios en el templo
La adoración de Israel en el templo enseñaba el Evangelio cristiano, porque la expiación vicaria y el perdón subsiguiente son la esencia misma de los sacrificios del templo. Los fieles israelitas de la antigüedad sabían que no podían salvarse a sí mismos del pecado, sino que necesitaban confiar en la intervención de Dios para liberarlos espiritualmente. Jesús, Sus profetas del Libro de Mormón y los escritores del Nuevo Testamento revelaron que Cristo mismo habría de ser el cordero del sacrificio de Dios, pero los principios fundamentales ya se habían dado a conocer en la ley mosaica. Y el Mesías de Israel era Jehová mismo, algo que no siempre queda claro en el Antiguo Testamento, pero que los seguidores de Jesús en el Libro de Mormón y en el Nuevo Testamento entendían. Las personas honorables que esperaban con anhelo a un Mesías salvador esperaban la venida de Jesús y muchos lo reconocieron cuando Él vino.
Los profetas del Antiguo Testamento testificaron de Cristo
Al enseñar del amor y la misericordia de Jehová y dar testimonio de Él, todos los profetas del Antiguo Testamento estaban testificando de Cristo, como dice el Libro de Mormón que lo hicieron (véanse Jacob 4:4–5; 7:11). Quienes podían ver con el ojo de la fe veían a Jehová como el centro de todos sus deseos justos y devociones. Aquellos a quienes se les enseñó, como el hombre etíope, o cuyos ojos fueron abiertos, como los discípulos en el camino a Emaús, pudieron entonces percibir correctamente que Jesús de Nazaret era su Mesías y la ofrenda sin mancha de Dios a favor de ellos. Uno de esos discípulos, Juan el Bautista, pudo dar testimonio cuando vio a Jesús: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
La culminación del Antiguo Testamento
Los escritores cristianos, desde Pablo hasta la actualidad, han visto en el mensaje de la Pascua el propósito y el cumplimiento de la Ley y los Profetas. El sacrificio expiatorio y la Resurrección del Salvador —el corazón del mensaje de la Pascua— es la culminación del Antiguo Testamento, la razón de su convenio, el mensaje de su ley mosaica, el objetivo de su templo y el cumplimiento de todas las esperanzas y aspiraciones de sus adoradores. El templo, la alabanza y la adoración de Israel tenían su objetivo final en la misión salvadora del Mesías profetizado en el Antiguo Testamento, Jesucristo.

























