Conferencia General Abril 2026
El gozo de una relación por convenio con Dios
Por el élder Thierry K. Mutombo
De los Setenta
Dondequiera que se encuentren ahora, sea lo que sea que estén pasando en su vida, pueden sentir el amor infinito de Dios manifestado por medio de Su Hijo Jesucristo.
Mis amados hermanos y hermanas, me siento humilde por el privilegio de dirigirme a ustedes en este domingo de Pascua de Resurrección. Ruego que el Espíritu del Señor esté con ustedes y conmigo en este momento sagrado y que continúe enseñándonos e inspirándonos al estar reunidos como discípulos de Jesucristo para adorarlo.
En algunas partes del mundo, las personas tienen una forma única y especial de intercambiar saludos en la mañana de la Pascua de Resurrección. El saludo pascual, también conocido como la aclamación de Pascua o saludo del día de Pascua, es una costumbre entre muchos cristianos.
El que saluda dice: “Cristo ha resucitado”.
La otra persona responde: “En verdad ha resucitado”.
Esto es más que un simple saludo o declaración; es una celebración del don divino que el Padre Celestial nos ofrece. Comprender lo que Jesucristo ofrece por medio de Su Expiación y Resurrección nos brinda consuelo, paz y seguridad a todos. Sin la Expiación infinita de Jesucristo, nadie tendría la esperanza de regresar a nuestro Padre Celestial. Y sin Su Resurrección, la muerte sería el fin.
El Salvador Jesucristo confirmó el propósito divino de Su Expiación cuando dijo: “Si venís a mí, tendréis vida eterna. He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí”.
“Venid a mí” es una invitación divina que significa que dondequiera que se encuentren ahora, sea lo que sea que estén pasando en su vida, pueden sentir el amor infinito de Dios manifestado por medio de Su Hijo Jesucristo.
Ciertamente, nuestro Padre Celestial tiene un amor especial por cada persona que hace convenio con Él en las aguas del bautismo. Ese amor divino se profundiza a medida que se hacen convenios adicionales en la Casa del Señor y se guardan fielmente.
Nathalie y yo experimentamos ese amor divino durante una época muy difícil de nuestra vida como esposo y esposa, y como compañeros eternos. Hemos sido bendecidos con diez hijos. Cuando menciono esto, muchos jóvenes preguntan: “¿Cómo?”. Y yo respondo: “Simplemente así son las cosas”.
Sufrimos la muerte de cuatro de nuestros hijos al comienzo de nuestro matrimonio. Después del fallecimiento de tres de nuestros hijos, Nathalie y yo nos cuestionamos y nos hicimos muchas preguntas, como las que el profeta José Smith hizo en la cárcel de Liberty: “Padre Celestial, ¿en dónde estás? ¿Escuchas nuestros clamores y oraciones?”.
Pronto sabríamos que ese no era el final de nuestras pruebas, cuando falleció Allan Mutombo, nuestro bebé de nueve meses. Lo encontré en su cuna. Sosteniendo su cuerpo en mis brazos, lloré ese día, suplicando un milagro. Sin embargo, como saben, el plan de Dios para nosotros es perfecto y, ese día, Él decidió llevar a Allan de regreso con Él. Mis oraciones no cambiaron Su designio ni Su voluntad.
Para agregar más desafíos, después del funeral, nuestros parientes se reunieron y decidieron, sin consultarnos, que la tradición requería que Nathalie y yo nos separáramos, y me pidieron que sacara las pertenencias de mi esposa de la casa porque habíamos perdido a muchos hijos.
Fui a la casa y oré pidiendo fortaleza para afrontar esa adversidad. Me vinieron a la mente las palabras de este maravilloso himno escrito por Emma Lou Thayne: “¿Dónde hallo el solaz?”.
También recordé las palabras de nuestro sellamiento en el templo y las promesas que hicimos a Dios y entre nosotros. Sentí mucha paz y la seguridad de que Nathalie y yo somos hijo e hija de un Padre Celestial amoroso que nos cuida.
Sentí el amor del Salvador y Su mano elevándome.
Salí con las manos vacías y dije a las personas que estaban allí: “Lo siento, pero Nathalie es mi compañera eterna. Nos estamos esforzando juntos por edificar una familia eterna y el Salvador nos está ayudando a lograrlo”.
Se opusieron a mi decisión, pero ejercer mi fe en Jesucristo me hizo más fuerte.
Al enseñar acerca de nuestro discipulado y nuestra relación por convenio con nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo, nuestro profeta, el presidente Dallin H. Oaks, dijo: “Seguir a Cristo no es una práctica casual ni ocasional, sino una dedicación continua y una manera de vivir que debe guiarnos en todo tiempo y en todo lugar. Sus enseñanzas y Su ejemplo definen la senda para todo discípulo de Jesucristo”.
Guardar los convenios “exigiría a los seguidores [del Salvador] dejar atrás lo que Él llamó ‘lo que los hombres tienen por sublime’ (Lucas 16:15) y ‘la tradición de los hombres’ (Marcos 7:8)”.
El milagro por el que Nathalie y yo oramos ocurrió después de defender la verdad y la luz que hay en Jesucristo. Recibimos una fuerte confirmación de que Cristo obra milagros de acuerdo con nuestra fe en Él. A veces las cosas no salen como esperamos en la vida terrenal y, a veces, necesitamos la fe en Jesucristo de que todo saldrá bien al final.
Ahora tal vez ustedes digan: “Yo no estoy afrontando el mismo desafío; ¿cómo se aplica eso a mí?”. Durante esta vida terrenal, cada uno de nosotros afrontará sus propios días oscuros, momentos en los que las cosas no suceden como se espera. Cuando afronten esta oscuridad de dolor, recuerden ese día oscuro cuando Jesucristo fue humillado y magullado, maltratado, vilipendiado y levantado en la cruz por ustedes y por mí.
Ese día estuvo lleno de un pesar devastador y devorador que carcomió las almas de quienes amaban y honraban a Jesucristo. Pero el pesar de aquel día no fue para siempre. La desesperación no perduró porque, el domingo, el Salvador resucitado venció las ligaduras de la muerte. Así que, no importa cuán oscuros sean sus días, recuerden que el domingo llegará si guardan fielmente los convenios que hicieron con el Señor.
El plan de nuestro Padre Celestial para nosotros es felicidad ahora y gozo para siempre en Su presencia. Él nos da leyes y mandamientos, y hace convenios con nosotros para bendecirnos. Su deseo, propósito y gloria son que regresemos a Él puros, habiendo probado que somos dignos de una eternidad de gozo en Su presencia.
Nosotros conocemos el objetivo del adversario. Él busca que todos “sean miserables como él”. Él quiere que quebrantemos nuestros convenios para traer tristeza sobre nosotros. Él está comprometido a destruirnos. El programa de Satanás a menudo se describe como “juega ahora y paga después”; también trata de enseñar que nunca hay consecuencias ni responsabilidad por nuestras acciones.
El presidente Ezra Taft Benson enseñó:
“La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios […].
“La gran labor de la vida es averiguar cuál es la voluntad del Señor y luego obedecerla.
“El gran mandamiento de la vida es amar al Señor”.
Podemos crecer en humildad y fortalecer nuestra relación por convenio con nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo si cambiamos nuestra naturaleza para volvernos como un niño, si edificamos nuestra vida sobre la roca, que es el Salvador Jesucristo, si nos rendimos con fe en Él y si respondemos a la guía del Espíritu Santo de guardar fielmente los convenios hechos con el Señor en nuestro bautismo y en la casa del Señor.
Sé que Dios vive y testifico que Jesús es el Cristo. Testifico que el presidente Dallin H. Oaks es el profeta de Dios sobre la tierra.
Cristo ha resucitado. En verdad ha resucitado. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Un comentario
El discurso del élder Thierry K. Mutombo se desarrolla como una profunda reflexión doctrinal sobre el poder transformador de una relación por convenios con Dios, anclada en la realidad de la Expiación y la Resurrección de Jesucristo. Desde el inicio, el saludo pascual —“Cristo ha resucitado… en verdad ha resucitado”— no es presentado como una simple tradición, sino como una declaración teológica que fundamenta toda esperanza humana: sin la Expiación, no hay regreso al Padre; sin la Resurrección, no hay victoria sobre la muerte. Esta base doctrinal establece el marco del mensaje: el gozo verdadero no depende de la ausencia de sufrimiento, sino de la certeza de que Cristo ha vencido todas las cosas. Así, el discurso introduce una tensión central del evangelio: la coexistencia del dolor mortal con la esperanza eterna.
La narrativa personal del autor, marcada por la pérdida de hijos y profundas pruebas familiares, no solo aporta una dimensión emocional, sino que se convierte en el eje interpretativo del discurso. Lejos de presentar un evangelio teórico, el élder Mutombo muestra cómo los convenios actúan como un ancla espiritual en medio de las tormentas más intensas. Su decisión de permanecer fiel a su esposa y a sus promesas del templo, incluso frente a presiones culturales y familiares, revela una doctrina clave: los convenios no son solo actos simbólicos, sino compromisos vinculantes que definen la identidad y el destino eterno del discípulo. En este sentido, el discurso enseña que la fe verdadera no se mide en la ausencia de pruebas, sino en la capacidad de permanecer fiel en medio de ellas.
Finalmente, el mensaje culmina en una visión profundamente esperanzadora y escatológica: “el domingo llegará”. Esta expresión sintetiza la doctrina de la redención futura, donde todo dolor será finalmente vencido por el poder de la Resurrección. Desde un análisis doctrinal, esta enseñanza redefine el concepto de milagro: no siempre consiste en la eliminación inmediata del sufrimiento, sino en la certeza de que, a través de la fidelidad a los convenios, el desenlace eterno será glorioso. Así, el discurso no solo consuela, sino que educa espiritualmente al oyente, invitándolo a reinterpretar sus propias pruebas a la luz del sacrificio de Cristo. En última instancia, el gozo de la relación por convenio no radica en una vida sin dolor, sino en una vida sostenida por la fe en que, gracias a Jesucristo, el dolor nunca tendrá la última palabra.
Puntos doctrinales
1. La Resurrección de Cristo es el fundamento de toda esperanza
Sin la Expiación y la Resurrección de Jesucristo, no habría posibilidad de vida eterna ni de regresar al Padre Celestial.
Este principio establece la base de toda la doctrina cristiana. No es una idea simbólica, sino una realidad que redefine el destino humano. Emotivamente, este mensaje consuela profundamente: la muerte no tiene la última palabra. Analíticamente, el discurso enseña que toda esperanza auténtica está anclada en un hecho divino: Cristo vive. Esta verdad transforma el dolor en expectativa y la pérdida en promesa.
2. Los convenios con Dios crean una relación real y fortalecedora
A medida que hacemos y guardamos convenios con Dios, experimentamos un amor más profundo y una conexión más fuerte con Él.
El discurso presenta los convenios como vínculos vivos, no como rituales formales. Analíticamente, esto redefine el concepto de religión: no se trata solo de creencias, sino de relaciones sagradas. Emotivamente, esta enseñanza es poderosa porque muestra que no estamos solos; hay una conexión divina que se profundiza incluso en el sufrimiento. Los convenios se convierten en un refugio espiritual cuando todo lo demás parece quebrarse.
3. El dolor y la pérdida no contradicen el amor de Dios
Aun en medio de pruebas profundas, el amor de Dios permanece constante y accesible.
La experiencia personal del autor confronta una de las preguntas más difíciles: ¿dónde está Dios en el sufrimiento? El discurso no ofrece respuestas simplistas, sino una verdad más profunda: el dolor no es evidencia de abandono divino. Emotivamente, esto valida el sufrimiento humano sin negarlo. Analíticamente, enseña que el plan de Dios es perfecto, aunque no siempre comprensible en el momento. La fe, entonces, no elimina el dolor, pero le da significado.
4. La fidelidad a los convenios define la identidad del discípulo
Permanecer fiel a los convenios, incluso bajo presión, es esencial para el progreso espiritual.
La decisión del autor de honrar su matrimonio eterno frente a la oposición cultural revela una doctrina profunda: los convenios son más fuertes que las circunstancias. Analíticamente, esto enseña que la verdadera identidad espiritual no depende de la cultura ni de la aprobación social, sino de la lealtad a Dios. Emotivamente, inspira valentía: seguir a Cristo a veces implica caminar contra la corriente, pero nunca hacerlo solo.
5. Jesucristo ofrece consuelo real y personal en el sufrimiento
El Salvador extiende Su mano para sostenernos y fortalecernos en nuestras pruebas.
Este principio revela a un Cristo cercano y compasivo. No es una figura distante, sino alguien que levanta, consuela y sostiene. Emotivamente, este mensaje es profundamente sanador: en los momentos más oscuros, Su amor es tangible. Analíticamente, muestra que la Expiación no solo redime del pecado, sino que también fortalece en el dolor.
6. El milagro no siempre es cambiar las circunstancias, sino fortalecer el alma
Dios obra milagros según nuestra fe, pero estos no siempre coinciden con nuestras expectativas.
El discurso redefine el concepto de milagro. Analíticamente, enseña que el propósito divino no siempre es evitar el sufrimiento, sino transformar al individuo a través de él. Emotivamente, esto cambia la perspectiva del dolor: aunque no se reciba el milagro esperado, se recibe algo más profundo—fortaleza, paz y fe. El verdadero milagro es permanecer firmes en Cristo.
7. “El domingo llegará”: la esperanza en Cristo es segura
Después de los momentos más oscuros, la luz de Cristo siempre prevalecerá.
Esta expresión resume el mensaje del discurso. Analíticamente, representa la doctrina de la redención futura: el sufrimiento es temporal, la gloria es eterna. Emotivamente, es un mensaje de profunda esperanza: ningún dolor es permanente. Así como la Crucifixión fue seguida por la Resurrección, nuestras pruebas serán seguidas por gozo si permanecemos fieles.
8. El propósito del plan de Dios es el gozo eterno
Dios desea que regresemos a Su presencia y experimentemos felicidad eterna.
Este principio sitúa todas las experiencias humanas dentro de un propósito divino mayor. Analíticamente, enseña que los mandamientos y convenios no son restricciones, sino medios para alcanzar el gozo eterno. Emotivamente, brinda seguridad: nuestra vida tiene un propósito eterno, y cada prueba forma parte de ese proceso de refinamiento.
9. El adversario busca destruir mediante la ruptura de convenios
Satanás intenta alejarnos de Dios incitándonos a quebrantar nuestros convenios.
El discurso introduce una advertencia clara: la lucha espiritual es real. Analíticamente, muestra que el adversario opera mediante engaño y falsas promesas. Emotivamente, invita a la vigilancia y a la firmeza, recordándonos que cada decisión tiene consecuencias espirituales. La fidelidad se convierte en un acto de resistencia espiritual.
10. La obediencia a Dios es la gran prueba de la vida
La vida mortal es una prueba centrada en descubrir y obedecer la voluntad de Dios.
Este principio resume el propósito de la existencia. Analíticamente, establece que el crecimiento espiritual depende de la obediencia. Emotivamente, invita a una vida de entrega y confianza, donde amar a Dios y seguir Su voluntad se convierte en la fuente más profunda de paz y significado.
Para reflexionar
1. Aun en el dolor más profundo, Dios no nos abandona
El discurso muestra que, incluso en la pérdida más devastadora, el amor de Dios sigue presente y accesible.
Hay momentos en la vida en que el corazón se rompe de tal manera que parece imposible volver a sentir paz. En esos instantes, surge la pregunta silenciosa: “¿Dónde está Dios?”. Este pensamiento responde con ternura: Él está allí, sosteniendo, aunque no siempre eliminando el dolor. Espiritualmente, aprender esto cambia nuestra relación con el sufrimiento: dejamos de verlo como abandono y comenzamos a percibirlo como un espacio donde el amor divino puede manifestarse con mayor profundidad. Aun cuando las lágrimas no cesan, Su presencia permanece.
2. Los convenios son un ancla cuando todo parece derrumbarse
Las promesas hechas con Dios proporcionan estabilidad y dirección en medio de las pruebas más intensas.
Cuando las circunstancias de la vida sacuden nuestras certezas, los convenios se convierten en ese punto firme que no se mueve. No son solo palabras pronunciadas en un momento sagrado, sino lazos eternos que nos sostienen cuando todo lo demás falla. Emotivamente, este pensamiento es profundamente reconfortante: hay algo en nuestra vida que el dolor no puede romper. Espiritualmente, nos recuerda que, al aferrarnos a Dios, no somos arrastrados por la tormenta, sino sostenidos en medio de ella.
3. El milagro más grande es seguir creyendo cuando no entendemos
A veces, Dios no cambia nuestras circunstancias, pero fortalece nuestro corazón para soportarlas.
El alma anhela respuestas, soluciones y alivio inmediato, pero el cielo muchas veces responde con algo más profundo: fortaleza, paz y fe. Este pensamiento redefine el milagro. No siempre es la ausencia de dolor, sino la presencia de Cristo en medio de él. Emotivamente, esto nos invita a confiar aun cuando no comprendemos. Espiritualmente, nos enseña que la fe madura no depende de ver resultados, sino de permanecer firmes en el amor de Dios.
4. Después de la oscuridad, siempre llega la luz en Cristo
Así como la Resurrección siguió a la Crucifixión, nuestras pruebas no son el final de la historia.
Hay noches en la vida que parecen interminables, donde el alma se siente cansada y sin esperanza. Pero el mensaje del discurso es claro y lleno de consuelo: “el domingo llegará”. Esta verdad no elimina el dolor inmediato, pero lo llena de significado. Emotivamente, es una promesa que abraza el corazón herido. Espiritualmente, nos invita a perseverar, a confiar en que la luz de Cristo siempre vencerá la oscuridad. Ninguna herida es eterna cuando se deposita en Sus manos.
Comentario final
El discurso del élder Thierry K. Mutombo constituye una exposición doctrinal profundamente arraigada en la teología del convenio, donde la relación entre el ser humano y Dios no se entiende meramente como una afiliación religiosa, sino como un vínculo sagrado, vinculante y transformador. Desde una perspectiva académica, el mensaje articula una verdad central del evangelio restaurado: el gozo no es la ausencia de sufrimiento, sino el fruto de una relación fiel con Dios mediada por Jesucristo. La Expiación y la Resurrección del Salvador no solo garantizan la redención final, sino que también otorgan significado presente al dolor humano. En este marco, las experiencias de pérdida y aflicción no contradicen el plan divino, sino que se integran en un proceso de refinamiento espiritual donde la fidelidad a los convenios actúa como el principio organizador de la identidad y la esperanza del discípulo.
Educativamente, el discurso ofrece una pedagogía del sufrimiento redentor, en la que el aprendizaje espiritual no se limita a la adquisición de conocimiento doctrinal, sino que se forja en la vivencia real de la fe en medio de la adversidad. La narrativa personal del autor ilustra cómo los convenios funcionan como un ancla existencial que permite resistir presiones culturales, pérdidas devastadoras y crisis de significado. Desde este enfoque, la obediencia deja de ser una simple conformidad normativa y se convierte en un acto de lealtad amorosa hacia Dios. Asimismo, la afirmación “el domingo llegará” sintetiza una teología escatológica de esperanza, enseñando que toda experiencia mortal debe interpretarse a la luz de la victoria final de Cristo. En última instancia, el discurso invita a una formación espiritual madura, donde el discípulo aprende no solo a creer en Cristo, sino a vivir sostenido por Él, confiando en que, mediante la fidelidad a los convenios, el dolor será finalmente transformado en gozo eterno.

























